UNA CHICA PERFECTA

Una chica perfecta

           La vio salir de una tienda y, al instante su corazón enloqueció. Pudo sentirlo dentro de su pecho advertirle, a golpes de trueno, que aquella era la mujer de su vida. La que había soñado infinidad de veces. Decidió seguirla. Un sabio presentimiento, le avisó de que si la perdía nunca más volvería a verla, hecho que lamentaría ya para siempre. La vida le había enseñado, que las cosas realmente buenas deben cogerse cuando se presentan, porque casi nunca repiten una segunda vez. Debía superar su timidez y hablarle. Pero ¿qué decirle que no le escandalizara, asustara, o molestara? <<Señorita, si usted y yo nos uniéramos, nunca más estaríamos solos, ¿verdad?>> Esto le parecería una solemne estupidez. Ella se detuvo junto a la marquesina de la parada del autobús. Ahora era el momento, o se arrepentiría el resto de su existencia. Se acercó hasta quedar delante de la joven. Ella levantó hacia él sus hermosos ojos, un brillo interrogante asomado a ellos.

—Tal vez la sorprenda lo que voy a decirle, señorita, tal vez no me crea, pero le juro que es la pura verdad: la llevo buscando toda mi vida.

Ella le dirigió la más luminosa sonrisa que él había visto jamás en boca femenina alguna, y respondió ilusionada.

—Que maravilloso es encontrar y ser encontrado. Un auténtico milagro.

Él sintió de repente que las olas de la duda le empujaban hostilmente en otra dirección. Y sufrió el inevitable temor de haberse equivocado.

UNA AVENTURA ESPECTACULAR (tercer fragmento)

          Transcurrieron un par de segundos de expectante silencio y de repente se abrió la puerta para dar paso a un botones con una llave en su mano, y detrás de él entró un individuo gigantón embutido dentro de una gabardina color marfil y con un maletín de cuero negro en su mano. Sobre la identidad de este último intruso se enteró inmediatamente Pepe Fiestas al exclamar Diana, aterrada:

        —Oh, God! Mio marito!

        Mientras el joven empleado del hotel quedaba paralizado de estupor, los ojos a  punto de salírsele de las órbitas y la boca descolgada un palmo, en la habitación se inició una actividad febril. El marido de la adultera dejó caer el maletín, lanzó un rugido de fiera rabiosa, al que no habría puesto ningún pero el más enfurecido de los leones, y que sirvió para helar la sangre que circulaba por las venas del aterrado Pepe Fiestas que, viéndole venir hacia él con el evidente deseo de matarle reflejado en sus furibundos ojos, dio un espectacular salto en el aire, eludió las manazas que buscaban su cuello y salió disparado hacia la puerta. Diana, mientras, aterrorizada, se puso a chillar histéricamente.

        Paco Fiestas, totalmente desprovisto de ropa corrió como una exhalación por el pasillo  donde se estaban abriendo ya muchas puertas por las que asomaban rostros alarmados. No se entretuvo en esperar el ascensor.  Estaba en juego su vida y cada segundo le era vital. Cogió las escaleras y, como si se tratase de una nueva modalidad olímpica, fue saltando a velocidad de vértigo y con temeridad suicida, los escalones de seis en seis. Su hombría campaneaba de un lado a otro como un cencerro loco.

          Al llegar al final de la escalera, el pudor frenó un segundo al fugitivo. Al otro lado de la acristalada puerta junto a la se había detenido, se hallaba el vestíbulo del hotel abarrotado de gente vestida. ¡Era para morir de vergüenza  exponerse  delante de todo aquel gentío, tal como lo había parido su buena madre! Pero escuchó a sus espaldas un ruido parecido a pisadas de elefante, y el recato se le esfumó. Abrió la puerta, se tapó con ambas manos la entrepierna —tan orgullosa unos minutos antes y tan humilde y descolgada en aquel momento— cruzó el repleto salón sembrando con su desnudez enorme sorpresa que se tradujo  en chillidos femeninos de muy diversa índole y airados insultos masculinos.

           La gran puerta principal se hallaba en aquel momento de par en par. Pepe Fiestas salió por ella veloz como un cohete. Afuera había dos taxis.  Se metió en el primero de ellos y le suplicó al taxista:

         —¡Por favor, salga usted pitando de aquí o será testigo de mi asesinato!

         El profesional de volante  mostró desconfianza.

       —¿Cómo sé yo que no ha cometido usted algún delito digno de ser castigado? La gente honrada no va por ahí desnuda.

        —El único delito que he cometido es dejar que una tía me sedujera y, mientras ella me estaba exprimiendo igual que a un limón, ha llegado su marido. ¡Por su santa madre, buen hombre, arranque! ¡Ya está ahí el tío cabrón que quiere matarme!

