MUNDO FUTURO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
El mundo se había convertido por completo en un mercado. Todo se vendía y se compraba. No quedaba nada gratis. Los gobiernos cobraban a sus ciudadanos por el aire que respiraban y por el sol que los bañaba cuando salían a la calle. A quienes morían antes de la edad fijada por los gobiernos, no podían cobrarles por esta infracción, pero si tenían la obligación de pagar por ella sus familiares. Para poder cantar, silbar o reír había que sacarse un carné semanal que autorizaba el poder realizar tales actos.
Quienes controlaban todas esas medidas no las consideraban crueles, sino medidas necesariamente disciplinarias, porque los seres humanos tenían tendencias viciosas a cometer actos innecesarios e inútiles. La palabra libertad fue eliminada de todos los léxicos y todos los libros por considerarla subversiva y sediciosa.
La publicidad había alcanzado su máximo esplendor. Un ejemplo: En lo alto de un edificio un hombre que no quería seguir viviendo en un mundo tan controlado, esclavizante y opresor, gritó que iba a tirarse desde aquella altura y terminar con una existencia que le habían convertido en horrible, insoportable, invivible.
El reportero de la televisión de máxima audiencia que esta retransmitiendo este suceso le dijo al aspirante a suicida:
—Un momento. No te tire todavía, que tenemos que poner una cuña publicitaria.
Aquel pobre tipo estaba tan adocenado, tan aborregado, que no se suicidó hasta que el director del telediario le invitó a hacerlo.

HOY ES EL DÍA DE LA TIERRA (AMEMOSLA COMO MERECE) MICRORRELATO

(Copyright Andrés Fornells)
La Tierra, los desagradecidos terrícolas creían era una cosa insignificante cuya única utilidad era multiplicar para ellos las semillas que le sembraban. Los terrícolas creían que la Tierra ni sentía ni padecía y, por lo tanto, ni tenían que agradecerle los continuos milagros que realizaba para ellos, ni dejar de ensuciarla con todo tipo de porquerías que ellos inventaban.
Pero sucedió que un día la Tierra, que sí sufría y padecía, decidió dejar de ser tan generosa, tan paciente y tan sufrida. Y ese día la Tierra no realizó mas el prodigio de multiplicar las simientes que los hombres después de herirla con sus punzantes y cortantes aperos de labranza le plantaban. Y con esta sencilla y justificada acción suya terminó con los desagradecidos y puercos terrícolas.

YO ME IDENTIFICO CON PETER PAN (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Me ocurre a menudo que me ensimismo con algunas cosas y me olvido de obligaciones, responsabilidades y preocupaciones.
Me ocurre por ejemplo viendo como un pájaro salta de una rama a otra, mueve la cabeza como si estuviese escuchando algo que solo él puede oír y luego suelta un alegre trino.
Me ocurre observando las graciosas muecas que realiza un niño delante del escaparate de una pastelería mientras deja en la gran luna del establecimiento huellas de sus manos algo sucias mientras mantiene la boca abierta y hace girar la lengua lamiéndose los labios.
Me ocurre mirando como un perro se dirige hacia una esquina tan decidido como mi primo, el futbolero, los lunes hacia al quiosco para adquirir un diario deportivo cuando el equipo de sus amores a ganado el día anterior, mientras el can lo que hace es dejar en la pared un mensaje para sus congéneres.
Le cuento a las alas de una mariposa los colores distintos que posee; imaginó qué pueden estar dibujando los movimientos que realiza en su vuelo (¿serpientes, acentos circunflejos?), y tengo la paciencia de esperar a ver en que sitio se detiene a descansar o alimentarse.
A mí me ocurre todo esto que acabo de contar porque a menudo me asalta la sensación de que me obligan a actuar como adulto, cuando yo quisiera continuar siendo niño crédulo e ilusionado, que espera descubrir a cada momento cosas maravillosas que lo fascinen y lo embelesen, y que el mundo no es como lo veo de adulto, si no como lo imagina un pequeño: asombroso, fantástico, y no como realmente es, decepcionante, cruel y despiadado.

