UN RETRATO, EL PARQUE Y UN RAYITO DE SOL (MICRORRELATO)

UN RETRATO, EL PARQUE Y UN RAYITO DE SOL (MICRORRELATO)

UN RETRATO, EL PARQUE Y  UN RAYITO DE SOL

(Copyright Andrés Fornells)

Tengo tu retrato delante. Nunca me cansaré de mirarlo. Me embelesan esos ojos tuyos, claros, limpios, dulces. Me miran, y yo los miro. Me embelesan tus labios entreabiertos, risueños. Les hablo y ellos callan. ¡Cuánto me duele tu silencio! Paso mi mano por tu largo cabello negro, brillante, y el cristal del retrato no me llena la mano de su perfume y su sedosidad.

Los amigos me preguntan porque no paseo más por el parque. Tratan de animarme diciéndome que allí todo sigue igual. Los árboles tienen ramas con hojas y los pájaros saltan alegremente entre ellas y cantan, y los jardines rebosan de flores engalanadas con sus más bellos colores, y el aire que allí se respira está menos contaminados que el aire del resto de la ciudad.

Yo sonrío con tristeza y me trago mi pena. La mía es esa clase de pena que no puede compartirse con nadie que no padezca otra pena igual, porque no la comprende.

Y no les digo, porque ya todo me cansa; no les digo que el parque no está igual que siempre, porque para mí el parque está vacío. Para mí está vacío porque “ella” no puede estar más allí. Ni allí ni en parte alguna. ¡Ah!, si por lo menos encontrase consuelo en mis amargas, continuas lágrimas. Pero ni eso.

Ayer cometí la locura de poner en los anuncios del periódico: Le regalo mi tristeza a quién la quiera. Nadie me ha contestado todavía. Ni seguramente me contestará. Hay cosas que la gente ni regaladas las quiere.

Acaba de entrar un rayito de sol por la ventana. Me acaricia la cara. Me animo. Una dulce sonrisa entreabre mis labios. Y con una voz cargada de ternura le digo:

—Qué bien, Elena, ¡has vuelto a mí!