UN ANCIANO PRESCINDIBLE GOZA UNOS MOMENTOS DE FELICIDAD (MICRORRELATO)

ABUELO REBELDE(Copyright Andrés Fornells)

Dos jóvenes pasean, a media mañana, por un parque céntrico de una populosa ciudad. Pertenecen a ese grupo impertinente, cada vez más minoritario, que todavía piropea a las chicas, aunque lo haga sin tanta grosería como se empleó en otros tiempos por fortuna superados.
—¡Date prisa en crecer, bonita, que con esas gambas que tienes te echaremos a la paella!
La piropeada los ignora, aunque lamentando que, con la buena pinta que esos chicos tienen, si se hubiesen dirigido a ella de otro modo más “civilizado” posiblemente le habría gustado charlar con ellos y conocerles.
—¡Tía divina, que te mueves de dulce como la caña de azúcar! —dedican a otra joven.
De pronto, uno de ellos se fija en un anciano que duerme tumbado en uno de los bancos del parque.
—Oye, ¿no es ese hombre de ahí tu abuelo Paco?
—¡Vaya, sí es él! Ya se ha vuelto a escapar del asilo donde le llevaron mis padres.
—¿Y por qué se escapa?
—Por rebeldía. Porque no le gusta estar allí. Lo hace a menudo eso de escaparse. Vamos a despertarle y a invitarle a desayunar. Verás qué contento se pone. Es una persona muy agradable y simpática —afirma con voz cargada de afecto.
Los dos jovenzuelos despiertan al anciano que, tras unos momentos de desconcierto, de rápido parpadeo de sus ojos cansados y rodeados de arrugas les reconoce. Les sonríe encantado mostrando su amarillenta prótesis dental. Escucha ilusionado la propuesta de su nieto, y les acompaña de muy buen grado al bar más próximo donde ocupan una de sus mesas. Inmediatamente, el manantial de palabras forzadamente constreñido en el hogar de los ancianos, fluye abundante, incontenible, torrencial. Se desborda su imaginación. Cuenta aventuras suyas, de joven, que nunca existieron más allá de la fantasía con que las está inventando. Queriendo agradarles, impresionarles, inventa lances con mujeres, tan extraordinarios, que dejan en simples insignificancias las del mismo Casanova, aunque él no conoció a lo largo de su dilatada existencia más mujer que aquella que lo dejó en la más triste viudedad algunos años atrás y a la que fue siempre absolutamente fiel.
Su nieto sabe todo esto y, escuchándole se ríe encantado, especialmente viendo a su amigo, boquiabierto de admiración, pendiente de sus prodigiosas historias.
Mientras va mojando churros en el chocolate, el viejo, rejuvenecido, recupera las agradabilísimas sensaciones que procuran el buen uso de la imaginación, los buenos sabores de toda la vida, el trato humano y la felicidad que todo lo anterior produce a quienes pueden disfrutarlo.
Una sociedad deshumanizada y egoísta lo quitó de la circulación, considerándolo un estorbo, al igual que si él fuese una máquina improductiva, prescindible por su bajo rendimiento. El futuro ajustará cuentas a todos los que, dentro de esta sociedad moderna, inhumana y consumista, obraron con criminal vileza.

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