ELLA LE ENTREGÓ SU DIARIO ÍNTIMO (MICRORRELATO)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)
Mi tío Carmelo, hermano mayor de mi difunto padre era un abogado brillante. Nosotros le tratábamos poco porque dentro de la sociedad, él y nosotros pertenecíamos a estratos sociales muy diferentes. Mi madre era obrera de una fábrica textil con un suelo tan pequeño que apenas nos alcanzaba para cubrir nuestras necesidades más básicas, vivíamos de alquiler en un piso viejo y deteriorado, mientras él habitaba un chalé pequeño, pero lujoso, sus clientes eran personas importantes y, por su buena situación económica y social, era invitado a las reuniones y comilonas que daban personas eminentes de nuestra ciudad.
Cuando murió tía Concha, otra hermana pobre de mi madre, me presenté en su importante despacho para comunicarle, en persona, este deceso .  Su secretaria me dijo que su superior estaba siempre extremadamente ocupado y tendría que consultarle si podía  recibirme o no. Cuando su secretaria le dijo mi nombre y apellidos, tío Carmelo accedió inmediatamente a verme. Me agradeció le comunicase en persona aquella luctuosa noticia, me aseguró que acudiría al sepelio y me trató con amabilidad.
Tenía él un daguerrotipo encima de su magnífica mesa-escritorio. Me llamó la atención pues encerraba la fotografía de una mujer de armoniosas facciones y dulce mirada. Él se dio cuenta de mi interés y con una espontaneidad que me conquistó dijo:
—Es Águeda, mi mujer.
—Su rostro irradia bondad —reconocí impresionado.
—Es una mujer maravillosa —me dijo él sorprendiéndome con esta franca información.
—Debe serlo —acepté sonriéndole a mi vez, agradecido por aquella muestra de confianza y sinceridad conmigo.
—Yo tenía pocas ganas de casarme, sobrino. Me encontraba muy cómodo soltero. Empecé a salir con ella, como había salido con otras, para pasar el rato. Pero me di cuenta muy pronto de que Águeda era una persona muy especial. Y me lo demostró un día entregándome su diario íntimo y diciéndome: “Léelo y así podrás conocer como soy también por dentro”. Leí su diario, de un tirón, y descubrí con su lectura la persona tan maravillosa que es.
—Ha tenido mucha suerte, tío Carmelo —reconocí yo, que a pesar de lo muy joven que era entonces ya había sumado un par de desengaños amorosos—. Con la primera chica que me dé a leer su diario íntimo, me casaré —dije poniéndome en pie y despidiéndome de mi encumbrado pariente con un fuerte apretón de manos.
Nunca conocí a mujer alguna que me diese a leer su diario íntimo y me permitiese de ese modo conocerla por dentro y por fuera. No me lo pusieron tan fácil. Mi tío Carmelo había tenido más suerte que yo, aunque no me quejo pues no deja de ser muy interesante el hecho de ir descubriendo, poco a poco, el misterio que cada mujer encierra.

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