SER FELIZ BAJO TANTAS AMENAZAS (ACTUALIDAD)

(Copyright Andrés Fornells)
El ser humano, desde su más tierna infancia sufre continuas amenazas. Demuestro con mi experiencia personal esta afirmación que acabo de hacer. La primera amenaza que yo recuerdo la sufrí durante mi lejana y desobediente infancia, y me vino de parte de mi santa y exasperada madre:
—¡Cómete la sopa de ajo o te doy con la zapatilla!
Yo me comía la sopa de ajo porque la zapatilla de mi madre, por la parte de la suela, que era la que ella con sabiduría empleaba, era muy, pero que muy dura.
Otra amenaza frecuentísima suya, esta generalmente en fecha dominical:
—Niño, sales de casa limpio como una patena. ¡Quiero que vuelvas a casa del mismo modo que saliste, porque de no ser así te vas a enterar!
Las ansias de ser felices que nos caracteriza a los humanos conseguían que yo me olvidase de sus amenazas y fuese inconmensurablemente feliz poniéndome perdida la ropa y el calzado zapateando en los charcos que la lluvia había dejado en los socavones de las calles.
Aunque yo no quería, porque me gustaba mucho ser niño, porque era dichoso siendo niño, el inexorable paso del tiempo me convirtió en adulto. Y convertido en adulto es cuando he conocido amenazas tan terribles que me han hecho añorar la benigna zapatilla de mi madre y sus intimidadores: “te vas a enterar”.
Por un lado los huracanes y terremotos, (como esos tan horribles que están sufriendo nuestros hermanos americanos a los que debemos prestar toda nuestra ayuda, solidaridad y oraciones), el aterrador calentamiento global, los poderosísimos gordito norcoreano y el norteamericano del flequillo, la robotización que puede dejarnos a la mayor parte de los obreros sin trabajo, la contaminación que nos enferma por dentro, y un larguísimo y catastrófico etcétera, que no alargo para no deprimir a la buenas e inocentes personas que pueden estar leyendo esto.
Y para concluir esta breve exposición de unas pocas de las muchísimas amenazas que penden encima de nuestras inocentes cabezas, hago una reflexión: ¿No es una maravilla que los humanos, a pesar de los pesares, estemos consiguiendo todavía vivir algunos momentos de verdadera felicidad?
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