ARMARIO (MICRORRELATO)

A armario-con-baldas-de-madera-1246555
En un extraordinario ataque
de remordimientos, ella guardó
en el armario de la hipocresía
todos los besos, todas las caricias
y todos los orgasmos que había
tenido con su amante secreto
y volvió a ejercer otra vez más
de esposa decente, ejemplar
y reprimida. Dependería de
lo que le durasen los remordimientos,
el que ella volviese a las andadas.
Los antiguos, con su falta
de delicadeza dirían de ella:
“que la cabra tira siempre al monte”.

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