ANASTASIO POCACOSA ENCONTRÓ UNA LÁMPARA MARAVILLOSA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Anastasio Pocacosa era un hombre cuyo mayor atractivo físico era ninguno y, atractivo espiritual, una candidez increíble, conmovedora.
Admirador de todo lo bello, Anastasio la primera vez que vio a Princesita Pérez pasar por delante de él experimento un fenómeno extraño, totalmente nuevo para él: le creció un rosal en pleno corazón, y supo que este increíble fenómeno significaba que se había enamorado, perdidamente, de ella.
Princesita Pérez era extraordinariamente hermosa. Debido a esta irresistible cualidad física, los pretendientes le crecían igual que le crecen los hongos al buen fungicultor.
Anastasio Pocacosa entendió que con toda aquella corte de admiradores que siempre rodeaba a Princesita Pérez él no tenía nada que hacer, y se lamentaba de ello:
—Nunca se fijará en mi insignificante persona, teniendo como tiene esa multitud de admiradores, muchos de ellos tan bellos como el Príncipe Azul.
Un día que Anastasio, mientras hacia un hoyo con la intención de plantar un cerezo en el pequeño patio de la vieja casita heredada de sus padres, se llenó la enorme sorpresa de encontrar allí una lámpara. Por haberle él visto otra lampara igual a Aladino, un personaje de Walt Disney supo lo que debía hacer. Empezó a frotarla y no tardó en salir de su interior un genio que le dijo:
—Vale, pide un deseo y te lo concederé.
—¿No son tres los deseos? —reclamó Anastasio que había visto varias veces aquella ilusionante película.
—No, ya no. Llevo tantos deseos gastados que pronto no podré conceder ni uno solo más.
—De acuerdo. Concédeme que todas las noches Princesita Pérez sueñe conmigo.
—Vale. Concedido.
El genio regresó al interior de la lámpara. Y Princesita Pérez comenzó a soñar todas las noches con Anastasio Pocacosa. Al mes de soñar con él, Princesita fue en su busca y cuando lo tuvo delante le dijo:
—Vente a vivir conmigo, pues si te tengo a mi lado cuando duermo tendré el descanso de no soñar más contigo.
Anastasio Pocacosa disfrutó plenamente de Princesita Pérez de la que, vista la elección suya, todos sus pretendientes, despechados, dijeron de ella que era tonta y no la molestaron más. Los tontos eran ellos por no darse cuenta de que ella era inmensamente feliz con Anastasio porque él la adoraba las veinticuatro horas del día y de la noche y se desvivía cada minuto para hacerla inmensamente feliz.
Y colorín colorado…

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