NO LLEGUE A SABER QUE CARA DE LA MONEDA HABRÍA SALIDO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Yo era un veinteañero de bolsillos vacíos, pelos largos y muy enamoradizo. Nati Morales vivía en un primer piso. Yo era muy tímido, pero, dentro de lo posible, procuraba combatir mi timidez. Esperé medio escondido en un portal, situado en la acera del otro lado, a que salieran sus padres para cruzar la calle. Sus padres salieron y yo cruce la calle. Entonces la timidez me bloqueó las piernas, y yo dejé en manos del azar el próximo paso a dar. Saqué del bolsillo la única moneda que contenía y, con solemnidad dije:
—Si sale cara subo, y si sale cruz me voy en compañía de mi frustración.
Tiré la moneda al aire y ésta nunca cayó. Decidí entonces averiguar qué era lo que había cambiado la ley de la gravedad. Levanté la mirada y allí, en el balcón, estaba la hermosa Nati Morales con mi moneda en su poder y una sonrisa que valía mil besos. Y entonces, en vista de mi indecisión, ella me dijo con sus labios de miel:
—Anda sube tontorrón, que yo también estaba esperando que se fueran mis padres para abrirte de par en par las puertas de mi corazón.
—Con Nati Morales me habría casado yo muy a gusto, de no haberse dado la negativa circunstancia de que ella estaba ya casada con otro.

BUENOS TRUCOS PARA LLEGAR A PRESIDENTE (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Rogelio Trabuco era un tipo muy ambicioso. Los tipos ambiciosos, si son lo suficientemente astutos y carentes de escrúpulos, logran convertir en realidad sus mayores ambiciones.
La ambición principal de Rogelio Trabuco fue la de llegar a presidente de su país, y como no era un improvisador, estudio los métodos que les habían valido a otros ambiciosos para lograr tan alto, suculento y enriquecedor puesto. Y descubrió enseguida que a los posibles votantes no había que darles lo que necesitaban, sino lo que más ilusión podía hacerles. Lo que más ilusión podía hacerles, por lo general era imposible dárselo nadie. Por lo tanto, nada más eficaz que mentirles diciéndoles que él, presentado como candidato a las próximas elecciones, si lo votaban, sí les daría ese imposible, y les regaló discursos parecidos a éste:
—Yo os prometo y me comprometo solemnemente a cumplirlo, lo siguiente: Si me concedéis la presidencia de este hermoso y privilegiado país, voy a atar a todos vuestros perros con longanizas, y regalaros a vosotros, maravillosos ciudadanos, la entrada a los estadios de fútbol, tanto los de primera división como todos los de categorías inferiores será gratis para todos los que quieran ir a verlos. Y las rebajas de los grandes almacenes tendrán lugar todos los días, para que nuestras queridas compatriotas tengan cosas bonitas y baratas que ponerse y estar bellas y elegantes siempre.
Estas promesas ilusionaron tanto a los que tenían perros y a todos los demás, que al embustero Rogelio Trabuco le sobraron votos para ser presidente él y otros diez más.
Y Rogelio Trabuco cumplió lo prometido, igual como cumplen sus promesas la gran mayoría de los presidentes. Las entradas a los estados de futbol de primera división y de las categorías inferiores fueron gratis los días que no había partido. Y las rebajas en los grandes almacenes tuvieron lugar todos los días, que lo decidían los dueños de estos establecimientos.
MORALEJA: De casi todos los políticos no te creas nada, ni siquiera lo que digan con la boca cerrada, porque los embusteros mienten hasta con la respiración y con el pensamiento. Estáis advertidos.

