DAME TU MANO Y LEERÉ TU FUTURO (MICRORRELATO)

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—Oye, no te rías, que te hablo en serio —convincente yo—. Dame un momento tu mano y te leeré el futuro. No así no, que me pongo a acariciarla y se me olvida que soy vidente. ¡Ja, ja, ja! Así, mostrándome la palma. Vaya, vaya, vaya. Qué mano tan bonita tienes.
—¿Me vas a leer el futuro o solo pretendes aprovecharte de mi confianza en ti para acariciar mi mano? —impacientándose algo.
—No seas mal pensada, mujer. Tú confía en mí y llegarás a muy buen puerto.
—¡Ja, ja, ja! Ni que yo fuese un barco.
—En todo caso, si fueses embarcación serías un yate de superlujo.
—Dime ya lo que sea, pronto, que me estás poniendo nerviosa.
—Si yo te dijese lo que siento en este momento y en otros momentos en que estás lejos de mí, sí que te lo pondrías.
—Déjate de tonterías, o me marcho —amenazó.
—No me mates, corazón. Para una vez que te tengo tan cerquita… Bueno vamos al lío. Esta raya de aquí, que se curva al principio, significa que tendrás una larga vida. Y esta otra, casi paralela, significa que esa larga vida la tendrás en compañía de otra persona. ¿Te describo a esa persona?
—¿Puedes hacer eso, aparte de hacerme cosquillas con tu dedo índice en la palma de mi mano? —mirándome ella, desconfiada.
—Mira, preciosa, otros no podrían, pero yo debido a mis extraordinarios poderes psíquicos y paranormales, sí que puedo. Escucha, él es un joven bastante bien parecido. Tiene los ojos muy negros y el pelo también. Lo lleva largo y suavemente rizado. Unos mechones le caen sobre la frente dándole aspecto de aventurero, de pirata del Caribe.
—Parece como si te estuvieses describiendo a ti mismo…
—Estoy describiendo lo que leo en las rayas de tu mano, y nada más —contundente.
—Bueno haré como que te creo —graciosamente dudosa ella.
—Otra cosa que leo en tu mano es que te conviene dar un paseo ahora mismo. En ese paseo surgirá algo que repercutirá de un modo muy importante en tu vida.
—¿Tú crees?
—No sólo lo creo, lo afirmo. Dame tu mano y echemos a andar. Te acompañaré para que no pueda sucederte nada malo por el camino. Dominó a la perfección el bolero y las artes marciales.
Caminamos dos cuadras rozándose nuestras caderas y, aprovechando yo un momento en que no teníamos a nadie cerca, la forcé a detenernos, nos miramos muy fijamente, vimos en lo más hondo de nuestros ojos lo que queríamos ver: unas ganas locas de besarnos. Que las ganas de ella eran tan grandes como las mías me lo demostró el hecho de que nuestras bocas se encontraron a mitad de camino, y en que la pasión que demostró ella no era menor a la demostrada por mí.
La videncia fue siempre una de mis más importantes capacidades de percepción. Lo dejo aquí demostrado.

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