LAS COPLAS ANDALUZAS MARAVILLOSAS (5)

Juanito Valderrama, cantaor español de estilo aflamencado

fue una de las principales figuras de la copla andaluza.

Mi humilde homenaje, desde aquí, a tan gran artista.

COMO UNA HERMANA

I

Si no te dije: “Te quiero”,

ni he rondado tus balcones,

¿a que me vienes ahora

llorando por los rincones?

Más de cuatro veces

te he dicho, serrana,

que yo solamente

podía quererte

igual que una hermana.

Te debe de dar alegría

saber que te estoy queriendo

como una hermanita mía.

Estribillo

Carita de Madalena,

medallita de marfí,

a mí me da mucha pena

de que tú llores por mí.

Alégrate, Dolorosa,

alégrate, corazón,

que a mí me gustan tus rosas,

pero no las de pasión.

II

¿Por qué, si nunca te hable,

de amores ni casamiento

le vas diciendo a la gente

que falto a mi juramento?

Nunca s´han juntado

tu boca y la mía,

lo mismo que nunca

te he dicho, serrana,

lo que te quería.

Yo no t´he jurao en vano,

tú y yo nos querremos siempre

lo mismo que dos hermanos.

LAS COPLAS ANDALUZAS MARAVILLOSAS (4)

ANTONIO MOLINA

       Malagueño. Patriarca de una saga de artistas. Dueño de una voz prodigiosa y un estilo inimitable para la copla y el flamenco, paseó por el mundo su arte y el amor a la tierra que lo vio nacer. Mi humilde y muy sentido homenaje desde aquí a tan colosal artista.

PESCADORES MALAGUEÑOS

Letra de Ramón Perelló

Música de los maestros Montorio y Gómez

Tira del copo que viene

lleno de plata y de sal;

plata que roba a tu cara,

sal de tu cuerpo juncal.

¡Ay pescador, pescador,

no tengas celos de mí!

Mira que guardo mi amor,

todo mi amor para ti.

A la una, a la una, a la una,

a la una, a las dos y a las tres…

¡Qué bonita se asoma la luna!

¡Qué juntitos, juntitos nos ve!

ESCALERA DESCENDENTE (fragmento de esta novela)

 

           –El nervio olfativo es el único de los trece nervios craneales que va directamente a nuestro cerebro. Por esta razón el sentido del olfato puede despertar nuestras emociones más que ningún otro sentido. El olfato es extraordinariamente complejo y posee tonos psicológicos del que los otros sentidos nuestros carecen. Igual como ocurre con los animales el sentido del olfato en el hombre acostumbra ser extremadamente importante en la caza y el sexo.

     —¿Y cómo se crea un perfume? ¿Hay escuelas donde se estudia esta materia? —pregunté interesada por el tema, pendiente de él aunque con el rabillo del ojo observaba las iluminadas calles que íbamos recorriendo a marcha muy moderada.

           ¿A dónde me llevaría ahora, mi honorable caballero oriental? Nada me había dicho al respecto. ¿De vuelta a mi hotel, quizás? No lo deseaba yo. No deseaba separarme de él. Me sentía en la gloria a su lado. A veces, las personas, tenemos la extraordinaria suerte de establecer un contacto que va más allá de lo físico, pues entra de lleno en la armonía espiritual plena.

         —No hay escuelas de perfumes. Se aprende a mezclar olores en los laboratorios al lado de hombres experimentados y se tarda años en adquirir maestría y siempre, exclusivamente, quienes tengan especiales condiciones para ello. Deben empezar contrastando olores y luego memorizarlos. Hay más de dos mil olores diferentes.  Y hay que tenerlos todos memorizados antes no puede uno empezar sus propias cocciones. Convertir su olfato en un perfectamente clasificado archivo de olores. ¿Sabes cuál es el perfume más vendido en el mundo?

             —Ni idea

             —El Chanel no. 5 creado en 1.923

             —¿Y el más caro, Chang Sue?

          —Los más caros son: Joy, que fue creado antes de la segunda guerra mundial. Su fragancia la compone una fuerte base de jazmín, que es la más cara de todas las bases, y Patou´s Mille.
—¿Por qué hay tanta diferencia de precio entre unos perfumes y otros?
       —Por la calidad de sus ingredientes, claro. La base de los ingredientes de los perfumes baratos puede ser sintética y no de origen natural. La marca con mayor prestigio dentro de la industria del perfume es Guerlain, que es una de las firmas de perfumería más antiguas. Fue fundada en 1.889, Desde entonces ha pertenecido a la familia Gerlain. De su variada gama, mi favorito es  Chamade. La capital del mundo en materia de perfumes es Grasse, en Francia donde hay más de veinte fábricas. Y los perfumes más baratos del mundo son los nuestros.

