AJUSTE DE CUENTAS (RELATO NEGRO)

20 de abr. de 2023

AJUSTE DE CUENTAS

(Copyright Andrés Fornells)

Desde hacía dos días el odio rugía dentro de él como un volcán que reúne la fuerza suficiente para finalmente poder estallar y vomitar toda su lava destructora.

Primero había pensado en colocarse delante de la puerta del lujoso chalé que habitaba la jueza, mostrando él un cartel que pusiera: «Es usted una malísima persona. Ha arruinado, despiadadamente, alevosamente mi vida. Me lo ha quitado todo. Todo cuanto valioso yo poseía: casa, familia y empresa. Y lo único que me ha dejado es una vesánica desesperación que no me abre más posibilidad futura que el suicidio».

Pero comprendió a tiempo que nada conseguiría con ello. Aquella mujer influyente llamaría enseguida a la Policía, la Policía acudiría inmediatamente, y él terminaría con sus huesos en la cárcel. Por eso lo había descartado y decidido otra cosa.

La espera se le estaba haciendo larguísima, interminable, dentro de su cochambroso utilitario de segunda mano y que, desde que aquella mujer lo dejó en la ruina, era su hogar. Allí dormía, sucio y hambriento, él que con una vida de durísimo trabajo y mil sacrificios había conseguido tener una buena vivienda.

Por fin, transcurrida una eternidad llegó el lujoso coche que estaba esperando y se detuvo a corta distancia del suyo. El destino demostraba decantarse a su favor. Del automóvil de alta gama se bajaron la jueza y su marido.

El hombre desesperado actuó rápido. Abandonó su utilitario y con el cuchillo que llevaba en su mano apuñaló, feroz y despiadadamente, a la mujer cuyos gritos de agonía le sonaron deliciosos. También tuvo que apuñalar a su acompañante, pero con éste se disculpó:

—La cosa no iba contigo, tío, pero de haberte dejado vivo podrías haberme perjudicado. Lo siento. De verdad que lo siento. En fin, la vida es así: Unas veces se gana y otras se pierde. Te lo dice un perdedor.

Y se alejó limpiando en un pañuelo sus manos manchadas de sangre y con la boca apretada por una mueca maligna. Es espíritu del mal se había adueñado de él y no lo abandonaba. Había más culpables de su ruina.