CONSEGUÍ A LUPITA GRACIAS A LA ENORME FORTUNA QUE POSEO (MICRORRELATO)

LUPITA
(Reflexiones de un cínico integral)
Tuve muy claro, en el momento mismo en que puso mis ojos (siempre ávidos de obtener lo mejor que ven) en la extraordinaria belleza de Lupita, que conseguiría su amor me costase, lo que costase. Tuve que empezar sobornando a sus padres con una muy importante cantidad de dinero. Luego vino su hermano al que tuve que regalarle una de mis más prósperas industrias. A sus abuelos tuve que regalarles una mansión con media docena entre sirvientes y especialistas en geriatría. Y finalmente pude casarme con Lupita después de regalarle media docena de tarjetas de crédito platino para que ella se divirtiese adquiriendo con ellas cuanto le viniese en gana, capricho y deseo.
Pero ha merecido la pena, toda su parentela dice que siente por mí un cariño y un reconocimiento inmensos y Lupita asegura, una vez por semana (que es el máximo de tiempo en que consiente ser mía), que me quiere como jamás podría querer a un pobretón. Y yo me siento feliz por-que la inmensa fortuna que he logrado almacenar a lo largo de mi corrupta y explotadora existencia ha servido para comprarme la felicidad a la que puede aspirar cualquier consumista de superlujo.
—Sí señores, ¡cuántos mercachifles desearían encontrarse en mi lugar! Sin duda alguna, todos aquellos a los que arruiné en provecho propio. Algunos dicen que el odio y el amor son igual de fuertes. Quizás sea así, pero la enorme diferencia entre ellos dos estriba en que el amor uno puede comprarlo, mientras que el odio lo adquiere gratis. Lo siento por los que quisieran obtener algo a cambio de odiarme. Tienen que fastidiarse. ¡Je, je, je! No consiguen de mí ni un céntimo.

UN DILEMA RELIGIOSO (MICRORRELATO)

FUTBOL HOY

Dos equipos de fútbol, creyentes la mayoría de estos futbolistas que lo componías, así como sus partidarios, rezaban para salir vencedores del encuentro que iba a enfrentarles dentro de un momento.
A un extraterrestre que los estaba viendo y escuchando (debido a que poseía el poder de la dualidad), le surgió una pregunta:
—¿A cuál de los dos contendientes ayudará Dios a que obtenga la victoria, honorable señor? —le preguntó telepáticamente al Gran Sabio de su planeta.
La respuesta inmediata que recibió fue:
—Dios ayudará al equipo que cuente con menos ateos entre sus jugadores y sus seguidores. Tu cumple tu misión y toma nota de las palabrotas e insultos que vas a oír, para que nosotros decidamos, en asamblea de sabios, si mantenemos a los terrícolas hablantes o les dejamos mudos para siempre.

SE COMUNICARON EN MORSE (MICRORRELATO)

SE COMUNICARON EN MORSE

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)

Una joven atractiva recogió en el mostrador de un establecimiento de comida rápida, una hamburguesa, una ración de patatas fritas y una Coca-Cola. Con todo ello en lo alto de una bandeja, ocupó una mesa para dos personas. Estaba casi terminando de comer cuando tomó asiento en la silla situada frente a la suya un joven donjuán que, inmediatamente, por debajo del mueble comenzó a buscar con las suyas las piernas de ella.
—Oye, estás metiendo tu rodilla entre mis muslos —le advirtió mosqueada—. Haz el favor de quitarla.
—Sé lo que estoy haciendo. Disfruta y calla, tía. Me estoy comunicando contigo en morse —rio él, divertido, no solo continuando con lo mismo, si no hundiendo más su rodilla entre las piernas de la joven.
Ella, terminada su comida dejó dentro de la bandeja la servilleta con la que se había limpiado los labios, se puso de pie, abrió su mano, distanció su brazo y, cogiendo la máxima velocidad que pudo, le dio una tremenda bofetada al atrevido, acompañándola de las siguientes palabras:
—Esta es mi respuesta, en morse también. Adiós.
La joven puso excesivo entusiasmo al emplear el lenguaje de los signos, y algunos clientes tuvieron que ayudarle a recobrar el conocimiento al receptor del contundente mensaje lanzado por ella.

