LO INVITARON LOS QUE SE HABÍAN ENTERADO ANTES QUE ÉL (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Marcelino, un joven rústico e inocentón, se echó de novia a la bonita y alegre Adelita. Marcelino disfrutó feliz de este noviazgo hasta que descubrió lo sucedido con la virtud de ella. Este descubrimiento le desbarató el cerebro y los sentimientos hasta el punto de que, abatido, devastado por el disgusto y el desengaño sufridos entró en “Los Geranios” la cantina de su barrio.
Poco original este chico, pretendía ahogar en alcohol el insoportable dolor que sufría. En el interior del establecimiento estaban el dueño y, pasaban de la treintena los parroquianos. Todos dejaron de hablar para fijar sus curiosas miradas en él. Aniceto Corrales, el propietario del local, fue la primera alma caritativa que se preocupó de su evidente sufrimiento preguntándole, solicito:
—Pero, hombre, ¿qué te pasa? ¿A qué viene esa pena tan grande tuya, ese desconsuelo inmenso, ese derretirte entero por los ojos?
—¡Ay, quisiera morirme! —dijo el afligido joven elevando el volumen de sus decibélicos sollozos—. Acabo de descubrir que mi novia no es virgen… ¡Buaaaa…!
Todos los presentes, que había descubierto aquello mismo antes que él, lo invitaron a beber y Marcelino cogió la borrachera más grande de toda su vida.
La empatía es una de las virtudes humanas más fáciles de despertar entre los que comparten una misma experiencia.

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