MISTERIO (MICRORRELATO)

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(Copyright Andrés Fornells)

Llevo años devanándome los sesos tratando de desentrañar lo que yo considero un intrigante misterio. Resulta que pocos días antes de desaparecer sin despedirse de nadie, en un momento en que manteníamos una conversación íntima, Aniceto, un gran amigo mío, me aseguro visiblemente emocionado:
—Soy, con mi mujer, el hombre más feliz de la Tierra ; pero no te cases nunca.
Le pedí que me lo aclarase  esta contradicción, y no lo hizo. Al desaparecer, mi amigo no me dio la oportunidad de poder hacerle de nuevo la misma pregunta.  A su mujer no puede preguntarle porque se metió a monja de clausura. Y en cuanto a Sherlock  Holmes tampoco puedo pedirle ayuda porque, al igual que mi amigo Aniceto, está desaparecido. ¿Alguien me puede descifrar esto que yo considero un gran misterio?

POBRES JUGUETES DE SIEMPRE (MICRORRELATO)

(Microrrelato casi verídico)
Hubo una vez una mente diabólica que veía a los niños jugar con los juguetes de toda la vida y ser felices jugando con ellos. Este ser diabólico decidió inventar algo para que los niños dejaran de jugar con los juguetes de toda la vida y dejaran de ser felices. Y ese espíritu maligno consiguió su propósito con un pequeño aparato que cabe en cualquier bolsillo.
Y los juguetes de toda la vida quedaron arrinconados llorando porque ya ningún niño jugaba con ellos. Y los padres de esos niños, que habían guardado esos juguetes de toda la vida para que los emplearan sus hijos, vieron que no había servido de nada el haberlos guardado y lloraron también.
Mientras esto ocurría, el espíritu maligno reía y se enriquecía, que era lo único que le importaba en el mundo.

EL DÍA DESPUÉS DE REYES (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
A Margarito Suárez aquel año los Reyes le dejaron la soledad que ya tenía de muchos años antes, y un frasquito de perfume que llevaba un nombre muy sugerente “Irresistible”.
Después de tomado un frugal desayuno, Margarito dudó entre salir a la calle o permanecer en casa. En el caso de salir se enfrentaría a gente adulta enseñando por sus bocas todos sus dientes, como es habitual en fechas tan señaladas, y a montones de críos dichosos disfrutando de sus juguetes y obligándole a esquivar pelotas y atropellos de bicicletas, choques de cuerpecitos montados sobre patines, sentir alguna flecha clavada en su espalda, recibir algún golpe de palo de golf, etc.
Miró por la ventana y vio que el cielo exhibía un azul muy intenso y el sol lucía con todo su esplendoroso oro. “Es un crimen permanecer encerrada un día tan hermoso como éste”, se dijo.
Total que, puesto que se lo habían traído los Reyes, se echó encima un par de rociadas del perfume “Irresistible” abandonó su diminuto apartamento y se dirigió al ascensor con pasitos cortos y el cuerpo encogido que es como se mueven las personas tímidas. Este cómodo artilugio descendía .  Se detuvo en su planta y él entró encontrándose dentro de este practico artilugio a Paquita Orellana, una vecina del inmueble a la que el buen Dios proveyó de todas las curvas que pueden hacer pecar,  a ateos, a creyentes y hasta a santos.  Ella le sonrió y, al hacerlo, el rojo joyero de su boca-tormento mostró dos hileras de deslumbrantes perlas. Y no contenta con embrujar a Margarito con esta sonrisa hechicera, le dijo ella con  voz que mezclaba terciopelo y miel:
—¡Vaya, vecino, qué sexy hueles!
El apocado corazón de Margarito, al escuchar esta alabanza suya, se convirtió en trapecista y le dio varios peligrosísimos saltos mortales, todos ellos realizados sin red.
—¿De veras crees que huelo sexy? —consiguió tartamudear Margarito, sus embelesados ojos adorándola.
—Muchísimo —afirmó ella, regalándole un seductor parpadeo de las negras, tupidas mariposas de sus pestañas.
—Con lo sexy que estoy no merezco yo un beso de esa golosina maravillosa que tienes por labios —tentando él suerte en el que acababa de ser el mayor descaro que se había permitido en toda su apocada existencia.
—¡Ay, vecino, que apasionado eres! —burbujeó, coqueta, la garganta de la seductora Paquita.
Habían llegado abajo. Se abrió la puerta del ascensor. Margarito decidió que seguiría a Paquita igual que el asno sigue a la zanahoria que nunca consigue alcanzar. Llegaron al portal y entonces ella, deteniéndose, le dijo a su embelesado admirador, ejerciendo de adivina:
—No se te vaya a ocurrir seguirme, vecino. Que en la cervecería de la esquina me está esperando mi novio. Es policía de los que llevan pistola encima; es muy rápido sacándola, y además extraordinariamente celoso.
—El día que haya justicia en el mundo, alguna me llegará a mí —lamentó Margarito al borde del llanto.
Paquita Orellana se alejó riendo, contoneando sus voluptuosas caderas, y Margarito la siguió con ojos enamorados. Y cuando ella desapareció de su vista, a él se le oscureció la luz diurna, y resignado se enfrentó a balones que buscaban hacer blanco en él, a bicicletas que pretendían atropellarle, a niños con patines que intentaban lo mismo y a esquivar un par de flechas que pasaron rozando su enfebrecida cabeza. Pero ninguna de estas agresiones consiguió que se le borrara la ilusionada sonrisa que le había nacido cuando Paquita Orellana le dijo en el ascensor, con su voz de terciopelo con incrustaciones de miel:
—¡Vaya, vecino, que sexy hueles!

