Andrés Fornells
Blog personal del escritor español
Blog personal del escritor español
feb 7th
ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE CHARLES DICKENS
Hoy se cumplen 200 años del nacimiento del genial escritor inglés, conocidísimo a nivel mundial, Charles John Huffan Dickens. Nacimiento que tuvo lugar en Portsmouth (Inglaterra) en 1812. Vino al mundo en el seno de una familia de clase media. Charles no recibió educación formal hasta la edad de 9 años.
Su padre, que trabajaba de oficinista, era muy malgastador. Despilfarrador hasta tal punto que finalmente fue encarcelado por no pagar sus deudas. El encarcelamiento de su progenitor obligó a Charles a buscarse un trabajo cuando contaba únicamente 12 años. Con el dinero que ganaba, Charles se mantenía a sí mismo y todavía conseguía ahorrar para enviarle parte de su salario a su necesitada familia.
Después Charles fue realizando diferentes trabajos. Estuvo empleado en un bufete de procuradores, como taquígrafo judicial, y luego comenzó a colaborar como reportero para terminar finalmente como periodista político.
Se enamoró y casó con Catherine Thomson Hogarth y tuvieron nada menos que diez hijos.
Comenzó a escribir para varios periódicos y publicaciones y su fama fue creciendo más y más no solo en Inglaterra sino también en Estados Unidos. Realizó viajes a Italia, Suiza y Francia y, en 1865 comenzó a tener problemas de salud, problemas que agravaron las desgracias de la muerte de su padre, de una hija, y de una hermana.
En 1865 salvó la vida de milagro, pues regresando de Francia en tren ocurrió un terrible choque ferroviario en el que de un puente cayeron varios vagones y sólo se salvo el vagón en el que viajaba él.
En 1869 Charles Dickens se convirtió en el decimosexto presidente de Birmingham and Midland Institute, y en 1870 murió después de sufrir una apoplejía.
La obra literaria de Charles Dickens fue extensísima. Combinó el humor, el sentimiento trágico, la ironía con una ácida crítica social y realizó extraordinarias descripciones de gentes y lugares, tanto reales como imaginados.
Se han vendido millones de libros suyos traducidos a varios idiomas y algunos de ellos han sido llevados al cine con enorme éxito.
Honremos su memoria y admirémosle porque fue uno de los más grandes genios de las letras.
feb 5th
LA ISLA DE LOS PORROS (MALLORCA)
Este interesantísimo artículo sacado de la Guía de Mallorca, les aclarará a algunos posibles confundidos por el nombre, que para nada significa que esta histórica isla se llama como se llama porque allí se fuma lo que todos conocemos.
NECRÓPOLIS PREHISTÓRICAS DE SON REAL Y EL ILLOT DE PORROS
Las necrópolis prehistóricas de Son Real y el Illot des Porros se encuentran en la costa de Santa Margalida, dentro de la reserva natural de Son Real, muy cerca de la playa virgen de S´Arenal d´En Cassat. La primera de ellas también conocida con el nombre de cementerio de los Fenicios. Es un conjunto de 110 tumbas de carácter monumental, utilizadas desde la edad del hierro hasta la época romana, que ocupan una superficie de 800 metros cuadrados donde se localizaron los restos de 300 personas. Las tumbas tienen formas cuadradas, circulares, rectangulares y forma de herradura. Parecen reproducir en pequeña escala los talayots, las construcciones más importantes de la prehistoria de Mallorca. Hay indicios de que una parte de las tumbas ha sido destruida por la erosión del mar. Se han encontrado joyas, armas, restos de comida y objetos de uso cotidiano y otros utilizados en los rituales funerarios. Hasta el siglo IV los cuerpos eran inhumados y a partir de este siglo eran indistintamente incinerados o inhumados.
El Illot des Porros es una pequeña isla de 3050 metros cuadrados, situada a 100 metros de la costa delante de la necrópolis de Son Real, en la cual se encuentran tres grandes sepulturas colectivas, en las cuales los cuerpos eran inhumados e incinerados. La más antigua es una cámara funeraria semicircular del siglo IV aC, con muros formados por grandes bloques de piedra. Las otras dos se encuentran excavadas en la roca y parcialmente construidas con muros de piedra, fechadas entre los siglos III y II aC. También se encuentran tumbas individuales como las de Son Real. La superficie de la necrópolis es de 450 metros cuadrados y se han localizado los restos de 269 personas. Hay indicios de que el islote fue utilizado para realizar enterramientos durante la época romana y la medieval.
feb 3rd
PEPE FIESTAS Y UNA CHICA EMBARAZADA
Pepe Fiestas era un desenfrenado juerguista. Le gustaban muchísimo las mujeres, la priva y la holgazanería, por este orden. Se había acostado a las seis de la mañana con tantas copas de más que las nebulosas del alcohol le ocultaban si había conseguido realizar el acto sexual con alguna de las dos hembras con las que había recorrido varios locales de copas a los que les fue llevando un taxista de su absoluta confianza.
