A UNA NIÑA LE GUSTABA JUGAR CON LOS NIÑOS (RELATITO)

A UNA NIÑA LE GUSTABA JUGAR CON LOS NIÑOS (RELATITO)

Miriam Suárez encontraba aburridos los juegos que jugaban las niñas y, por este motivo se unía a los niños y compartía sus juegos. Jugaba con ellos a las canicas, a la peonza, al futbol y a subirse a los árboles. Estas actividades suyas eran censuradas por muchas madres tradicionales que la llamaban hombruna, desvergonzada y provocadora. No bastándole lo anterior, contaban a los padres de Miriam lo que le habían visto hacer a su hija en compañía de los chicos:

—Sé sube a los árboles sin importarle que los niños le vean la ropa interior y eso, además de ser una cochinada, es un pecado. No se lo podéis consentir.

—Hablaré con ella —decía él padre, enfadado.

—Hablaré con ella —decía la madre, consternada.

Y los dos regañaban a su hija y le prohibían acercarse a los niños y jugar con ellos. Miriam, demostrando buena voluntad, les decía:

—Lo intentaré, pero es que me gustan tanto sus juegos.

Miriam se contenía y uniéndose a las niñas jugaba con muñecas, jugaba al elástico y hablaba de perfumes, maquillaje y vestidos. Y sufría, porque ninguna de estas cosas le gustaba tanto como jugar a las canicas, hacer bailar la peonza y subirse a los árboles.

A Fermín, un chiquillo de su misma edad y vecino de su calle, le gustaba mucho Miriam. Le gustaba hasta el punto de que un día le confesó a su madre:

—Mamá, me gusta Miriam desde la cabeza a los pies. Es tan bonita y valiente.

—Bueno, Miriam te gusta porque a veces juegas con ella —benévola, comprensiva, la buena mujer que lo había traído al mundo.  

Fermín, siempre que podía, a escondidas de los padres de Miriam, le avisaba de donde estarían esa mañana jugando los niños. Y ella hacía todo lo posible por reunirse con ellos.

Pasaron los años. Esos niños fueron creciendo. Dejaron atrás los juegos infantiles. Entraron en la edad de adquirir responsabilidades y prepararse para el futuro.

Miriam y Fermín fueron al mismo instituto, a la misma universidad, convertidos ambos en inseparables. Un gran amor iniciado en la infancia los unía.

Los dos estudiaron Derecho y terminados los estudios unieron sus vidas y su profesión.

Tuvieron un niño y una niña que crecieron sanos y felices compartiendo juegos con sus padres y subiéndose los cuatro a un gran árbol que tenían en el jardín de su casa.

Y cuando alguien les hablaba de la igualdad de género, los dos hermanos ponían como ejemplo a sus padres.

(Copyright Andrés Fornells)

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