EL NIÑO PERDIDO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Asunción Perales encargó, encarecidamente, a su hija Luisita vigilase al pequeño Tino, su hermanito de seis años.
—Cuida de él no se le ocurra salir a la calle y se moje, que el tiempo está algo loco. Igual llueve que sale el sol.
—Tranquila, mamá, cuidaré de él —dijo la niña que, a sus doce años, consideraba aburrido casi todo cuanto le decía la autora de sus días.
Y en cuanto se cerró la puerta se puso a jugar en su móvil el juego nuevo de la Cenicienta. El juego consistía en encontrar el maravilloso zapatito de cristal que las malvadas hermanastras de Cenicienta le habían escondido.
Tino, ignorado por ella, se entretenía observando cuanto veían sus ojos a través de los cristales de la ventana del salón donde se encontraban ambos. De pronto dejó de llover y el niño descubrió algo que llamó poderosamente su atención. Un brillo ilusionado apareció en sus ojos y, decidido, se dirigió hacia la puerta, la abrió y abandonó la casa.
Luisita, concentrada totalmente en el juego no se percató de este hecho. Fue cuando, con Cenicienta habiendo encontrado finalmente el zapatito oculto, se lo calzó y el príncipe y ella se casaron, que la niña descubrió su hermanito pequeño no se hallaba más en el salón. Con la esperanza de que estuviese en alguna otra estancia de la casa, lo buscó hasta debajo de las camas donde él se había escondido en más de una ocasión descubriendo, aterrada, que no se hallaba en ninguna parte. Angustiadísima, sollozando, comunicó al móvil de su madre lo que acababa de ocurrir.
No menor asustada que ella, Asunción Perales denunció el asunto a la policía e inmediatamente se organizó una batida en la que tomaron parte todos los vecinos y algunas personas más.
Cerca del atardecer, los cansados voluntarios encontraron al pequeño perdido en un bosque, con la ropa mojada y sucia, gimoteando porque tenía hambre, tenía sed, tenía frío y tenía miedo. Su madre lo abrazó sollozando. Luisita lo abrazó llorando. La multitud que los rodeaba, unos derramaban lágrimas y otros reían de contento y alivio.
Hasta que el niño no estuvo en casa, con ropa limpita y seca, y hubo saciado su hambre y su sed, su madre no le preguntó por qué se había marchado de casa.
El pequeño la miró sorprendido, como no entendiendo porque le hacía semejante pregunta, y luego respondió con la mayor naturalidad:
—Vi el arco iris tan bonito, tan bonito, que pensé me gustaría pasar por debajo de él. Creo que estaba a punto de conseguirlo cuando comenzó a llover, el arco iris se cobijo en alguna parte y dejé de verlo.
Esta ingenua explicación les devolvió la sonrisa a la madre y a la hermana, recordando ambas cosas de este estilo realizadas por ellas cuando estaban todavía en la edad de la inocencia y de la crédula fantasía.
Si le ha gustado este relato tal vez le guste también leer mi nuevo libro SED NEGRA. Varios capítulos gratis sobre el mismo en este enlace. https://www.amazon.es/dp/B07GV4WCGG/

OTRA CARTA MÁS PARA LOS REYES MAGOS (MICRORRELATO)

