NOVELA GRATIS PARA LEER EN VERANO «EL AMA DE CASA QUE SE ABURRÍA»

EL AMA DE CASA WUE SE ABURRIA 4
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SINOPSIS: Un ama de casa llamada Charo, aburrida de la monótona existencia que, como tal lleva, decide cambiar la actividad que viene ejerciendo desde hace años, por otra que le ha apasionado durante mucho tiempo, aunque lo desconoce todo sobre la misma. Contrariando los deseos y la voluntad de su marido que es feliz teniéndola a ella, poco menos que de sirvienta, realiza un curso de investigadora privada, lo saca con honores y con este título se presenta delante de Alberto Larios, un veterano detective que, en un principio se resiste a contratar sus inexpertos servicios, pero acaba cediendo, influido por su hijo Braulio, que cree puede resultarles útiles a su agencia los servicios de una mujer. Y esta sencilla, idealista e ingenua ama de casa, que nada conoce sobre el mundo de la prostitución, su esclavitud y su sordidez, se encuentra de noche tratando a este tipo de mujeres que son explotadas en los burdeles, y es amenazada de muerte por sus proxenetas. ¡FELIZ LECTURA!

UNA PIJA EN LOS SANFERMINES (MICRORRELATO)

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Móviles de última generación en manos y orejas.
—Truchi, estás monísima toda de blanco y con ese pañuelito rojo alrededor del cuello.
—Sí, ¡guau! Esos dos colores me han favorecido siempre, ¡guau! ¡Súper!
—¿Y en el encierro de esta mañana has corrido? ¡No me digas que lo has hecho!
—¡Guau! Más que he corrido, he volado. ¡Súper, chica, súper! ¡Qué pasada!
—¡Guau! , Grandes los toros, ¿no?
—¡Guau! Grandes como el yate de mi papá. ¡Súper!
—¿Has sentido miedo al correr delante de los toros, Pinky?
—¡Guau!, me he hecho pis. ¡Súper, oye, súper! Y con esos cuernos… ¡Dos tenía cada uno de los toros! ¡Increíble, guau! ¡Enormes! Uno de ellos se ha parado a mirarme… ¡Guau! Carne de gallina… Le he sacado la lengua y ha salido corriendo detrás de otros, ¡guau! Bueno, ha sido superdivertido, oye. ¡Para escoñarse! ¡Guau! ¡Para no perdérselo!
—¿Vas a correr el encierro de mañana?
—¡Guau!, dependerá de si abren o no las tiendas…
—¿Quieres comprarte algún modelito nuevo?
—No, ¡guau!, bragas. Entre las copas de anoche y el encierro de esta mañana las he ensuciada todas… ¡Súper! ¡Guau! Bueno…
—¡Qué envidia me das, chica!
—No haberte ido a América con el ex guardaespaldas de los Bush, solo porque tiene una lengua antológica.
—¿Te cuento lo que me hace con ella? ¡Es prodigioso! ¡Guau!
La amiga se lo cuenta. Se desencuadernan de la risa que les da a las dos. Son felices. Mucha gente desaprobará que lo sean, pero a su manera, lo son. La felicidad es como el sol, caliente a cualquiera que se exponga a sus rayos.
Lo bueno y lo malo de las grandes fiestas es que puede acudir a ellas todo el mundo. No se ejerce el derecho de admisión, como ocurre con discotecas y salas de baile.

ASTUTA SEDUCCIÓN FEMENINA (RELATO)

