NI PIZCA DE GRACIA (MICRORRELATO)
Que muchos seres humanos salimos defectuosos queda demostrado frecuentemente con la falta de consideración, lástima y empatía que demostramos cuando vemos que una persona se cae, choca contra una farola, tropieza con la acera o tiene percances de este tipo, pues los mismos son celebrados con risas burlonas, ofensivas.
Teníamos en mi barrio a un chico muy torpe e involuntariamente ridículo. Se llamaba Anselmo Portales y, muy a pesar suyo, tenía tanta gracia cayéndose, que muchos amigos y conocidos suyos no paraban de hacerle zancadillas para causarle caídas y con su cómica reacción poder reírse a su costa.
Las caídas que le provocaron fueron tantas y tan aparatosas que el pobre Anselmo Portales terminó con la vista muy estropeada, sus piernas lesionadas y viéndose obligado a tener que usar una silla de ruedas.
Esta cruel historia no tiene ni pizca de gracia, como habrán podido apreciar aquellos admirables lectores que hayan tenido la paciencia de seguirla hasta el final.
Lo mejor de ella fue que Anselmo Perales consiguió una plaza de vendedor de la ONCE y ganaba un sueldo bastante superior al que llegarían a ganar todos aquellos que le habían hecho zancadillas y reído de él y de sus hilarantes caídas.