UN GOURMET BASTANTE ESPECIAL (MICRORRELATO)

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UN GOURMET BASTANTE ESPECIAL (MICRORRELATO)

Reconozco haber tenido, a menudo, algunos amigos raros, especiales, y sigo conservando todavía a varios de ellos. Tuve un amigo años atrás, que presumía de no darle asco nada y encontrar placer comiendo cosas que, a otros, les causaban náuseas, repugnancia, vómitos. Y me lo demostraba comiéndose, ante mis horrorizados ojos, toda clase de bichos e informándome al tiempo que los engullía con una expresión de deleite, el sabor que le encontraba a cada uno de ellos.

–Amigo mío esta avispa sabe a piñones, este gusano a beicon frito, esta cucaracha a gamba a la plancha y ahora, para postre, este escarabajo que sabe a manzana.

Pero quiso el destino que ese amigo que acabo de mencionar, cuyo nombre me ahorraré decir, no fuera cosa que por una no deseada casualidad alguien pudiera identificarlo, se lo contase a su enamorada, una señorita muy delicada, limpia y tiquismiquis, pues ella le vio, en una ocasión comer una mosca caída en su plato de sopa y estuvo enferma de asco durante una semana entera, aunque mi amigo mintió jurándole que se la había comido sin darse cuenta.

–Por el amor de una mujer, un hombre puede renunciar a los mayores placeres de este mundo, menos al ordinario placer de amarla a ella –me justificó él sus sacrificios.

Su madre, un día que me la encontré en la calle me dijo con manifiesta amargura:

—Ese asqueroso vicio alimenticio del que a mi hijo no fui yo capaz con miles de ruegos, durante años, hacerle renunciar a él, vino esa melindrosa mosquita muerta y lo consiguió en un solo día.

—Consuélese, señora María. ¿Sabe que solía decir mi sabio abuelo Silvino en casos como el de su hijo y su prometida?

—¿Qué decía tu sabio abuelo Silvino a ese respecto? —curiosa ella.

—Pues mi abuelo decía: tiene más fuerza un pelo del sexo femenino, que la maroma de un barco.

—Tu abuelo y tú sois unos desvergonzados —juzgó ella muerta de risa.

—Eso ocurre en las mejores familias, señora María, que todos los genes malos se heredan —riendo yo también y echando a andar en dirección contraria a la que llevaba ella. La señora María es feísima y no quise que alguien creyese que era mi madre, que es la mujer más guapa del mundo.

(Copyright Andrés Fornells)