SON CORTAS LA LOZANÍA Y LA BELLEZA (LIBROS)

Dos enamorados encadenan sus miradas. La fascinación que experimentan es mutua, total, invencible. Sus ojos hablan por ellos. Centellean. Seducen. Anhelan. Se rinden a la pasión. Con urgencia sus bocas se juntan. El beso es apasionado, ardiente, prolongado. Les sobra toda la ropa. La desnudez es bella. La suya especialmente.
Sus cuerpos se unen, se aprietan, se estremecen de febril necesidad. Las caricias se prolongan, multiplican, aceleran. Sus caderas rotan al ritmo de la ancestral sensualidad. La excitación crece y crece hasta empaparlos de su deliciosa lluvia embriagante. Los amantes desean el imposible de eternizar estos enloquecedores momentos.
Suspiran, jadean, cierran sus ojos. El placer que experimentan es deslumbrante, mágico; tan intenso, tan incontrolable que se reconocen indefensos si ese placer quisiera matarlos.
No los matará este encuentro sexual, ni tampoco los que sigan. Los matará la monotonía, la alargada continuidad, ese amor de corta duración que languidece irremediablemente igual que la lozanía y la belleza de la flor sin el imprescindible riego de la lluvia del alma.
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