UN BUEN HIJO (MICRORRELATO)

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Un viejo pescador, cuando quedó imposibilitado para valerse por sí mismo, vino a recogerle el buen hijo que tenía y se lo llevó con él a vivir a un pequeño pueblo varios cientos de kilómetros alejado de la costa.
Un día este hijo encontró llorando a su padre y le preguntó el motivo de su aflicción. El anciano le confesó entonces lo muchísimo que echaba de menos el susurro del oleaje y el olor del mar.
—Padre, yo tengo aquí mi trabajo, mi casa, mi esposa y mis hijos. No podemos abandonarlo todo e irnos a vivir a la costa. Lo comprendes, ¿verdad?
—Lo comprendo, hijo mío, y te agradezco muchísimo lo que estás haciendo por mí. Perdóname por ser tan nostálgico.
El hijo de este anciano lo amaba y sufría viéndole trise. Este hijo adquirió una gran caracola, un ventilador y un ambientador con olor a mar y, cuando veía a su padre en estado de añoranza, le daba la caracola para que se la llevase al oído y escuchase el oleaje, conectaba el ventilador e impregnaba el aire con unos chorros de ambientador con olor a mar.
Con todo esto el viejo pescador cerraba sus cansados ojos y, no viendo que se hallaba muy lejos de todo cuanto amaba, se hacía la ilusión de que realmente estaba donde siempre y volvía a sonreír complacido.

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