BIKINI CON TRAMPA (Microrrelato)

BIKINI CON TRAMPA (Microrrelato)

         Cierta mañana Anita Lucero se estaba bañando en el mar sin tener en cuenta el peligro que representaba el fuerte oleaje que había.  Estrenaba bikini. La parte baja del mismo se ataba a los lados de las caderas y la parte superior a la mitad de la espalda.  

        De repente sufrió la embestida de una violentísima ola que tras cubrirla por completo durante algunos segundos le desató y arrebató ambas piezas del biquini dejándole el cuerpo desnudo igual que cuando vino al mundo.

           Con mucho apuro, cuando la gran ola se deshizo en la playa, Anita le dijo lo que a ababa de ocurrirle, a una mujer que tenía cerca, y que también se estaba recuperando de la misma brutal embestida de agua.

          La otra bañista, solidaria, se avino a prestarle inmediata ayuda y acercándose un poco más a la orilla gritó a su marido, que tomaba tranquilamente el sol, hiciera el favor de traer una toalla grande con la que cubrir el cuerpo a una joven que se había quedado desnuda.

           Inmediatamente, todos los pecadores que la habían escuchado se levantaron prestos de sus tumbonas y toallas para acercarse a disfrutar de aquella excitante visión. En cosa de unos pocos segundos se habían reunido allí en la orilla más de un centenar de ávidos curiosos.  

           El marido de la mujer caritativa se metió en el agua, se acercó a la joven que se hallaba desprovista de toda ropa y cuando ella apartó las manos con que ocultaba sus notables encantos, y el hombre pudo verla sin nada encima quedó totalmente prendido de ella.

        Fue el final de su matrimonio que durante cinco años y hasta aquel mismo momento había funcionado maravillosamente.

       El hombre con la toalla se enamoró fulminantemente de la joven que había perdido su bikini y, porque el destino es un mago caprichoso y, en ocasiones despiadado y amoral, permitió que ella se enamorase, asimismo, perdidamente, del primer hombre que la había visto integralmente desnuda y se había quedado adorándola con el fuego de sus ojos.

Aquel matrimonio ejemplar se rompió y al poco tiempo ambas partes acordaron un divorcio irremediable.

La mujer casada que ayudó a una mujer soltera en apuros y a consecuencias de ello se había quedado sin su esposo, decía a todo el que quería escucharla:

—Yo no acudo en ayuda de ninguna mujer ni aunque se esté ahogando.

Esto era una rencorosa simple baladronada de su parte, pues le era imposible prestar ayuda a alguien que se estuviese ahogando, por la sencilla razón de que ella no sabía nadar

(Copyright Andrés Fornells)