EL INGENIERO Y EL POLÍTICO (MICRORRELATO)


Un señor que va en coche y se percata de que está perdido, maniobra y pregunta a alguien en la calle:
– ¡Disculpe!, ¿podría usted ayudarme? He quedado a las 2:00 con un amigo, llevo media hora de retraso y no sé dónde me encuentro!
– Claro que sí -le contesta el interpelado- se encuentra usted en un coche, a unos 7 Km . del centro de la ciudad, entre 40 y 42 grados de latitud norte y 58 y 60 de longitud oeste.
– Es usted ingeniero, ¿verdad? -dice el del coche
– Sí señor, lo soy. ¿Cómo lo ha adivinado?
– Muy sencillo, porque todo lo que me ha dicho es «técnicamente correcto», pero «prácticamente inútil»: continúo perdido, llegaré tarde y no sé qué hacer con su información.
– Usted es político, ¿verdad? -pregunta el de la calle.
– En efecto -responde orgulloso el del coche- ¿cómo lo ha sabido?
– Porque no sabe dónde está ni hacia dónde se dirige, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho, está usted exactamente en la misma situación que estaba antes de preguntarme, pero ahora, por alguna extraña razón parece que la culpa es mía…

UNA HUMANIDAD ABORREGADA (MICRORRELATO)

 

 

 

 

 

 

 

 

Aborrezco todo cuanto huele a política, pero tengo momentos de exasperación como el que me posee en este instante y trato de aliviarme un poco exponiendo mi parecer.
Actualmente, con la extraordinaria ayuda de los medios de comunicación han conseguido convertirnos en un pueblo aborregado, manso, narcotizado e idiotizado. Están consiguiendo, de un modo perverso influirnos políticamente. Lo que hace algún tiempo eran valores positivos (la honestidad, el valor del esfuerzo, la solidaridad, la verdad), los han convertido en actitudes inútiles, rechazables, obsoletas. Por lo tanto, ideas y hechos antes considerados condenables, despreciables, ahora son políticamente correctos.
Con la llegada a nuestras vidas de las redes sociales, han logrado que la mayoría de los ciudadanos se entreguen a la gran manipulación globalizada. Manipulación que en pocos minutos puede destrozar una honrosa reputación que ha costado toda una vida de enorme esfuerzo adquirir, o encumbrar a lo más alto a cualquier farsante despreciable e inútil, que así les convenga a los manipuladores.
Los manipuladores están viviendo su época de oro y los manipulados la era más triste, vergonzosa y esclavizadora de todos los tiempos.
Este desahogo mío seguramente no servirá de nada, aparte de eso: un desahogo que me cree enemigos. Viene ocurriendo desde muy antiguo. Sobran siempre verdugos dispuesto a terminar con los mensajeros. ¡Viva la buena gente que aún nos queda!

LEYENDA ANTIGUA ESCANDINAVA (VIAJES)

 

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)
Dice una leyenda muy antigua, que en la época en que el rey Gylfe reinaba en Suecia llegó a visitarlo una mujer de rara hermosura. Se llamaba Gefjon, era diosa y vidente. Todas las mujeres que morían vírgenes eran enviadas a ella que las convertía en siervas suyas, pues Gefjon era diosa también de la virtud y de la fertilidad. Su esposo era el rey Skjöld, hijo de Odinn. Muchos legendarios reyes daneses alegaron ser descendientes de la diosa Gefjon.
El rey Gylfe fue seducido por la belleza de la diosa Gefjon y por la dulzura y armonía de su canto. Después que ella hubo permanecido durante varios días en Palacio, este monarca le preguntó qué deseaba  le ofreciera él en prueba de gratitud por el placer que le había procurado con su presencia y con su extraordinario canto.
Al parecer esta conversación tuvo lugar en una habitación de palacio mientras ambos personajes brindaban con copas llenas de hidromiel (una bebida alcohólica fermentada a base de agua y miel, tan antigua que ya era nombrada en los versos del Rig Vedá, compuestos 1.700 años a. C.)
En cierto momento de esta conversación la diosa Gefjon dijo:
—¡Oh ilustre señor!, grande es la fama de tu generosidad, y por ello quiero pedirte una pequeña parte de tus tierras. Poca cosa. No temas que vaya a mutilar tu reino; quiero sólo el trozo que yo pueda labrar durante veinticuatro horas con la ayuda de cuatro bueyes.
El rey Gylfe contestó, demostrando que era justificada su fama de desprendido:
—¡Oh, diosa! Ciertamente es muy poco lo que me pides. Te lo concedo gustosamente.
Entonces la diosa Gefjon, que pertenecía a la familia de los Ases (dioses bienhechores escandinavos), mandó venir a cuatro hijos que ella había tenido de un gigante en el Iothunheim, cambió a estos hijos en bueyes; a continuación los unció a un colosal arado y marcó un surco alrededor del terreno que había elegido, un surco que fue tan profundo que toda la parte que rodeaba este surco fue separada del continente. Entonces la diosa unció sus bueyes a este trozo de tierra y los aguijó de modo que la arrastrasen hasta el mar. Una vez que estuvieron en la orilla, los sumergió en el agua y los llevó hasta meter el trozo de tierra en el Øresund. Y así fue como nació la isla Danesa de Selandia.
Esta leyenda es conmemorada por la Fuente Gefjon de bronce en Copenhague, esculpida por Anders Bundgaard en 1908, y podéis admirarla en el centro de la plaza que rodea el Palacio Real Amalienborg, una maravilla arquitectónica que no debe perderse nadie que visite Dinamarca.