UNA ACCIDENTADA HISTORIA DE AMOR (microrrelato)

(Copyright Andrés Fornells)
A Martita Sánchez la quería yo más que al lucero del alba. Lo malo era que ella, cuando yo le declaraba lo muchísimo que la quería dudaba de mis sentimientos y encogía los hombros como hace mi tío Romualdo cuando su mujer le dice que es un casposo por prohibirle irse de discoteca con las amigas.
Un día, cansado de que Martita no creyera en la autenticidad de mis sentimientos, me subí a lo alto del tejado de la casa de mis padres llevando en mi mano derecha el paragua de mi abuelo. Un paraguas muy grande, con algunos rotos en la tela y dos varillas colgando. Martita pasaba por allí todos los días para ir a la pastelería donde trabajaba. Vamos, como para que no tuviese ella dulces los labios. Por fin la vi venir ensimismada y con cara de sueño.
—¡Eh, Martita! —le grité—. Si de verdad no crees que yo te quiero más que al lucero del alba, ahora mismo me tiro con el paraguas abierto y que sea lo que Dios quiera. Y que será demostrar que yo no soy de goma.
A ella primero le adquirió la boca la forma de un donut color chicle. Después sus preciosos ojos verdes le hicieron chiribitas, y finalmente con la voz más cariñosa que jamás había tenido para mí me dijo:
—Anda, baja por la escalera, tontito, que te daré un beso que se te aflojarán las canillas.
Con las prisas que me entraron de recibir tan maravilloso premio, tentado estuve de lanzarme con el paraguas para llegar antes junto a ella. Pero recordé a tiempo que solo las pelotas salen impunes en las caídas. Así que corrí hacia la escalera, salté escalones de cuatro en cuatro, me caí, me rompí una pierna y en el hospital, tendido yo en la cama con esa pierna enyesada donde todos mis amigos habían escrito guarradas, Martita me confesó que ella también me quería más que al lucero del alba. Y me trajo un dulce de cabellos de ángel que nos comimos a medias, bocadito a bocadito mientras nos decíamos esas tonterías que les parecen cursis a todos, menos a los enamorados que las dicen.

EL GRAN ÉXITO DE UNA CARTOMÁNTICA (MICRORRELATO)

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Azucena Murillos ejercía de cartomántica, y en esta profesión no prosperaba por ser totalmente honesta. No le decía a la gente, cuando le echaba las cartas lo que las personas que acudían a su consulta deseaban oír.
No le decía a la viuda desconsolada, que muy pronto encontraría un marido mejor incluso al marido que había perdido y tanto lloraba, sino que mejor continuase su camino por la vida sola porque todos los hombres que se iban a acercar a ella serían unos sinvergüenzas que procurarían quedarse con los pocos ahorros que poseía.
No le aseguraba a la solterona falta de belleza, que iba a conocer muy pronto a un hombre joven, guapo y con muy buena situación económica, que la sacaría de la soledad y la necesidad de placeres carnales que por su carencia de atractivo nadie le procuraba.
No engañaba al hombre de negocios, al borde de la quiebra, contándole que un cambio de fortuna le permitiría pagar todas sus deudas y enriquecerse en un corto periodo de tiempo.
Y tampoco le regalaba ilusiones falsas al joven amante de la aventura con futuros viajes a países lejanos y exóticos donde descubriría un tesoro oculto en una cueva guardada por cientos de serpientes que no le harían nada mientras fuese pronunciando todo el tiempo la palabra mágica “Puchicachi”.
Finalmente, aburrida, por la falta de clientes y además por la mala fama con que algunos castigaban las verdades desagradables y acertadas que les había revelado, se hizo jugadora de cartas profesional donde adquirió fama y riqueza, pues adivinaba en cada jugada todas las cartas que tenían sus oponentes y le resultaba fácil ganarles sumas considerables cuando apostaba fuerte porque todos tenían buen juego y ella lo tenía todavía mejor.
Moraleja: Cuando no te vaya bien en un oficio, cambia porque quizás te vaya mejor en otro.

UN NIÑO MUY PREOCUPADO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
El niño era muy pequeño. Tenía aún más desarrollada la inocencia y la fantasía que la experiencia y el conocimiento. Un día paseando con su mamá vio una mariposa volando y, cuando la perdió de vista le preguntó, preocupadísimo, a la generosa mujer que le había traído al mundo:
—Mamá, ¿se irán volando todas las flores y nos quedaremos sin ninguna?