NECESITABAN 20 EUROS PARA COMPRAR EL DESAYUNO (MICRORRELATO)

20 euros
Arturo Cansado se despertó aquella mañana, para no variar de otros muchísimos días de su existencia, perezoso. La pereza era en él un mal endémico, inevitable como lo era que los guisantes crecieran dentro de vainas, las cerezas crecieran a pares y los patos fueran monosílabos. Es-tiró los brazos hacia arriba unos pocos centímetros, ensayó medio bostezo (ambas acciones sin excederse), y murmuró:
—Estoy hecho polvo. Más hecho polvo que otros días. Hoy sí que no voy a hacer ni el huevo. Me tomaré el día libre. Con lo que sí me desperté fue con hambre. Voy a la cocina a ver que ha preparado mi mujer para desayunar.
Arrastrando los pies y con el cuerpo encorvado hacia adelante Arturo llegó hasta la cocina encontrándose a su mujer allí, ociosa, leyendo una novelita de amor, a las que era muy aficionada, aunque en la practica lo practicase poquísimo alegando dolores de cabeza, irritaciones en la parte receptiva de su rellenita figura o que su horóscopo le aconsejaba,encarecidamente, abstinencia. Encima de la mesa, los adormilados ojos de Arturo no vieron nada. Disgustado quiso saber:
—¿Es que hoy no desayunamos?
—Desayunaremos cuando te pongas a trabajar y me des un billete de vente euros —sin apartar su consorte la mirada anclada en la letra impresa.
—Hoy no tengo ganas de hacer nada —manifestó el flojo de Arturo.
—Pues ayunaremos —dándole ella una calada al porrito que mantenía encerrado entre dos dedos su mano izquierda, mientras la lectura la sostenía su mano derecha.
Arturo, contrariadísimo, se fue al garaje donde tenía su pequeño taller de falsificación, rezongando:
—Por mucho que uno quiera huir del curro, el muy cabrón de él te persigue y, lo que es peor, te alcanza.

ALINE, UNA MUJER QUE SE SENTÍA SUCIA (MICRORRELATO)

RENOIR 26
ALINE, UNA MUJER QUE SE SENTÍA SUCIA (Microrrelato)
Aline era una de las modelos más cotizadas de Francia. Todas las tardes posaba desnuda, en dos talleres de pintura diferentes.
Aline, lo primero que hacía al llegar a su casa era meterse en la ducha
y durante un buen rato lavar con fuerza y rabia su escultural cuerpo.
Lo sentía sucio por las muchas, puercas miradas que durante dos horas
había recibido su hermosa figura femenina.
Tanto era así que cuando Antoine, su novio, venía a visitarla, lo forzaba a que tuvieran su relación íntima, permaneciendo ella vestida todo el tiempo.
—Pueden verte desnuda otros, y yo que soy quien más te ama tengo que verte siempre vestida —se quejaba él a este respecto.
—Es que, si viese yo la más mínima suciedad en tus ojos al mirar-me, jamás volvería a acostarme contigo —le advertía ella.
—¿Y esto va a ser siempre así? —enojándose él.
—Será así mientras tú no encuentres una buena colocación y cambiemos nuestra situación pasando, de mantenerte yo, a mantenerme tú a mí.
Finalmente ella echó a Antoine de su lado y, enamorándose loca-mente de uno de los pintores que la pintaban se fue a vivir con él. Este pintor se hizo famoso. Se llamaba Renoir.

TE EXPLICO, AMIGO, PORQUE ROMPÍ CON SUSI (MICRORRELATO)

SUSI
Susi poseía todo lo que un hombre, que merece ser considerado como tal, puede desear de una mujer. Era preciosa de cara. Poseía un cuerpo al que ni el más exigente escultor habría podido encontrar un solo defecto y, encima de todas estas maravillas físicas, Susi era alegre, inteligente y divertida.
Estando con ella, en público, no conocías ni un segundo de aburrimiento. Estando con ella, en privado, no vivías un segundo sin placer.
Cuando rompí con Susi únicamente mi padre entendió el motivo que me llevó a hacerlo: cuando estaba con ella me anulaba todas las neuronas, y un hombre sin neuromas deja de ser hombre para convertirse en juguete, en esclavo de la mujer que se las anula, y eso no lo quería para mí.
Aquel que no entienda esta historia, es que nunca ha conocido a una Susi como la mía. Afortunado él, porque no se pasará el resto de su vida echándola de menos.

