DESNUDEZ TRANSFORMADORA (MICRORRELATO)

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Torcuato Linares siempre había defendido
que él era un platónico practicante.
Él consideraba a las mujeres ángeles adorables,
y las amaba solo espiritualmente.
Y defendía ante todo el mundo,
con extraordinaria firmeza
esta convicción suya.
Firmeza y convicción que se le vinieron abajo
en el instante mismo que vio salir desnuda
de la ducha a Alfonsina Fuentes y se le despertó,
arrolladora, de un modo irrefrenable,
la lujuria que hasta entonces
él había mantenido muy mal dormida.

¿DEMASIADO PRONTO, DEMASIADO TARDE? (MICRORRELATO)

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En la importantísima asignatura del amor,
puede ser mayor la equivocación de empezar
demasiado tarde, que la de empezar demasiado pronto.
Por esto al primer síntoma que uno note,
sobre esta necesidad lo más aconsejable es
comenzar inmediatamente su estudio.
Luego dependerá de la capacidad mental,
de la capacidad de aprendizaje de cada uno,
y también del mérito del examinador,
el sacar sobresaliente, sacar aprobado o sacar suspenso.
Aplíquense mucho, estudien con ahínco, amig@s, merece la pena.
Es tan lindo sacar un sobresaliente, tan satisfactorio,
tan maravilloso incluso. 😉

ABRAZARLA ERA LA SOLUCIÓN (MICRORRELATO)

a-abrazarla-era-la-solucion Un hombre comenzó a tener casi todas las noches
una pesadilla que le aterraba.
Sucedía en esa pesadilla que lo separaban,
a pesar de la resistencia que él ofrecía,
de su mujer a la que amaba con locura.
Para que esto no le sucediese en la realidad,
el hombre decidió dormirse manteniéndola
estrechamente abrazada.
La pesadilla desapareció y su mujer dormía feliz
porque este abrazo le significaba
que su marido continuaba amándola.

JUZGAR EL TALENTO (MICRORRELATO)

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Un pintor cercano a los cincuenta años se quejaba amargamente a su madre de que no tenía éxito:
—Yo creo que mis cuadros son buenos, mamá. Los comparo con cuadros de otros artistas que tienen enorme éxito y los míos los considero mejores. Cuando discuto esto con mi galerista, él me dice que quienes tienen que decidir si tengo talento o no son los demás y están demostrando que no lo creen así porque no compran mis pinturas.
—¿Y qué ocurre si los demás no tienen talento suficiente para juzgar si tú tienes talento o no? —trataba de animarle la buena mujer que lo trajo al mundo.
Este infortunado pintor lo que cosechó a lo largo de su vida fue un cruel y continuado fracaso como artista.
Pocos años después de su muerte se pagaban fortunas por los cuadros qué él había pintado y, otros se enriquecieron mientras que él murió en la miseria. Muchos de los que se enriquecieron a su costa fueran los mismos malvados que durante su vida dijeron que sus cuadros no valían nada.
Es muy triste que el talento no se vea recompensado, y es una repugnante inmoralidad que unos pocos se enriquezcan a costa de quien lo tuvo.

LA BREVEDAD DE LA DICHA (PÍLDORAS FILOSÓFICAS)

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La felicidad puede, a menudo,
darnos la impresión
de que huye de nosotros
y por eso no la alcanzamos.
Pero no es así;
solo nos da esa impresión
porque la felicidad
está compuesta de pequeñas,
hermosas chispas fugaces que,
si no les prestamos la atención
que merecen se extinguen,
desgraciadamente, sin dejarnos,
apenas, huella alguna
de su maravillosa existencia.

UN BUEN HIJO (MICRORRELATO)

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Un viejo pescador, cuando quedó imposibilitado para valerse por sí mismo, vino a recogerle el buen hijo que tenía y se lo llevó con él a vivir a un pequeño pueblo varios cientos de kilómetros alejado de la costa.
Un día este hijo encontró llorando a su padre y le preguntó el motivo de su aflicción. El anciano le confesó entonces lo muchísimo que echaba de menos el susurro del oleaje y el olor del mar.
—Padre, yo tengo aquí mi trabajo, mi casa, mi esposa y mis hijos. No podemos abandonarlo todo e irnos a vivir a la costa. Lo comprendes, ¿verdad?
—Lo comprendo, hijo mío, y te agradezco muchísimo lo que estás haciendo por mí. Perdóname por ser tan nostálgico.
El hijo de este anciano lo amaba y sufría viéndole trise. Este hijo adquirió una gran caracola, un ventilador y un ambientador con olor a mar y, cuando veía a su padre en estado de añoranza, le daba la caracola para que se la llevase al oído y escuchase el oleaje, conectaba el ventilador e impregnaba el aire con unos chorros de ambientador con olor a mar.
Con todo esto el viejo pescador cerraba sus cansados ojos y, no viendo que se hallaba muy lejos de todo cuanto amaba, se hacía la ilusión de que realmente estaba donde siempre y volvía a sonreír complacido.