reyes-magoos-fondo-pantalla

OTRA CARTA MÁS PARA LOS REYES MAGOS
Señores Reyes Magos, como veréis por esta nueva carta que os escribo, la constancia es una de mis virtudes más arraigadas. Vosotros, seguramente, como ya habéis hecho con mis cartas anteriores no me haréis el menor caso. Pero yo os escribo animado por ese apotegma consolador de tantos: “Lo último que hay que perder es la esperanza”.
Empezaré diciéndoos que no quiero nada para mí. Me he acostumbrado a vivir tan pobre y austeramente que ya me sobra hasta el hambre que, en ocasiones, padezco.
Y sigo con la mismas peticiones de las otras veces:
Que a los corruptos les caiga la cara de vergüenza aunque por lo dura que la tiene al chocar contra la calzada causen baches.
Que los que han robado el dinero que es de todos los españoles devuelvan hasta el último céntimo, lo tengan en los paraísos fiscales que sea. Para ayudaros a localizarlos os diré unos cuantos paraísos de esos cuyos nombres conozco de escucharlos y leerlos en los medios de comunicación: Andorra, las Islas Caimán, Suiza, Gibraltar y Luxemburgo. El resto tendréis que buscarlos vosotros. Hay muchos más, investigad.
Que no nos traigáis cosas de afuera vuelvo a insistiros. Comprad cosas que hacemos nosotros aquí en España para que así se creen puestos de trabajo en nuestro país y no en otros países para que sus habitantes vivan mejor a costa de que nosotros vivamos peor.
Que deis trabajo a los parados, pues es un crimen que los ciudadanos que quieren trabajar no puedan hacerlo y tengan que vivir de la caridad de sus familiares y, en mucha menor medida a costa del Gobierno que consigue la guita arruinándonos a los que todavía contamos con un empleo.
Que os traigáis una ingente cantidad de píldoras mágicas que desarrollen en quienes las tomen: honradez, vergüenza y arrepentimiento.
Que nos traigáis mejores hospitales, centros de enseñanza y espectadores pacíficos y educados para nuestros espectáculos deportivos.
Que la Justicia sea igual para todos. Para que el robo de un tomate no le signifique cárcel al famélico que lo trincó para comer, mientras pasean orgullosamente por la calles sus ostentosos lujos quienes han robado millones.
Que nuestros desesperados emigrantes regresen a casa porque aquí tenemos trabajo adecuado para todos ellos.
Por favor, señores Reyes Magos, hacedme caso esta vez y no tiréis mi carta al cesto de la basura. Os estaré eternamente agradecido.
Hasta el año que viene.
Firma borrosa por las lágrimas que se me han caído encima de este escrito.

UN NIÑO PIENSA EN LOS REYES MAGOS (ACTUALIDAD)

a-los-reyesmagos2
Cocina de una familia de clase obrera. Sentados, desayunando: un papá, una mamá y un niño llamado Luisito. Luisito lleva un tiempo rumiando algo que quiere decir, pero que no ha dicho todavía temiendo pueda ganarse, de parte de su padre, un papirotazo en el cogote. Por fin, cuando se ha apurado ya el tazón de leche con pan migado, propone con voz insegura y temblorosa:
—¿Por qué no os divorciáis ahora, para los Reyes y volvéis a reconciliaros al día siguiente, el 7 de enero?
A papá se le atraganta la magdalena que está comiendo. Mamá suelta el asa de la taza de café que iba a llevarse a los labios. Ambos miran a su hijo como creyendo que acaba de volverse loco. Papá con un brillo furioso en los ojos le pregunta casi mordiendo las palabras:
—Por qué quieres que nos divorciemos, ¿eh?
—Sí, ¿por qué? —mamá, sin el casi, muerde las palabras de su pregunta.
Luisito, aunque muy azorado, no renuncia a su proyecto.
—Bueno, los papás de David están divorciados y los Reyes Magos le dejan juguetes en casa de su madre y en casa de su padre y por eso recibe el doble de juguetes que yo. Yo no quiero que viváis en dos casas diferentes ni tampoco que os divorcies para siempre, por eso os propongo que os reconciliéis al día siguiente de haber pasado los Reyes.
El papá y la mamá de Luisito se lo quedan mirando perplejos primero, luego se miran entre ellos consideran que lo cavilado por su hijo es una demostración de alta inteligencia, rompen a reír y le dicen que también a él los Reyes le van a dejar juguetes en dos casas, en la suya y en la de sus abuelos.
Luisito da un salto de alegría que lo descabalga de la silla y riendo también abraza a sus padres que, por nada del mundo quiere que hagan lo mismo que han hecho los papás de su amigo David. Él los quiere bien juntos, amándose y amándolo a él.