Era cerca del mediodía cuando lo despertaron unos golpes en la puerta. Unos golpes que con lo sensibles que tenía sus sentidos sonaron dentro de su dolorida cabeza igual que cañonazos. Aquel terrible ruido, abusivamente repetido le alarmó hasta el punto de que, a pesar de que la resaca le estaba trepanando el cerebro, logró sentarse, iniciar una vacilante posición vertical y finalmente, tambaleándose, sus pies pisando arenas movedizas y apoyándose con el hombro en las no menos movedizas paredes del pasillo, llegó hasta la puerta vestido tal como se había acostado, incapaz a su llegada de madrugada de hacer otra cosa que tirarse en el lecho y dormir su colosal borrachera.
Por entre las telarañas que cubrían sus ojos adornados con dos círculos morados vio que quien llamaba era la vecina gorda que vivía en el apartamento situado frente al suyo. El enfado dibujaba en su cara de buldog una expresión enfurecida.
—¿Sí…? —logró balbucir Pepe Fiestas, sin fuerzas para odiarla.
—Abajo en la calle hay una chica llamándole a voces. ¿Está sordo o qué?
—¿Y cómo sabe que me llama a mí…? —con lengua estropajosa pidiéndole a su cerebro que se esforzase en funcionar.
—Porque además de gritar su nombre lleva una pancarta que pone: “Busco a Pepe Fiestas”, y en este bloque de pisos el único que se llama así es usted —farfulló convertida su mirada en un soplete acusador.
—¡Mierda! Que se vaya a su casa…
El todavía medio sonámbulo crápula, desentendiéndose de ella y dejando la puerta abierta se dirigió con pasos vacilantes a su dormitorio y llegado a él se dejó caer de bruces encima de su cama. Se sentía más mareado que el tambor de una lavadora en pleno centrifugado.
—Maldito cabrón. Te vas a enterar —ofendida por su actitud, ladró la oronda vecina de rostro perruno.
Se metió en el ascensor, bajó a la planta baja, abrió la puerta acristalada que daba a la calle y dijo a la muchacha que continuaba clamando el nombre Pepe Fiestas:
—Nena, el depravado que buscas lo encontrarás en el tercero “A”. Si te ha hecho alguna putada, no dudes en sacarle los ojos. Yo en tu lugar lo haría.
—Déjelo de mi cuenta. Le daré a ese cerdo violador, lo que merece —moderadamente encorajinada la chica de la pancarta.
—Mátalo. Los violadores no merecen otra cosa. Voy a por pan. Si a mi vuelta te lo has cargado, esperaré un ratito antes de llamar a la policía. Para darte tiempo a escapar.
—Gracias, señora. Es usted muy bondadosa. Dios se lo pagará.
—Lo veo difícil. No sé donde tiene la oficina ese tío del que tanto hablan los curas —impía y malvada.
La muchacha, que vestía minifalda y una camiseta tan ajustada que hasta la forma y tamaño de los pezones marcaba, cogió el ascensor, llegó a la puerta abierta del apartamento de Pepe Fiestas, la cruzó, llegó al dormitorio y se detuvo delante del cuerpo tendido del jaranero que, con ambas manos se apretaba la cabeza dentro de la que un potente taladro le estaba dejando los sesos como un colador.
Una perversa sonrisa curvó los labios de la visitante que acto seguido colocó sus manos sobre los hombros de Pepe Fiestas y lo zarandeo violentamente. Él volvió la cara. No la reconoció. Suplicó con voz apagada:
—Dejadme en paz… que estoy muy mal…
—Peor estarás si no me das dinero para que aborte —amenazadora la chica de los pechos oprimidos—. Estoy preñada de ti.
—No te conozco… —expuso él trabucándose, después de haber realizado un breve registro en su brumosa memoria.
—Si no me das dinero voy a la cocina, cojo un cuchillo y te la corto para que no puedas preñar a ninguna otra —más amenazadora todavía.
Pepe Fiestas tuvo un chispazo de lucidez y entendiendo el peligro que corría, le dio el reloj de oro que llevaba en su muñeca.
