NADAL: EL MEJOR DEPORTISTA ESPAÑOL DE TODOS LOS TIEMPOS (ACTUALIDAD)

Foto periódico AS

(Copyright Andrés Fornells)
Rafa Nadal esta tarde realizó una nueva heroicidad: ganar otra vez más el Roland Ga-rros (suma ya 12). Y le vimos vibrar de emoción mientras izaban la bandera de España y se escuchaba el himno que representa a todos los que nos sentimos españoles.
Y Rafa Nadal ganó este nuevo trofeo con extraordinaria valentía, sacrificio, lucha y pundonor, cualidades éstas que desde tiempo inmemorial han caracterizado a tantas personas nacidas dentro de esta piel de toro poblada por gentes diversas, diferentes en costumbres y, en algunos casos, en lenguajes también.
Hoy, unos cuantos millones de españoles (a los que debieron sumarse muchísimos más millones de impresionados extranjeros) admiramos y ensalzamos las especiales, soberbias, inmejorables cualidades humanas y deportivas que atesora este tenista extraordinario y vibramos de emoción con él.
Y yo, personalmente, que tantas veces he admirado a esos deportistas de países extranjeros, que con la mano en el corazón luchan en eventos deportivos por el honor y la exaltación a su país, no sentí más envidia de ellos porque uno de los nuestros, Rafa Nadal, nos representaba a los que sin pasar por el estúpido temor de que, los ciegos fanatizados de turno nos llamen fachas, sentimos amor por la que consideramos nuestra gran patria.
Este modesto escrito lo dedico a los que conservan todavía los sentimientos de tolerancia y el amor a su historia y a su tierra, y se sienten orgullosos de que les representen héroes deportivos de la inigualable talla de Rafa Nadal.
Sé que con lo que acabo de escribir me ganaré algunas enemistades, pero no me importa, porque todo aquel que se rinde a la voluntad de los demás renunciando a sus propios principios y creencias es un cobarde que no merece haber nacido donde nació y nacieron sus ancestros.

SEMANA SANTA, TOLERANCIA, RESPETO Y RELIGIOSIDAD (ACTUALIDAD)


(Copyright Andrés Fornells)
Creo que una forma de intolerancia y arrogante falta de respeto es ir en contra de todo aquello en lo que no se cree, por considerar, quien así obra, que es dueño de la verdad absoluta e indiscutible. Hablo así refiriéndome a todos los que, sin más argumentos que su laicidad, su ateísmo o su agnosticismo, no son capaces de ponerse en el lugar de otros, respetar sus creencias en vez de atacar y condenar porque no les gustan, porque no las comprenden o porque no las comparten, celebraciones como la Navidad, Semana Santa y otros eventos de marcada religiosidad.
Queridos seres humanos, os recuerdo que frente a las numerosas personas que no creen en dios alguno, existe otro enorme número de personas que sí creen en el suyo, en su dios, por lo tanto, merecen el mismo respeto, estos segundos, que aquellos primeros.
Que nadie celebre lo que no quiera celebrar, pero que nadie se meta tampoco con quienes sí quieren celebrar historias que tienen por verdaderas y las aman.
Aceptemos asimismo que algunas de estas fiestas de origen cristiano hay mucha gente que las celebra más por tradición que por religión. Allá cada cual. El derecho a la elección es incuestionable. La libertad individual fue una de nuestras mayores conquistas y tenemos total derecho a practicarla.
Y para finalizar esta insignificante reflexión mía, hagamos todos muy buen uso de la tolerancia y el respeto a los que difieren, discrepan de nosotros, ejerciendo estas dos virtudes que acabo de nombrar y que, si no lo están ya, merecen estar entre las primordiales e imprescindibles. ¡Felices días presentes y futuros a todos, todos, todos!

LAS LLAMAS NO RESPETAN A LAS MARAVILLAS (ACTUALIDAD)

(Copyright Andrés Fornells)
Esto fue hasta ayer mismo, NOTRE-DAME: La catedral de París una de las más importantes obras del gótico. Destacaban en ella su espectacular rosetón y sus bien conservadas gárgolas. Subir a la parte superior de sus torres nos permitía contemplar una espléndida perspectiva de París. En verano solía haber colas tan largas que quienes deseaban visitarla podían caer en la desesperación por la agotadora espera a la que se veían obligados. Aparte de esta famosísima catedral, allí en la isla de la Cité, nació la ciudad de París con el asentamiento de la tribu de los Parisii. Su parte trasera abrazada por un pequeño parque y el Sena la hacen uno de los parajes más bonito y relajante de la ciudad.
Víctor Hugo, entre otros muchos, nos la dio a conocer a quienes vivíamos lejos de ella, a través de una historia de amor imposible, la de Quasimodo y la gitanilla Esmeralda. Ayudemos todos, dentro de nuestras posibilidades, para que esta maravilla, patrimonio de la humanidad, pueda ser reconstruida.