UN NIÑO HABÍA DEJADO DE PENSAR COMO NIÑO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Pepín y Leo se encontraba en el parque compartiendo una bolsa de pipas. Ambos eran niños, pero uno de los dos había dejado de ver y pensar como tal. El que había dejado de pensar como piensa un infante era Pepín, al que le habían crecido ojeras y media docena de pelillos debajo de su nariz de pico.
—¿Cuál fue el momento más trascendental de tu vida? —preguntó el primero al segundo luego de librarse de la cascara de una semilla de girasol.
—El momento más trascendental de mi vida fue cuando comencé a saber leer cómics —dijo el cándido de Leo. ¿Y tú? ¿Cuál fue el momento más trascendental de tu vida, Pepín?
—El momento más trascendental de mi vida fue cuando comencé a dejar de leer cómics.
—¿Y eso por qué? —quiso saber curioso el otro.
—Porque descubrí otra cosa infinitamente más interesante.
—¿Qué puede haber más interesante que un cómic? —asombrado Leo.
Pepín lo miro con lástima y dijo:
—Ya veo que sigues todavía metido en el cascaron de la inocencia.
Ofendido Leo e intrigado también replicó ofendido:
—Dime, listo, ¿qué es más interesante que un comic?
—¿No le dirás a mi madre lo que voy a decirte yo ahora? —queriendo asegurarse Pepín.
—Pues claro que no. Te lo juro. Yo no soy ningún chivato.
—Pues infinitamente mas interesante que un comic, como de aquí a Lima, es una chica en bikini.
—Se te ha ido la olla —juzgó Leo que aún no había descubierto la verdadera identidad de los Reyes Magos.
—Allá tú con tus mocos. Me voy.
—¿A dónde vas? —quiso saber, curioso, Leo.
—A donde voy a ir, so tonto de baba: ¡a la piscina!

UNA MUJER EN SU CAMA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
John Potato cogió una borrachera de campeonato. Una borrachera de esas que, cuando despiertas lo haces con una resaca de caballo y no te acuerdas de nada de cuanto hiciste el día anterior. John Potato despertó de una de esas borracheras, con resaca de caballo, no acordándose de nada del día anterior y teniendo a su lado la mujer más fea que él había visto en toda su vida y eso que había visto unas cuantas miles de ellas.
John Potato cerró los ojos y como era creyente, pidió al santo de los objetos perdidos que la devolviera al lugar de donde había salido ella y a las personas que la habían perdido, se habían deshecho de ella, o lo que fuera.
Pero el santo de los objetos perdidos nunca sabremos si fue porque estaba sordo ese día, había cogido vacaciones o se había vuelto protector de los menos guapos del universo pues, cuando John Potato abrió los ojos de nuevo, la mujer aquella no solo seguía a su lado, sino que mirándolo con ojos arrobados le dijo:
—Ay, chatín, ¡precioso! ¡Nadie de este mundo ha sabido hacerme tan feliz como tú! A mí no me despega nadie de tu lado ni intentando desalojarme todo el ejército de los Estados Unidos al completo.
A John Potato, el horror que experimento le puso los pelos como escarpias y la primera idea salvadora que se le ocurrió fue abrir la puerta y largarse. Corrió hacia ella y la encontró cerrada con llave y esta llave no estaba a la vista. Entonces decidió escaparía por la ventana. Pero ocurre que, en Nueva York, no hacen edificios de seis o siete plantas como en la retrasada y modesta España, sino que son tan exagerados que los hacen de ciento y pico. Mas concretamente, el apartamento donde despertó John Potato con hembra horrorosa a su lado estaba situado en la planta 113.
¿Qué diréis vosotros que hizo John Potato para dejar atrás a aquella mujer que cada vez que él la miraba a la cara le producía incontinencia?
Los más fantasiosos, los sobrados de imaginación, los que siempre encontráis una salida a todo, os lo habéis figurado enseguida, ¿verdad?
Exactamente: se convirtió en pájaro.

UNA GALLINA REBELDE (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Hubo una vez una gallina muy lista y contestataria. Se llama Cacaracá y era tan lista que había descubierto ella solita algo que los humanos llevan siglos debatiendo y sin tenerlo nada claro: ¿qué fue primero el huevo o la gallina?
Cacaracá sostenía, sin albergar la menor duda al respecto, que el huevo fue primero. Pruebas científicas, pruebas fiables que lo demostraran fehacientemente: ninguna, aparte de que lo decía ella y, a su modo de ver, cuanto ella decía, iba a misa.
Un buen día Cacaracá picoteó un huevo, descubrió que su contenido estaba riquísimo e hizo la siguiente reflexión progresista: “Yo fabrico mis huevos, entonces me pertenecen por lógica y por esfuerzo, así que en adelante me los comeré y no dejaré que comercie con ellos ese granjero explotador que, sin más trabajo que cogerlos, los vende y se enriquece a mi costa.
Su decisión no le gusto lo más mínimo al granjero que la alimentaba, y le advirtió muy seriamente:
—Oye, Cacaracá, como sigas comiéndote los huevos me voy a enfadar. Me voy a enfadar muchísimo. Y mi enfado puede ser muy peligroso para ti. Quedas avisada.
—Enfádate todo lo que quieras, abusón, negrero —decía la gallina rebelde, sin dejarse intimidar—. Yo fabrico los huevos, por lo tanto son míos y puedo hacer con ellos lo que quiera. Y quiero comérmelos. Así que te aguantas.
—Bien, tú te lo has buscado, insubordinada lenguaraz.
El granjero, por un par de días, castigó a la gallina rebelde privándola de comida. Resultó inútil. Cacaracá se mentalizó para pasar hambre y mantuvo la misma postura: huevo que ponía, huevo que se zampaba.
El granjero, sintiéndolo mucho porque Cacaracá había sido muy buena ponedora, le cortó el cuello antes de que cundiera el mal ejemplo entre sus otras ponedoras, y antes de que adelgazara demasiado y el carnicero le diera una miseria por ella.

