LA BUENA EDUCACIÓN (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Nuestra abuela Alfonsina nunca se perdía las noticias de las nueve de la noche. Le caía muy bien la presentadora, porque ella estaba empeñada en que esa joven se parecía a su prima Elvira que, cuando ambas eran jóvenes se tiraban las dos, furiosamente, de los pelos. Luego Elvira se volvió caprichosa, se casó con uno de esos extranjeros que tienen cara de limón exprimido y se fue a vivir al país de aquél. Y claro, puso demasiada distancia por medio para que las dos pudieran continuar disfrutando con los tirones de pelo.
Bueno, a lo que iba, cuando la periodista de las noticias daba las buenas noches, nuestra abuela Alfonsina, mostrando excelentes modales, se las devolvía y, a nosotros, si nos pillaba distraídos en aquel momento, nos exigía:
—Niños, dadle las buenas noches a la señorita, que se entere de que en los pueblos pequeños tenemos tan buena educación como pueda tenerla la gente de las grandes capitales.
Y nosotros la complacíamos:
—¡¡¡Buenas noches!!!
Cuando mi mujer me escucha, despedirme de la guapa presentadora que da las noticias coge celos y me dice:
—Muy bien, si te gusta más que yo ¿porque no te vas con ella?
—¿Quién quiere una copia de la Mona Lisa teniendo el original en casa? —le respondo zalamero, y hacemos las paces.
Mi Julia está mosqueada conmigo desde que le pedí un autógrafo a Scarlette Johansson y ella me dio el autógrafo y añadió al mismo su número de teléfono.
Mi Julia sigue enfadada conmigo a pesar de que yo le di el teléfono de Scarlette Johansson a un buen amigo Pepe Quillo, porque ella alberga la sospecha de que yo lo tengo memorizado.
Perdonen un momento. La guapa de las noticias se está despidiendo.
—Buenas noches —le respondo yo.
Mantengamos siempre vigente la buena educación. Hace la vida más amable y llevadera.

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