stripper
Susana Lunares era una joven muy imaginativa, atrevida y audaz. En cuanto a encantos, su carácter alegre, su inclinación al romanticismo y su innata seducción superaban los que le había procurado la naturaleza, que habían sido los de una chica del montón.
En la calle donde ella vivía con sus padres y hermanos, una abuela jorobeta y un loro parlanchín llamado “Tomás”, tenía por vecino a Leonardo, un muy apuesto joven que vivía con su abuelo, ex pocero de profesión, todavía en activo gracias a que, ya muy mermado de fuerzas para hacerle agujeros a la tierra, se había pasado al gremio de los zahoríes y les indicaba a poceros jóvenes donde había agua para que pudieran comenzar sus trabajos de excavación que, en tiempos modernos son más tarea de maquinaria que de esfuerzo directamente físico-humano.
Por su notable belleza física, a Leonardo le sobraban las mujeres hermosas que muy voluntariamente caían en sus brazos y de sus brazos en su cama para gozarle y ser gozadas por él.
Una noche, en que Susana lo estaba espiando desde la ventana de su cuarto, con la luz apagada para que él no pudiese verla, apreció que regresaba a casa solo, ocasión que ella llevaba esperando desde hacía largo tiempo. Se vistió rápido la ropa que tenía preparada para esta oportunidad. Se pintó los labios y se dio unos toques estratégicos de un perfume caro que poseía la extraordinaria cualidad de despertar al máximo la testosterona masculina.
Realizado todo esto se fue para la casa de su guapísimo, joven vecino confiando en que la reconocida sordera de su abuelo, impidiera a aquél escuchar el timbre que acababa de pulsar.
Leonardo abrió la puerta y quedó muy sorprendido al ver a Susana con los ojos cerrados y los brazos estirados al frente, quien aprovechando su momentánea sorpresa se coló en su casa, avanzó dejando solo una mínima ranura entre sus parpados para ver. Todos sus oídos alerta, le permitieron escuchar los ronquidos del anciano morador de la vivienda y considerar que la puerta siguiente pertenecía al dormitorio de Leonardo, que la seguía perplejo a más no poder y sin saber cómo reaccionar creyéndola sonámbula y siendo conocedor del peligro que encierra despertar a una persona que se halla en tal estado.
Susana abrió la puerta y entró en el dormitorio del joven. Una vez allí comenzó a tararear con voz susurrante una melodía muy usada dentro de la profesión de las mujeres strippers, lo cual hizo suponer a Leonardo que ella estaba soñando que era una de ellas, como demostró a continuación lo que hizo. Y lo que hizo fue comenzar a desnudarse mientras movía voluptuosamente su cuerpo. Se quitó el ligero vestido, sacándoselo por encima de la cabeza. Se quitó el sujetador negro, calado y con puntillitas dejando libres sus senos altivos, de pezones puntiagudos y, a continuación se libró de sus exiguas braguitas dejando al descubierto su secreto femenino que cerradito y rodeado de acaracolado, sedoso vello, poseía un aspecto deliciosamente virginal. Desprovista de toda ropa, Susana tomó asiento en la cama, se abrió de piernas y puso en valor, acariciándolo con ambas manos el perfumado tesoro que guardaba en mitad de ellas. Entonces con una voz tan irresistible que hasta el más santo de los hombres le habría sido imposible desobedecer dijo:
—Van, amado mío. Muero de deseo de que te conviertas en mi dueño. Ven, tengo un universo de placer guardado para ti. No seas cruel. Cada segundo que me haces esperar me significa un sufrimiento insoportable. Ven, apiádate de mí.
Leonardo no quería aprovecharse de aquella inesperada circunstancia que tan favorable le era. Pero la tentación, en un hombre, es como la total capacidad de líquido que puede contener un vaso, ni gota más ni gota menos.
Leonardo le hizo el amor a Susana y fue amado por ella con una pasión e intensidad como ninguna otra mujer conocida por él anteriormente. Y cuando ella fingió despertar de pronto y le confesó que su sueño sonámbulo había sido repetidas veces con él, este joven que, en calidad sexual no había conocido ninguna otra mejor que ella, le pidió tuvieran una relación continuada y duradera.
Una vez más otro el ardid la tenacidad y la capacidad de seducción femeninas consiguieron la finalidad perseguida.

NO DEBERÍA GANAR ESTAS ELECCIONES. (MICRORRELATO)

urna
Nada menos que el famoso Winston Churchill acuñó esta frase: “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Esto es muy preocupante, ¿no?
Un niño preguntón me planteó la siguiente cuestión:
—¿Quién crees tú que ganará estas elecciones que se votan hoy?
—No tengo ni la menor idea —le respondí sincero.
El niño preguntón me miró reprobadoramente, como tildándome de ignorante, y me hizo otra pregunta:
—¿Quién crees tú que no debiera ganar estas elecciones?
Ahora sí tuve fácil la respuesta:
—Pues de ninguna de las maneras debería ganarlas la mentira.
El niño me miró ahora con lástima y opinó:
—Mucha suerte deberías tener para acertar.

