MUCHA MUJER PARA UN SOLO HOMBRE (MICRORRELATO)

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MUCHA MUJER PARA UN SOLO HOMBRE
Ella se llamaba Julia. Había entrado nueva. La asesoría fiscal era muy pequeña. Con ella sumaron tres empleados: Leandra, la directora y dueña con edad para jubilarse, y Genaro, un soltero de cuarenta años.
El primer día de incorporarse a su nuevo trabajo, Julia le dedicó a Genaro varias sonrisas altamente seductoras. El segundo día de trabajo Julia repitió las sonrisas y cuando Genaro, a la salida de la oficina ofreció acompañarla hasta su casa, ella le respondió, que encantada.
Julia se alojaba en un pequeño estudio de veinte metros cuadrados, compuesto de salón, cuarto de baño y dormitorio. En el dormitorio tenía una cama de matrimonio que disfrutaron plenamente los dos tras un ardiente intercambio de besos y caricias iniciado en la salita de estar.
Las inmediatas consecuencias de este apasionado encuentro sexual fue que Genaro se encaprichó perdidamente de Julia y la noche siguiente le pidió repitieran la misma extraordinaria experiencia.
Julia movió la cabeza en un gesto que mostraba desaprobación y le explicó con absoluta claridad:
—Genaro, ya me tuviste ayer. Esa noche le toca a otro. Que descanses.
Genaro se disgustó mucho, pero reconoció que en un mundo igualitario, Julia tenía pleno derecho de entregar su cuerpo a quien le viniese en gana. Fue inteligente y respondió:
—Disfruta todo lo que puedas. Yo haría lo mismo, en tu lugar.
Su templanza y comprensión obtuvo premio, pues Julia se acostó alguna que otra vez más con él.

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