UN HÚSAR OFRECIÓ SU VIDA POR VER A LA ZARINA DESNUDA (MICRORRELATO)

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UN HÚSAR OFRECIÓ SU VIDA POR VER A LA ZARINA DESNUDA (MICRORRELATO)

Dentro de la historia de la humanidad existen numerosos casos en los que hombres, impactados por la belleza de una mujer determinada, se han jugado la vida por conseguir su admiración, su agrado o su amor.
Yegor, un joven, valiente y hermoso húsar, que había demostrado extraordinaria valentía y arrojo en todas las batallas en las que había tomado parte, confesó varias veces, en reuniones  acompañado de sus mejores amigos, mientras consumían grandes cantidades de vodka, que él daría gustoso su vida por el inigualable placer de ver desnuda a la joven y bellísima zarina que, en compañía de su esposo el zar, gobernaba en aquellos momentos la Gran Rusia.
Estas palabras suyas, confidentes y espías las hicieron llegar a oídos del poderoso monarca, hombre extraordinariamente impulsivo, celoso y cruel, quien ordenó la muerte del heroico húsar.
El verdugo designado por él, siguió al valeroso soldado cierta noche al abandonar él una taberna y, a traición lo asesinó.
Como dentro de la corte del zar, ocurría lo mismo que en tantas otras cortes, que los secretos solían ser mal guardados porque algunos de sus poseedores se iban de la lengua, ya fuera por confianza con la persona a la que los desvelaban o buscando un provecho pecuniario, una doncella que salía con un húsar amigo del asesinado, llevó a conocimiento de la zarina lo que le había ocurrido a su apasionado admirador secreto: encontrar la muerte por haber alardeado públicamente de que daría gustoso su vida por ella.
Una noche de verano, la zarina, acompañada de su más fiel doncella se presentó en el cementerio y, delante de la tumba del húsar enamorado de ella, se desnudó para él.
Cuenta la leyenda, que todas las noches, a la misma hora en que la zarina realizó este acto de librar su cuerpo de la ropa que la envolvía, la tumba de su rendido admirador exhala un delicioso aroma a tulipanes, la flor preferida de la reina.

ESOS TABIQUES TAN DELGADOS DE LAS CASAS DE LOS POBRES (MICRORRELATO)

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Águeda se enteró de que habían alquilado el piso vecino al suyo, permanecido vacío durante algunos meses, cuando le llegó a través del tabique que separaba el saloncito de ambas viviendas, un conmovedor llanto femenino. Impulsada por sus buenos sentimientos golpeó la delgada pared con los nudillos y preguntó con interés humano:
—Oiga, mujer, ¿por qué llora usted?
—Porque me siento muy sola y desdichada —le respondió una voz balbuceante, entrecortada.
—¿Ha venido usted hoy a vivir aquí?
—Sí, hace un rato. He estado mucho tiempo hospitalizada, ¿sabe? Pero no han querido que permaneciese más tiempo allí, en el hospital. Necesitaban mi cama para otras personas enfermas. En el hospital yo era feliz. Hablaba con las enfermeras, con los médicos, con los otros pacientes, y aquí, pobre de mí, no conozco a nadie.
—Yo también estoy sola y no me gusta la soledad. Voy a abrirle la puerta de mi casa, venga usted y charlaremos.
Águeda le abrió la puerta a la otra mujer, anciana como ella, y a partir de ese día las dos compartieron penas, que es lo mejor que las personas pueden hacer para encontrar consuelo y, compartiéndolas, sus aflicciones no las vuelvan locas.

¿LO QUE GUSTA EN DEMASÍA ES VICIO, O ES OTRA COSA? (MICRORRELATO)