UN PINTOR PRODIGIOSO (FANTASÍA)

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Hubo una vez un pintor cuyo extraordinario
talento le permitía crear obras pictóricas
que igualaban la realidad.
En cierta ocasión plasmó en la pared
de un arriate de su casa un rosal
que parecía tan vivo, que su admirada esposa
lo regaba todas las mañanas junto
a las demás plantas de su jardín.
Un día, el rosal pintado mostró
su agradecimiento dando rosas de verdad
y convirtiéndose así en la obra maestra
del prodigioso artista que lo había creado.

EL MUNDO MÁGICO DE LOS NIÑOS (MICRORRELATO)

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Una madre se acerca al cuarto de su hijo pequeño y lo escucha hablar animadamente, algo que desde hace algún tiempo viene ocurriendo con bastante frecuencia. Abre la puerta y, muy preocupada le dice a su niño:
—Otra vez hablando solo, hijo. No entiendo qué te pasa.
—No hablo solo, mamá —intenta explicarle el pequeño—. Estoy hablando con mi amigo Jimmy.
—Estabas hablando solo —afirma ella enfadada por su negación—. Voy a tener que llevarte a un psiquiatra. Sí, no va a quedarme más remedio.
El pequeño encoge sus hombros. Pasan varios minutos. Cansada de esperar inútilmente una respuesta de su parte, la mujer abandona el dormitorio. El niño se vuelve hacia su amigo, visible para él e invisible para los demás, y le dice, preocupado:
—Creo que esta vez mamá cumplirá su amenaza y me llevará a ver a uno de esos hombres serios con bata blanca, que creen saberlo todo y no saben nada.
Despreocupado Jimmy le tranquiliza:
—Bueno, que te lleve. Le dices a ese hombre de la bata blanca que yo soy un pato y lo volverás loco.
Los dos chiquillos romper a reír divertidos. Los adultos saben poco o casi nada del mundo mágico de los niños.

SORPRENDENTE FIESTA DE NOCHEVIEJA (MICRORRELATO)

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Celia Somoza era una joven poco atractiva, recatada y muy tímida. Como suele ocurrirles a muchas mujeres una vez pasada la barrera de los veinte, a Celia le habían entrado serias ganas de tener novio, casarse y conocer esa experiencia que culmina la realización de la gran mayoría de las personas pertenecientes a su sexo: la maternidad.
Mary Reinosa, su mejor amiga, vino a anunciarle que una antigua compañera del instituto, a la que llevaba varios años sin ver, la había invitado a la fiesta de Nochevieja, que ella y unos amigos suyos daban.
—Me dijo que podía traer a una amiga y, lógicamente, he pensado enseguida en ti.
—¿Qué clase de fiesta es? —Celia sin mostrarse ilusionada.
—Pues será una fiesta como todas. Se bailará, se beberá, se tomarán las uvas… y todo eso.
—No sé, no me apetece mucho estar con gente que no conozco de nada.
Mary se mostró tan persuasiva, tan insistente, que al final Celia aceptó poniendo una severa condición:
—Te advierto que, si el ambiente no es de mi agrado, cogeré un taxi y me volveré a casa.
Llegaron a su destino. Llamaron a la puerta a través de la cual les llegó bullicio de voces y de música. Les abrió un joven vestido de príncipe azul, quién, dando muestras de enorme alborozo las abrazó y las besó.
—¡Bienvenidas seáis!
Todos los asistentes a la fiesta rebosaban alegría, y tanto hombres como mujeres iban vestidos de príncipes. Las dos únicas chicas que vestían ropas ordinarias eran Celia y Mary. A ambas les gustó tanto aquel ambiente que en ningún momento pensaron en marcharse. Bebieron, bailaron, rieron, comieron uvas. Se sintieron felices y, como suele ocurrir en los cuentos de hadas que terminan bien, las dos amigas encontraron en aquel original baile un maravilloso príncipe cada una. Y colorín colorado…

«EN EL FONDO DEL MAR MATARILE, RILE, RILE…» (MICRORRELATO)

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Aquel hombre extraño, solitario y melancólico, murió
sin que tanto hombres como mujeres conocieran el extraordinario
escritor que era, porque él sus libros los escribió con su dedo
índice sobre las eternas olas del mar.
Y lo que asimismo ignoraron de él sus congéneres humanos
fue que su extensa, valiosa obra, quedó eternizada en las profundidades
marinas y, por los siglos de los siglos, sigue gozado, leyéndola,
multitud de admiradas y conmovidas sirenas.
Cosas así suelen ocurrirles a los grandes artistas que, por no hacer
lo mismo que hacen todos los demás, solo los seres muy especiales
reconocen su talento.