DÍGALE A LORENA QUE HA VENIDO SAN VALENTÍN (MICRORRELATO)

 

 

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)
Lorena y yo nos habíamos enfadado. Nos habíamos enfadado por un fallo
psicológico mío. Ella había estado en la peluquería y le habían hecho
un peinado con muchos tirabuzones y yo abrí mi bocaza para decirle que
no la favorecía nada, que con el pelo así se parecía a la tísica de la Dama de las Camelias. Lorena, que se había gastado un buen dinero y esperaba cayese yo rendido de admiración viéndola con aquel peinado, se disgustó de un modo terrible, me llamó de todo, menos bonito, y me dijo no quería volver a verme el resto de su longeva vida. Yo le pedí perdón al aire pues ella se alejaba ya más rápido que si acabara de montarse en una moto
A mí Lorena me gustaba, como suele decirse, exageradamente, a morir. Así que un día 14 de febrero por la mañana me presenté en su casa. Me abrió la puerta su madre que, seguramente conocía lo ocurrido entre nosotros dos porque me dijo mirándome con lástima:
—Mi hija no querrá verte.
Improvisé, aprovechando que hay momentos del día en que mi cerebro funciona como si fuese uno de los buenos:
—Dígale que ha venido san Valentín para hablar con ella.
A mi posible futura suegra le entró una risa de garganta, asintió con la cabeza, se adentró en la casa, escuché un cuchicheo y, segundos más tarde Lorena llegó junto a mí, más seria que el Cobrador del Frac y me dijo:
—¿No me escuchaste cuando te dije que no quería volver a verte en lo que me resta de vida, grosero?
—Pensé que a lo mejor te habías arrepentido y como hoy es san Valentín, pensé que era un día muy bueno para hacer tú y yo las paces. Te he traído estas flores —las había mantenido ocultas detrás de la espalda y se las entregué.
Ella cogiéndolas, sin desarrugar el ceño, dijo:
—Me las has traído con toda la intención de que me pinche las manos con sus espinas, ¿verdad?
Saqué la otra mano que guardaba detrás de la espalda y le entregué una caja de bombones, que ella también cogió sin desarrugar el ceño.
—Ya, tú lo que quieres es que yo engorde, me ponga como una foca y no le guste a nadie —sentenció sin devolverme ninguna de las dos cosas.
Saqué un papelito que llevaba en el bolsillo superior de mi chaqueta y se lo ofrecí. Y por fin, desarrugando ella el entrecejo y curvando sus labios esa sonrisa suya que yo nunca me cansaba de besar, leyó:
—Vale por un peinado estilo Dama de las Camelias.
Rompió a reír y dijo mirándome como si hubiese recuperado de golpe su amor por mí:
—Pero que encantadoramente sinvergüenza eres.
—Vamos, dame un besito rápido antes de que venga tu madre, a ver si nos estamos tirando de los pelos.
Y así fue como Lorena y yo hicimos las paces. Lo cual no evita que yo siga odiando ese peinado con tirabuzones a lo Marguerite Gautier.

¿POR QUÉ ES SAN VALENTIN EL DÍA DE LOS ENAMORADOS? (MICRORRELATO)

valentin Una pequeña investigación mía me descubrió que existen dos San Valentín y ambos fueron decapitados por haber creído en el Dios, que quienes les decapitaron, consideraban el equivocado. En fin rizando mucho el rizo, se podría considerar que fueron escogidos como representantes del amor porque los enamorados pierden también, al igual que les sucedió a estos dos buenos y desafortunados hombres, la cabeza por alguien.
Y a los muy románticos les regalo esta tontería:
Para San Valentín, amor sin fin.
Y para el resto del año, no ser tacaño.
Para San Valentín, besitos mil.
Para Santo Tomás, uno nada más.
Y para San Juno, ninguno.

SAN VALENTIN: AMOR Y DESAMOR (MICRORRELATO)

 

 

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)

Ahora, para san Valentín, circularán por el mundo cataratas de corazones rojos, toneladas de frasquitos de perfumes caros y exóticos, millones de flores, bombones y, para algunos caballeros que viven en zonas frías: corbatas, guantes y bufandas. Formarán océanos las promesas de amor eterno, los más sentimentales y poéticos regalarán, además, algún versito en el que volcarán los más bellos sentimientos de su alma. Habrá más noches de desenfrenado sexo embellecidas con velitas aromáticas y pétalos de flores, que estrellas pueblan el cielo. ¡Maravilloso, inolvidable, sublime! Todo esto por parte de los enamorados, de los que se hallan ebrios de amor, de los afortunados.
Pero toda moneda tiene dos caras. Y la cara contraria al amor, es el desamor. Los que sufren desamor vivirán el san Valentín con una cama vacía, una almohada sobre la que llorar su desdicha, la descorazonadora soledad de la vivienda vacía, el lúgubre silencio, el vaso o la taza sola en la mesa. La tristeza de la soledad y la amargura de la dicha perdida.
No sumo aquí las personas independientes que han escogido la libertad de vivir solas. Personas que hacen bueno ese refrán de: “Mejor solo que mal acompañado”. Hablo de aquellos que no supieron valorar la dicha que les procuraba vivir en pareja, amar y ser amados.
Hablo de las parejas que funcionaban y las rompió el tedio, la estupidez, el orgullo, la indelicadeza, la traición, el haber ofendido y no haber tenido la grandeza, la humildad de pedir perdón.
En san Valentín, los que disfrutamos de corazones rojos, perfumes, flores, bombones, besos y promesas de amor eterno, deberíamos acordarnos de nuestros familiares y amigos desdichados, acercarnos a ellos y darles un cálido, amoroso abrazo, que les reconforte, les recuerde que, aunque perdieron el gran amor de su vida, continúan teniendo amigos cariñosos que siguen acordándose de ellos y con los que pueden contar en los momentos difíciles. Les dejo aquí un entrañable abrazo a todos aquellos que lo necesitan, y no lo tienen. ¡VIVA LA BUENA GENTE!