—Voy a empeñarlo y como no me den lo suficiente para poder abortar, volveré y te caparé —sentenció la supuesta embarazada.
Y a continuación abandonó el apartamento dando un terrible portazo. Pepe Fiestas sintió el golpe como si acabara de recibirlo en el sísmico edificio de su cabeza. Con enorme dificultad abrió el cajón de la mesilla, sacó un frasquito de somníferos, se tragó dos de ellos y continuó penando hasta que éstos le hicieron efecto y finalmente quedó dormido.
Despertó cuando la tarde y la noche se mezclaban ya en la coctelera del tiempo. La cabeza seguía doliéndole, pero mucho menos. Miró en derredor suyo y muy lentamente su cerebro le ayudó a entrar en contacto con la realidad. Entonces apreció, por la grisácea claridad que penetraba por la ventana de su dormitorio, que estaba anocheciendo. Quiso saber la hora que era. Se miró la muñeca donde siempre llevaba su reloj, y no lo encontró. ¡Uf!, a saber dónde lo habría dejado o perdido. No importaba. Se afeitaría, vestiría un traje limpio e iría a ver a su acaudalada madre para que le diese dinero, a cambió de un par de besos zalameros en sus estiradas mejillas y un te quiero, mamá.
Cuando estuvo listo para salir se miró en el espejo del lavabo y le dijo, plenamente convencido, a la demacrada imagen suya que le mostró la superficie plateada:
—Joder, hermano, qué dura es la vida.
Cogió el ascensor y cuando llegó a la calle la noche se había adueñado de todo. Aspiró con agrado la pestilencia que soltaban los tubos de escape de los vehículos que circulaban por la calzada, levantó la cabeza, contempló durante unos segundos el cielo tachonado de estrellas y sonrió. Había empezado a sentirse vivo de nuevo. La noche lo esperaba para desmadrarse y embrutecerse otra vez más. Él, vivir de otra manera no quería. Llamó por el móvil a su taxista de confianza.
feb 2nd
UNA NOCHE ROMÁNTICA
Una noche una pareja de mayorcitos estaba ya acostada en su cama.
El marido se estaba quedando dormido, pero su mujer se sentía romántica y quería conversar.
—Cuando me enamorabas, me agarrabas la mano… —le dijo.
De mala gana, el marido se dio media vuelta, le agarró la mano por unos segundos y luego trató de dormirse otra vez.
En pocos momentos ella le dijo nuevamente:
—Entonces me besabas…”
Algo molesto, se dio media vuelta otra vez y le dio un ligero beso en la mejilla y luego se acomodó para dormirse.
A los treinta segundos, ella le dijo:
—Luego tú me mordías el cuello…
Molesto, el marido tiró a un lado la ropa de cama y se levantó.
—A dónde vas? —le preguntó ella, molesta.
—¡A buscar los dientes que me los dejé en la cocina –gritó él bajando de la cama.
feb 1st
FILIPINAS PARA LECTORES CON PRISA
Filipinas es un país que tiene 7.107 islas, pero sólo unas pocas de ellas están habitadas. Bien, este archipiélago nos ofrece maravillosas playas, exóticos bosques, cocoteros, volcanes, arrecifes coralinos, lagos. Los españoles estuvieron allí más de 3 siglos, por lo que podemos encontrar muchas huellas españolas. Su población es de 68 millones de habitantes, que son básicamente de raza malaya con antepasados chinos y españoles. Los españoles instalaron su capital en MANILA en 1.561 y en 1.898 nuestros amigos (entre comillas) los norteamericanos nos suplantaron. En la actualidad FILIPINAS es una república constitucional. Existen 111 grupos lingüísticos y 70 dialectos.
RELIGIONES: El cristianismo y el islamismo.
El tagalo es el idioma oficial del país y la moneda el peso filipino. El inglés lo habla la gran mayoría de la población y el español una minoría perteneciente a la alta sociedad.
Los españoles derrotaron al sultán malayo Solimán.
LAS ALDEAS las componen cabañas sobre armaduras de bambú y techos hechos de balago (paja largo de los cereales). Las construyen altas para poder guardar debajo de ellas el ganado.
POBLADORES Los badjaos o gitanos del mar cuyas embarcaciones les sirven de vivienda y se desplazan con ellas de un sitio a otro.
LA FIESTA MÁS CATOLICA Es la Semana Santa. Llevan cruces, se flagelan, clavan anzuelos, puñales y otras torturas. Es muy impresionante. Presenciarlo te causa una mezcla de admiración y horror. En ningún otro lugar del mundo he presenciado parecida demostración de autotortura.