INVESTIGACIÓN: LOS CONTINUOS CAMBIOS DE LA MODA (MICRORRELATO)

flor(Copyright Andrés Fornells)

No sé si esto de las modas lo imponen unos cuantos que, no teniendo el cerebro útil para cosas de más provecho y mejor decoro, lo emplean en eso de poner de moda los ejemplos siguientes: primero pusieron de moda el enseñar las damas el canalillo de los pechos (algunas exageraban tanto que el canalillo les superaba los pezones), un tiempo después vino lo de enseñar los senos (sin importarle a la enseñante que éstos le descansen en la tripita o incluso le alcancen mayor descenso), lo próximo (no recuerdo bien si fue antes o después de darle absoluta libertad a las tetas) fue lo de enseñar el ombligo por la calle y, a continuación, enseñar esa línea que separa una nalga de su hermana (que aseguran los que estudian a fondo el cuerpo humano nunca son iguales en tamaño ni curvatura). Y en algún momento (que Dios les perdone) pusieron de moda que la mujer dejase sin adorno alguno su parte más íntima, parte que (salvando lamentables excepciones) procura enorme placer a su visitante y a la visitada.
Este verano (que me perdonen los que pueden desmentir mi impresión) se ha puesto de moda enseñar entre la parte baja de los bikinis unos pelitos que, aquella que no se los tiñe, descubre si se trata de rubia falsa o rubia natural.
Puede que alguno me pregunte por que no me ocupo de la moda masculina, en vez de la moda femenina.
La respuesta la tengo fácil:
—Soy un hombre anticuado, un hombre de los de antes, un hombre pasado de moda. Y si fuese mejor cristiano de lo que soy, añadiría—: Gracias a Dios.
Y que nadie vea en este decir mío deseo alguno de discriminar. Que es bueno haya de todo en este mundo, que tenemos un dicho muy antiguo que dice:
—En la variedad está el gusto.
Bueno, hasta luego. Voy a darme una vuelta por la playa a ver si han sacado alguna moda nueva de la que yo todavía no me he enterado. Si es así, me encargaré de descubrírsela a todos aquellos que no se mueven de su casa y viven anclados en el pasado suyo.
¡Que no nos falte la salud, pues todo lo demás es como los columpios: va y viene!

LOCURAS JUVENILES: ALICIA VINO A VERME ACOMPAÑADA DE SU MAMÁ (MICRORRELATO)

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(Copyright Andrés Fornells)

