QUE DIFICIL ES SER MUJER (OPINIÓN)

(Copyright Andrés Fornells)
A la mujer, para tener éxito en esta sociedad tan despiadada en la que vivimos, se lo ponen muy difícil tanto en lo personal como en lo profesional. Desde muy tierna edad la mujer ha de preocuparse de mil cosas, de las que los hombres quedan exentos. La mujer ha de preocuparse a la hora de escoger entre la maternidad o triunfar en su carrera. Corre peligro yendo sola por según que zonas de las ciudades. Es agredida impunemente por muchos hombres, tanto de palabra como de obra. Y vituperada por muchas mujeres de lengua viperina como se desvíe un poco de la conducta moral que la sociedad le ha designado restringiendo con ello su libertad. Y las estadísticas del primer mundo se permiten echarles las culpas de que no haya más niños en el mundo para incorporarles al sistema productivo cuando llegaran a la edad laboral.
La mujer, para que no le arruinen la existencia debe tener una nariz bonita, una boca preciosa, una figura de sílfide y un aliento que huela a jazmín. En cuanto a los ojos, si no tiene el defecto de que sea bizca se le suele perdonar (no siempre) el tamaño, el color y hasta la forma.
Otra canallada más en contra de la mujer es que, aparte del rostro que gracias a cremas carísimas puede mantenerlo más o menos joven y lozano, las curvas que tanto atraen a los varones, hasta el punto de concederle un valor máximo en el cuerpo femenino, tienen en ellas una cruel tendencia a descolgarse con el paso de los años.
Con respecto a los hombres, el canon de restricciones cambia radicalmente. Los hombres pueden tener una nariz como un pimiento morrón, una boca del tamaño de un palillo o del tamaño de un donut, que encuentra comprensión y hasta despierta simpatía porque le encuentran cierto parecido con un gracioso payaso. Los ojos, hasta en el caso de que los tenga muy bobos, encuentra comprensión e incluso el calificativo favorable de graciosos. Los hombres pueden ser gordos (lo disculpan llamando a su barrigón la curva de la felicidad), flacos, altos y bajos, que para todo ello encuentra comprensión y justificación y solo muy pocos se acomplejan de su falta de estética, de belleza, de proporción, de lo lejos que están del hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci. Al hombre también se le disculpa que su bocaza huela a ajos de culebra.
Por todo lo anterior, una persona que como yo ejerzo de concienzudo observador, puedo exponer, lamentar y reconocer honestamente: ¡Qué es muy difícil ser mujer!

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