MI AMIGO LUCIO CAMPANA VIO A DIOS (MICRORRELATO)

dios

 

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)

Una noche de cigarrillos, cervezas y confidencias, mientras estábamos sentados a una de la media docena de mesas con que contaba el bar Chihuahua, situado en pleno corazón del Bronx (establecimiento con clientela mayoritariamente hispana) que frecuentábamos, mi amigo Lucio Campana me contó que un día, mucho tiempo atrás, mientras plantaba unas matas de tomate en su pequeña huerta, se produjo a muy corta distancia de él un asombroso resplandor y del centro de ese resplandor apareció una figura que inmediatamente él reconoció que era Dios. Y Dios con una voz muy comedida y agradable le dijo a modo de blanda reprimenda: “Llevas ya algún tiempo agobiando a mi madre, la Virgen de Guadalupe, con que me diga que deseas verme para pedirme algo. Bueno, para que no la molestes más, aquí estoy yo para escucharte. Di qué quieres pedirme”.
—Jope, compadre, esto es para no creerlo —le dije sinceramente, incrédulo.
—Pues créelo porque lo que te estoy diciendo es tan cierto como que ahora estamos tú y yo aquí en el bar Chihuahua pasándolo bien.
—Vale. Haré como que te creo. Sigue –le animé yo que nadie sabe cuanto me cuesta decirle embustero a quien sea.
—Bien, sigo. Y entonces yo le dije a Dios que mi interés verle era para preguntarte: ¿Por qué permites que otros se hagan ricos y yo no? ¿Es que acaso yo lo merezco menos? Y Él, Dios, muy serio, casi enfadado me respondió: “No te hago rico porque eres uno de mis hijos favoritos y no quiero que pierdas tus buenos sentimientos explotando a la gente humilde para hacerte rico y destrozarte el cuerpo y el alma con los numerosos vicios a los que te abocaría la riqueza. Confórmate con el extraordinario privilegio que acabo de concederte”. ¿Pero que privilegio ni que niño muerto? —protesté  yo disgustado. Y Él me contestó convincente: “El privilegio de haberme visto. ¿A cuántos conoces que hayan tenido este privilegio que yo acabo de concederte?” Tuve que admitir que a ninguno. “Pues confórmate con eso, y deja de molestar a mí madre, que a ti tampoco te gustaría que yo molestase continuamente a la tuya. ¿Cierto?” Reconocí que tenía razón. Él entonces me bendijo se metió dentro de aquella especie de enorme huevo de luz cegadora y desapareció.
Yo dejé escapar un suspiro y no supe si sentir lástima de Lucio Campana o envidia. Yo soy uno de esos muchos que nunca ha visto a Dios.
Busqué al camarero con la vista. Lo localicé. Él me vio y entonces le enseñé dos dedos. Al minuto siguiente él nos servía otro par de cervezas.
A partir de aquel momento Lucio Campana y yo nos pusimos a hablar de fútbol. En esta materia podíamos estar parejos. Los dos habíamos visto los mismos goles de nuestro equipo favorito.

ELLA SE LE QUEDÓ ENCERRADA EN EL ESPEJO (MISTERIO) -MICRORRELATO-

mujer-frente-al-espejo

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)