ELLA TIRABA RAMOS DE FLORES POR EL BALCÓN (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Aparte del atractivo físico, la constancia puede ser en un hombre cualidad todavía de superior mérito.
Telesforo Fogones, todos los fines de semana le enviaba, por medio de un muchacho, un ramo de flores a Silvia Lunares, la chica que más le gustaba en el mundo.
Invariablemente, ella abría la puerta del balcón de su casa y con gesto desdeñoso tiraba el ramo a la calle.
Telesforo lo recogía, se lo entregaba a otra chica que pasaba por allí, ella lo recibía con agrado, y marchaban los dos charlando animadamente calle adelante.
Silvia presenció este hecho durante cinco semanas seguidas. A la sexta ni abrió el balcón ni tiro el ramo a la calle. Telesforo entendió que había llegado el momento tan pacientemente esperado por él. Subió dos pisos, llamó a la puerta de la casa de Silvia, ella la abrió y le preguntó en ese tono antipático con el que las mujeres ponen a prueba el aguante de los hombres:
—¿Qué quieres?
—Verte de cerca y, después, si tú me lo pides morir por ti.
Estuvo tan encantador que, aunque Telesforo estaba lejos de ser guapo y tener muy buen tipo, Silvia supo ver en él que poseía cualidades de mayor valor que los atractivos mencionados antes por mí.
Y en el futuro Silvia no solo aceptó las flores que le traía Telesforo, sino que además las metían juntos dentro de un jarrón con agua.

RECUPERANDO RECUERDOS (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Troyano, mi perro, y yo llevábamos cinco años lejos del que había sido nuestro hogar y que habíamos vendido por motivos de herencia. Por cariño y nostalgia yo me había quedado con aquella vieja casona, pero por lo económico no me fue posible. Nunca fui malgastador. Mi problema económico no lo motivaba el despilfarro, sino el que nunca he sido capaz de ganar lo suficiente para malgastarlo.
El dueño actual de la vivienda, un buen hombre, me dijo:
—Dé usted una vuelta por ahí y, cuando se canse de ver los árboles que ustedes plantaron y los rústicos bancos de madera que fabricaron, vuelva aquí conmigo y nos tomaremos un vino.
Le agradecí la amabilidad, y Troyano y yo caminamos por aquel pedazo de tierra querida que a mí me fue despertando un alud de recuerdos.
Aparte de los bancos todavía estaba el columpio colgado de la rama de la vieja morera donde todos aprendimos a divertirnos con aquella creación del entrañable abuelo Tomás. Sentí ganas de columpiarme, pero el mal estado de las cuerdas me lo desaconsejó.
Estaba listo para regresar a la vivienda cuando descubrí a mi perro escarbando afanosamente en la tierra. Me quedé esperando el resultado de su febril trabajo. Y finalmente pude ver que había desenterrado un hueso guardado por él cinco años atrás. Y esbocé esa sonrisa tierna que hace de mi una buena persona y le dije:
—Vaya, también tú has recuperado algo importante de tu lejano pasado.
Y marchamos los dos para la casa, yo con mi añoranza húmeda en los ojos y él, agitando su rabo alegremente, con su hueso entre los dientes.