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Jimena Millares era la hermana pequeña de Amalia Millares, por una simple razón matemática, haber nacido un año después, la primera de la segunda. En lo físico ellas dos diferenciaban poco: ambas poseían cuerpos voluptuosos que tan del agrado son de los hombres que no se han dejado influir por la moda de mujeres huesudas y desprovistas de curvas.
Jimena llevaba casi dos años casada con Cipriano Solana que, a cualquier aficionado a la historia bíblica, observándole, le ayudaba a imaginarse como debió ser el gigante Goliat. La razón por la que ella había contraído matrimonio con él, era porque le gustaban a rabiar los hombres de nariz grande, y Cipriano la tenía enorme. La razón de Cipriano que le llevó a unirse con ella, lo extraordinariamente sexi que Jimena era.
Jimena, gracias a un décimo de lotería premiado consiguió el dinero suficiente para montarse una tienda de artículos de deporte, establecimiento que le permitió conocer al que se convertiría en su marido, Cipriano Solana, por haber entrado él a comprar un juego de mancuernas pues era gran aficionado al culturismo.
Jimena y Cipriano se gustaron nada más conocerse. Cada uno vio en el otro, poseía el físico que le gustaba. Se unieron legalmente y todas las noches, cuando se unían muy íntimamente, disfrutaban una barbaridad y él decía, con mucha guasa: “He gozado como un pájaro con vértigo”. “Sí, y yo he contribuido muy eficazmente a que tu pájaro se cayera”, no menos graciosa ella.
Debido a su fuerte naturaleza humana, Cipriano no se dio cuenta de que cada vez se sentía más agotado y mermado de fuerzas hasta que, transcurridos casi dos años de apasionada relación sexual con Jimena, fue a visitar a un prestigioso sexólogo  y éste le reveló las causas de su notorio decaimiento físico:
—Caballero, lo que a usted le ocurre es que está casado con una ninfómana y para una ninfómana un hombre solo no le llega ni para el aperitivo.
Cipriano se escandalizó al escucharle.
—¿No estará usted insinuándome que yo le permita a mi mujer que tenga amantes, porque yo, antes muerto que cornudo?
—Lo entiendo muy bien. La Humanidad ha conseguido grandes adelantos y notables avances, pero entre todos ellos no está, de un modo generalizado, el llevar los cuernos con elegancia, tolerancia y resignación. Voy a darle un consejo y quedará de su parte el seguirlo o no.
Y el doctor le dio el consejo anunciado. Cipriano tardó dos días en decidirse a seguirlo. Y por fin, media hora después de haberse marchado su mujer a la tienda, él salió de casa llevando una enorme maleta. Detuvo un coche de servicio público y le dio al taxista la dirección de un monasterio. Esto fue después de haberle dejado a su mujer una nota con la dirección de un afamado prostíbulo.

EL CONSUELO DE UN ESCRITOR SIN ÉXITO (MICRORRELATO)

Rosendo Gamba tenía el acierto de ser amigo mío y, debido a su penuria económica pagarle yo el café todas las mañanas en el bar del Manco, y el desacierto de aspirar a ser un escritor con éxito. El éxito no le llegabas y él empezó a escribir en el vaho de los cristales. Sorprendido por este hecho inusual, le pregunté porque hacia aquello.
—Es la única forma en la que he conseguido lean lo que escribo —me respondió con amargura.

BUENA MEMORIA (MICRORRELATO)

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BUENA MEMORIA
Deberíamos dar siempre muestra
de buena memoria y no olvidar
a quienes nos ayudaron
en los momentos difíciles,
a quienes nos abandonaron
en los momentos difíciles,
y a quienes nos causaron
esos momentos difíciles.
Perder la memoria sobre
experiencias tan importantes
nos convertirá,
por un lado,
en desagradecidos y,
por otro,
en estúpidos.

ME LO ADVIRTIÓ MI MADRE (MICRORRELATO)