Rómulo era un joven romántico, sentimental y soñador. Durante una semana no se presentó al trabajo. En la empresa donde prestaba sus servicios quisieron averiguar las causas de su absentismo laboral y lo llamaron repetidas veces por teléfono, inútilmente. Los vecinos, extrañados por esta circunstancia y porque habían dejado de verle, llamaron a su madre.
—No queremos alarmarla, señora; pero su hijo ha dejado de ir a trabajar y hace días que no le vemos. Le avisamos por si existe la posibilidad de que le hubiese ocurrido alguna desgracia dentro de su apartamento. Desde que lo abandonó su mujer estaba muy raro. No nos devolvía el saludo, andaba como sonámbulo y parecía no estar más en este mundo.
—Ay, Señor, marcho a la estación de autobuses inmediatamente. Y no permita  Dios haya cometido este hijo mío alguna barbaridad –temió aquella angustiada madre–. Estaba tan locamente enamorado de la insensata de su mujer que se le ha hecho insoportable su abandono.
Tras dos horas de viaje, la preocupada madre llegó a la vivienda de su hijo y en-tró allí con la llave que ella tenía. Lo primero que vio nada más entrar, fue lo sucia y abandonada que estaba la vivienda. El miedo a una posible tragedia invadió su corazón. ¿Encontraría a su hijo muerto?
Abrió la puerta de su dormitorio y allí estaba él, delgadísimo (llevaba más de una semana sin comer) sentado en una silla delante del gran espejo del armario ropero, inexpresivo su rostro y con los ojos extraviados, fijos en él.
—¿Qué te ocurre, hijo de mi alma? —le  preguntó profundamente asustada  por su depauperado aspecto.
—Nada. No me ocurre nada, mamá. Estoy aquí con Alba. La tengo encerrada en el espejo y no quiero separarme un instante de él para que ella no pueda cumplir su amenaza de marcharse y dejarme solo. La quiero tanto que, si la perdiera, me moriría de tristeza.
La pobre mujer, rompiendo en sollozos, se puso a buscar el su móvil el número de un psiquiátrico.

TERESA CREÍA TENER UN ESPEJO MÁGICO (MICRORRELATO)

espejo MIO

 

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)

Teresa poseía un espejo que ella consideraba mágico. Pasaban los años y el espejo le mostraba siempre que se miraba en él, una imagen joven, lozana y hermosa. Un día se llevó un disgusto de muerte porque unos ladrones entraron en su casa y le robaron, además de algunas joyas de poco valor, el espejo que ella creía mágico.
—¡Oh, Dios, nunca más volveré a verme joven, lozana y hermosa! —se lamentó profundamente entristecida.
Considerándolo una necesidad, Teresa adquirió un espejo nuevo y, nada más llegó a su casa se dispuso a afrontar el horror que, por el paso del tiempo, mostraría su rostro al mirarse en él. “Será espantoso, terrible, deprimente. Me veré vieja, fea y arrugada”.
Pero cuando armándose de valor se enfrentó a la superficie azogada experimentó una agradabilísima sorpresa. Al igual que le ocurría con el espejo que le habían robado , en el espejo recién adquirido se vio joven, lozana y hermosa.
Y entonces Teresa descubrió que no existía magia en ningún espejo sino que la magia consistí en como sus ojos querían verla, y con ello recobró la ilusión y la confianza en sí misma que había estado a punto de perder.

UNA LOCURA QUE LEONOR NO PERDONÓ (MICRORRELATO)

zaqueo

(Copyright Andrés Fornells)

Sandro, el novio de Leonor, ella reconocía que cometía locuras, pero las soportaba porque le parecían divertidas y porque creía estar segura del amor de él. Un día que iban ambos caminando por el parque, Sandro se subió a lo alto de un árbol y comenzó a piar alegremente como si fuese un pájaro. Fue la gota que colmó el vaso de la tolerancia de Leonor que, furiosísima. le gritó:
—¡Hemos terminado!
Y es que Leonor no le perdonó que él le hubiese estado, desde lo alto del árbol, piando a otra joven.

LAS 10 COSAS QUE MÁS EXASPERAN A UN AMA DE CASA (MICRORRELATO)

AMA DE CASA

(Copyright Andrés Fornells)