LA BUENA EDUCACIÓN (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Nuestra abuela Alfonsina nunca se perdía las noticias de las nueve de la noche. Le caía muy bien la presentadora, porque ella estaba empeñada en que esa joven se parecía a su prima Elvira que, cuando ambas eran jóvenes se tiraban las dos, furiosamente, de los pelos. Luego Elvira se volvió caprichosa, se casó con uno de esos extranjeros que tienen cara de limón exprimido y se fue a vivir al país de aquél. Y claro, puso demasiada distancia por medio para que las dos pudieran continuar disfrutando con los tirones de pelo.
Bueno, a lo que iba, cuando la periodista de las noticias daba las buenas noches, nuestra abuela Alfonsina, mostrando excelentes modales, se las devolvía y, a nosotros, si nos pillaba distraídos en aquel momento, nos exigía:
—Niños, dadle las buenas noches a la señorita, que se entere de que en los pueblos pequeños tenemos tan buena educación como pueda tenerla la gente de las grandes capitales.
Y nosotros la complacíamos:
—¡¡¡Buenas noches!!!
Cuando mi mujer me escucha, despedirme de la guapa presentadora que da las noticias coge celos y me dice:
—Muy bien, si te gusta más que yo ¿porque no te vas con ella?
—¿Quién quiere una copia de la Mona Lisa teniendo el original en casa? —le respondo zalamero, y hacemos las paces.
Mi Julia está mosqueada conmigo desde que le pedí un autógrafo a Scarlette Johansson y ella me dio el autógrafo y añadió al mismo su número de teléfono.
Mi Julia sigue enfadada conmigo a pesar de que yo le di el teléfono de Scarlette Johansson a un buen amigo Pepe Quillo, porque ella alberga la sospecha de que yo lo tengo memorizado.
Perdonen un momento. La guapa de las noticias se está despidiendo.
—Buenas noches —le respondo yo.
Mantengamos siempre vigente la buena educación. Hace la vida más amable y llevadera.

ESCOBA AUTOMÁTICA (MICRORRELATO)

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Azucena Flores había dejado de barrer su casa y la acera de la calle. Cuando una vecina le preguntó si no barría más porque se había vuelto holgazana, ella le contestó:
—Holgazana lo he sido toda mi vida, pero ahora con toda justificación. Me han dicho que han inventado una escoba que barre sola y estoy esperando a que las vendan para comprarme una.
—¿Y si tardan diez años en ponerla en venta?
—No me preocupa, paciencia es lo que siempre he tenido de sobra. Fíjate tú si tengo paciencia que desde hace veinte años san Antonio me debe un novio, y me mantiene esperándolo.
Rufino, un barrendero del ayuntamiento comenzó a barrer la acera perteneciente a la vivienda de Azucena Flores. Ella salió un día a verlo y no le dijo gracias, sino que le soltó un sincero elogio:
—Pero que elegancia tiene usted barriendo, caballero. Procura gran placer a los ojos verle hacerlo
—¿Usted cree? —encantado él por sus palabras.
—En mi vida he dicho verdad mayor —aseguró ella.
—¿Quiere que le barra también dentro de su casa? —ofreció Rufino, que llevaba mucho tiempo también pidiendo una novia a san Antonio.
Total, que cuando salgan las escobas automáticas Azucena no piensa comprarse ninguna, pues tiene la seguridad que ninguna poseerá la elegancia de Rufino. Lo que sí compró Azucena, con la colaboración del barrendero Rufino, fue un cirio de cien euros que ambos llevaron a San Antonio por el buen apaño que les había hecho.
Nota: Los que han sido educados laicamente, los descreídos, los irreligiosos no entenderán la belleza de esta historia. ?

LO INVITARON LOS QUE SE HABÍAN ENTERADO ANTES QUE ÉL (MICRORRELATO)

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Marcelino, un joven rústico e inocentón, se echó de novia a la bonita y alegre Adelita. Marcelino disfrutó feliz de este noviazgo hasta que descubrió lo sucedido con la virtud de ella. Este descubrimiento le desbarató el cerebro y los sentimientos hasta el punto de que, abatido, devastado por el disgusto y el desengaño sufridos entró en “Los Geranios” la cantina de su barrio.
Poco original este chico, pretendía ahogar en alcohol el insoportable dolor que sufría. En el interior del establecimiento estaban el dueño y, pasaban de la treintena los parroquianos. Todos dejaron de hablar para fijar sus curiosas miradas en él. Aniceto Corrales, el propietario del local, fue la primera alma caritativa que se preocupó de su evidente sufrimiento preguntándole, solicito:
—Pero, hombre, ¿qué te pasa? ¿A qué viene esa pena tan grande tuya, ese desconsuelo inmenso, ese derretirte entero por los ojos?
—¡Ay, quisiera morirme! —dijo el afligido joven elevando el volumen de sus decibélicos sollozos—. Acabo de descubrir que mi novia no es virgen… ¡Buaaaa…!
Todos los presentes, que había descubierto aquello mismo antes que él, lo invitaron a beber y Marcelino cogió la borrachera más grande de toda su vida.
La empatía es una de las virtudes humanas más fáciles de despertar entre los que comparten una misma experiencia.