          El taxista miró hacia dónde le señalaba Pepe Fiestas y vio a un mastodonte de más de dos metros de estatura, ancho como un armario de cuatro puertas y cuya mirada criminal buscaba al que perseguía.

      —Desde luego tiene cara de asesino el tío. Que poco moderno es el muy cabrón —reconoció el profesional de volante, pisando el acelerador a fondo.

       —Muy poco moderno —convino Pepe Fiestas—. Hay tíos  que  se han quedado anclados en la época de las cavernas.

         Este intercambio de opiniones liberales y vanguardistas satisfizo a ambos, pues hicieron causa común. El taxista también era soltero.

 

UNA AVENTURA ESPECTACULAR (segundo fragmento)

           Miguelito les vio a los dos encaminarse hacia el ascensor, con ojos cargados de envidia. <<¡Qué potra tiene el cabrón de Pepe! ¡No más llega el tío, y besa el santo!>>

          Lo mismo que él estaba pensando su amigo dentro de la caja metálica dando y recibiendo besos como si la extranjera y él estuvieran ambos tomando parte en una competición con premio importante para el mejor.

        La habitación de la turista se hallaba situada en la cuarta planta. Más entretenidos en el cambio de caricias que en el de ganar terreno,  tardaron veinte minutos en recorrer los escasos diez metros de distancia que existían desde el ascensor al aposento de su inesperada pareja. Mientras ella, encendida de pasión abría la puerta con su llave, comunicó a su acompañante:

        —Mi llama Diana.

        —Un gustazo. El nombre mío es Pepe. Pepe el cariñoso.

        —¿Cariñoso?

         La palabra no le había sonado a ella. Pepe Fiesta trató de traducirlo al idioma inglés:

        —Pepe, the big lover.

        —Oh, esto sí gusta mí mucho. Big lover

    Entraron dentro de la habitación. Diana tiró su bolso encima de una silla y a continuación  rodeó con sus brazos el cuello del ligón, que a su vez le rodeó las dos firmes circunferencias que le sobresalían a ella nada más finalizar su espalda. Dieron los dos varios giros muy coreográficos intercambiando besos de tornillo antes de terminar aterrizando sobre la mullida cama.

        Presos de una misma urgencia, se afanó cada uno de ellos en la tarea de desvestir al otro lo más rápido posible.

        Y a partir del momento que lograron ambos la desnudez total, sus besos y caricias fueron abrasantes, salvajes, desesperadas, mientras intercambiaban posiciones pasando el dominador a ser dominado, y viceversa. No tardando mucho en alcanzar el objetivo final: el acoplamiento perfecto.

         Pero fue la suya una actuación demasiado ansiosa, apresurada y rápida, que les llevó casi en seguida a la explosión relajante.

         —Pequeño descanso, gitano, y otra vez trico-traco, ¿sí? —murmuró Diana, jadeante todavía.

         —Cuenta conmigo, mi alma —rió Pepe Fiesta, muy complaciente y complacido.

         —Mi despierta ahora, pajarraco dormido. ¿Tú gusta?

     —Con locura, reina  mía. Lo de pajarraco me ha encantado. Pajarito  me habría resultado ofensivo.

         Diana tenía la boca llena y optó por no decir nada, o mejor dicho por exteriorizar algo parecido a gorgoritos.

         De pronto escucharon un ruido junto a la puerta. Volvieron hacia ella la cabeza, intrigados.

UNA AVENTURA ESPECTACULAR (primer fragmento)

        Música, bullicio, risas y alcohol. El bar del hotel Sargazos se hallaba, igual que todas las noches, muy concurrido. Contribuía a ello el hecho de que la gran mayoría de los clientes que lo frecuentaban eran turistas alojados en el mismo establecimiento.

        Atendía la barra un camarero de cabeza amelonada, cuyos ojos hundidos y espesas cejas salidas, delataban muy a las claras su ascendencia troglodita.  De pronto, mientras se exhibía agitando a ritmo de chachachá la coctelera en cuyo interior se mezclaban los ingredientes correspondientes al cóctel que pusieron de moda los norteamericanos con el nombre de Manhattan, se le animó la mirada al posarla en la persona que en aquel momento se acercaba a la barra. Se trataba de su amigo Pepe Fiestas.

            —¡Joder, qué alegría me da verte, amigacho! —saludó.

        —Pues la mía de verte a ti, no cabe aquí dentro, Miguelito —respondió, jovial,  el recién llegado realizando con su mano un gracioso gesto giratorio que significaba el establecimiento al completo.

