AQUELLA MAÑANA CONTIGO EN UN TRIGAL (MICRORRELATO)


–Foto de Walter Villa–
(Copyright Andrés Fornells)
Era una mañana deslumbrantemente soleada. La senda por la que yo caminaba era estrecha, de tierra endurecida por las pisadas de muchísimos pies. El aire olía a esas mil cosas que reúne la naturaleza lejos de la contaminación de las ciudades, de sus industrias y de su tráfico infernal.
Mi caminar era perezoso, despreocupado, sin agobios. Mis ojos gozaban de todas esas maravillas que nos ofrece el campo: plantas que crecen, arboles que dan frutos, florecillas que perfuman, pájaros que trinan y bichos que de vez en cuando te molestan para que seas consciente de que ningún escenario puede ser perfecto.
Y delante de un trigal me detuvo la poderosísima fuerza de un recuerdo imborrable. El corazón, más que latirme, cantó. Y gracias a la magia que puede saltarse las leyes del paso tiempo volví a ser niño y me revolqué contigo entre las espigas maduras y volví a verte bañada en oro, y recuperé de nuevo la única felicidad absoluta que he conocido a lo largo de toda mi vida.

UNA LIEBRE Y UNA TORTUGA (fábula) MICRORRELATO

(Copyright Andrés Fornells)
Una liebre y una tortuga se detuvieron en mitad de una carretera y entablaron una estúpida discusión.
—Ya puedes correr todo lo que quieras, que acabarás dentro de una cazuela —le pronosticó la tortuga a la liebre.
—Y tú ya puedes ir todo lo despacio que quieras que acabarás en un tenderete de feria vendida a un niño torturador —vaticinó la liebre a la tortuga.
Ni la una ni la otra acertaron en sus perversas predicciones, pues intervino el futuro convertido en un tráiler circulando a gran velocidad y las mató a las dos.
MORALEJA: Mantente callado y procura seguir tu camino cuando todavía puedes.

LA COPA DEL MUNDO DE FUTBOL: LOS ELIMINADOS Y LOS QUE CONTINUAN (ACTUALIDAD)

(Copyright Andrés Fornells)
El hecho de que tengo tantos amigos en América es para mi un continuo pasar del contento a la pena. La pena de ver como países donde tantos amigos queridos tengo, como Perú, Colombia, Costa Rica y Panamá se han quedado por el camino. Y el contento porque México, Uruguay y Argentina continúan adelante.
A mi pobre corazón le queda mucho por sufrir tanto por mi España como por mis hermanos americanos, pero que sepan nuestros rivales que no se lo vamos a poner fácil, que vamos a luchar mientras nos queden pulmones para animarlos y alma para quererlos.

ESPAÑA EN ESTE CAMPEONATO DEL MUNDO DE FUTBOL (ACTUALIDAD)

(Copyright Andrés Fornells)
La selección española de futbol no es lo que todos los aficionados esperaban de ella. Juegan lentos, inseguros, sin chispa y viendo la portería del equipo contrario tan chiquitita como si fuese la de un futbolín, y claro quién es el héroe capaz de meter un balón tan grande en una escuadra tan pequeña.
Hoy han tenido los futbolistas de nuestro equipo nacional la inmensa suerte de que Jesusita, una beatita de esas que es tan buena que los dirigentes del cielo suelen hacerle caso.
Hoy Jesusita les pidió muy fervientemente que el VAR nos fuese favorable y ahí estamos, jugando peor que el equipo de mi pueblo el club de Fútbol Calamidad, y España ha terminado nada menos que primera de grupo.
Todos los grandes aficionados al futbol español están empezando a ser tan buenos creyentes como Jesusita.

