EL NIÑO Y LAS GAVIOTAS (Microrrelato)

gaviota

EL NIÑO Y LAS GAVIOTAS 

         Vivían lejos del mar y por esta razón, a pesar de su continua insistencia, el padre del niño lo llevaba allí muy de tarde en tarde. Cuando esto ocurría, el niño gozaba lo indecible jugando con la arena, contemplando embelesado la ondulante, colosal inmensidad del mar unirse en la línea del horizonte a la inmensidad todavía mayor del cielo; pero su mayor fascinación se la procuraban las gaviotas, las blancas gaviotas que volaban majestuosamente, reinas del aire que proporcionaba trémulas caricias al plumaje de sus grandes alas y que cuando pasaban cerca de donde él se hallaba las llamaba con ansiedad e ilusión:

     —¡Venid, venid junto a mí para que pueda tocaros, para que pueda acariciaros!

Y una y otra vez el niño se entristecía porque las gaviotas nunca aceptaran su invitación. Hasta que cierta mañana una de ellas se acercó tanto a él que pasándole por encima de la cabeza le defecó en lo alto de ella. Este hecho seguramente involuntario por parte del ave, hirió en tal medida los sentimientos de aquel niño que nunca lo olvido y, cuando llegó a adulto se hizo cazador.

 

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