ASESINATO EN UNA BODA (II) (RELATO NEGRO)
Cuando Sherlock Holmes llegó todos los presentes lo rodearon. Todos conocían lo famoso que se había hecho. Todos admiraban a este individuo flaco, de cara alargado, ojos tan penetrantes como brocas de taladro que iba siempre con una cachimba en su boca y una lupa en el bolsillo.
Él se dirigió únicamente a su amigo el doctor Watson que, sucintamente, le contó lo que sabía sobre el asesinato de la joven que yacía en el suelo sin vida.
—Vamos a aclarar unos puntos —dijo el famoso detective clavando sus inteligentes ojos en la joven yaciente—. El supuesto asesino, exnovio de la occisa, es un paralítico al que falta el brazo izquierdo y que, sin embargo, salió corriendo después de dispararle seis tiros a esta infortunada novia, ¿lo he entendido bien?
Un coro de voces le respondió afirmativamente.
—¿Esto podría significar que el supuesto paralítico no lo estaba?
De entre los presentes se abrió paso un hombre de mediana edad con barba y gafas metálicas, que habló con voz engolada:
—Yo llevo atendiendo al exnovio desde hace más de diez años y puedo garantizar que la paraplejia suya es de las que duran toda la vida, y yo en los milagros no creo.
Sherlock movió la cabeza de un lado al otro, quedó reflexionando y a continuación se inclinó sobre la difunta, empezó a desabotonarle el vestido que la cubría hasta la garganta y dejó al descubierto el seno femenino. Los hombres se empujaron los unos a los otros para poder verlo mejor, mientras las mujeres murmuraban y condenaban, escandalizadas, la acción del afamado detective. Este sacó de su bolsillo un pañuelo, limpió la sangre causada por los disparos, dejando visibles los agujeros que habían causado las balas. Sacó un bolígrafo de otro bolsillo y con su punta maniobró hasta conseguir sacar hasta la mitad una de las balas incrustadas en la blanca carne de la joven asesinada. Entonces se incorporó, quitó la pipa de su boca y realizó una pregunta recorriendo con la mirada a todos los que lo rodeaban:
—¿De qué brazo estaba manco el exnovio?
El médico que llevaba años atendiéndolo respondió enseguida:
—Del brazo izquierdo?
—Entonces él no es quien ha asesinado a esta desdichada muchacha porque quien la ha asesinado es zurdo.
Un oh multitudinario se extendió entre los sorprendidos invitados.
—Pero todos nosotros hemos visto al exnovio salir corriendo.
—El que salió corriendo no era su exnovio —se reafirmó categórico Sherlock Holmes—. ¿Dónde hay un teléfono para que pueda yo llamar a mi amigo Peter Silk el jefe de Scotland Yard, un viejo amigo mío.
Uno de los invitados lo llevó hasta una mesa donde había uno de estos aparatos. El prestigioso detective, que había vuelto a colocar en su boca la favorita cachimba suya, cuando tuvo al aparato a su gran amigo de Scotland Yard le contó lo sucedido y le dio la solución que estaba seguro tenía aquel caso de asesinato:
—Busca a un hermano gemelo de John Smith, comprueba si es zurdo y después de comprobado que lo es detenlo por haber asesinado a la exnovia de su hermano.
—Siempre dándome trabajo. No tienes piedad de mí —bromeó el representante de la ley.
—Eso es una demostración del gran afecto que te profeso, pues ya sabes lo que dicen los adictos a malgastar energías: El trabajo es salud.
(Copyright Andrés Fornells)