          Soltaron ambos sendas carcajadas jubilosas.  El camarero quitó el tapón a la coctelera y vertió su contenido dentro de una copa de fino cristal. Hecho esto, se la sirvió a un hombre mayor que se agarraba a la barra, como un naufrago a una tabla salvadora.

          —¿Qué te pongo, Pepe?

          —Sorpréndeme con alguna de sus maravillosas creaciones, Miguelito.

          —Te voy a preparar un coctel que te vas a cagar patas abajo.

       —Pues antes de prepararlo, compañero, suminístrame un buen rollo de fino papel higiénico, por si acaso.

          Dieron de nuevo protagonismo a su risa.

           Mientras su amigo iba metiendo dentro de la coctelera chorros de licores diferentes, Pepe Fiestas recorrió con mirada de gavilán su entorno. Tenía veinticinco años, era esbelto de cuerpo y hermoso de rostro. Vestía unos ajustados pantalones blancos, marcando trasero, y una chillona camisa más floreada que un jardín en primavera. Pepe Fiestas se consideraba un conquistador de éxito, y razones le sobraban para ello, pues eran ya tantas las hembras que llevaba gozadas, que había perdido la cuenta.

         Miguelito, esta vez agitó la coctelera al ritmo del merengue que lanzaban al aire los altavoces estratégicamente distribuidos por el interior del establecimiento. Finalmente, desde una altura considerable, remató su pericia dejando caer el contenido del recipiente mezclador dentro de un vaso largo, la boca del cual adornó con una rodaja de naranja entregándoselo a continuación a Pepe Fiesta, que ensalzó merecidamente su mérito:

       — ¡Joder qué show, Miguelito! ¡De película, tío!

       —El que sabe, sabe, Pepe. Y el que no al cole, que para eso están.

       Pepe Fiestas echó un trago, chasqueó la lengua, puso cara de alucinado y exclamó:

    —¡De puta madre, colega! Esto es bueno hasta para poner tiesos los plátanos melancólicos y decaídos.  ¿Qué lleva: dinamita?

         Nueva explosión de hilaridad a dúo, que interrumpió la llegada al mostrador de una mujer de bandera, y que se colocó justo al lado de Pepe Fiestas.

        —Una güisqui, por favor, camarero —pidió ella a Miguelito, empleando un español cargado de acento extranjero.

        Mientras el barman se lo preparaba, su amigo Pepe Fiestas le dio un buen repaso visual a la forastera. Melena rubia, ojos azules, boca carnosa y una exuberante arquitectura corporal encerrada dentro de un ajustado vestido rojo.

       Con el vaso de güisqui ya en su mano, la belleza se volvió hacia Pepe Fiestas y acompañándose de una sonrisa cachondísima le preguntó:

            —¿Tú piensas mí estoy buena?

        —Yo pienso tú estar más que buena. Tú estar buenísima, princesa —replicó Pepe Fiestas usando igual que ella el lenguaje indio, al tiempo que la devoraba con la mirada.

        —Mi gusta tú —declaró ella sin cortarse lo más mínimo—. ¿Tú gitano?

        —Yo seré lo que tú quieras, mi alma.  Menos vikingo, por lo de los cuernos.

        —A mí gusta mucho gitano. ¡Olé! Gitano tiene temperamento de fuego.

           Acompañó ella esta afirmación dando un giro aflamencado con los brazos en alto.

        —Si lo que a ti te gusta, guapísima, es el fuego, acabas de dar con un volcán a punto de erupción —Pepe Fiesta, embalado.

        —A mí gusta mucho apagar volcán. Mi estar muy sola. Marito mío marchar ayer. Negocios. ¡Malditos negocios!

        —La soledad es una cosa muy mala, muy triste, mi alma. Aquí me tienes tú a mí dispuesto a hacerte toda la compañía que tú quieras.

         Ella lo examinó de arriba abajo. Movió aprobadoramente la cabeza. Se terminó de un largo trago el contenido de su vaso y decidió:

           —Tú viene conmigo habitación, ¿sí?

           —Yo voy contigo hasta el fin del mundo, mi reina —entusiasmado el ligón.

LAS COPLAS ANDALUZAS MARAVILLOSAS (5)

Juanito Valderrama, cantaor español de estilo aflamencado

fue una de las principales figuras de la copla andaluza.

Mi humilde homenaje, desde aquí, a tan gran artista.

COMO UNA HERMANA

I

Si no te dije: “Te quiero”,

ni he rondado tus balcones,

¿a que me vienes ahora

llorando por los rincones?

Más de cuatro veces

te he dicho, serrana,

que yo solamente

podía quererte

igual que una hermana.

Te debe de dar alegría

saber que te estoy queriendo

como una hermanita mía.

Estribillo

Carita de Madalena,

medallita de marfí,

a mí me da mucha pena

de que tú llores por mí.

