ESOS CAPRICHOS DEL DESTINO (MICRORRELATO)

ESOS CAPRICHOS DEL DESTINO (MICRORRELATO)

En la calle más céntrica de una gran ciudad dos niños pertenecientes a familias muy ricas, después de haberse ensuciado cara y ropas con barro se habían sentado en el suelo y tendiendo su mano pedían con voz falsamente plañidera:
—Por el amor de Dios una limosnita. Llevamos una semana sin comer. Tengan piedad de nosotros.

Las personas que pasaban se daban cuenta de que se trataba de una burla y alguna les daba una moneda pequeña, riendo, mientras otras les afeaban su condenable conducta:

—No os burléis de la pobreza no vaya a castigaros el destino.

Muy lejos de ellos, en un barrio marginal, dos niños pobres de verdad jugaban entre ellos a que eran muy ricos y con dos palitos en la boca simulando que eran cigarros puros mantenían el siguiente diálogo:
—Señor banquero, guárdeme en la caja más fuerte y segura que tiene estos millones de dólares que he ganado hoy.

El niño que hacía de banquero respondió:

—Le guardaré enseguida estos millones. Le van bien los negocios, ¿eh, granuja?

—Sí, ciertamente me van muy bien los negocios. Hoy he ganado mil millones más que ayer.

Y los dos niños que iban de verdad sucios y con ropas rotas se reían de muy buena gana con un juego que creían no podía estar más lejos de convertirse en realidad.

El destino, que es un bromista incorregible y caprichoso, treinta años más tarde había convertido a los niños ricos en hombres pobres, y a los niños pobres en dos magnates poseedores de vatios millones de dólares y que fumaban habanos que, con el coste de una solo de ellos, los hombres que habían pasado de ricos a pobres habrían podido comer una semana entera.

(Copyright Andrés Fornells)