LA NUEVA PRESIDENTA DE LA COMPAÑÍA Y MI HUMILDE PERSONA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
La nueva presidenta de la importante compañía en la que yo llevaba trabajando de chupatintas desde hacía algo más de veinte años, encargó al botones comunicarme hiciera el favor de presentarme en su despacho.
Ella se había hecho cargo de la dirección hacia tan solo unas pocas semanas. La gran mayoría de los empleados de la empresa la habíamos visto una sola vez: el día en que el presidente anterior, antes de abandonar su puesto por jubilación, nos la presentó a todos con estas escuetas, elogiosas palabras:
—Bueno, me llegó la hora de retirarme y dejar las rindas de esta importante industria a una persona joven y altamente cualificada: la señora Artemisa López. La señora Artemisa López llevará, de ahora en adelante, esas riendas que yo le entrego. Es mi ferviente deseo que todos ustedes, excelentes empleados, colaboren con ella con igual fidelidad y entusiasmo que, a lo largo de muchos años me han demostrado a mí. Muchísimas gracias a todos.
Todos lamentamos perderle como jefe, pues era un hombre comprensivo, cercano, que nos trató siempre con respeto y afecto.
La señora Artemisa López era una mujer de unos cuarenta años, guapa, con buena figura y dueña de una mirada inteligente y acerada, de persona dominante, cruel y despiadada.
Pensé nada más entrar en su lujoso despacho y recibirme ella con una hermosa sonrisa, que el anterior juicio por mi expuesto, era muy posiblemente equivocado. Ella tardó dos minutos en demostrarme lo acertado del mismo.
—Señor González, tengo sobre la mesa una petición suya de aumento de sueldo, ¿cierto?
—Cierto, señora López. Llevo 20 años trabajando fielmente en esta empresa, la vida sube continuamente y yo continúo ganando el mismo sueldo con el que comencé aquí veinte años atrás.
—Pues no tendrá que preocuparse más por pedir aumento de sueldo alguno. Vamos a realizar un reajuste de planilla y usted es uno de los despedidos. Considerando los salarios que se pagan actualmente, es un abuso que usted cobre tanto como cobra. Pásese por contabilidad y recoja su finiquito. Adiós.
Si las miradas hiciesen pupa de verdad, la importante señora Artemisa López habría quedado fulminada en aquel mismo momento, y con ella todos los que sostienen que las cosas suelen cambiar para mejor.

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