            Creí notar en esta última afirmación un cierto pesar.

           —En mi país todos los productos chinos son increíblemente baratos.

         —Y en todas partes. Esto es terrible porque nos imposibilita de crear auténtica ca- lidad, aunque año a año estamos mejorando mucho.

        Al detenerse el vehículo miré por la ventanilla y me di cuenta de que estábamos delante de la entrada principal del hotel  donde me alojaba. Me entró una tristeza tan profunda que mis ojos se llenaron de humedad. Tuve que parpadear con fuerza para destruirla. Temía le disgustase verme llorar en aquel momento. Ni él se explicaría mis lágrimas, ni yo sabría tampoco explicárselas.

MI ENTRAÑABLE ABUELA (último fragmento)

 

           Llegamos a la herboristería de la plaza Mayor. Mil olores diferentes nos marearon el olfato. Entre las cuatro personas que aguardaban ser despachadas se encontraba, acompañado de su flatulenta madre, el Tomasón, un compañero de clase con el que me llevaba peor que regular desde que él me ganó dos pelea seguidas que tuvimos durante el recreo en el patio del cole. Inmediatamente una idea malvada anidó en mi cabeza.

         —Mira que grano más grande me ha salido aquí, Tomasón —dije por mi abultado bolsillo.

         Él, que era más bruto que el asesino de Julio César, de un violento manotazo me descosió la mitad del bolsillo y, poniendo cara de listo, manifestó:

         —No es un grano, embustero. Es una manzana. Y muy manzana muy grande y colorada. Debe estar de buena.

          Nadie está libre, en un momento dado, de ser dominado por el espíritu de la mal- dad. Por lo que yo había aprendido de algunos cuentos leídos, salen siempre perjudicados de las manzanas malignas quienes se las comen. Así que, sintiéndome a la vez, serpiente del Paraíso y madrastra malvada, ofrecí tentador:  

           —Si la quieres, te la doy.

     —¿Por qué no quieres comértela tú? —pregunto él, suspicaz ante tan notoria generosidad por mi parte.

           Con mucha astucia saqué barriga y mentí con el mayor descaro:

          —Es que estoy que reviento, oye. Dos más grandes que ésta me he comido ya.

        Dio él otro  tirón salvaje  y  se quedó con la fruta dejándome a mí con el bolsillo colgando.

           —¡Jopa, qué rica está! —exclamó tras darle la primera y feroz dentellada.

        Viéndole comerla tan a gusto, pensé si no habría sido una estupidez por mi parte  habérsela dado. Cuando terminó la compra su madre, a él sólo le quedaba el corazón de la fruta.

         —Adiós, tonto del culo —fue la despedida del muy desagradecido.

         El Tomasón no apareció por clase los tres días siguientes. Uno que vivía en su calle me contó que le había dado una cólico tan terrible que a punto había estado de echar la vida por las patas abajo. Sentí remordimientos y también alivio porque me había librado de una buena. 

         Mi abuela, tal como le había indicado la Nati, acuchilló al Maligno dentro de un plato con aceite y agua al tiempo que murmuraba una oración secreta.

         Ese año no tuvimos más contratiempos. A mi abuela se le apañó el pie hasta el punto de poder jugar al futbol conmigo en el patio de casa, mis progenitores y mi hermano Miguel encontraron trabajo, la huerta de mi abuelo se convirtió en un vergel, a Valentina se le apañó por completo el vientre, Linda tuvo unos cachorritos preciosos, a Retal, para asombro de todos volvió a crecerle el rabo arrancado por el salvaje Caníbal, y yo, más prodigioso todavía que todo lo anterior, saque sobresaliente en todas las asignaturas, incluida la de mate.

        —Abuela, ¿por qué tiras el líquido que acuchillas dentro del plato, siempre por en- cima del hombro izquierdo? —le pregunté curioso.

      —Es que por encima de ese hombro se nos arrima el Maligno cuando viene a tentarnos con cosas malas.

         Por culpa de mi idolatrada abuela Rosa, todavía en la actualidad, pasados un montón de años desde entonces, giro a veces la cabeza por encima del hombro izquierdo temiendo encontrarme con la feísima cara de ese cornudo enredador.

