MUTUA SEDUCCIÓN (RELATO)

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MUTUA SEDUCCIÓN (RELATO)

Es por la mañana y luce un espléndido sol primaveral. Una joven bella y elegante entra en una boutique de lujo situada en la zona más exclusiva de la metrópoli, se acerca al mostrador y pide a una dependienta de que le muestra una afable y estereotipada sonrisa:
—Deseo comprar un pijama de hombre de la mejor calidad que tengan.
—¿De qué talla lo quiere? —amablemente atenta la vendedora.
La recién llegada queda por un instante, desconcertada, reflexiva. No ha previsto este imprescindible detalle.
En ese momento llega junto al mostrador un apuesto joven y pide a otra dependienta que acude a atenderle:
—Deseo adquirir un pijama de mujer.
La joven empleada le pregunta con evidente afabilidad:
—Perdone, caballero, ¿puede decirme qué talla de pijama tiene la persona que debe ponerse ese pijama?
Él queda un momento sorprendido. No sabe qué responder a su pregunta. Recorre con ojos apurados su entorno y de pronto quedan fijos en la sensual figura de la joven que tiene el mismo problema que él en su desconocimiento de la talla que usa la persona para la que quiere adquirir una prenda para dormir. Decidido le dirige la palabra:

—Señorita, perdone mi atrevimiento, pero es que quiero adquirir, para regalárselo un pijama a una chica que tiene parecida estatura y figura a la que tiene usted. ¿Puede decirme qué talla usa usted?

La interpela le sonríe encantadoramente y le responde:

—Talla 36. Y como yo estoy pasando por el mismo apuro que usted, pues quiero regalarle un pijama a un hombre que tiene la misma altura que usted y parecida esbeltez, ¿puede decirme la talla suya.
—La talla 42.

—Perfecto.

—¿De qué color le gustan los pijamas y de que género?

—El satén me encanta. Es un género que envuelta en él, cada movimiento que hago lo siento como si fuera una suavísima caricia.
Los negrísimos ojos femeninos han adquirido un brillo sensual, el mismo brillo que ha aparecido también en los ojos grises del caballero

—Perfecto, ya conozco el género. Ahora falta el color. ¿Qué color le gusta? —muy interesado él.

—El color áureo me encanta. Hace juego con mis cabellos —coqueta.

—Preciosos cabellos los suyos, por cierto. Adoro a las mujeres rubias —lo ha dicho con voz cargada de pasión.

La joven que acaba de recibir esta directa, apasionada apreciación sonríe de un modo seductor.
Ambos se han olvidado por completo de las dependientas que les observan con total curiosidad. Los dos posibles clientes cambian una mirada encendida. Se produce un leve temblor en los labios de ambos. Su respiración sufre una notable alteración. Han quedado mutuamente fascinados, compartiendo una poderosísima atracción. Con voz cálida y un brillo apasionado en sus hermosos ojos pide ella tuteándolo ya:

—¿De qué color te gustan los pijamas de hombre y de qué género?

—Azules y de seda.

Los dos clientes adquieren las prendas que se han recomendado mutuamente. Salen juntos de la tienda llevando en su mano la bonita bolsa adquirida. Se paran una vez fuera del establecimiento. Se miran, arrobados.

—Me llamo Fermín —dice él ofreciéndole su mano.

—Aurora —responde ella.

—Si tienes tiempo, me gustaría invitarte a tomar algo.

—Tengo tiempo —respondió ella deseosa también de estar más tiempo con él.

Ocuparon una mesa en la terraza de una cafetería. Pidieron sendos refrescos. Mientras esperaban que se los sirvieran, Fermín pregunto a Aurora:

—Perdona mi indiscreción, pero soy muy curiosa. ¿El pijama que has adquirido es para tu esposa?

Él soltó una carcajada.

—Es para mi hermana Lucía. Es su cumpleaños mañana y quiero regalárselo —tras esta contestación, mostrando el mismo nerviosismo que ella, Fermín quiso saber—:

—¿El pijama que has comprado es para tu marido o tu novio?

Aurora respondió riendo:

—El pijama lo he comprado para mi padre que lleva el mismo pijama desde hace diez años y cuya compra me ha encargado mi madre cansada de que quiera usar siempre el mismo.

Rompieron a reír los dos. Cuando se apagó su risa se miraron al fondo de los ojos y lo que ambos vieron en la mirada del otro motivo que Fermín, con voz apasionada:

—Me gustaría dedicar la mitad de mi vida a verte cada noche con un pijama de satén color áureo puesto, y la otra mitad de mi vida dedicarla a quitártelo.

—Y a mí me gustaría dedicar la mitad de mi vida a verte cada noche con un pijama de seda de color azul puesto, y la otra mitad de mi vida dedicarla a quitártelo.

Los dos jóvenes marcharon de la cafetería cogidos de la mano y mirándose como si aparte de ellos dos no existiera en el mundo entero nada más digno de verse.

(Copyright Andrés Fornells) Si te ha gustado este relato, tal vez te guste leer mi libro ¿ESTÁS SOLA ESTA NOCHE?  Disponible en AMAZON pulsando este enlace  https://www.amazon.es/dp/B01N4WM6LO

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