Y si quieren regalar un libro aquí les ofrezco algunos míos, de los cuales pueden leer gratis algunos capítulos pulsando los siguientes enlaces:: ¿ESTÁS SOLA ESTA nOCHE? http://smarturl.it/solakindle    SED NEGRA https://www.amazon.es/dp/B07GV4WCGG/  MADRE LEÍA NOVELITAS DE AMOR  https://www.amazon.es/Madre-le%C3%ADa-novelitas-Andr%C3%A9s-Fornells/dp/1549582801 DIEGO EGARA, DETECTIVE  

 

UN TIPO ME DIJO QUE ERA ESCRITOR (MICRORRELATO)

Era por la mañana y el bar se hallaba muy concurrido. Había a mi izquierda un tipo al que no había visto en mi vida. Teníamos en común, que los dos tomábamos café. Por un capricho de la coincidencia se encontraron nuestras miradas. El desconocido me sonrió. Para no quedar como insociable, sonreí a mi vez. Cometí un grave error. Él cogió confianza y me dijo:
—Me llamo Toni Renglones y soy escritor.
Por si conversar con él me aliviaba el aburrimiento que me acompañaba desde mi rotura con Alicia, le pregunté:
—¿Sobre qué escribe usted?
—Sobre todo. No tengo preferencias. Soy polifacético. ¿A qué se dedica usted?
A estas alturas yo estaba muy arrepentido de haberle dado conversación.
—Ejerzo de fracasado.
—¿Y eso es una profesión? —mosqueándose.
—Para mí sí.
Dejé dos euros encima del mostrador y busqué la salida. Fui tan torpe que medio atropellé a una joven que andaba por la calle y olía a lirios. Le pedí perdón. Ella se rio y dijo:
—Agustín, tú tan torpe como siempre.
La reconocí entonces: habíamos frecuentado la misma universidad.
—¡Aurorita! y tú tan encantadora siempre. ¿Puedo acompañarte por si algún torpón, tropieza contigo, quitártelo yo de encima?
—Por supuesto. Nadie podría protegerme mejor que tú.
Hablamos, sonreímos, nos miramos, y al final Aurorita ocupó el sitio dejado vacante por Alicia, con la muy favorable diferencia por parte de ella de que Aurorita nunca me dejó para irse a vivir con un patizambo registrador de la propiedad.

UN TIPO OPTIMISTA (RELATO)

HOMBRE OPTIMISTA
Un hombre llegó con un coche robado y, al encontrar aparcamiento justo delante del edificio que quería visitar, pensó con el optimismo que le caracterizaba. “Es mi día de buena suerte”. Y sacando el revólver que llevaba en el bolsillo de su vieja y puerca gabardina se dirigió a la entrada del banco. Entró en él y poniendo cara de malo, algo que le costaba muchísimo esfuerzo pues era puro fingimiento, ordenó empleando voz de mala persona:
—¡Todo el mundo al suelo, poniendo cuidado de no hacerse daño! ¡No quiero que nadie salga perjudicado! ¡Y tú, capitalista, el de la caja, ya me estás dando todo el dinero que guardáis, si no quieres que le haga agujeros a tu bonito traje en media docena de sitios diferentes! —esta advertencia fue para el cajero que, por falta de experiencia, pues era el primer atraco que sufría, se mostraba exageradamente asustado.
De pronto el atracador sintió en lo alto de la cabeza un golpe tan fuerte que, antes de perder el conocimiento creyó que se le había caído encima  el globo terráqueo entero.
Dos horas más tarde recobraba todos sus sentidos encerrado en el calabozo. Lo primero que hizo fue tocarse la cabeza. Comprobó que no la tenía rota, que lo único nuevo en lo alto de ella era un chichón del tamaño de un huevo de avestruz y murmuró:
—No puedo quejarme podía haber sido muchísimo peor. Los que tienen la obligación de hacer cumplir las leyes me condenarán a varios meses de cárcel. Bueno, “no hay mal que por bien no venga, que decía mi santa madre que la pobre hizo lo imposible por inculcarme honradez y amor al trabajo, y fracaso estruendosamente. Bueno, ahora que vamos de cara al invierno, mejor estaré preso disfrutando de calefacción gratis, comida gratis, medico gratis, televisión gratis y la compañía de gente menos honrada todavía que yo; que  en libertad pasando mucho frío de noche en portales y bancos del parque expuesto a que algún asesino loco se le ocurra degollarme para quedarse con mis zapatos casi nuevos.

REGALO DE CUMPLEAÑOS MUY ESPECIAL (MICRORRELATO)

cumpleaños

 

 

 

 

 

 

 

La mujer pidió a su marido, como prueba suprema de su gran amor por ella, un regalo de cumpleaños muy especial. Tan especial era el regalo, que a él le significaría un terrible sufrimiento complacerla. Pero él la amaba tanto, tanto, que llegado el día en que ella cumplió años, le trajo el regalo muy especial que ella anhelaba muchísimo: ¡un amante!

UN CLARO CASO DE CONTAGIO (MICRORRELATO)

Con Alicia me ocurrió una cosa extraordinaria. Estábamos en el saloncito de su casa. Sus padres habían salido. De pronto ella comentó que sentía calor. Y para demostrármelo comenzó a quitarse ropa. Y con cada prenda que ella se quitaba al que le iba aumentando el calor era a mí. Para los que no hayan entendido mi reacción, les explico lo nuestro se trató de un claro caso de contagio. Nuestras ropas, amontonadas y mezcladas, disfrutaron de lo lindo.