UN HOMBRE, UN GATO Y UN HÁMSTER (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Existen muchos hombres que nacen infieles y además ambidextros. Esto le acontecía a un tal Jerónimo Calixto. Este hombre estaba parado por vocación. Vocación que le permitía practicar su esforzada esposa Melisa Fuertes, manteniéndole a cuerpo de rey trabajando ella de sol a sol.
Como había nacido infiel, Jerónimo Calixto en cuanto su laboriosa cónyuge marchaba al trabajo, él llenaba su ociosidad llevando a casa mujeres que se encontraban tan ociosas como él.
Testigo de sus infidelidades era un gato llamado “Dormilón” que, haciendo honor a su nombre, dormitaba todo el tiempo y, que haciendo gala de gran discreción no le contaba a su dueña el hombre tan cochino que tenía por marido.
Pero esto cambió cuando Melisa Fuertes adquirió un hámster al que puso el nombre de “Justiciero”. Este roedor no fue tan discreto como “Dormilón”, y conto a Melisa, detalladamente las infidelidades que su marido cometía. Cuando ella tuvo conocimiento de todas aquella traiciones, puso a su conorte de patitas en el calle, con lo puesto y un bocadillode mortadela, última muestra suya de conmiseración.  En la actualidad Jerónimo Calixto lleva una vida de harapiento mendigo por no haber sido lo bastante inteligente para enseñarle a “Dormilón” a hacer lo que desde tiempo inmemorial les han hecho siempre los gatos a los ratones.

ADIÓS, AMOR (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Maira González acababa de escuchar en las noticias de su televisor una noticia que la hizo dar, en el sofá donde se hallaba sentada, un salto de alegría tan elevado que a punto estuvo de dar con su cabeza de rubia falsa en el techo. Estando en el aire, y antes de caer de nuevo sentada en el destartalado mueble se tapó la boca para que su marido, al que creía dormido, no despertase alarmado al oírla.
Maira sintió convertido su corazón en cañón de artillería disparando igual que si la patria suya hubiese sido invadida por varios ejércitos enemigos y se estuviese defendiendo. Y consideró alarmada: “Debo calmarme, serenarme, pues este alocado, escandaloso cantor alojado dentro de mi pecho corro el fatídico peligro de que me estalle”.
Con las piernas temblorosas y los pasitos vacilantes, Maira se desplazó hasta la mesa encima de la cual tenía su bolso. Registró dentro de él y no tardó en dar con lo que buscaba y tener la certeza de que su memoria no le había fallado.
Escuchó entonces un ruido proveniente del dormitorio y pensó que su marido ya estaba despierto y por este motivo evitaría disgustarle despertándolo ella.
Abrió la puerta de la habitación y le vio vestido y calzado, con la maleta colocada encima de la cama y metiendo dentro de ella toda su ropa.
—¿Qué ocurre? ¿Qué haces? —preguntó perpleja, una mano apoyada en la cadera y, la otra escondida detrás de la espalda.
—Pues ocurre, feúcha, que me voy. Te dejo. Me he enamorado perdidamente de otra mujer joven y hermosa, dos importantísimas cosas que tu perdiste hace ya bastante tiempo.
Maira estuvo a punto de desmayarse del shock que acababa de recibir. Sacando fuerzas de su orgullo de mujer herida logró balbucir:
—Pero tú decías que me amabas.
—Eso fue siglos atrás, encanto. Ahora, siendo más justo que cruel, te digo que das pena, y me ahorro el que das asco.
Su mujer calló. Temblaba toda ella y el rostro se lo había incendiado la indignación. El hombre grosero, desconsiderado y ruin, cerró su maleta, se volvió hacia Maira y observando que ella mantenía sus ojos secos, apuntó sorprendido:
—Estás rara. ¿Como es que no rompes a llorar y a suplicarme que no me vaya, que me quede?
Maira controló su ira y su humillación y respondió todo lo ofensiva que pudo:
—Pues no hago nada de eso, porque perderte de vista me significará un enorme placer. También tú perdiste esas dos cosas importantísimas hace mucho tiempo: tu juventud y tu hermosura. Pero a diferencia de ti, yo seguía siéndote infiel.
Él soltó una carcajada que trató de ser hiriente, cogió su maleta y se dirigió con ella hacia la puerta de la calle. Antes de abrirla, preguntó, extrañado, el muy cínico
—¿No me dices nada antes de que salga definitivamente de tu vida?
—Claro que te digo. Te digo: Adiós, amor, que te vaya muy bien.
El salió definitivamente de la casa. Su mujer corrió el pesillo de la puerta para que él no pudiese entrar de nuevo, en el caso de pretenderlo, y lanzó un estentóreo grito de felicidad, sacó de detrás de la espalda la mano que había mantenido escondida allí todo el tiempo, y besó la participación de lotería cuyo número había obtenido un premio de seis millones de dólares, que serían completos, enteros, absolutos, para disfrutarlos ella solita.