ME LO ADVIRTIÓ MI MADRELos que mantenemos viva la hermosa virtud de reconocer que hemos tenido una madre buena, honrada e inteligente, somos, en un mundo lleno de desagradecidos, unos afortunados que podemos ir por la vida con la cabeza bien alta. Aquí dejo una de las píldoras filosóficas que me dedicó esta entrañable mujer, gracias a la que entré en este maravilloso mundo por medio de su doloroso parto.
—Convertirte en escritor es la peor actividad que podías escoger, hijo mío. Quemarás muchas horas de tu vida encerrado en la cárcel de tu cuarto, viviendo vidas ajenas a cambio de sacrificar vivir la tuya propia. Si no consigues la fama (que es lo más seguro que te suceda pues no cuentas con buenos padrinos), ganarás menos por hora de trabajo que el más humilde y mal pagado de los obreros. Aparte de esto, los que no saben escribir, te dedicarán furibundas críticas desde su ignorancia. Los que saben escribir te criticarán desde su perversa envidia o egoísta temor a que les puedas quitar lectores. Y los que se apuntan a lo que la propaganda millonaria les aconseja, machaconamente, que deben comprar, eso es lo que harán. Así que, entre unos y otros, te dejarán desamparado, empobrecido, desencantado y a merced de unos cuantos osados que no les importará correr la generosa aventura de descubrir, sin dejarse influenciar por nadie, si les gusta como escribes o no, y serán las gotas de gasolina que te permitirán seguir haciendo algo tan antiguo que nació con la primera hoguera y unos humanos primitivos reunidos en torno a ella contando cosas que les entretenían y les servían de experiencia.

TODAS LAS FLORES FUERON PARA STALIN

TODAS LAS FLORES FUERON PARA STALIN
Nuestra mente es un prodigioso banco de datos dentro del que no hay un solo día de nuestra vida en el que no añadamos algún dato nuevo, o refresque nuestra memoria alguno guardado mucho tiempo atrás. Saco esto a colación porque esta mañana pasé por delante de una floristería, dirigí la mirada a su interior, mi vista contactó con mi mente y encontró en su abigarrado archivo un hecho que guardaba relación con estas maravillas vegetales, prodigas en colores y fragancias, que llamamos flores.
Lo explico: Sergei Prokofiev fue un talentoso pianista y compositor ruso (23-11-1891 a 5-4-1953). Estuvo casado con una cantante de origen español Lina Llubera que, acusada de espía por las continuas visitas que, viviendo en Rusia, realizaba a embajadas extranjeras, fue recluida durante ocho años en un gulag.
Las mejores obras que compuso Sergei Prokofiev (Pedro y el lobo, ópera; El amor de las 3 naranjas, Sonata nº 7 para piano, El ángel de acero, el ballet Romeo y Julieta y muchísimas extraordinarias piezas más) no gustaron a las autoridades soviéticas porque eran “formalistas”, demasiado modernas para su época y estaban fuera de los parámetros del realismo socialista.
Para tener contentos a los estalinistas, a los que este famoso músico te-mía más de lo que un pavo español teme las fiestas navideñas y un pavo esta-dounidense el Día de Acción de Gracias, compuso un buen número de obras mediocres que entraban dentro de la línea nacionalista rusa y significaban apo-yo al ideal comunista.
Sergei Prokofiev vivió aterrado, temiendo terminar encarcelado cualquier día que a alguno de los miembros del gobierno tuviera ese capricho.
He recordado hoy a este gran genio de la música por una circunstancia curiosa, Sergei Prokofiev murió el mismo día en que lo hizo el todopoderoso, temido y despiadado Stalin.
Ese día todas las flores que existían en Rusia fueron para el poderosísi-mo dirigente de la Unión Soviética, tanto fue así que, al no encontrar flor ninguna para el extraordinario compositor fallecido, el único adorno que pudieron poner sobre su ataúd fue una ramita de pino.
Le envío, por medio del pensamiento, a Sergei Prokofiev infinitamente más flores de las que tuvo el terrible dictador Stalin, lamentando que la opre-sión de los tiranos no permitiera que su genial obra hubiese sido mucho más extensa todavía.
De todo este escrito lo más valioso (si alto tiene) es pretender que recor-demos hoy a un genial músico que, como a tantos otros genios, lamentable-mente, sólo se les recuerda en el centenario de su muerte.
TODAS LAS FLORES FUERON PARA STALIN DOS

EL HOGAR DE LA INOCENCIA (MICRORRELATO)

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La suerte es pájaro que a veces vuela tan alto que no consiguen verlo muchos de aquellos que lo buscan afanosamente. Un día, ataviado con el entusiasta, exultante traje de la ilusión, un muchacho, ansiando enamorarse, salió en busca del amor, y no lo encontró. Se perdió en el intrincado laberíntico  de los desengaños, las desilusiones, el sufrimiento, y regresó derrotado  al hogar de la inocencia del que había partido.