JUZGAR EL TALENTO (MICRORRELATO)

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Un pintor cercano a los cincuenta años se quejaba amargamente a su madre de que no tenía éxito:
—Yo creo que mis cuadros son buenos, mamá. Los comparo con cuadros de otros artistas que tienen enorme éxito y los míos los considero mejores. Cuando discuto esto con mi galerista, él me dice que quienes tienen que decidir si tengo talento o no son los demás y están demostrando que no lo creen así porque no compran mis pinturas.
—¿Y qué ocurre si los demás no tienen talento suficiente para juzgar si tú tienes talento o no? —trataba de animarle la buena mujer que lo trajo al mundo.
Este infortunado pintor lo que cosechó a lo largo de su vida fue un cruel y continuado fracaso como artista.
Pocos años después de su muerte se pagaban fortunas por los cuadros qué él había pintado y, otros se enriquecieron mientras que él murió en la miseria. Muchos de los que se enriquecieron a su costa fueran los mismos malvados que durante su vida dijeron que sus cuadros no valían nada.
Es muy triste que el talento no se vea recompensado, y es una repugnante inmoralidad que unos pocos se enriquezcan a costa de quien lo tuvo.

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