EL HECHO QUE MOTIVÓ NOS QUEDÁSEMOS MUCHOS SIN REGALO DE REYES (MICRORRELATO)
Cuentan algunos de aquellos a los que los Reyes Magos nunca se ha acordado de traerles ni tan siquiera un pedazo de carbón, la historia que voy a relatarles a continuación.
Salieron de sus palacios una mañana con sol, aire dormido y temperatura muy agradable, los tres importantes monarcas de oriente. Sus camellos iban tan cargados de presentes que sus patas se doblaban debido al colosal peso que llevaban encima. Esta exagerada carga motivaba que los disgustados, esforzados y cansados animales maldijeran, en arameo, a sus desconsiderados amos y también a quienes serían favorecidos con toda la bestial carga que ellos llevaban.
Al salir de sus lujosas viviendas, los soberanos solo habían tomado en consideración escoger, para realizar su larguísimo viaje, que hiciese buen tiempo, y éste no podía ser mejor.
Debido a lo excitados e ilusionados que estaban Gaspar, Melchor y Baltasar, con las dádivas que iban a repartir y con las que esperaban hacer felices a un enorme número de personas, olvidaron sus habituales rezos, rezos que los protegían del malísimo demonio, muy activo siempre (bastante menos activo en esa época que en la actual) y ese descuido lo pagarían muy caro, ellos y todos aquellos que estaban esperando sus regalos.
Y ocurrió que el malísimo, siniestro y maquiavélico demonio fue cambiando de sitio todos los carteles que en las carreteras indicaban la dirección que iba a Belén.
Esta terrible, imperdonable y condenable treta motivó que los tres Reyes Magos nos hayan dejado a muchos (yo entre ellos) sin el bonito, anhelado y caro regalo que les habíamos pedido.
Sirva esta historia para que todos aquellos que hayan podido acusar de tacaños a los Reyes Magos, que no hay tacañería ninguna por parte de esos admirables monarcas de oriente y que cuando sean capaces de encontrar el camino que les traerá hasta nosotros podremos gozar de todos esos regalos que les pedimos a lo largo de los años. Espero, para entonces, vivir en una casa tan grande que quepan todos esos regalos pedidos por mí dentro de ella.
(Copyright Andrés Fornells)