TAGA que significa nativo u hombre, lo llevan delante la mayoría de las lenguas que allí se emplean.
GASTRONOMÍA es muy variada. La componen elementos españoles, chinos, japoneses, malayos y americanos. El alimento básico es, lógicamente el arroz y la carne de CARABAO el búfalo local y también consumen mucho pescado.
EL PLATO NACIONAL es el lechón relleno de papayas y hojas de tamarindo. El fruto del tamarindo lo usan asimismo como laxante.
MANILA es el centro de la vida política y económica de Filipinas.
SITIOS DEL MÁXIMO INTERÉS: Intramuros, la ciudad amurallada. Fuerte Santiago que fue el bastión del gobierno español. LA CATEDRAL, La Universidad de Santo Tomás, la más antigua de Asia. La fundaron los dominicos en 1611. MAKATI centro de los negocios y del comercio.
Fuera de Manila esta la impresionante TAGAYTAY, con una vista panorámica extraordinaria. Allí está el volcán TAAL, que tiene un lago dentro, y dentro de ese lago una isla. Enclave de una inmensa belleza, inolvidable
LAS CATARATAS DE PAGSANJAN a las que se llega por un río lleno de cortantes. Anécdota, el piragüero me pidió el doble de dinero que ya le había pagado por adelantado o me dejaría allí. Tenía varios amigos alrededor suyo cuando me lo pidió. Pensé en el kris, el puñal malayo de forma ondulada y pensé que mejor perder unos pocos dólares, que salir de allí malparado. Fue la única nota desagradable que me llevé de ese magnífico viaje.
TRIBUS Existen un buen número de ellas todas muy interesantes y dignas de estudio por sus costumbres ancestrales.
BANAVE en este enclave sus terrazas de arroz forman un conjunto tan magnífico que son muchos los que la consideran la octava maravilla del mundo.
SAGADA cuya originalidad son sus cuevas excavadas en las paredes de roca con sus ataúdes colgados, costumbre que data de más de quinientos años.
LOS AMANTES DE LAS PLAYAS tienen LA UNIÓN, una provincia costera con palmeras, playas de fina arena, complejos hoteleros, iglesias del siglo XVI. Son muchos los hoteles en que puedes comer dentro de las mesas instaladas dentro del agua. Langostas y gambas están baratísimas, aunque estos crustáceos no poseen tan buen sabor como los mediterráneos. Todo es lujo allí.
CEBU que es la ciudad más antigua del país. Su mérito principal es que fue el lugar donde desembarcó Fernando de Magallanes en 1.521.
LA ISLA DE BOHOL es muy interesante porque es el hogar de los monos taseroslos más pequeños que existen en el mundo pues abultan menos que un ratón. Se alimentan de insectos, son noctámbulos y poseen unos ojos enormes. En esta isla también están las Colinas de Chocolate que deben su nombre al color de su piedra caliza.
LA ISLA DE BORACAY es un lugar muy exótico. Tiene playas de arena blanca, aguas cristalinas y la gente se aloja en bungalós instalados entre los cocoteros.
JOSE RIZAL fue un español con el alma filipina, que inició el primer intento de independizar el archipiélago. España lo hizo ejecutar y lo convirtió en un mártir muy importante dentro de la historia de este país.
LEYENDA POSIBLEMENTE FALSA Según esta leyenda que me contaron, José Rizal, héroe nacional de Filipinas, era el verdadero padre de Adolfo Hitler. Los datos empleados para que resulte verídica tal posibilidad, son los siguientes. Rizal se encontraba en Austria (no olvidemos que Adolfo Hitler no era Alemán sino austriaco) en las fechas en las que el terrible fürer fue concebido. Rizal tuvo relaciones con una austriaca cuyo nombre coincide con el nombre de la madre de este espantoso criminal. Más aun, Rizal era pequeño, moreno y de ascendencia oriental. Quizás por ello Hitler quiso añadir a los japoneses a la raza aria… Supongo que todo se trata de una broma maliciosa o un bulo mal intencionado y así hay que tomarlo. Yo, personalmente, dudo de su veracidad.
CUENTOS DE HADAS Unos niños me hablaron de una ninfa chata, y de leprechauns y gnomos que están sentados encima de una montaña de oro y que quien los descubra será inmensamente rico. Pensaban buscarla de mayores.
Para concluir, Filipinas es un país lleno de contrastes que posee un exotismo y belleza espectacular. No conozco a nadie que lo haya visitado que se sintiera decepcionado, y sí a muchos que se sintieron admirados.
TAGALO: SALAMAT (GRACIAS) PAALAM (ADIÓS)
ene 31st
ITALIAN CRUISE LINERS
The current plight of the Costa Concordia reminds me of a comment made by Churchill.
After his retirement he was cruising the Mediterranean on an Italian cruise liner and some Italian journalists asked why an ex British Prime Minister should chose an Italian ship.
“There are three things I like about being on an Italian cruise ship” said Churchill.
First their cuisine is unsurpassed.
Second their service is superb.
And then, in time of emergency, there is none of this nonsense about women and children first.
ene 27th
UN TÍO FEO DE COJONES (I)
Se abrió la puerta de mi oficina y entraron tres hombres. Dos de ellos eran altos y anchos como armarios de doble puerta, llevaban su cabeza rapada y daba miedo la cara de malos que tenían. En medio de este par de jayanes malcarados, un tercer individuo larguirucho de cuerpo y tan feo que en un concurso de feos el jurado le había dado el primer premio sin siquiera tomarse la molesta de deliberar. Trataré de describirlo para que os hagáis una idea aproximada. Su nariz era un caracol gigante, con unas gafas en lo alto y detrás de sus cristales dos ojos de búho estrábico. Su mentón tenía forma de patata deformada y mantenía sus finos labios en posición oblicua. Por otra parte vestía ropas caras que, por lo desgarbado de su físico no le lucían nada. Fue el único que respondió a mis buenas tardes, con otras. Tampoco a su voz chillona y desagradable le encontré merito alguno. Sus dos fornidos acompañantes se quedaron junto a la puerta con los brazos cruzados y una expresión adusta en sus graníticas faces. El adefesio se vino hasta mi mesa, y le señalé una de las sillas que tengo para los clientes. Él acomodó sus escurridas posaderas encima de ella y colocó su maletín en lo alto de mi escritorio.
—Usted dirá en qué puedo ayudarle, señor… —ofrecí con una sonrisa comercial.
—Ejem… se trata de un asunto algo complicado —se destapó.
—Adelante. Los asuntos complicados son mi especialidad.
Mi sombrío visitante carraspeó y al hacerlo descubrí que, para no desentonar de su desafortunado conjunto personal poseía unos dientes amontonados de cualquier manera. Fue directamente al grano.
—Quiero que me ayude a encontrar a una chica. Me he enamorado perdidamente de ella, y deseo hacerla mi esposa.
—¡Ah, el amor! Un sentimiento maravilloso. ¿Qué le ha ocurrido con esa chica? ¿Ha huido de usted? ¿Ha cambiado de identidad? —considerando, debido a su extrema fealdad, factible cualquiera de estas posibilidades.
—No ha huido de mí. Esta divina criatura todavía desconoce mi existencia —Abrió su magnífico maletín y de su interior sacó la lámina de un calendario. En ella había una mujer joven, guapa, a la que con un bolígrafo negro le habían pintado un traje de baño que la cubría desde el cuello hasta la mitad de los muslos—. Necesito que me encuentre a esta hermosísima muchacha. Le pagaré por ello
En la parte inferior de la lámina ponía: materiales de fontanería Marquiteca.
—Haré lo imposible por encontrarla. ¿Puedo saber más cosas de ella?
—Hace dos días llevé uno de mis coches —un Rolls-Royce— a un garaje para que le repararan un mal funcionamiento en las luces. Iba a marcharme ya cuando me fije en un calendario colgado de la pared con la fotografía de esta chica. Y me ocurrió lo más extraordinaria que me ha ocurrido jamás. Sentí, viéndola, como si dentro de mi pecho, en vez de un corazón, tuviera un tarrito de miel derramando su contenido. No se le ocurra reírse de mí porque lo lamentará —amenazó al advertir el asombro que me causó su cursilería.
—Jamás me río de nadie —me apresuré a afirmar—. Lo que le ocurrió a usted se llama un flechazo.
—En efecto —sus ojos lechuzos escrutándome con un brillo peligroso en ellos.
—Supongo que ha llamado a Materiales de fontanería Marquiteca por si podían ponerle en contacto con ella —aventuré.
—Llamé y me dijeron que habían comprado para regalar a sus clientes un determinado número de estos calendarios a Gráficas Solpocho.
—Y usted habrá llamado también a Gráficas Solpocho, imagino.
—Claro. Pero resulta que las fotos las compraron a un fotógrafo y ni se preocuparon los muy imbéciles de preguntarle su nombre o su dirección. Así que quiero que se encargue de localizar a ese fotógrafo y averiguar por medio de él dónde puedo encontrar a esa divina criatura para pedirle que se case conmigo. Poseo una saneada fortuna, algo que la mayoría de las mujeres encuentran mucho más atractivo que mi físico que, yo mismo reconozco, no es ninguna cosa del otro jueves —magnánimo a más no poder con su persona.
—Acepto su encargo, y pondré todo mi empeñó en encontrar a su futura esposa. ¿Puedo saber cómo se llama usted?
—¿Es necesario que se lo diga? —dubitativo.
—Preferiría cuando necesite hablar con usted llamarle por su nombre y no llamarle míster X. Esto último me parece una falta de respeto.
—Me llamo Rufino Canales.
El nombre lo asocié al instante con la famosa empresa de electrodomésticos que la televisión publicita con agobiante machaconería durante las pausas de los programas de máxima audiencia y que encuentras a la venta en tiendas de la especialidad y grandes superficies comerciales. Tuve la prudencia de callarlo. A él parecía gustarle el anonimato.
—La tarea será ardua —le avisé defendiendo mis intereses—. Nada sabemos sobre esa adorable chica. Tendré que preguntar a todos los fotógrafos acreditados de nuestra ciudad, que son multitud. También a los fotógrafos de poca monta que pueden ser incluso más, y esperemos que no sea una modelo extranjera porque entonces tendríamos que contactar a detectives de otros países.
—¿Cuánto tiempo considera que necesitarán para encontrar a mi futura esposa?
—Imposible calcularlo. Partimos de cero, compréndalo.
—¿Tengo que adelantarle algo? No sé cómo funcionan estas cosas. Nunca antes he requerido los servicios de investigadores privados.
—Bueno, para empezar podría adelantarme los honorarios de una semana —propuse—. No creo que pueda tardar menos tiempo en resolver el asunto que me ha traído.
—¿De qué cantidad estamos hablando?
Puedo avergonzarme de casi todas las malas notas escolares y universitarias que coseché durante mis años estudiantiles, exceptuando las matemáticas en las que saqué siempre sobresalientes. Así que, sin necesitar calculadora, le dije al instante la cifra que consideré adecuada para una persona de sus posibles. Estudiándome con cara de zorro feo él manifestó:
—Es una cantidad considerable.
—No lo crea. En gasolina y zapatos se me ira la mitad de ese dinero, o más. Luego están los pequeños sobornos que puedo verme obligado a hacer. Hoy en día impera el duro materialismo. Todo tiene su precio. Nadie hace nada, por nada.
Cuando le vi sacar del bolsillo interior de su impecable chaqueta el acordeón que formaban las numerosas tarjetas de crédito que llevaba metidas dentro de su cartera, me arrepentí de no haberle pedido más. Le comuniqué que mi empresa no acepta dinero de plástico. Él abrió entonces la bien nutrida billetera, sacó dos billetes de quinientos euros y me los dio. Su abultada cartera motivó que me acordara del Pluma, un carterista que conozco del bar Canuto. Este amante de lo ajeno, de haber tropezado con el señor Rufino Canales en la calle, habría muerto de felicidad aligerándolo de esa cartera. Yo ignoraba todavía lo peligroso que era este hombre.
—Llámeme únicamente cuando tengan algo importante que comunicarme —me advirtió escribiendo dos números de teléfono sobre mi libretita de apuntes—. Estoy siempre muy, muy ocupado.
—Así lo haré. ¿Puede dejarme esta lámina de calendario? Necesitaré enseñarlo para que sepan, los interrogados por mí, a quien busco.
—Quédesela. Hice sacar varias copias.
Imaginé que a las mismas, siendo para él, no las habría mutilado con rotulador negro pues yo me figuraba que la chica del calendario había posado desnuda. Se marchó él, acompañado de los dos armarios humanos de su escolta. La chica que debía buscar era una belleza y, por la silueta que había quedado después de haber sido vestida con tinta, me figuré que debía estar buenísima. Aparentaba unos veinticinco años. Mostraba una sonrisa forzada y creí detectar un brillo de codicia en sus ojos negros. Aventuré que quizás no le importase la fealdad del tal Canales y sí su dinero.
—Poco puedes figurarte, tía, el gran vuelco que puede dar tu vida, si te encuentro. Nada menos que tener la oportunidad de casarte con un millonario.
Llamé por teléfono a mi amigo Gori y le dije que precisaba me hiciera un favor. Quedamos para media hora más tarde en la Plaza de Alcalá.
—¿Quién cometió el sacrilegio de vestir a esta tía tan buenorra? —dijo al ver el calendario.
Le conté todo el asunto y lo que precisaba de él, y me dio un consejo:
—No le busques a esta tía, coño. Ese tío reprimido querrá convertirla en monja o algo peor.
Aceptó Gori acompañarme hasta la industria Gráficas Solpocho. Allí nos atendió un tipo regordete, vestido con un sobretodo y visera. No tuvo inconveniente en prestarnos su ayuda. Dijo que no se acordaba muy bien de la cara del fotógrafo que le vendió la foto para el calendario, pero dirigido por mi talentoso amigo consiguieron entre ambos hacerle un retrato-robot.
Dejé a Gori delante de su casa con una fotocopia del calendario y del retrato robot. Él tenía amistad con varios fotógrafos y vería si alguno de ellos podía ayudarme en aquel complicado asunto. Le agradecí la colaboración. Era muy buen amigo, y le bastó.
Pasaron dos días. Gori no había dado con el fotógrafo y yo, todavía menos, pero me aconsejó que fuera a ver a un antiguo compañero nuestro de estudios.
—Meses atrás abrió una agencia de publicidad. Nada pierdes hablando con él, siempre y cuando no le des la espalda.
Ese antiguo compañero de la Facultad de Derecho se llamaba Pepe Rodríguez. Habíamos salido algunas veces juntos con chicas, hasta que él sufrió una sorprendente mutación sexual y pasó de gustarle las mujeres a preferir a los hombres. Las Páginas Amarillas me ayudaron a encontrar su teléfono entre los tropecientos Rodríguez que tenemos en nuestro país. Una voz de sexo indefinido atendió mi llamada y, después de hacerme decirle quien era yo y qué quería, me pasó con él. A Pepe Rodríguez pareció alegrarle saber de mí y le sorprendió la profesión que ejerzo en la actualidad. Me dijo donde tiene su oficina y admiré al respecto:
—Joder, en pleno centro la tienes. Te van bien las cosas, ¿eh granuja?
—De maravilla. Los papás de mi novio son escandalosamente ricos. Han enviado todo el dinero necesario para montar este negocio. Ha sido como un cuento de hadas, oye.
Le felicité por su suerte, le anuncié mi inmediata visita, y allí fui. La oficina que tenía Pepe Rodríguez representaba el sueño dorado que un pelagatos como yo nunca verá realizado. Grande, lujosa, bienoliente, limpísima, con aire acondicionado, suavísima música ambiente, paredes llenas de cuadros modernos y detrás de una mesa de diseño exclusivo había un tipo joven, al que se le quedaba corto el calificativo de guapísimo. Me recibió con una deslumbrante sonrisa y un parpadeo coqueto de sus largas pestañas curvas. Le retiré la vista porque su poder de seducción me resultó inquietante. Le dije mi nombre y él, con esa voz desconcertante que ya había escuchado con anterioridad por teléfono, me dijo que el señor Rodríguez me estaba esperando en su despacho, situado al fondo de la estancia. Abrí la bonita puerta indicada por él y allí estaba mi amigo de otro tiempo sentado detrás de una impresionante mesa-escritorio, de caoba u otra madera preciosa. Cubrían las paredes que lo rodeaban, grandes fotografías de famosos actores y actrices de Hollywood. Pepe Rodríguez tenía un aspecto apabullante. Sedosa y negrísima cabellera que le llegaba hasta los hombros, leve maquillaje favorecedor, cejas depiladas formando arcos perfectos y sonrisa simpática que daba forma concoidea a su boca de perlíferos dientes. Vestía un traje Armani o parecido, que a mí no me habría sentado mejor que a él. Se levantó de su asiento para darme un abrazo muy perfumado y decirme que le alegraba mogollón verme. Yo me estaba dejando crecer el pelo de la cara para parecer mayor. La gente está acostumbrada a esos detectives veteranos del cine y cometen la injusticia de creer que ellos son mejores que los jóvenes.
—Te sienta de maravilla la barba. Con ella pareces un reyezuelo omeya.
—Mejor te sienta a ti llevar el pelo tan largo —le devolví el elogio—. Aunque a cualquiera que te vea de espaldas le costará distinguir a qué sexo perteneces.
—No falta algún que otro cateto que, confundido, me grita: ¡tía buena! No suelo volverme y sacarlo de su error. Me divierte pensar que puede hacerse alguna cochinadita pensando en mí.
—Que morboso te has vuelto, Pepe.
Su muy bien cuidada mano ahogó una pícara risita. Me inquietaban sus afeminados ademanes y su perfume, así que fui directo al asunto. Él examinó detenidamente a la chica del calendario, y me dio una alegría:
—La conocí hace algún tiempo. Se llama Susana Monje. Es bastante guapa y tiene un buen tipo, pero le ha faltado suerte. Y sin suerte poco provecho puede uno sacarle a sus encantos.
—¿Sabes dónde puedo encontrarla, Pepe? —esperanzado.
—Hace mucho tiempo que no sé de ella. Pero puede que tenga su dirección todavía. Miraré en mi agenda telefónica. Como tantas otras muchachas guapas, Susana soñaba con llegar a ser una actriz o modelo famosa. Luego la cruda realidad se impuso. Todo lo más que consiguió fue figurar en media docena de pequeños spots publicitarios. Los tíos abusaban de su credulidad y buena fe. Le prometían cosas a cambio de que se acostara con ellos, y luego de habérsela follado no se las daban. Lo último que supe de ella fue que se exhibía en un sex-shop. De eso hará algo más de un año. Puede que haya caído todavía más bajo —del cajón superior de su mesa donde tenía colocado un ultramoderno fichero sacó una pequeña cartulina y mientras escribía la dirección sobre una hoja de papel con bello membrete, la fue repitiendo de viva voz—: Calle Durango, ciento trece sexto “B”. Pero a saber si sigue viviendo allí. Esta nena ha sido siempre un culito de mal asiento. De muy mal asiento —nueva risita malévola.
—¿Alguna idea sobre el fotógrafo que ha podido hacer esta foto?
—Puede haber sido un fotógrafo aficionado —tras examinar la lámina—. La foto está tomada delante de una pared lisa, iluminada con un par de focos. No sé…
—Bueno, no importa. Esto puede ser secundario —me resigné.
Le agradecí su ayuda y como se había levantado de su asiento, me fui antes de que pudiera repetir un abrazo, que me temía no inocente por su parte. Marché directo a la dirección que Pepe Rodríguez me había procurado, perteneciente a un barrio viejo de la ciudad. Acudió a mi llamada a la puerta una mujer con bebé llorón en sus brazos. Le pregunté si vivía allí Susana Monje.
—Ya no. Se marchó hace algunos meses.
—¡Vaya por Dios! ¿Y dónde la encuentro ahora? —contrariado.
—¿Qué quiere de ella? —desconfiada.
—Verá, tengo un cliente que quiere ofrecerle un papel estelar.
—Cuando vivía en mi casa trabajaba de stripper en la sala de fiestas Dalmaco. No sé si sigue todavía allí. Llevamos algún tiempo sin vernos.
—¿Es usted familia suya?
—Mi marido y Susana son primos por parte de madre.
Le agradecí la información y me fui. Hice algunas cosas, antes de que llegara la medianoche, hora que consideré la más apropiada para ir a un club nocturno.
La sala Dalmaco era uno de tantos locales con poca luz y mucho morbo, frecuentado por seres necesitados de sexo que, no pudiendo tenerlo activo, se conformaban con tenerlo visual. El encargado, un tipo tan consumido físicamente, que me hizo pensar en la posibilidad de que se estuviera tirando a todas las strippers que actuaban allí, reconoció que Susana Monje había trabajado en su establecimiento, pero se había marchado hacía dos meses.
—Terminó su contrato. Los clientes quieren carne fresca y hay que dársela —explicó con una sonrisa de hastió—. No tengo ni idea de por dónde puede andar ahora.
Tuve una inspiración, de las habituales en mí, pues sacando de la carpeta el retrato-robot del posible fotógrafo se la enseñé al tiempo que le preguntaba:
—¿Ha visto por aquí a alguien que se le parezca?
—Bueno se parece a un fotógrafo que tuvimos aquí. Lo echamos porque robaba a los turistas extranjeros que salían borrachos de este local. Estuvo algunos meses liado con Susana. La chuleaba, seguro.
—¿Alguna idea de donde puedo encontrar a este sinvergüenza? —le puse este calificativo seguro de que le gustaría a aquel tipo esquelético.
—Tengo que tener su dirección en mi despacho. Tómese una copa mientras me espera. Haga gasto, que la cosa está jodida.
Le esperé viendo como una joven cargada de pecho, que había llegado al escenario vestida de soldado, terminaba con menos ropa que nuestra madre Eva, pues llevaba el bizcochito afeitado. El encargado me entregó un papelito y yo le di veinte euros justificando mi propina:
—Soy abstemio. Tómese usted una copa a mi salud.
—La tomaré. Ven a menudo por aquí, tío. Si yo se lo pido, mis chicas follaran contigo por casi nada y son todas mejores en la cama que en el escenario.
Después de haber visto la pésima actuación de la soldado, le creí.