UN NIÑO, SU MAMÁ, UNA MARIPOSA Y LA TERNURA (MICRORRELATO)
Madre e hijo se encontraban paseando por un parque. Ella era joven y hermosa. Él era un niño de corta edad. Por no poner la debida atención de donde ponía sus pies, tropezaba de vez en cuando con una piedra o un arbusto. La mano protectora materna lo salvaba de más de una posible caída.
El pequeño miraba con ávida curiosidad todo cuanto se ponía al alcance de sus maravillados ojos. La emoción le entrecortaba, continuamente, el aliento. Poseía aún más desarrollada la inocencia y la fantasía, que la experiencia y el conocimiento.
De pronto, el chiquillo descubrió la presencia de una mariposa volando y, señalándola preguntó, preocupado, a la generosa mujer que le había traído al mundo:
—Mira, mamá, una flor volando. ¿Se irán volando todas las flores y nos quedaremos sin ninguna?
Su madre rompió a reír, a decir mientras lo levantaba del suelo y lo acercaba amorosamente a su rostro:
—¡Dios de los cielos! ¡Me lo como! ¡Pero qué gracioso es mi nene!
El niño se olvidó del bonito coleóptero para disfrutar las amorosas caricias que recibía, mostrando una sonrisa feliz sus entreabiertos labios todavía de pulposa, dulce blandura rosácea.
Contemplando esta conmovedora escena, se enriqueció en mí la esperanza de que el amor y la bondad, con el tiempo, acabarán curando nuestro mundo tan desdichadamente enfermo de maldad y odio.
(Copyright Andrés Fornells)