VARIAS GOTAS DE HUMOR: DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
¡Ring, ring!
—¡Niños, callaos que tengo que atender al teléfono! —pide el padre, agotado, despeinado y sudoroso.
Los niños no le hacen el menor caso. El hombre atiende al aparato. Al otro lado del hilo telefónico su mejor amigo le pregunta:
—Alberto, ¿no vienes hoy al bar a echar la partidita de cartas de todos los lunes? —reclama el que ha llamado.
—¡Maldita sea, no puedo! Es el día internacional de la mujer, y la mía se ha ido de fiesta dejando para mí las tareas que ella realiza todos los días —Alberto a punto de echarse a llorar.
—Pues haz esas tareas en un momento y reúnete con nosotros.
—¿Qué la haga en un momento, dices? —exasperado Alberto—. Te voy a enumerar todo lo que he hecho y me queda por hacer. He tenido que preparar desayunos para todos. Vestir y asear a los dos más chicos. Fregar los cacharros usados en el desayuno. Hacer las camas. Limpiar los aseos. Los guarros de los niños tienen muy mala puntería y han soltado gotas por todas partes. He salido a hacer la compra para la comida del mediodía y todo lo necesario para comer el día de mañana entero, y he vuelto a casa cargado como un mulo. Ahora he recogido toda la ropa que los niños tenían tirada por todas partes y voy a poner una lavadora. Es la segunda que pongo esta mañana. Y cuando esté seca la ropa tendré que plancharla, con lo difícil que es eso. Y después tengo que ordenarla y colocarla en los armarios y en los cajones Mientras funciona la lavadora tendré que pasar la escoba primero y después la fregona por toda la casa. Mis hijos arman un griterío ensordecedor y no me hacen el menor caso. Me están volviendo loco. ¡Ah! Y para la comida del mediodía cada uno de mis hijos quiere que le haga una comida diferente. ¡Para matarlos! Sólo han transcurrido tres horas desde que mi mujer me dejó solo con ellos y ya estoy destrozado física y psíquicamente. Y no puedo quitarles ojo a los niños para que no se claven unas tijeras, metan los dedos en un enchufe y se electrocuten y no se peleen. Estoy agotando las tiritas del botequín. ¡Cuelgo! ¡Maldita sea, uno de ellos acaba de provocar un cortocircuito!
Moraleja: en una jornada como la descrita aquí, muchos hombres aprenderían a valorar y agradecer la extraordinaria labor que realizan las amas de casa y las venerarían como a los santos. ¡Menos no merecen!

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