Alicia era una chica bonita sin más, aunque ella, por ser muy vanidosa, se creía algo del otro mundo. Un amigo mío había organizado un baile de disfraces dentro de una nave industrial perteneciente a su padre, y, por uno de esos caprichos con que a menudo me sorprendía por aquel entonces mi desequilibrada mente, pensé en llevar a Alicia a esa fiesta. Me la imaginé con un pareo cortito y una flor prendida del pelo, y este supuesto me excitó
El estanco, al que mi padre me había enviado a comprarle tabaco, quedaba cerca de la casa de ella y me llegué hasta allí. Me abrió la puerta su hermano chico con los pantalones medio caídos maldiciéndome porque le había interrumpido lo que estaba haciendo en el cuarto de baño. Al informarme él de que su hermana no estaba, le dejé el recado de que me urgía verla.
Alicia, demostrándome que era tan fantasiosa como su homónima del famoso cuento, no sé qué debió imaginarse, el caso es que se presentó en mi casa acompañada de su mamá, una señora de cien kilos encerrados dentro de un alegre, opresor vestido floreado. Tanto ella como su hija mostraban expresión grave en sus rostros.
—Venimos a que nos expliques por qué te urge ver a mi hija —dijo aquella señora en tono que interpreté como acusador.
Sufrí tal golpe de indignación ante su insensata actitud que, perdiendo mi comedimiento y sensatez habituales le dije a la ceñuda madre de Alicia:
—Me alegra muchísimo que haya venido usted acompañada de su hija, porque lo que tengo que decirle a usted va a necesitar muy especialmente la aprobación de ella. Señora, ¿quiere usted casarse conmigo y convertirme en el padrastro de su hija?
Alicia se quedó hecha un pasmarote mudo. La boca le llegaba a la barbilla y, los ojos por muy poco no se le salieron de sus estuches. Su señora madre, tras un instante de evidente desconcierto, me dio un repaso visual, debió pensar que yo no era desaprovechable del todo, pues me dijo como si lo lamentará:
—Joven, para poder casarse conmigo tendría yo que enviudar antes, y eso es poco probable pues mi marido goza de una salud de hierro.
—Oh, yo creía que era usted viuda —manifesté como si no supiera todo lo contrario—. Disculpen mi error. Lamento lo dicho. Que Dios les permita conservar a ambas, muchos años, la salud y la hermosura —añadí acompañándolas hasta la puerta y, tras abrirla, ellas se fueron sin protestar, totalmente desorientadas.
Cuando se me pasó el ataque de risa, invité al baile de disfraces a Lena, mi desvergonzada vecina del cuarto “B” que, además de ser más guapa que Alicia y que su madre juntas, me dejaba recorrer con ambas manos ansiosas las notables voluptuosidades de su cuerpo y me permitía, además, besarla con lengua, que no era poca cosa en la zona recatada y religiosa donde nosotros vivíamos entonces.

LA ÚLTIMA MODA (MICRORRELATO)

gallinero
Una mujer se quejaba a su marido, indignada por algunas de las extravagancias que realizaba el hijo de ambos: como teñirse el pelo de color verde, tatuarse cementerios en los brazos y romper, para que parecieran viejas, las prendas de vestir nuevas que le compraban.
—Tienes que hablar seriamente con él, Ruperto. Este muchacho nuestro tiene la cabeza llena de pájaros. Cuando le recrimino algo me dice que no le importa lo más mínimo lo que yo le digo, que por un oído le entra y por el otro le sale.
El padre cogió un día al hijo extravagante y le habló muy seriamente:
—Tu madre y yo venimos tolerando que tengas la cabeza llena de pájaros porque nosotros también hemos sido jóvenes y también cometimos algunas extravagancias, pero nos enfadaremos mucho contigo el día que deje de anidar en ti el pájaro de la sensatez y, para nosotros que ese pájaro está a punto de alzar el vuelo.
—Pues quedaros tranquilos los dos porque ese pájaro que decís salió volando ya —desafiante, burlón, rebelde.
—Muy bien —severísimo su progenitor—. Tú lo has querido. Mañana no te quiero más durmiendo aquí en casa.
El hijo siguió igual de estrafalario y fue castigado. No durmió más en su casa, durmió en el patio dentro del gallinero y puso él, pasados muy pocos días, de rabiosa moda, las ropas llenas de cagadas de gallináceas.

SUEÑOS (MICRORRELATO)

SUEÑOS
Después de haber tenido un sueño extraordinariamente erótico con un hombre tan hermoso como el David de Miguel Ángel, Cándida Morfeo despertó, lo buscó afanosa entre las sábanas y se llevó un tremendo disgusto porque él se había escapado, a algún lugar, sin ella.
Volvió a dormirse, esperanzada, quizás diera de nuevo con él. Pero los sueños no son de fiar. El próximo sueño que Cándida tuvo fue de lo más irritante. Estaba ella en una granja, tenía media docena de gallinas a las que cuidaba con admirable esmero y, las muy puñeteras le ponían huevos de madera que ya no sirven para nada desde que se inventaron los calcetines irrompibles de lana, nilón y, últimamente, de dineema, que es 50 veces más resistente que el acero.
A su mejor amiga, Cándida le aconsejó:
—Virtudes, cuando tengas un sueño realmente hermoso, no despiertes, quédate en él. Yo lo voy a hacer en el próximo sueño hermoso que tenga.
Su amiga asintió con la cabeza. Ella había tenido una frustrante experiencia parecida a la de Cándida.