1ª QUE LOS MIEMBROS DE SU FAMILIA ENTREN EN LA VIVIENDA CON LOS PIES SUCIOS DE BARRO Y PONGA EL SUELO PERDIDO.
2ª QUE LOS MIEMBROS DE SU FAMILIA LE SAQUEN DEFECTOS A LAS COMIDAS QUE PREPARA.
3ª QUE NO TENGAN NUNCA RECONOCIMIENTO NI ELOGIOS PARA ELLA Y, EN CAMBIO, ELOGIEN A OTRAS MUJERES DE LA FAMILIA E INCLUSO ELOGIEN A VECINAS.
4ª QUE LE RECRIMINEN CUALQUIER PEQUEÑO RETRASO PREPARÁNDOLES COSAS QUE PODÍAN PREPARARSE LOS DEMÁS MIEMBROS DE SU FAMILIA QUE CUENTAN, AL IGUAL QUE ELLA, CON DOS MANOS PARA PODER PREPARÁRSELAS ELLOS.
5ª QUE LA ATOSIGUEN TODO EL TIEMPO PIDIÉNDOLE COSAS: MAMÁ, MÁS PAN; MAMÁ ME URGE ME LAVES Y PLANCHES LA CAMISETA DE LOS EXTRATERRESTRES; MAMÁ ME PROMETISTE IR A LA TINTORERÍA A RECOGER MI CHAQUETA Y LA NECESITO PARA EL SÁBADO…
6ª QUE NO LA FELICITEN PARA SU CUMPLEAÑOS Y ENCIMA TENGAN LA MALA LECHE DE MENCIONAR CUANTOS CUMPLE Y ENCIMA, SI SE ACUERDAN LE REGALEN UNA BARATIJA QUE NI UNA CRIADA AGRADECERÍA.
7ª QUE NI EL MARIDO NI SUS HIJOS LA SAQUEN NUNCA A TOMAR UNA COPA O A VER UN ESPECTÁCULO INTERESANTE O DIVERTIDO. DRAMÁTICO YA LE BASTA CON SU ESCLAVIZADA EXISTENCIA
8ª QUE EN LAS VACACIONES ALQUILEN UN APARTAMENTO Y, PARA AHORRAR, TENGA ELLA QUE COCINAR, LAVAR Y DEMÁS FAENAS COMO SI ESTUVIERA EN SU CASA DE SIEMPRE.
9ª QUE HARTA DE TODOS ELLOS SE HAYA VUELTO ALCOHÓLICA O TERMINADO LOCA.
10ª NO HABERSE IDO FINALMENTE DE CASA MUCHOS AÑOS ANTES DE LO QUE LO HA HECHO Y HABERLES DEJADO SIN LA CRIADA GRATUITA QUE ELLA LES HA SIGNIFICADO SIEMPRE A LOS SUYOS.

UN SECRETO GUARDADO HASTA EL FINAL (MICRORRELATO)

SINATRA

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)

En tres días que Gloria llevaba sin visitar a su madre en el hospital, su aspecto había empeorado notoriamente. La pregunta que le dirigió su hija le demostraba de un modo claro su preocupación.
—¿Ha ido bien tu sesión de radioterapia de esta mañana? No tienes buen aspecto, mamá.
—Tendré que maquillarme antes de tus visitas, pera que no te preocupes. Tranquila todo va bien.
La expresión de su cara era en aquellos momentos la habitual en ella cuando se cerraba en banda y no había forma de que pudieran sacarle nada que ella no quisiera decir. Cuando su madre adoptaba este tipo de actitud, Gloria se angustiaba porque significaba elevación por parte de ella de una barrera que le sería imposible traspasar.
Echó un rápido vistazo a la fotografía encerrada en un artístico marco. Había sido hecha en el jardín del chalé y estaban reunidos en ella su marido, su padre (fallecido cuatro años atrás) y sus tres hermanos. La cogió de encima de la mesita de noche para verla mejor.
Su madre que la estaba observando con un brillo cargado de ternura en sus ojos rodeados de violáceas ojeras, rompió el penoso silencio que se había establecido entre ellas manifestando:
—¿Te he dicho alguna vez que me habría gustado conocer Nueva York? Nunca fuimos porque tu padre, los pocos viajes que hicimos juntos, escogía siempre países exóticos.
—Cuándo te pongas bien puedes realizarlo. Nada te lo impide.
—Cierto. Nada me lo impide. Cuando me ponga bien viajaré a Nueva York. Lástima que ya no podré ir a escuchar en vivo a Frank Sinatra. Ya sabes cuánto me gustan sus canciones.
—Te gustan muchísimo, mamá. Tienes todos sus discos.
—¿Te estás ocupando de regar mis macetas? A ver si cuando vuelva a casa encuentro todas las plantas muertas.
—Esta mañana mismo, antes de venir aquí las he dado de beber —forzando una sonrisa, pues encontraba a su madre un poco rara, pero no se atrevió a preguntarle, porque la conocía bien y sabía que sería inútil.
—Buena chica. Gloria, necesito que me hagas un pequeño favor, pero prometiéndome que no les dirás nada a tus hermanos. Con ellos no tengo igual confianza que contigo. Son hombres, y los hombres son pocos los que comprenden a las mujeres.
—No les diré nada, mamá —intrigada.
—¿Me lo prometes?
—Por favor. Me ofende que dudes de mí —herida en sus sentimientos su hija.
—Perfecto.
A continuación sacó una carta del cajón de la mesita de noche y ofreciéndosela le dijo la dirección a la que debía llevarla y entregarla en mano.
—¿Quién es este hombre? —intrigada pues desconocía el nombre.
Su madre aguantó impertérrita su escrutadora mirada, pero Gloria la conocía demasiado bien para no notar mal disimulada emoción en la forma que mantenía cerrada su boca y acelerado el parpadeo de sus pestañas. Y de pronto entró en su mente una posibilidad que, aunque le parecía increíble no pudo descartarla. La posibilidad de que ella le hubiera sido infiel a su bondadoso, pero aburrido padre.
—No me hagas preguntas, que no pienso contestar —con blanda severidad. Bebió del vaso de agua que tenía en lo alto de la mesita de noche y añadió—: Me siento un poco cansada, cariño. Dame un beso y vete. No te olvides de llevar esa carta a su destinatario.
—No te preocupes. No lo olvidaré —sintiendo Gloria un nudo en la garganta y llenarse de humedad sus ojos.
Besó las mejillas temblorosas, pálidas de su madre y se dirigió hacia la puerta. No sé volvió saliendo del cuarto, para que su madre no la viese llorar, pues se había dado cuenta de que la carta significaba no solo una posible infidelidad, sino que se moriría muy pronto.

