EL SECRETO PARA CONSEGUIR UNA BUENA COSECHA DE PLÁTANOS (CURIOSIDADES)

(Copyright Andrés Fornells)
La tribu baganda del África Central mantiene la creencia de que la mujer que
ha tenido gemelos, si se acuesta unos días después del parto en mitad de
un prado de espesa hierba con una flor colocada cerca de su sexo
y viene el marido a quitársela (algo que él debe hacer con
mucho gusto) la cosecha de plátanos de ese año
será excelente. Queda bien demostrado
con este ejemplo, que el placer y
la prosperidad pueden
ir unidos.

¿QUÉ TE HA PASADO JUSTICIA? -ACTUALIDAD-


¿QUÉ TE HA PASADO JUSTICIA?
¿Qué le ha pasado a la Justicia? Le ha pasado lo inevitable. Lo inevitable siendo ciega, que los lazarillos en los que confía la llevan por senderos donde se extravía y pierde la eficacia y la rectitud que quisieron darle quienes la crearon.
¿Qué le ha pasado a la Justicia? Le ha pasado lo inevitable, que se ha convertido en desorientada viajera extremadamente útil para los lazarillos que la llevan por los caminos que favorecen a los que más tienen y perjudican a los que carecen de todo.
Por favor, que algún cirujano sabio y justo le devuelva la visión a la señora Justicia para que pueda escoger por sí misma los buenos caminos que le prepararon aquellos hombres íntegros, honrados y solidarios que la crearon.
¿Qué te ha pasado justicia? Milonga de Carlos Ramón Fernández
https://www.youtube.com/watch?v=O54w0wYh2qA&list=RDO54w0wYh2qA#t=17

ARMARIO (MICRORRELATO)

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En un extraordinario ataque
de remordimientos, ella guardó
en el armario de la hipocresía
todos los besos, todas las caricias
y todos los orgasmos que había
tenido con su amante secreto
y volvió a ejercer otra vez más
de esposa decente, ejemplar
y reprimida. Dependería de
lo que le durasen los remordimientos,
el que ella volviese a las andadas.
Los antiguos, con su falta
de delicadeza dirían de ella:
“que la cabra tira siempre al monte”.

SIN ELLA (MICRORRELATO)

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No quiero salir a la calle. No quiero ver nada ni a nadie. Ni que nadie me vea. Aquí, encerrado en el dormitorio, la sigo teniendo. Sigo percibiendo su perfume, escuchado su amada voz, sintiendo su presencia a mi alrededor. Escucho su andar ligero, su caminar de pasos suaves, elegantes. La cercanía de su almizclado, amoroso aliento.
Aquí dentro, ella todavía existe para mí. Si abandono esta habitación la habré abandonado también a ella, y eso no puedo hacerlo, no debo hacerlo, no quiero hacerlo.
Por entre los visillos de la ventana, que sus primorosas manos elaboraron, advierto que está oscureciendo. Se desvanece poco a poco la claridad del día. Es una circunstancia exterior que no me afecta. Dentro de mí se hizo noche, noche eterna, a partir del momento en que la perdí. Noche oscura, negra, fatídica, macabra, que me envolvió con su negro y siniestro manto dejándome sin luz interior.
Cuando unes de verdad tu vida y tu alma a otra persona quedas solo con la mitad del ser humano que eras antes de realizarse esa prodigiosa unión, y esa mitad que diste ya no puedes recuperarla nunca más. La has perdido para siempre. Se la llevó ella.
Y con esa mitad que me queda ahora debo yo seguir viviendo, ¿pero puede llamarse vivir a lo que uno hace cuando está muerto por dentro?

MERCEDITAS LLEVABA CAMINO DE QUEDARSE PARA VESTIR SANTOS (MICRORRELATO)

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Merceditas Lunares, equiparando injustamente a todos los hombres con su nada atractivo padre que, más que roncar atronaba, desprendía gases asfixiantes, igual si comía frijoles como otros alimentos menos propicios, solía decirle a su madre y a sus amigas de confianza, que ella no se casaría nunca, pues no les encontraba a los hombres atractivo ninguno.
—Son vulgares, groseros y feos.
Merceditas Lunares trabajaba de camarera en un hotel. Cierta mañana metió la llave en la cerradura de una de las habitaciones. El hombre que la ocupaba, debido al calor que hacía se hallaba desnudo en ella. Debido al apuro que a él le entró de ser descubierto sin ropa, no se le ocurrió otra cosa, para ocultar su desnudez, que encerrarse rápido dentro del armario.
Merceditas Lunares, que era una gran amante de los boleros, entró en la estancia canturreando su bolero favorito:
—“Si tú me dices ven, lo dejo todo…”
Se le cortó el canto al abrir el armario para colocar dentro la manta que traía, y paralizada de asombro, la boca descolgada y los ojos muy abierto, se quedó mirando al hombre que se hallaba tan desprovisto de ropa como cuando su buena madre lo trajo al mundo.
La visión del mismo, cambió por completo el negativo juicio que Merceditas Lunares había mantenido hasta entonces sobre los hombres: El que tenía delante suya era increíblemente hermoso, En especial de cintura para abajo, pues su mano no conseguía ocultar del todo lo que él pretendía tapar. Fue ella la primera en recobrar el habla y balbucear:
—¿Qué hace usted aquí?
Él, recuperándose en parte del bochorno, y habiéndole gustado ella nada más verla respondió, galante:
—No lo he sabido hasta este mismo momento. Te estaba esperando a ti.
—¿Para qué? —coloradas sus mejillas como dos tomates maduros.
—Para invitarte a cenar.
—¿Desnudo o vestido? —ya con sorna ella.
—Bueno, si tú me das tu aprobación, vestido primero y, después, si te viene al gusto, desnudo.
—Eres seductoramente atrevido.
—Y tu seductoramente irresistible.
Para que se complazcan los amantes de los finales felices, seis meses después del inesperado encuentro entre Merceditas Lunares y Eugenio Gálvez, él dentro de un armario, y ella fuera, contrajeron matrimonio y fueron extraordinariamente felices.