TERRIBLE PESADILLA (RELATO NEGRO)

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TERRIBLE PESADILLA

          Luis Gómez sufría una terrible pesadilla que se repetía casi todas las noches. En ella una silueta negra contra fondo blanco venía hacia él partiendo de la puerta de su dormitorio. La silueta pertenecía a una mujer. Una mujer joven de cuerpo curvilíneo que se movía voluptuosamente. En su mano derecha ella blandía un gran cuchillo y venía hacia él que se encontraba de pie en mitad del cuarto, inmovilizado, sin posibilidad alguna de poder huir. El convencimiento de que ella tenía el propósito de matarle, se adueñaba por completo de él. La silueta femenina se movía sinuosamente, despacio. Un silencio sepulcral lo envolvía,  incrementaba el horror que a él lo tenía paralizado. Por fin transcurrido un tiempo que le parecía eternizado, la negra figura armada llegaba delante de él y, muy despacio iba levantando el brazo hasta colocar el cuchillo en posición vertical, disponiéndose entonces a asentarle la cuchillada mortal.

          Él gritaba aterrado, indefenso, mientras el cuchillo descendía con torturante lentitud. Y no podía hacer nada para defender su vida. Su impotencia era absoluta. Ya no podía gritar, ni pedir clemencia. Sus cuerdas vocales habían quedado paralizadas. Cuando el cuchillo rozaba ya su pecho y él aceptaba su irremediable muerte, despertaba de golpe con el corazón desbocado, latiendo ensordecedoramente, todo su cuerpo empapado en sudor, la boca seca y, cuando había recobrado todos sus sentidos escuchaba, tan cercano como si estuviera dentro de su dormitorio, el fuerte petardeo del motor de una motocicleta y lo dominaba la sensación de que este ruido guardaba alguna relación con la espantosa pesadilla que había tenido.

          Una mañana, Luis Gómez al cruzar la calle fue atrozmente atropellado por una motocicleta que circulaba a doble velocidad de la permitida dentro de la urbe. El piloto de este vehículo salió indemne, mientras Luis agonizaba viendo la negra silueta femenina armada con un cuchillo que inclinándose delante de él, esbozaba una sonrisa asesina y soltaba el cuchillo. Ya no necesitaba matarlo, él se estaba muriendo de las terribles heridas causadas por el brutal atropello de la motocicleta. Lo último que los ojos Luis Gómez vieron fue la cada vez más borrosa figura femenina, que había dejado de darle miedo porque ella nada podía hacerle peor de lo que ya le estaba sucediendo. 

 

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