TRIBULACIONES (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
—A ti te pasa algo, niña. Díselo a tu madre. Sea lo que sea, cuenta conmigo.
Muy preocupada la mujer por la palidez que desde hace unos pocos días viene observando en el joven rostro de su joven hija y por su huidiza mirada.
—No me pasa nada, mama. Suposiciones tuyas.
—A ti te pasa algo. De unos días para acá apenas comes y tienes todo el tiempo los ojos enrojecidos.
La muchacha comienza a llorar, escapa corriendo del salón, llega a su cuarto, cierra la puerta con llave y se lanza, sollozante, de bruces sobre la cama. Su madre queda en el salón, cavilosa, angustiada. Cuando un rato más tarde llega su hijo a la casa, la atormentada madre le pregunta sobre su hermana.
—¿Tú debes saber qué le ocurre a Leticia? Siempre os lo habéis contado todo.
—No sé, mama —tratando el muchacho de escurrir el bulto.
Conociendo la falta de malicia suya, su madre lo ataca con firmeza:
—Sí lo sabes y me lo vas a contar ahora mismo. ¿Qué le ocurre a Leticia?
—Supongo que está triste porque ha roto con el chico que salía.
—Gracias por decírmelo, hijo.
Cuando por fin su hija aparece, la mujer la toma por los hombros y mirándola fijamente le exige.
—¿Estás así de decaída porque has roto con el chico que salías? ¡Quiero saberlo!
Su hija rompe a llorar de nuevo y entre sollozos logra balbucir:
—Él no me importa. Nada me importa ya.
A su madre le da un vuelco el corazón. Acaba de descubrir lo que le ocurre a su hija.
—Te ha dejado embarazada ese cerdo, ¿no es cierto?
La muchacha se arroja en los brazos maternos buscando su amparo. Y lo encuentra.
—Tranquila hija mía. Papá y yo te ayudaremos en esto como te hemos ayudado siempre en todo.
La madre guarda para ella su gran disgusto. Es mujer y también ella fue, una vez, engañada en su inocencia.

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