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PEDIRÉ A LOS REYES MAGOS (MICRORRELATO)

a-pedire-los-reyes-magos(Copyright Andrés Fornells)

Muchos escritores, tanto los buenos como los malos,
tenemos el hábito de comunicarnos con nuestros
personajes de ficción y también reales que habitan
las casas de nuestros libros. En este año, que ya
hemos dejado atrás, muy fructífero para mí
creativamente pues han pasado de cien esos personajes,
la mayoría de ellos anónimos pues siguen encerrados
en libros míos que no se han publicado, algunas
noches cuando mi mente se ve libre de las preocupaciones cotidianas, esos personajes me hablan, me hacen compañía, incluso discuten conmigo. Y como son personajes sencillos, porque también yo lo soy, me hacen preguntas que están en la calle y que, por escucharlas muy repetidamente hacen suyas. Una de sus preguntas que con mayor frecuencia se repite es:
—¿Qué les vas a pedir a los Reyes que te traigan este año que acaba de empezar?
Sonrío enigmático. Soy un tipo un tanto rebelde, romántico, soñador y, dentro de lo que puedo, buena persona. Sonrío porque yo espero poco, porque siempre he recibido poco de lo que, como todo el mundo ambiciono. Y les respondo:
—Les pediré que me publiquen algún libro más, para que a vosotros os conozca más gente y viváis, además de para mí también para algunas personas más. Y les pediré asimismo que los nuevos amigos espirituales, y anónimos en lo físico, que he hecho este año recién dejado atrás me sigan teniendo en cuenta a la hora de repartir sus afectos.
Esos amigos especiales, como lo son siempre los buenos amigos, leerán esto y tendrán para mí un par de pensamientos cariñosos.
Mis personajes de novela, al escuchar esto sonríen también y asienten con sus cabezas irreales para los demás. En fin, cosas de personas fantasiosas. Si alguien siente interés por conocer a media docena de estos personajes los encontrará en ¿ESTÁS SOLA ESTA NOCHE? Un libro sobre los más poderosos sentimientos humanos. Pueden leer capítulos gratis pulsando este enlace: http://smarturl.it/solakindle

2019 AÑO NUEVO, VIDA NUEVA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Todos los años, los terrícolas consumistas que sobrevivimos a ese estúpido tragarse doce uvas en un tiempo que, a ritmo normal, solo nos tragaríamos tres, nos hacemos un buen número de propósitos para el nuevo año que comienza. Los más habituales son: dejar de fumar los fumadores, de beber los alcoholizados, aprender idiomas los sueltos de lengua, seguir una dieta los gordos, perdonar a nuestros ofensores los santos, y creer que es cierto eso de que Hacienda somos todos, y obrar en consecuencia.
El propósito mío de este año nuevo es dedicar más tiempo a mi familia y a los amigos verdaderos, y menos tiempo a mis “amigos parásitos”.
En ambos propósitos he fracaso años anteriores, pero quizás este año lo consiga y, si no, diré como aquel que se le escapó su perra y salió en su persecución:
“La Esperanza” es la última que debe perderse. No hace falta diga el nombre que tenía la perra escapada, ¿o sí?

ESOS BUENOS PROPÓSITOS DE TODOS LOS COMIENZOS DE AÑO NUEVO (MICRORRELATO)