EL NIÑO QUE QUERÍA APRENDER (MICRORRELATO)

el niño que queria aprender

(Copyright Andrés Fornells)

El niño se vino para mí. Vestía pobremente, iba despeinado y llevaba algo sucia la cara. Pensé que venía a pedirme una limosna. Me detuve. Saqué un par de monedas del bolsillo y al ofrecérselas, él negó enérgicamente con la cabeza.
—No quiero dinero, señor, ¿puede atenderme un momento? —con voz suplicante, brillaba timidez en sus grandes, limpios, ojos negros—. Entonces me di cuenta de que en una mano llevaba un cordel y en la otra una peonza.
—Sí, dime —desconcertado, dispuesto a escucharle.
—Quiero aprender a hacer bailar mi peonza. Si sabe usted ¿podría enseñarme?
Desde mi niñez, dejada muchos años atrás, yo no había vuelto a practicar este juego. Pero no quise decepcionarle. Le dirigí una cálida sonrisa y le advertí:
—No sé si podré enseñarte, pero lo voy a intentar. ¡Dame!
Cogí la peonza en mi mano izquierda y el cordel en mi mano derecha y le mostré cómo tenía que enroscarlo y, cuando lo tuve preparado, mentalizándome para asumir el más que posible fracaso, me alejé de él un par de pasos, levanté mi brazo, mi mano derecha sujetaba la trompa y el cordel preso entre dos dedos y, con fuerza la lancé contra el suelo. Quedé tan maravillado como aquel pequeño al ver como la peonza giraba a gran velocidad. Me puse de cuclillas y formando una horquilla con mi dedo corazón y mi dedo anular conseguí que la peonza se subiera y siguiese girando en lo alto de la palma de mi mano.
El niño dejó escapar un suspiro de embeleso, su mirada fascinada fija en mi mano. La peonza fue perdiendo velocidad hasta terminar parándose.
—Señor, ¿podrá enseñarme a hacer eso? —me pidió ávidamente, admirándome.
Perdí media hora con él y finalmente conseguí que hiciera bailar la peonza. Sus exclamaciones de exultante felicidad fueron la mejor recompensa que jamás he obtenido de nadie.
He pasado varias veces por aquella plaza con la esperanza de ver de nuevo a aquel niño que agradeció mi esfuerzo, con lágrimas de reconocimiento en sus grandes ojos negros. Y el no verlo me ha producido tristeza. Recibimos tan poco agradecimiento de la gente a la que concedemos momentos de interés y calor humano que, cuando uno lo obtiene queda conmovido en extremo.