SU HIJO RECIBÍA AYUDA DIVINA (MICRORRELATO)
Una mañana, con el sol despegándose de la tierra, dos campesinos se encontraron en un camino rural y se detuvieron un momento a hablar.
—¿Vienes de regar las remolachas, Manuel? —quiso saber uno.
—Eso acabo de hacer, Paco. ¿Cómo va ese maíz tuyo? --se interesó el otro.
—De momento mejor que el año pasado. Ha llovido cuando tenía que llover. ¿Vas a ir a la misa de diez, como todos los domingos?
—Sí voy a ir a misa de diez como todos los domingos. En mi casa somos todos muy buenos creyentes. Gracias a la ayuda divina, mi hijo saca todo el curso unas notas extraordinarias. Y gracias a la ayuda divina, todos los años consigue matrículas de honor.
—¿Estudia mucho tu hijo?
—Estudia un montón de horas todos los días, incluidos los festivos como hoy.
—No me extraña nada que tu hijo reciba ayuda divina. Mi hijo, aparte de ser ateo, en vez de estudiar gandulea y no recibe ayuda divina ninguna —con socarronería Paco.
—Siempre le quedará a tu hijo la posibilidad de hacerse político y vivir a costa de los que se esfuerzan en trabajar y estudiar muy duro.
—No le veo futuro --pesimista--. Mi hijo no sabe mentir, ni engañar, ni adular.
—Si tu hijo entra en la política aprenderá todo eso muy rápido. Tendrá los mejores profesores y los mejores ejemplos en esas materias.
—Gracias por tu buen consejo, Manuel. Se lo pasaré a mi hijo. Oye, una vez estés en la iglesia pídele a tu Dios que me haga el favor de que mi maíz no enferme como el año pasado —mezclando ironía con esperanza.
—Tranquilo. Por mí no quedará. Le pediré al buen Dios salud para tu maíz, para ti y para toda tu familia.
—Gracias, Manuel. Como Él haga eso por nosotros, yo terminaré yendo a misa como tú.
Los dos labriegos siguieron su camino, ambos sonriendo, pensando que creencias religiosas aparte ellos seguirán siendo, toda su vida, dos muy buenos amigos.
(Copyright Andrés Fornells)