UN COLLAR DE ESMERALDAS TUVO LA CULPA (MICRORRELATO)
Cuco estaba enamorado de Cuchi, pero era extremadamente tímido y carecía de coraje para confesárselo abiertamente. Cuco me conocía de ayudarle yo en sus estudios y también porque limpiaba su flamante coche deportivo a cambio de la propina que él me daba.
Cierta mañana en que yo le había dejado ese lujoso vehículo suyo limpio como una patena, mostrando cierto nerviosismo me sorprendió pidiéndome un favor muy especial.
—Andi, como te he confesado un par de veces, estoy locamente enamorado de Cuchi. Y no se me ocurre ningún modo de decírselo que sea tan original que la sorprenda y le agrade. Quizás tú, por eso de que eres poeta, podrías ayudarme a encontrar un modo de decírselo que resulte original y seductor.
Agradecido por sus propinas, decidí ayudarle e improvisé una frase que creí poseía cierta originalidad y seducción.
—Si cuando se la dices la miras a los ojos como si vieses en ella a la chica más hermosa del mundo entero, te dará un buen resultado.
—Si me da un buen resultado, aumentaré la cuantía que te daré por limpiarme el coche —me prometió ilusionado.
Al día siguiente por la mañana, recibí en mi móvil una llamada de Cuco:
—Ayer me metí con el Lamborghini por una carretera de segundo orden y lo tengo cubierto de polvo. ¿Podrías venir a limpiármelo ahora mismo y dejármelo limpio para que pueda usarlo dentro de una hora?
—En cinco minutos estaré en tu casa —acepté al instante.
Cortamos la comunicación. Me presenté en el lujoso chalé de Cuco, montado en mi bici. Él me abrió la puerta. Yo dejé mi modesto y viejo vehículo de dos ruedas a la sombra de una hermosa buganvilla.
Su coche de alta gama estaba aparcado delante del garaje.
—Está sucísimo —reconocí dirigiendo al cuartito donde se encontraban todos los productos de limpieza.
Cuco me siguió y mientras yo sacaba el cubo, las esponjas y detergentes me expuso disgustadísimo:
—Le dije a Cuchi esas palabras tuyas: <<Preciosa, me sentiré muy feliz si permites que tu cabeza y la mía reposen en la misma almohada el resto de nuestras vidas>>, y ella me respondió mirándome con desdén: <<Tacaño, cómprate una almohada, que la que yo tengo la quiero para mí sola>>.
—Lo siento, Cuco. Esta frase le había gustado a cualquier mujer que fuese un poquito romántica, pero a resultado que, de romántica, Cuchi no tiene nada.
Esta explicación mía no le sirvió a Cuco, pues, rencoroso, decidió no ser más mi amigo ni pedirme más que le limpiase el coche.
Seis meses más tarde, Cuco me buscó para culparme de que Cuchi se hubiese hecho novia de un multimillonario norteamericano llamado Harry Trevor.
—Me fie de tu supuesto talento poético y por tu culpa Cuchi nunca será mía y yo moriré de tristeza en la principesca alcoba de mi maravillosa mansión.
Me defendí:
—Oye, que yo construí aquella frase para ella, porque tú me aseguraste, muy equivocado por cierto, que Cuchi era romántica. En vista de que Cuchi no es romántica sino muy materialista, te daré ahora un consejo materialista. ¿Qué es lo más caro que ese pretendiente de Cuchi le ha regalado?
—Un collar de esmeraldas valorado en cinco millones de euros.
—Bien. Pues vete a ver a Cuchi, lo más pronto que puedas, y regálale tú un collar de esmeraldas valorado en diez millones de euros y dile que quieres casarte con ella.
Cuco se armó de valor, me hizo caso y el que se va a casar con Cuchi la semana que viene será él, que me ha felicitado y preguntado cómo sabía yo que Cuchi rompería con su pretendiente prefiriéndole a él.
Lo miré con lástima y le dije:
—Lo he sabido porque siempre he sido muy bueno en matemáticas. Tú lo sabes bien porque yo te hacía los deberes cuando íbamos al instituto y sacabas sobresalientes gracias a mí. Y ahora dame un poco de dinero para que pueda yo asistir a tu boda llevando puesto un buen traje y no parezca tu pariente pobre y mendicante.
De Cuco podre decir que no es muy inteligente, pero generoso sí lo es. Con el dinero que me dio acabo de comprarme un traje Armani y un reloj de oro Philip Patek para que luzca cuando yo estire el brazo mostrándolo por debajo de la manga, en su boda, y me ligue a alguna rica heredera diciéndole con voz apasionada:
—Eres tan guapa que deslumbras, igual que un rayo de sol en los ojos.
Yo no aspiro a ser rico, pero sí a que me mantenga una hermosa y rica mujer para que yo pueda, de lleno, dedicarme a lo que tanto me gusta: la poesía sin tener, por ello, que pasar hambre.
(Copyright Andrés Fornells)