WASAP: TE QUIERO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Toto y Lela son dos jóvenes muy modernos. Son adictos a la tecnología punta desde pequeñitos y le conceden máxima prioridad en sus vidas. Toto y Lela se conocieron en la cola que se formó delante de un establecimiento que acababa de recibir y poner a la venta el último modelo de teléfono móvil. Una maravilla que contenía lo que ningún otro aparato había contenido hasta entonces. Toto y Lela se enamoraron hablando, llenos de admiración, de los increíbles avances conseguido por este nuevo modelo. Doble pantalla plegable que podía usarse para aumentar el tamaño de la visión. Procesador Snapdragon. Cámara de 20 MP. Memoria RAM de 6 GB. Y más cosas.
Los dos expusieron con apasionado entusiasmo el extraordinario placer que encontrarían con el uso de este nuevo modelo de teléfono móvil que iban adquirir. Una vez conseguido cada uno el suyo y salidos a la calle, decidieron hacerse amigos y comunicase por medio de estos fantásticos aparatos nuevos.
Después de compartir 500 wasaps Toto envió a Lela la siguiente confesión:
—Me he dado cuenta de que te amo.
La respuesta de ella, por medio de otro wasap no se hizo esperar:
—Yo me he dado cuenta de que también te amo.
Cambiaron otros 500 wasaps y Toto escribió:
—Si viviésemos juntos nos ahorraríamos un apartamento, y nos ahorraríamos la mitad del consumo de electricidad, agua, basura y más cosas.
—Estoy totalmente de acuerdo contigo —fue la respuesta que no tardó en darle Lela.
Lo planearon todo durante 500 wasaps y se fueron a vivir juntos. Tal como habían calculado, en lo económico les fue muy bien y en lo personal también, pues los dos tenían sus móviles para no aburrirse nunca.
Un día les ocurrió algo que disgusto sobremanera a ambos: les sustrajeron los móviles y tardaron todo un mes en poder ahorrar lo suficiente para conseguir otros dos nuevos.
Durante ese mes se dieron cuenta de que ni la pasión ni el deseo había muerto en ellos y, a falta de otra cosa mejor, hicieron el amor todos los días. Las consecuencias de la falta de móviles fue el embarazo de Lela y su traída al mundo de un bebé. Este hecho fue motivo de felicidad para la pareja que comenzó a alimentar a su pequeño mostrándole muñequitos primero y dibujos animados después, para distraerle mientras lo alimentaban. Esto tuvo como consecuencia que el pequeño nunca supo lo que comía y llegó a conocer muy bien a los personajes de los cómics y muy poco los rostros de sus padres a los que casi nunca miraba.
El niño al que habían puesto de nombre Futuro fue primero a la guardería y después al colegio. Un día durante el recreo, en el que tenían prohibido a los niños el uso de sus móviles, un compañero de clase le dijo a Futuro:
—Te envidio los padres que tienes: son muy guapos los dos.
Futuro se quedó absolutamente perplejo: nunca se había tomado el tiempo de mirar la cara que tenían sus progenitores. Siempre estuvo demasiado ocupado mirando videojuegos en los magníficos móviles que ellos le habían ido regalando cada vez que adquirían otros nuevos, mejores.
¿Terminarán las personas, más pronto o más tarde, como Futuro y sus papás?

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