CURSO PARA CONVERTIRTE EN MUJER FATAL (MICRORRELATO)

MUNDO INSÓLITO. La Escuela de Espías Stiletto en Nueva York, Estados Unidos, ofrece un curso de cuatro días para convertir a una mujer cualquiera, incluso si es insignificante, en Femme Fatale. Su Directora, Alana Winter, aseguró que las mujeres que toman el curso que cuesta $395 dólares, unos seis mil pesos, se titulan de seductoras y expertas en artes marciales. Explicó que les brindan a las mujeres las herramientas de seducción infalibles y aprenden el arte de ser “malvadas” pero con estilo. Pobres hombres, si sin haberlo estudiado ya nos seducen las mujeres irremediablemente, con estudios además no tenemos escapatoria ninguna.

JUGANDO A LA RAYUELA DECIDIÓ ELLA SU FUTURO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Verónica Nelson era una mujer con gran personalidad, carisma y elegancia. El éxito la persiguía, y ella, con enorme inteligencia, permitió que la atrapase. Con la imprescindible ayuda del tiempo, Verónica llegó a convertirse en una cotizadísima actriz que triunfó en el cine europeo y norteamericano.
En una entrevista que la hice para la revista “Grandezas de Mujer”, en la que yo trabajaba entonces, le pregunté si quería salir conmigo a comer una hamburguesa acompañada de una Coca-Cola. Con exquisita educación y una sonrisa que le iluminaba la cara como si fuese la fachada del Empire State, ella me dijo que era vegetariana, pero me lo agradecía igual que si se hubiese comido conmigo lo invitado por mí.
Insistí en que tuviera una salida conmigo y le propuse cantarle, imitando la voz de Frank Sinatra “New York, New York”. Rechazó mi oferta lírica diciéndome que no le gustaba que le cantaran canciones desde que una nodriza que tuvo, cuya cara le daba susto mirarla, le cantó nanas siendo ella  era todavía un bebé.
Finalmente, comprendiendo que no existía para mí posibilidad ninguna de enamorarla, le pedí me contase un secreto suyo, que a nadie le hubiese contado antes.
Me miró como si quisiera averiguar si yo era persona merecedora de su confianza y apreciando que así era, me contó:
—Decidí convertirme en actriz un día jugando a la rayuela con mi abuela Gladis.
—Tu abuela debía ser muy joven para poder jugar a la rayuela contigo —especulé.
—El mérito de que lo hiciera no consistía en su mayor o menor edad, sino en que era coja y padecía reuma.
—Entiendo. Te sigue faltando explicarme porque, el jugar a la rayuela con tu abuela, decidió que fueras actriz.
—Me lo pidió ella. Me dijo: Nena, ¿por que no consigues tú llegar a ser lo que yo tanto soñé y no pude conseguir: convertirme en una gran actriz. Y esto me decidió a convertir en realidad su sueño en mi persona.
De mi encuentro con Verónica Nelson saqué una simpática entrevista y, al llegar a casa animarme a jugar a la rayuela con mi abuela que ni estaba coja ni padecía reuma. Y de ese juego con ella estoy yo intentando cumplir su gran sueño: tratar de convertirme en un escritor famoso.

 

OCURRÍA EN TIEMPOS DE PETRONIO (CURIOSIDADES)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos cuenta este histórico personaje, en EL SATIRICÓN,
que en su época se consideraba hermoso el que las cejas
estuvieran unidas y, aquellos a los que la naturaleza
no les concedía este piloso adorno, lo falseaban con
un compuesto hecho de huevo, moscas y hormigas
machacadas. Podemos ver que la cosmética
y la fantasía nos vienen de antiguo.
¿Qué habrían dicho en esa época,
tan lejana ya, de algunos hombres
actuales que se depilan las axilas
y otras zonas más secretas
todavía?
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