UNA VEZ FUI CREYENTE (MICRORRELATO)

iglesiamontegrande
Pertenezco al numeroso grupo de personas a las que una escena teatral o cinematográfica puede traer a su mente oleadas de recuerdos.
Suelo hacerle poco caso al televisor, esta es la verdad. La culpa de esto puede achacarse a la continua basura que emiten en sus realities shows, con-cursos aburridísimos y machacones en los que regalan enormes cantidades de dinero a los concursantes que los ganan, o películas que han pasado ya una infinita cantidad de veces y, encima, malas a más no poder.
Ayer noche, mientras cenaba solo, algo de fruta, mis hijos estaban viendo una serie americana que tiene millones de seguidores en todo el mundo. Es sobre una familia de clase humilde y sus “divertidos” problemas económicos que suelen solucionar con métodos no siempre ejemplares.
De pronto tuvo lugar una escena en el interior de una iglesia. En esa es-cena aparecían un niño y su madre, los dos hincados de rodillas en uno de sus bancos de madera y mirando hacia el iluminado altar presidido por figuras san-tas y gran cantidad de cirios y flores. En ese film era por la mañana, lucía el sol fuera del templo y un hermoso vitral manchaba el pasillo de este lugar sagrado con vivos colores al Arcángel san Miguel empuñando su espada flamígera.
Un repentino, poderoso estremecimiento recorrió mi cuerpo, una oleada de dulce nostalgia invadió mi corazón y, mi mente, deslizándose por el túnel del tiempo, me convirtió a mí en ese niño y la mujer que lo acompañaba, en mi entrañable madre. Y recuperé por unos instantes la misma sensación que viví en mi niñez, de haber penetrado en la nebulosa del misterio, de lo sagrado y de lo sobrenatural. Y añoré mi capacidad de entonces de conmoverme, mi admirable inocencia, mi fe en un Ser Supremo que haría justicia castigando a los malos y premiando a los buenos, pero sobre todo eché de menos la maravillo-sa presencia de la mujer que me regaló el bien supremo de la vida.
De pronto mi chico me descubrió un hecho del que yo no me había percatado aún:
—¿Por qué estás llorando, papá?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *