LEYENDA ANTIGUA ESCANDINAVA (VIAJES)

 

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)
Dice una leyenda muy antigua, que en la época en que el rey Gylfe reinaba en Suecia llegó a visitarlo una mujer de rara hermosura. Se llamaba Gefjon, era diosa y vidente. Todas las mujeres que morían vírgenes eran enviadas a ella que las convertía en siervas suyas, pues Gefjon era diosa también de la virtud y de la fertilidad. Su esposo era el rey Skjöld, hijo de Odinn. Muchos legendarios reyes daneses alegaron ser descendientes de la diosa Gefjon.
El rey Gylfe fue seducido por la belleza de la diosa Gefjon y por la dulzura y armonía de su canto. Después que ella hubo permanecido durante varios días en Palacio, este monarca le preguntó qué deseaba  le ofreciera él en prueba de gratitud por el placer que le había procurado con su presencia y con su extraordinario canto.
Al parecer esta conversación tuvo lugar en una habitación de palacio mientras ambos personajes brindaban con copas llenas de hidromiel (una bebida alcohólica fermentada a base de agua y miel, tan antigua que ya era nombrada en los versos del Rig Vedá, compuestos 1.700 años a. C.)
En cierto momento de esta conversación la diosa Gefjon dijo:
—¡Oh ilustre señor!, grande es la fama de tu generosidad, y por ello quiero pedirte una pequeña parte de tus tierras. Poca cosa. No temas que vaya a mutilar tu reino; quiero sólo el trozo que yo pueda labrar durante veinticuatro horas con la ayuda de cuatro bueyes.
El rey Gylfe contestó, demostrando que era justificada su fama de desprendido:
—¡Oh, diosa! Ciertamente es muy poco lo que me pides. Te lo concedo gustosamente.
Entonces la diosa Gefjon, que pertenecía a la familia de los Ases (dioses bienhechores escandinavos), mandó venir a cuatro hijos que ella había tenido de un gigante en el Iothunheim, cambió a estos hijos en bueyes; a continuación los unció a un colosal arado y marcó un surco alrededor del terreno que había elegido, un surco que fue tan profundo que toda la parte que rodeaba este surco fue separada del continente. Entonces la diosa unció sus bueyes a este trozo de tierra y los aguijó de modo que la arrastrasen hasta el mar. Una vez que estuvieron en la orilla, los sumergió en el agua y los llevó hasta meter el trozo de tierra en el Øresund. Y así fue como nació la isla Danesa de Selandia.
Esta leyenda es conmemorada por la Fuente Gefjon de bronce en Copenhague, esculpida por Anders Bundgaard en 1908, y podéis admirarla en el centro de la plaza que rodea el Palacio Real Amalienborg, una maravilla arquitectónica que no debe perderse nadie que visite Dinamarca.

LEYENDA TAIWANESA (VIAJES)

LEYENDA TAIWANESA

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Muchos enamorados chinos recuerdan, el séptimo día del séptimo mes en su calendario lunar, una leyenda que se remonta a la época de la dinastía Han (206 a.C. Aunque actualmente cada vez son más los chinos que celebran el tradicional día de San Valentín el 14 de febrero, en algunas regiones chinas aún conservan costumbres que recuerdan la leyenda de QiXi o el «Día chino del amor».

La leyenda conocida con el nombre de QiXi, que significa «La noche de los sietes», describe la relación amorosa entre un mortal y un hada que se conocieron casualmente cuando él, un granjero llamado Niulang, sorprende al hada Zhinu bañándose desnuda en un lago. Los dos se enamoran instantánea e irremediablemente nada más verse, y deciden casarse.

Matsu, la Diosa de los Cielos, descubre este matrimonio y lo rechaza por considerarlo una unión imposible y decide separar para siempre a los amantes enviándolos al cielo en forma de dos estrellas, Vega y Altair, que están separadas por la Vía Láctea.

Según esta conmovedora leyenda, una vez al año se reúnen todas las urracas del mundo y forman un puente que atraviesa la Vía Láctea y permite que los dos enamorados se reúnan de nuevo. Pero  si  ese día llueve, quienes conocen esta leyenda dirán que la lluvia son las lágrimas del granjero Niulang y del hada Zhinu por no haber podido  verse el único día que los dioses se lo permiten.

MAUI, DIOS POLINESIO DEL MAR

MAUI, DIOS POLINESIO DEL MAR

Este dios de la mitología polinesia, a pesar de lo pequeño de estatura que al parecer fue no temía a nada ni a nadie. Estaba dotado de poderes mágicos y los aproximadamente veinte relatos que se escribieron sobre sus hazañas, demuestran que fue ingenioso, mujeriego y valiente.

Cuando él nació, Taranga, su madre, lo envolvió con un mechón de sus cabellos y lo arrojo al mar, porque le había nacido prematuro (este pueblo en la antigüedad tenía algunas costumbres que nosotros consideramos muy bárbaras). Pero sucedió que un antepasado rescató a Maui del mar, lo regresó a tierra y a su familia. Su madre aceptó este prodigio y lo llamó Maui tiki tiki a Taranga, que significaba: Maui formado en el moño más alto de Taranga.

Según la leyenda, la hazaña más conocida de Maui fue la creación de las islas del Pacífico en las que actualmente viven los polinesios. Islas que pescó del fondo del mar con la ayuda de un anzuelo mágico. Según los maoríes de Nueva Zelanda, Maui atrapó el sol con un nudo corredizo y lo golpeó con su arma invencible: el maxilar de un antepasado femenino. A consecuencias de la brutal paliza, el sol quedó tan débil que sólo pudo arrastrarse por su curso, prolongando por este motivo la duración del día.

Los habitantes de Tonga afirman que a veces el cielo está oscuro porque Maui empleó un atizador para elevarlo. Mientras Maui preparaba un horno en la tierra, el atizador se le enganchó en el cielo, que por aquel entonces estaba muchísimo más bajo que en el presente, y, con el propósito de disponer de más espacio para trabajar con comodidad, este increíble héroe se limitó a apartar el cielo.

Los hawaianos creen que Maui pretendía con esta hazaña impresionar a una mujer que deseaba conquistar. Las mujeres lo fascinaban y su madre lo ayudó a salirse con la suya en innumerables aventuras. Los habitantes del archipiélago de Tuamotu afirman que sin la decisiva ayuda materna, Maui no habría tratado de satisfacer los deseos ilimitados de Hina, esposa de la monstruosa anguila Te Tuna.

Al principio Te Tuna ignoró esta relación, pero finalmente las murmuraciones de las demás divinidades desencadenaron su ira y lo llevaron a desafiar a Maui. Y los dos se enfrentaron en la playa en medio de una tormenta torrencial. Y mientras estallaban los relámpagos y retumbaban los truenos, Maui y Te Tuna compararon el tamaño de sus falos. Ganó Maui, e Hina cambió de amante sin tener la menor duda. Más tarde Te Tuna intentó recuperar a su esposa por la fuerza, pero el héroe conquistador lo destruyó con su magia que era superior a la de Te Tuna. Los habitantes de Tuamotu sostienen que el primer cocotero brotó de la cabeza enterrada de Te Tuna.

Los dos relatos más populares sobre Maui cuentan grandes delitos cometidas por él. En uno de estos relatos se cuenta que robó de los cielos una gallina celestial para conseguir el secreto del fuego que ella guardaba. En el otro relato Maui intentó derrotar Hine-nui-te-po, diosa de la muerte aprovechando que la encontró dormida. Pero no pudo conseguirlo porque el canto de las aves despertó a la diosa, que apretó el cuerpo de este legendario héroe hasta conseguir matarlo. Los hawaianos afirman que la sangre de Maui dio el color que poseen los camarones y también dio colores al arco iris.

SUPERSTICIONES JAPONESAS

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SUPERSTICIONES JAPONESAS

Los números 4 y 9 los japoneses los consideran de muy mal agüero. Tanto es así que hay hospitales (la habitación 43 puede significar a las parturientas nacimiento muerto), y también hoteles que no tienen habitaciones con estos números, así como  atletas que se niegan a llevarlos en sus dorsales. Esta superstición la justifica que 4 es shi en japonés, que significa además muerte. El 9 se pronuncia ku que significa sufrimiento y rima con kutsuu, (que significa dolor en japonés). El número cuatro y el dos juntos se pronuncian shi-ni, que significa morir por este motivo el 42 se considera de mala suerte y el 24 que se pronuncia ni-shi (doble muerte) también.

Cuando se hacen regalos han de ser siempre menos de cuatro o más de esta cantidad.

Ver una araña por la mañana significa buena suerte y no hay que matarla; pero si hay que hacerlo si se ve una araña por la noche para librarse de la mala suerte que puede dar.

No fotografiar las tumbas para no perturbar el descanso de los difuntos.

Si un coche fúnebre pasa, ocultar el pulgar dentro del puño, como un signo de protección a los padres, pues de lo hacerlo éstos morirán…

Cuando se está nervioso se escribe ningen (humano en japonés) se finge que se traga y ayuda a tranquilizarse.

Quien descansa después de comer se convierte en vaca.

Los niños que juegan con fuego se orinan en la cama.

Si estornudas, sin estar resfriado, indica que alguien habla mal de ti en ese momento.

Al que silba de noche se le aparecen fantasmas.

Si silbas o tocas una flauta de noche, las serpientes vendrán a ti.

Nunca hay que dejar pasar de largo un templo sin dar dos palmadas delante del altar, inclinarse en reverencia, decir una oración a los dioses, y si hay una campana delante del templo, hay que finalizar tocando una vez esa campana.

Al tanuki, un animal típico de Japón, se le atribuyen poderes sobrenaturales, como adoptar forma humana y realizar travesuras. Equivale a nuestros duendes, gnomos. Es análogo a las supersticiones europeas relacionadas con duendes, gnomos y otros seres burlones.

Echarse sal encima antes de ir a un entierro, lo purifica a uno.

Quien duerme con la cabeza orientada al norte tendrá una vida corta.

Trae mala suerte clavar los palillos en la comida.

Cortarte las uñas por la noche es del mal agüero. Hacerlo significa que no se estará en el lecho de muerte de los padres porque se habrán muerto antes que ellos.

No pintar en rojo el nombre de nadie.

El Maneki Neko  o gato de la suerte está presente en muchos negocios como tiendas o restaurantes para atraer la buena suerte al local y a los clientes.

Al que cruza su mirada con la mirada de un cuervo le pasará algo malo.

El que estrene zapatos nuevos o cualquier otra cosa un día lluvioso, lloverá cada vez que se los ponga de nuevo

Estrenar zapatos nuevos por la noche atrae a la mala suerte.

Y también la atrae pronunciar por la noche la palabra shio (sal) porque puede confundirse con shi (muerte).

El que en una foto de tres personas ocupa el centro del trío tendrá mala suerte e incluso puede morir a una edad temprana.

 

 

ME SUCEDIÓ EN BERLIN (VIAJES)


(Copyright Andrés Fornells)
En la segunda de mis dos visitas a la ciudad de Berlín, tomé asiento en un banco desde el que podía ver el monumento dedicado a un general antiguo montado a caballo (no mencionaré su nombre para evitar la posibilidad de molestar a sus descendientes). Llevaba un par de minutos observando a este notorio personaje cuando un hombre vino a ocupar que un hombre vino a ocupar la parte del asiento que yo dejaba libre. No le preste atención porque con mi cámara fotográfica comencé a sacarles varias instantáneas a dos desconsideradas palomas que con sus excrementos estaban ensuciando el casco que coronaba la cabeza de aquel ilustre jinete. Salieron volando ambas aves. Yo cerré el aparato fotográfico y entonces, el sujeto que tenía a mi lado, encontrándose con mi mirada me preguntó:
—Haciendo turismo?
Para suerte mía hablo alemán, así que pude contestarle:
—Es mi segunda visita a Berlín, me encanta esta ciudad.
—También a mí. He nacido en ella, Y por nada del mundo me iría a vivir a otra diferente. ¿Sabe qué significa que el caballo de este gran héroe de nuestro país tenga una pata delantera levantada?
—No lo sé, y me gustaría saberlo –yo siempre con la puerta de la curiosidad abierta.
—Pues el que tenga el caballo una de sus patas delanteras elevadas significa que el personaje de este monumento murió de las heridas recibidas en combate.
—¿Y si el caballo tuviese las dos patas delanteras en el aire, qué significaría? despertada en mi la curiosidad.
—Significaría que el héroe habría muerto en combate.
—¿Y si el caballo tuviese las cuatro patas en el suelo?
—Significaría que el héroe habría muerto por causas naturales.
—Y si el caballo tuviese las cuatro patas en el aire?
—Significaría que algún extranjero le habría robado el pedestal.
Reímos los dos debido al tono amistoso mantenido todo el tiempo. Me había caído muy bien aquel desconocido y obedeciendo a un repentino impulso al que sucumbo con frecuencia le dije:
—¿Puedo invitarle a un café?
—Mejor será una cerveza —aceptó risueño.
Entramos en un bar. Aquel berlinés se llama Heinz y lleva diez años siendo uno de mis mejores amigos alemanes.
Mientras nos bebíamos una cerveza me reveló que era historiador y había obtenido mucho éxito con un libro que él había escrito precisamente sobre el heroico militar que dos palomas puercas, algunos minutos antes, habían denigrado con sus heces.

ROMÁNTICA LEYENDA DEL MONTE BROMO (VIAJES)

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(Copyright Andrés Fornells)

Cuentan que hubo una vez una princesa bellísima de la que un joven sin fortuna se enamoró perdidamente. Este joven enamorado consiguió llegar hasta ella y le pidió se casara con él.  A la princesa no le gustó este joven y para librarse  de él le propuso superar una prueba que tanto ella como el resto de la gente, consideraba imposible de realizar. La prueba consistía en cavar un lago en la boca del volcán que había en aquella región empleando únicamente el tiempo que dura una noche. Si el joven pretendiente pasaba con éxito esa prueba, ella se casaría con él.

El joven sin fortuna se puso a cavar con todas sus fuerzas, sin darse un segundo de descanso, sin rendirse al cansancio, realizando un titánico, sobrehumano esfuerzo.

Seguramente habría conseguido superar la prueba de no haber intervenido un rival suyo, enamorado también de la caprichosa princesa, que celoso del éxito que estaba a punto de conseguir su competidor engañó al gallo colocándole una tea encendida delante de los ojos y el animal, creyendo que era ya de día, se puso a cantar.

Debido a esta malvada trampa el joven trabajador no pudo cumplir el reto de la princesa y murió de pena de amor al poco tiempo.

Esta leyenda es la explicación que los nativos del lugar dan a la formación del Cráter Bromo y el Monte Batok pues dicen que este último se creó con toda la arena sacada del cráter por el joven enamorado que murió de tristeza. Y desde muy antiguo los nativos consideran el Monte Bromo una montaña sagrada a la que suben una vez al año para realizar ofrendas a los dioses.

TEMPLO DEDICADO AL DIOS DEL AMOR (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

 

 

 

 

(Dedicado a los pesimistas
El poco ostentoso templo de Jishu es un adoratorio sintoísta dedicado al dios del amor Okuninushi-Mikoto, del que hay una estatua acompañada por la figura de su conejo mensajero. Asegura una leyenda japonesa que visitarlo ayuda, a quienes no lo tienen, a encontrar el amor verdadero.
En el centro de este templo hay dos «piedras del amor», las Mekura ishi; rocas que son consideradas milagrosas. Quien no la tiene, y desea encontrar pronto pareja, ha de caminar a ciegas los dieciocho metros que separan una roca de la otra. Si logra con los ojos cerrados, comenzando de una roca llegar a la otra sin pasar de largo, será señal de que en un plazo muy corto verá cumplido su deseo de encontrar pareja.
Este modesto santuario está un poco escondido en la parte de atrás de Kiyomizu y se llega a él a través de los estrechos y empinados pasos peatonales de Ninen-zaka y Sannen-zaka, que conservan todavía la atmósfera urbana del Japón antiguo.
Solteros, divorciados y faltos de pareja, tienen aquí una oportunidad de dejar de caminar solos por la vida. Prueba de que esta ilusionante leyenda puede funcionar, la tengo en un amigo casado con una maravillosa mujer nipona.

HINDÚ INMÓVIL COMO UNA ESTATUA JUNTO AL GANGES (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

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Conocí a Abdali en Alemania. Él trabajaba allí de enfermero y yo de lavacoches. Nos hicimos amigos en un restaurante que, por sus precios módicos y su enorme tamaño, recibía masiva cantidad de clientes todas las noches. Abdali necesitaba enviar dinero a su casa, y yo lo mismo. Esta necesidad nos obligaba al pluriempleo, así que terminada la jornada en nuestros trabajos fijos, durante el día, laborábamos por la noche de friegaplatos en la anteriormente mencionada casa de comidas.
Abdali y yo nos llevábamos muy bien. Los huevos duros y los filetes a medio comer, que nos llegaban dentro de los platos, los íbamos guardando en un par de grandes latas y él lo llevaba a familiares suyos y amigos de estos familiares, que pasaban hambre en un improvisado poblado de chabolas.
Decidimos coger las vacaciones juntos y él se comprometió a enseñarme, durante 13 días, que éstas durarían, lo más relevante de su país.
No cansaré a nadie contándole las bellezas y las miserias que cualquier visitante de la India habrá visto en su recorrido turístico.
Me detendré solo en contar una anécdota que Abdali y yo vivimos en Benarés. Nada más entrar en los “ghats” (escalinatas de piedra), tuve la impresión de que habíamos llegado a un gran mercado, en vez de como me habían contado, un lugar propicio para orar, meditar y bañarse los devotos hindúes. Reinaba allí un gentío y un bullicio infernales. Hasta codazos nos dieron y dimos. Había un gran número de cremaciones en marcha. Mi amigo Abdali me dijo que algunos días éstas cremaciones alcanzaban la cifra de doscientas. Y me contó que todas corrían a cargo de una etnia llamada Doms. Etnia de parias que, antes de hacerse cargo de este apestoso insalubre y lucrativo negocio eran tan pobres, que lloraban cuando tenían un hijo, en vez de alegrarse.
—El jefe actual de los doms, se dice que es multimillonario.
—¿Pues cuánto cuesta cada incineración? —interesadísimo en cuanto me estaba contando.
—Varía. La más barato diez dólares y la más cara setenta.
—No parece tanto—opine.
—Para un hindú pobre, es una fortuna —me rectificó él—. Las cenizas las arrojan luego al Ganges, lo cual garantiza al muerto una buena vida eterna.
—Y a los vivos intoxicación seguramente.
Entonces él me explicó que el río era sagrado porque, a pesar de todos los deshechos que le arrojaban a diario, nadie enfermaba al bañarse en él, todo lo contrario, se purificaba.
Sentado en uno de los ghats reparé en la presencia de un hombre que consideré debía tratarse de un santón. Se hallaba sentado en la postura del Loto y mostraba una absoluta impasibilidad en medio de la multitud que circulaba a su alrededor. Iba vestido con harapos, llevaba la cara blanqueada con ceniza y lo mismo su larga barba. Sobre la frente le sobresalía una especie de tridente rojo. Éste, y el rosáceo de sus labios, eran las únicas notas de color en su persona.
Nos impresionó su inexpresividad. Ni siquiera parpadeaba. Hice al respecto un comentario que pretendió ser jocoso:
—No estará muerto, ¿verdad, Abdali?
—No. Se mueven levísimamente las aletas de su nariz —apreció él.
Nativos, turistas y vendedores contribuían a aquel ambiente masivo, agobiador. Nos dimos un paseo en barca y compramos algunas baratijas. Abdali negoció y las consiguió diez veces más baratas de lo que me habrían costado a mí.
Cuando regresamos del paseo marítimo por el Ganges, pasamos de nuevo al lado del santón, que seguía tan impertérrito como lo habíamos visto casi una hora antes. Y a mí se me ocurrió algo que creí, en aquel momento una originalidad:
—Oye, Abdali, ¿por qué no le preguntas si está rezando o haciendo meditación trascendental?
Él me miró mostrando cierta contrariedad. Me ocurría de vez en cuando con él, estar en desacuerdo en nuestro sentido del humor. Sin embargo, se detuvo junto a aquel hombre-estatua y le hizo la pregunta indicada por mí. Y por fin perdió aquel santón su total inactividad de estatua y movió los labios. Lo único antes de volver a convertirse en estatua. Cuando Abdali se reunió conmigo (que lo aguardaba a un par de metros de distancia), aprecié por la expresión de su cobrizo rostro, que estaba disgustado.
—¿Qué te ha dicho? —quise saber curioso, notándole renuente a decírmelo.
—Me ha dicho que colecciona preguntas de curiosos. La mía es la ciento noventa y dos, hoy.
Le noté tan disgustado, que lo acepté por bueno. De ser cierto aquello, resultaba realmente chocante que un hombre santo lo único que estuviera haciendo fuese contar las preguntas estúpidas que le hacían. Y de ser así, resultaba de lo más sorprendente lo que podía interpretarse como gran muestra de humor jocoso en un hombre tan cargado de dignidad y seriedad.

LA FÁBULA INDIA DEL ELEFANTE BLANCO (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

LA LEYENDA DEL ELEFANE BLANCO(Copyright Andrés Fornells)

(Me lo contaron en Agra—India)
Cuenta una antigua fábula hindú, que hubo una vez tres grandes sabios que embarcados en la exploración de los Misterios Universales decidieron salir en busca del “Sagrado Elefante Blanco” que para ellos, según sus ancestrales creencias, representaba la VERDAD SUPREMA. Los tres sabios tenían en común el defecto físico de ser ciegos, pero esto no les impedía avanzar guiados por sus otros sentidos y los poderosos ojos de su alma.
Buscaron al “Sagrado Elefante Blanco” en grandes ciudades, sin éxito alguno. Llegados finalmente, agotados, a un pueblecito humilde y allí, un anciano, al ser preguntado por ellos, les indicó el lugar donde hallarían a ese elefante especial que estaban buscando.
Los tres ciegos anduvieron, a partir de aquel momento, con todos sus sentidos aguzados al máximo, a excepción del sentido de la vista porque éste no lo poseían. Llegó el atardecer y, aunque se encontraban exhaustos, siguieron buscando y por fin oyeron y olieron la presencia del “Sagrado Elefante Blanco”. Henchidos de emoción corrieron hacia él, que se encontraba tumbando plácidamente sobre un montón de hojas. Uno de los ancianos sabios se agarró fuertemente a su trompa, extasiado. Otro de los sabios ciegos se abrazó a las patas del paquidermo, con igual embeleso. Mientras el tercero rodeó tiernamente con ambos brazos una de las grandes orejas del animal.
Cada uno de los sabios experimentó al entrar en contacto con el elefante sagrado un sinfín de emociones, de experiencias y sensaciones, tanto interiores como exteriores, recibiendo de este modo la bendición del “Sagrado Elefante Blanco”.
Logrado esto, los tres sabios regresaron a su aldea donde se reunieron en una choza y allí compartieron las sensaciones y emociones que el encuentro con aquel animal sagrado les había transmitido. Y entonces surgieron entre ellos vehementes discusiones sobre «la Verdad”. El anciano que tuvo cogida la trompa del paquidermo dijo:
—La “Verdad” es larga, rugosa y flexible.
El anciano que estuvo cogido a las patas del animal dijo:
—La “Verdad” no es así, “la Verdad” es dura y mediana, como un grueso tronco de árbol.
El anciano que tuvo en sus manos la oreja del paquidermo rechazó las explicaciones de los otros dos y dijo:
—Estáis equivocados: “la Verdad” es fina, amplia y se mueve con el viento.
Tras esta demostración de total desacuerdo, los tres sabios se fueron cada uno por su lado, visitaron muchos países y en todos ellos difundieron su “Verdad”. Los tres habían llegado a encontrar la Divinidad, pero no percibieron su amplitud, sino que se limitaron a experimentar una parte, no el Todo, por lo tanto, aunque sinceros y honestos en su prédica, erraron al expandirla, expandir “la Verdad” debido a su propia limitación mental.

¿SON PROSTITUTAS LAS GEISHAS?(MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

(Copyright Andrés Fornells)
GEISHA proviene de los fonemas chinos «Gei», que significa arte, habilidad, y «Sha» que significa persona. Muchos extranjeros consideran, erróneamente, que las geishas son prostitutas, debido a que algunas avispadas y astutas zorritas se presentan a los turistas como tales aprovechando el morbo y el misterio que despiertan las auténticas geishas a los ojos de los turistas ávidos de exotismo por conocer a estas mujeres que tan extraordinaria fama han conseguido mundialmente gracias a las numerosas películas que se han realizado sobre ellas y también por la gran cantidad de libros que se han escrito dándoles notorio protagonismo.
Tradicionalmente la geisha auténtica se mantiene soltera y, en el caso de contraer matrimonio, lo correcto es que se retire de esta antigua y peculiar profesión (creo se lleva ejerciendo desde hace más de 400 años). Su compromiso como geisha incluye entretener, coquetear, incluso excitar, pero de ninguna manera es pagada ni obligada a mantener una actividad sexual con los clientes que requieren sus servicios. Sin embargo, si una geisha lo desea, sí puede practicar sexo con un cliente, pero sin que ello signifique que entra dentro de sus obligaciones como geisha.
Sin embargo, la gran mayoría de las geishas suele tener un “danna” o sea un cliente habitual que la convierte en lo que aquí, entre nosotros, llamamos una querida o mantenida. Y al igual que ocurre, por lo general en nuestro país con este tipo de mujeres mantenidas, el “danna” es un hombre rico que la mantiene lujosa y ociosamente mientras él sigue llevando de cara a la sociedad una vida ejemplar con su mujer y sus hijos. O sea, como diría un latinista: “Nihil novum sub sole”.
Según pude averiguar en una visita que realicé a Japón, los hombres acaudalados pueden comprar la virginidad de una geisha por un precio muy alto, suma que va creciendo continuamente debido a que, por motivos de la creciente permisividad y desenfrenada sexualidad, en el Japón como en tantos otros países del ancho mundo, la doncellez femenina se esté convirtiendo en “rara avis”.
En cierta ocasión, a una geisha que emitía encantadores maullidos acompañándose de su “shamisen” (una guitarrita con solo 3 cuerdas), un ex amigo mío cometió el atrevimiento de pedirle que tocara con ella, para él, un rock & roll. Lógicamente lo echaron a la calle por irrespetuoso y sacrílego.