LE PIDIERON UNA SOLA COSA AL GENIO DE LA LÁMPARA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Elvira y Alonso llevaban veinte años casados. Cuando se unieron como pareja lo hicieron muy enamorados, pero con el paso del tiempo el tedio y la monotonía fue minando su relación hasta el punto de que estuvieron hablando de divorciarse.
—Todavía somos jóvenes, podemos iniciar una vida nueva. Una vida con alguien que nos ilusione —proponía ella.
—Yo no quiero iniciar una vida nueva con nadie. Cierto que nos aburrimos un poco juntos. Nunca tenemos nada nuevo que contarnos, que excitarnos —reconocía él.
Pero un día Alonso compró una lampara mágica y la trajo a casa. Elvira se entusiasmo al verla.
—Ya tenemos la solución a nuestro problema —consideró ella—. Vamos a frotarla juntos y a pedirle un deseo.
—De acuerdo. Pongamos la mano encima y flotándola digamos a la vez cual es nuestro deseo.
Y a dúo pidieron:
—Deseamos querernos como nos queríamos cuando nos conocimos.
El genio de la lámpara les sonrió y les quitó inmediatamente 20 años de encima, solucionándoles de este modo el problema que tenían.

DOS NIÑOS Y EL DNI CANINO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Dos niños sentados en un parque se aburrían. Era raro en ellos porque ambos poseían enorme imaginación y extraordinarias ganas de divertirse. Pero a pesar de que lucía un sol esplendoroso, ellos tenían la mañana gris y no se les ocurría nada. De pronto uno de ellos observó que dos perros se olían el trasero realizando en esta operación una especie de improvisado ballet, y volviéndose hacia su amiguito le dijo:
—Mira esos chuchos, Javi. Oye, ¿por qué siempre que dos perros se encuentran realizan eso mismo?
El preguntado observó a los animales, se puso a pensar cogiéndose la barbilla como había visto hacer a su padre los fines de mes, y de repente se le iluminaron las bombillitas de los ojos y afirmó con la contundente seguridad que procuran el entusiasmo y la inexperiencia:
—Es que los perros llevan su DNI en el lugar donde están oliendo, y esa es su forma de identificarse.
—Pues vamos a impedirles que se identifiquen.
Y los niños corrieron hacia los perros palmoteando y riendo (se les había pasado el aburrimiento), y los asustaron, y los perros dejaron de comprobarse los DNI y cada uno tomó con premura una dirección diferente, las orejas gachas y el rabo entre las piernas, signos ambos de frustración. Y esta travesura curó de su aburrimiento a los dos pequeños.
El sol, que no se ocupa para nada de los humanos, aunque los beneficia tantísimo, seguía calentando sin alterarse lo más mínimo, impasible, abrasante, casi eterno (lo de casi viene porque calculan que dentro de 5.000 millones de años empezará a apagarse; que preocupante resulta esto, ¿verdad?)

LAS MUJERES Y LOS SUEÑOS (MICRORRELATOS)

(Copyright Andrés Fornells)
Estuvo a su lado un brevísimo instante.
Algo fugaz como la caída de una estrella.
Sin embargo, con su sola presencia,
El brillo de sus ojos claros y limpios,
La infinita ternura con que lo miraron,
El dulce pliegue de sus labios risueños,
Y el perfume de su cuerpo vestido de flores
Bastaron para prenderle la chispa mágica
Que encendió la hoguera de su amor eterno.
Mujer, sin tu existencia, los hombres soñadores
Perderíamos lo más hermoso con que soñar.