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Esta mañana, camino del trabajo, con los ojos bien abiertos, he ido observando a todos los seres humanos que, conmigo, ocupan espacio dentro de este mundo tan contaminado, superpoblado y, mayoritariamente poco amable y solidario.
Y he visto a un hombre con el cigarrillo en sus labios mostrando cierto aire de culpabilidad, y he sospechado que su propósito para este año nuevo era dejar de fumar. Y he visto a un señor muy obeso con un chándal recién estrenada caminar a paso rápido con la lengua fuera, y he sospechado que se hizo el propósito, este nuevo año, de hacer deporte y perder la tonelada de sobrepeso que redondea su cuerpo, y he sospechado que mañana mismo tirará el chándal en cualquier rincón y continuara regalándole a su panza los manjares que le hacen feliz. Y he visto a una joven con auriculares en los oídos repitiendo palabras en inglés, al tiempo que se miraba en las lunas de los escaparates para asegurarse de que este año nuevo no está menos atractiva que el año anterior y que el sujetador nuevo, de importación, le procura el busto que ella desea y que la malvada naturaleza le negó.
Y he pasado por delante del estanco donde hasta hace dos días compraba yo tabaco y el estanquero me ha dirigido una mirada socarrona con la que ha querido decirme:
—Ya volverás a visitarme, soberbio de un día. Llevas diez años pasando por delante de mí, en actitud despectiva un par de días, los primeros días del año, y siempre terminas claudicando. Si lo sabré yo.
Todo esto ha contribuido a entristecerme, a deprimirme. De los muchísimos que se hacen propósitos importantes todos los años, pocos son los que poseen la fuerza de voluntad, la constancia y perseverancia para seguirlos.
En mi caso particular tengo media docena de cursos de inglés, media docena de juegos de mancuernas y media docena de chándales en el cuarto de los tratos, coleccionando telarañas.
Por eso a todos los que he visto esta mañana demostrando buenos propósitos para este año nuevo les he dicho mentalmente:
—Os espero, hermanos. Os espero en el Club de los Buenos Propósitos Fracasados. Es broma. Todos los años consigo un gran éxito en cuanto me propongo. Por eso no hablo únicamente español, no fumo y me he convertido en un tipo tan atlético que este año concursaré por el titulo de Mr Universo y, muy mal tendrá que irme la cosa para que no lo gane. El que, en el dibujo de arriba lleva los pantalones a rayas blancas y azules soy yo.

FELIZ Y PRÓSPERO 2019 (ACTUALIDAD)

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LA COSTUMBRE DE LAS 12 UVAS EN NOCHEVIEJA LA INICIAMOS LOS ESPAÑOLES

(Copyright Andrés Fornells)
En España la costumbre de las 12 uvas de la Nochevieja la iniciamos muy en serio a principios del siglo XX. La teoría más extendida señala que en el año 1909 los agricultores murcianos y alicantinos debido a un importante excedente de uvas crearon este invento de consumir doce de ellas, llamándolas uvas de la suerte, al compás de las campa-nadas de la medianoche, para comenzar el año entrante con buena suerte.
Otra posibilidad que se baraja sobre el real inicio de esta costumbre la remontan al año 1882, en que los burgueses solían beber champán y comer uvas durante sus pantagruélicas cenas de Nochevieja.
Esta festiva costumbre española se ha extendido considerablemente por la América La-tina. Además de las uvas hay otro añadido a esta señalada fecha, que es llevar ropa interior de color rojo.
Este año, considerando la situación política que estamos viviendo quizás la ropa interior deberíamos usarla de color negro, por el panorama que, si los dioses milagreros no lo remedian, será el color más adecuado. Creo que se calcula que esta noche se consumirán dos millones de kilos de uvas de mesa, que son unas uvas diferentes a las destinadas para elaborar vino.

LA ABUELA QUE NO QUISO TOMARSE LAS UVAS (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Era la última noche del año. La abuela Rosa y su nieto Adanito vivían en una casucha que amenazaba derrumbe de lo vieja y deteriorada que estaba. Su mísero contenido era una vetusta cama con somier medio roto, colchón más roto todavía, una mesa coja y dos sillas de anea con el culo destrozado.
El gran lujo que disfrutaban era una televisión de las primeras que se crearon, en blanco y negro, encontrada por el niño junto a un contenedor de basura y que funcionaba para demostrar a los humanos descreídos que los milagros siguen existiendo.
Aquella noche, abuela y nieto tenían metidas en dos cuencos desportillados una docena de uvas cada uno para comerlas al tiempo que sonaban las campanadas del reloj de la importante capital de su país en la rayada pantalla de su antigua televisión.
Estaban a punto de sonar las campanadas cuando alguien llamó a la puerta.
—Vaya, ¡quién será el inoportuno! —lamentó la abuela.
—¡Despáchalo enseguida, abuela que están ya a punto de dar las campanadas! —apremió su nietecito.
La abuela fue hasta la puerta y atendió al inoportuno visitante. Cuando aquel se marchó comenzaron las campanadas y Adanito comenzó a comer uvas a toda velocidad. Se atragantó, le lloraron los ojos como consecuencia de ello y cuando se los hubo secado con la manga de su mugriento jersey, se dio cuenta de que la anciana permanecía inmóvil, embobada y apreció, sorprendido:
—¡Abuela! No te comiste las uvas. Y las uvas han cambiado de color.
—No; no me las he comido porque son de oro y la persona que me las ha regalado me ha dicho que las venda y saldremos de la miseria.
—¿Y quien te las ha dado, abuela? —asombrado el pequeño.
—Me las ha cambiado por las mías un señor muy importante que me ha dicho que es rey y se llama Midas.
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