MI ENTRAÑABLE ABUELA (segundo fragmento)

       —Pues, hija, me ha pasado que el  canalla del Maligno me empujó y tiró al suelo en la cocina de casa. Vamos, que no me maté de milagro.

       —¡Ave María purísima! ¿Has ido ya a que te vea el médico, Rosa?

    —¡Digo! Y verás tú qué me mandó. Me mandó reposo. Figúrate. ¿Qué reposo puede tener una mujer viviendo en una casa, con cuatro hombres, a cuál de ellos más puerco?

       —Igual me pasa a mí, hija. Sólo que, en mi caso, son cinco los puercos.

       —¡Ay!, pobres de los viejos; ya sólo nos queda confiar en la misericordia divina.

       —Gracias, María. Qué buen corazón  has tenido  siempre.

       Los doscientos metros existentes desde la primera casa del pueblo hasta la calle del Búho donde, en el número 13 vivía la Nati, la cartomántica, tardamos media hora en recorrerlos.

        Mi abuela apretó el timbre de la puerta, y yo, del miedo que tenía, deseé en aquel momento volverme invisible.

        Y la Nati abrió la puerta. La Nati parecía a primera vista una inofensiva, fea y regordeta ama de casa de mediana edad. Hasta que te clavaba esa mirada suya, tan penetrante que la sentías meterse dentro de ti y registrarte hasta el último rincón del alma.

        —¡Cuánto me alegra verla por aquí, Rosa!

      —¡Ay, hija, vengo a ver qué puedes hacer por mí! Mira mi pie. Una calabaza confitera parece. Y por si esto fuera poco, el cabrón del Maligno se nos ha metido en casa y no ganamos para desgracias.

       —Con la ayuda de Dios, las dos cosas las vamos a arreglar, Rosa. ¿Tu nietecito? —añadió dirigiéndome su taladrante mirada, bajo la cual yo me fui arrugando como un acordeón que le van quitando el aire.

         —El más chico. Ya ves. Ellos tirando para arriba, y nosotras para abajo.

         —Ley de vida, Rosa. Como debe ser. Venga, pasad, pasad.

          A mí me dejaron en el salón-comedor, que apestaba a col hervida y a garbanzos pedorreros, y ellas se metieron en el cuarto donde la Nati hacía sus brujerías. Había allí en el salón-comedor varios cuadros con flores, un televisor y algunos muebles. También había un frutero lleno de lustrosas manzanas que despertaron de inmediato mi apetito. Sin embargo, las ganas de comerme una entraron en liza con el miedo a que estuvieran envenenadas como las manzanas de la madrastra de Blancanieves. Me cansé pronto de balancear las piernas entre las patas de la silla donde estaba sentado, de rascarme picores de aburrimiento y de buscar cositas en los agujeritos de mi nariz y, por fin, porque la tentación a cierta temprana edad es casi imposible vencerla, metí una de aquellas manzanas coloradotas dentro del bolsillo de mis pantalones cortos. Justo había terminado el hurto, cuando mi abuela y la pitonisa aparecieron donde yo estaba. Y esta última dirigiéndome una de sus perforadoras miradas, me aterrorizó diciendo:

        —Procura ser bueno, niño, porque el que mal anda, mal acaba.

       Se me atragantó todo posible vocabulario y lo único que pude hacer fue echarme a temblar. Y cuando estuvimos ya en la calle, recobré el habla perdida y pude preguntarle a mi abuela, con más susto que otra cosa:

       —Abuela, ¿tú crees a la Nati capaz de echarle mal de ojo a una persona que no le caiga bien?

        —¡Bah, habladurías de la gente! La Nati es una buena mujer —rechazó ella.

COPLAS ANDALUZAS MARAVILLOSAS

LA MUERTE DEL PIYAYO

Letra de M.Montes

Música de Juanito Valderrama

Ven acá, remediaora

de mis penas y mis males,

que si tú no los remedias

no me los remedía nadie.

Mare, se ha muerto el Piyayo,

aquel gitano reviejo,

de pelo blanco y rizao

como vellón de cordero.

Aquel calé retostao

por tos los soles y viento

que pa mantener a su gente

no daba descanso al cuerpo.

Aquel que con la sonanta

ocultaba el sufrimiento

cantando por bulerías

mientras vivía muriendo,

por una gitana guapa,

que era de su alma espejo,

sangre de su misma sangre,

se marchó lejos, muy lejos…

¡Ay, la chavala cañí,

cuánto daño le hizo al abuelo!

Mare, se ha muerto el Piyayo,

¡quién amparará a los nietos!