EL NIÑO QUE LLORABA Y EL ADULTO QUE FILOSOFABA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Una mañana de domingo por un céntrico parque de la ciudad un hombre que paseaba mostrando su cara una expresión de tristeza, descubrió la presencia de un niño que sentado en un banco lloraba en silencio. Compadeciéndose inmediatamente de él, se le acercó y, solicito, le hizo la pregunta que más adecuada le pareció:
—¿Por qué lloras, pequeño?
Los ojos empapados en llanto del niño lo miraron, e inspirándole confianza el hombre le respondió con otra pregunta:
—¿Es necesaria la tristeza, señor?
Dirigiéndole una mirada de lástima le respondió el adulto:
—La tristeza es necesaria, porque quién no conoce la tristeza no está capacitado para apreciar el inmenso valor que tiene la alegría.
—Yo prefiero la alegría, señor —manifestó con candidez el niño.
—Y yo también —coincidió el hombre—. Vamos a comernos un helado. Te invito yo.
Y mientras se lo comían, el niño dejó de llorar, y él y el hombre mostraron en sus caras sendas sonrisas. Habían cambiado la tristeza por alegría.

SE LO HABÍA DICHO EL DESTINO (MICRORRELATO)

—FANTASÍA—
(Copyright Andrés Fornells)
Las personas normales, que somos la gran mayoría de cuantas habitamos este superpoblado planeta, mostramos incredulidad cuando conocemos que algún congénere nuestro consigue prodigios que solo están a su alcance.
Marujita Pérez pertenecía a este pequeño grupo de seres especiales, hecho que descubrí cuando ella me contó cómo había encontrado al gran amor de su vida.
Marujita Pérez me desveló su gran secreto, una mañana que vino a mi consulta mientras yo la trataba de un uñero en el dedo meñique de su pie, que la estaba castigando con terribles dolores cada vez que se ponía un zapato. Para los menos sagaces, les pasaré el interesado informe de que soy callista y tengo mi consulta en la calle del Callo Doliente sin número.
Bien, el extraordinario don que Marujita Pérez poseía y que nos esta vedado a los seres humanos “normales” era que ella podía hablar con el destino, igual que si de un amigo de su confianza se tratara, y el destino, telepáticamente, le aconsejaba si ella se había dirigido a él en demanda de ayuda.
Marujita Pérez tenía ganas de vivir un gran amor. Era muy romántica y esta cualidad muy en alza en otras épocas, en la época actual, como que está pasada de moda. Como en su vida cotidiana no aparecía ningún hombre que se fijase en ella con intenciones decentes, un día le pidió a su destino:
—Querido consejero mío, ¿qué debo hacer para encontrar a un hombre romántico adecuado para hacer feliz a una chica romántica como yo?
El señor Destino soltó una risita pícara y dijo:
—Me encanta ayudarte. Eres tan dulcemente ingenua, que me conmueves. Vas a hacer lo siguiente: Todos los martes, a las cinco de la tarde te sentarás en la terraza del bar Tropezón y pedirás al camarero que, por su forma de andar repararás enseguida que tiene los pies planos, un té con limón. Durante el tiempo que estarás sentada allí más de un hombre te mirara. A todo el que te mire tu tienes que preguntarle: ¿Eres David? Si él te contesta cualquier tontería con la intención de ligar contigo, te lo quitas de encima diciéndole haga el favor de marcharse pues estoy esperando a un comisario de policía. Cuando digas esto, los posibles ligones se alejarán inmediatamente.
Marujita Pérez siguió al pie de la letra estas indicaciones. Llevaba tres martes realizando la misma maniobra y comenzaba a considerar muy posible que el Destino se hubiese equivocado en su consejo cuando se detuvo un joven de sonrisa candorosa, amable y dulce que, a su pregunta de si era David respondió:
—Soy David. ¿Eres tú Marujita?
—Sí, yo soy —ilusionadísima ella.
—Por fin te he encontrado —ilusionadísimo él.
Y a partir de este encuentro David y Marujita forman una pareja inmensamente feliz.
Influido por esta historia, yo que también conservo en mi corazón una buena dosis de romanticismo, cuando la soledad me atenaza las entrañas me encuentro diciendo:
—Señor Destino, quiere aparecer de una puñetera vez que necesito hablarle.
Y la respuesta que obtengo es una explosión de risas burlonas, las de mis vecinos que han escuchado mi apremiante súplica piensan de mí que estoy loco.