Alégrate, Dolorosa,

alégrate, corazón,

que a mí me gustan tus rosas,

pero no las de pasión.

II

¿Por qué, si nunca te hable,

de amores ni casamiento

le vas diciendo a la gente

que falto a mi juramento?

Nunca s´han juntado

tu boca y la mía,

lo mismo que nunca

te he dicho, serrana,

lo que te quería.

Yo no t´he jurao en vano,

tú y yo nos querremos siempre

lo mismo que dos hermanos.

LAS COPLAS ANDALUZAS MARAVILLOSAS (4)

ANTONIO MOLINA

       Malagueño. Patriarca de una saga de artistas. Dueño de una voz prodigiosa y un estilo inimitable para la copla y el flamenco, paseó por el mundo su arte y el amor a la tierra que lo vio nacer. Mi humilde y muy sentido homenaje desde aquí a tan colosal artista.

PESCADORES MALAGUEÑOS

Letra de Ramón Perelló

Música de los maestros Montorio y Gómez

Tira del copo que viene

lleno de plata y de sal;

plata que roba a tu cara,

sal de tu cuerpo juncal.

¡Ay pescador, pescador,

no tengas celos de mí!

Mira que guardo mi amor,

todo mi amor para ti.

A la una, a la una, a la una,

a la una, a las dos y a las tres…

¡Qué bonita se asoma la luna!

¡Qué juntitos, juntitos nos ve!

ESCALERA DESCENDENTE (fragmento de esta novela)

 

           –El nervio olfativo es el único de los trece nervios craneales que va directamente a nuestro cerebro. Por esta razón el sentido del olfato puede despertar nuestras emociones más que ningún otro sentido. El olfato es extraordinariamente complejo y posee tonos psicológicos del que los otros sentidos nuestros carecen. Igual como ocurre con los animales el sentido del olfato en el hombre acostumbra ser extremadamente importante en la caza y el sexo.

     —¿Y cómo se crea un perfume? ¿Hay escuelas donde se estudia esta materia? —pregunté interesada por el tema, pendiente de él aunque con el rabillo del ojo observaba las iluminadas calles que íbamos recorriendo a marcha muy moderada.

           ¿A dónde me llevaría ahora, mi honorable caballero oriental? Nada me había dicho al respecto. ¿De vuelta a mi hotel, quizás? No lo deseaba yo. No deseaba separarme de él. Me sentía en la gloria a su lado. A veces, las personas, tenemos la extraordinaria suerte de establecer un contacto que va más allá de lo físico, pues entra de lleno en la armonía espiritual plena.

         —No hay escuelas de perfumes. Se aprende a mezclar olores en los laboratorios al lado de hombres experimentados y se tarda años en adquirir maestría y siempre, exclusivamente, quienes tengan especiales condiciones para ello. Deben empezar contrastando olores y luego memorizarlos. Hay más de dos mil olores diferentes.  Y hay que tenerlos todos memorizados antes no puede uno empezar sus propias cocciones. Convertir su olfato en un perfectamente clasificado archivo de olores. ¿Sabes cuál es el perfume más vendido en el mundo?

             —Ni idea

             —El Chanel no. 5 creado en 1.923

             —¿Y el más caro, Chang Sue?

          —Los más caros son: Joy, que fue creado antes de la segunda guerra mundial. Su fragancia la compone una fuerte base de jazmín, que es la más cara de todas las bases, y Patou´s Mille.
—¿Por qué hay tanta diferencia de precio entre unos perfumes y otros?
       —Por la calidad de sus ingredientes, claro. La base de los ingredientes de los perfumes baratos puede ser sintética y no de origen natural. La marca con mayor prestigio dentro de la industria del perfume es Guerlain, que es una de las firmas de perfumería más antiguas. Fue fundada en 1.889, Desde entonces ha pertenecido a la familia Gerlain. De su variada gama, mi favorito es  Chamade. La capital del mundo en materia de perfumes es Grasse, en Francia donde hay más de veinte fábricas. Y los perfumes más baratos del mundo son los nuestros.

            Creí notar en esta última afirmación un cierto pesar.

           —En mi país todos los productos chinos son increíblemente baratos.

         —Y en todas partes. Esto es terrible porque nos imposibilita de crear auténtica ca- lidad, aunque año a año estamos mejorando mucho.

        Al detenerse el vehículo miré por la ventanilla y me di cuenta de que estábamos delante de la entrada principal del hotel  donde me alojaba. Me entró una tristeza tan profunda que mis ojos se llenaron de humedad. Tuve que parpadear con fuerza para destruirla. Temía le disgustase verme llorar en aquel momento. Ni él se explicaría mis lágrimas, ni yo sabría tampoco explicárselas.