ALGUNAS RAZONES POR LAS QUE QUIERO TANTO A MI PERRO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Cuando llego a mi casa, la mitad de los miembros de mi familia, muchas veces, entretenidos en sus cosas (teléfonos móviles principalmente) ni contestan mi saludo. En cambio, “Max”, mi perro, corre inmediatamente hacia mí, salta y baila de alegría, superfeliz de verme y me lame la mano que es su forma de decirme: ¡te quiero, te quiero, te quiero…!
Propongo a los miembros de mi familia salir a dar un paseo, e inmediatamente ponen mil excusas para no acompañarme. Mi perro, por el contrario, en cuanto me ve coger su correa, se vuelve loco de contento, ladra feliz, convierte su rabo en un ventilador, y se viene conmigo a donde sea. Al infierno se vendría él, si allí fuera yo (que ya veremos si no voy).
Mi perro nunca discute conmigo, nunca está de morros conmigo, nunca me pide cosas caras, y es que mi perro no me quiere por el interés. Su cariño es desinteresado, generoso, sublime.
Mi perro no se acuesta conmigo, porque no se lo permitimos, pero estoy seguro de que si lo hiciera no me daría la espalda, ni me condenaría a un hosco silencio porque no le he concedido éste o el aquel capricho.
Mi perro, cuando me ve triste se preocupa por mí, hace todas las tonterías de este mundo para hacerme sonreír, cuando no reír. ¡A mi perro le importo! ¡Le importo más que cualquier otra cosa de este mundo, huesos incluidos!
Mi perro no presume de nada, no tarda dos horas en arreglarse cada vez que hay que salir a algún sitio, ni se encierra en el cuarto de baño durante horas obligándome a salir a la calle para no orinarme encima.
Por todo lo expuesto anteriormente, y mucho más que me callo para no buscarme problemas gordos familiares, me voy a llevar un disgusto de muerte si no existe un cielo para los perros pues el mío, sin duda por sus bondades, fidelidad y ternura hacia mí, tiene ganado de sobra un puesto de honor en él.
Y perdonadme si no continúo elogiando un poco más las extraordinarias cualidades que posee mi perro, pero es que se ha hecho la hora de sacarlo de paseo. Voy a coger la bolsita higiénica por si se le ocurre hacer caca en la calle, la letrina favorita de estos adorables y fieles animales. Hasta luego, amigos.

DIA DEL BESO (MICRORRELATO)

MI QUERIDA VIEJITA
(Copyright Andrés Fornells)
Cuando Messi eleva sus brazos hacia el cielo recordando a su abuela, me identifico plenamente con él.
Yo también tuve una abuela que me enseñó, antes de ir yo al colegio, esa maravilla que es, juntando letras, darle nombre a las cosas maravillosas que no ves en un momento determinado para poder señalarlas con el dedo: Cielo, mar, sol, luna… Y me enseñó ella también muchas otras cosas que no son para verse sino para sentirse: Generosidad, honradez, piedad y, sobre todas ellas, con su extraordinario ejemplo: Amor.
Allí donde estés, abuela, yo te envío un millón de besos, en el día de hoy y en todos los demás días de mi vida.

LA HERMANDAD DE LA SONRISA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Formaban un grupo de personas tan pobres, tan pobres, que solo tenía su sonrisa.
Formaban un grupo tan generoso, tan generoso, que la regalaban a todo el mundo.
Cada noche, al acostarse los miembros de aquel humanitario grupo, nunca se acostaban pobres. Se acostaba con el tesoro que sumaban las numerosas sonrisas que otros les habían regalado a cambio de la suya.
Este grupo de personas aseguraba que, dentro de su pobreza era feliz. Quienes les pagaban, sonrisa por sonrisa, les creían porque ellos también lo eran.
Si la felicidad dependiera de la riqueza, únicamente los ricos serían felices, y está totalmente demostrado que no es así. Por eso no existe nada en el mundo que dé más rabia a un rico, que descubrir la existencia de pobres más felices que ellos.
A quienes dudan de que los pobres regalan sonrisas, que se fijen en los niños parias de la India y de otros países de Asia.