LA NOSTALGIA ME DUELE MÁS AL AMANECER

Poco antes del amanecer, cogidos de la mano, abandonamos el hotel. Tal como esperábamos, no había nadie en la playa. Sobre nuestras cabezas, el cielo era una mezcla de gris y violeta. Nos envolvió una brisa acariciante. Intenso su olor a yodo y a salitre. La mar, turquesa, enviaba sobre la arena amarillenta susurrantes olas que se deshacían en ondulantes serpientes de espuma blanca.
Nos detuvimos un momento. Admiramos aquella inmensidad en movimiento, que finalizaba en un horizonte brumoso, plomizo. Me trasmitiste ternura apoyando tu cabeza en mi hombro. Yo deslicé una mano hasta tu cintura y junté nuestras caderas para sentirte más cerca. Giramos el cuello y nos rozamos los labios. Tu boca me supo a almizcle. Me sabía siempre así.
—Bañémonos desnudos — musitaste a mi oído.
Encima de un tronco, arrojado a la orilla por alguna tormenta, depositamos nuestros trajes de baño y, después extendimos en el suelo nuestras toallas. A ti te invadió entonces una oleada de pudor, me cogiste la mano y tiraste de mí en dirección al mar. Entramos riendo en el agua. No la encontramos fría. Andamos sobre la movediza arena hasta que el oleaje nos llegó al pecho. No tuvimos ganas de nadar. Nos cogimos las dos manos y encadenamos nuestras miradas. Unas miradas que convertíamos en insaciables. Y como si de la más sagrada de las oraciones se tratara, me repetiste esa confesión que yo nunca me cansaba de escuchar:
—Te amo.
—Te amo —repetí.
En momentos de tan dulce intimidad, el tiempo parecía eternizársenos. La luz de la mañana pasó del gris al amarillo. Por la parte de levante se inició el gran incendio. Incendio que no tardó en llegar hasta nosotros deslumbrándonos.
—¡Mira: el Génesis! —exclamaste señalando hacia el dios ígneo, recién emergido de las extrañas marinas.
Los dos, mudos de admiración, durante algunos instantes, lo observamos elevarse, agrandarse muy despacio. Nos distrajo la repentina aparición de un puñado de gaviotas. Al vernos graznaron, dibujaron caprichosos vuelos en el aire. Sonó desacorde el batir de sus alas alejándose, perdiéndose a lo lejos. Los rayos del sol sembraban ya monedas de oro sobre las crestas de las mansas olas que nos acunaban. Nosotros mantuvimos mucho tiempo más presas las miradas.
—Nunca he hecho el amor en la playa —insinuaste ruborizándote deliciosamente.
—Tampoco yo.
Salimos del agua. Llegamos dónde teníamos nuestras toallas. Parados frente a frente contemplamos mutuamente la desnudez de nuestros cuerpos húmedos, bronceados. Admiración y amor brillaban en los ojos de ambos. Rompía el silencio que nos rodeaba, el desenfrenado latir de nuestros alterados corazones. Con manos escultóricas, ardientes, nos recorrimos la piel, mezclando adoración y de deseo. El magnífico escenario que nos rodeaba pasó a un segundo plano. El rumor de las olas enmudeció. Únicamente existimos tú y yo. Al principio nos besamos con suavidad, pretendimos que fuera el nuestro un ritmo pausado; gozar y prolongar al máximo el acto supremo. Nos fue imposible controlarnos. Una pasión irrefrenable, prendió en nosotros. Aceleramos cuando el deseo de ambos era actuar a cámara lenta. Tus turgentes, sensibilísimos pechos llenaron mis ávidas manos. Y embelesaste mis oídos con tus gemidos de placer. Las manos tuyas, multiplicándose, reco-rrieron mi espalda, mi nuca, mi cintura sembrándome temblores de dicha. Tus jadeos y los míos se hermanaron en el aire, tibio ya.
—Te quiero tanto que el corazón me duele —confesaste, en un instante que tu boca escapó de la hambrienta boca mía.
—También a mí me duele el mío.
Tumbados los dos sobre las toallas, cubrió mi impaciente cuerpo, el acogedor, apasionado cuerpo tuyo. Fue inmediata, urgente, nuestra conexión suprema. Y a continuación realizamos con frenesí el acto ancestral con el que los humanos pretendemos eternizarnos. Logramos alcanzar juntos la prodigiosa cumbre del éxtasis. Yo me derramé, plenamente en ti, como nunca antes, y tú me absorbiste con igual exclusividad.
Mientras recobrábamos el aliento, nos miramos supimos que habíamos logrado realizar el milagro de la vida.
—Quiero pedirte una cosa. Una cosa tan solo —suplicaste, muy quedo
—Pídela —amoroso, algo intrigado.
—Quiero que recuerdes siempre, ¡siempre! que nos hemos amado con todo nuestro cuerpo y toda nuestra alma.
—Lo recordaré, hasta el fin de mis días.
—¿Me lo juras?
—Te lo juro —solemne.
Mi padre, me dijo cierta vez, que la memoria es como un globo con un pequeño pin-chazo por el que, poco a poco, irremediablemente, se va deshinchando. Mi padre fue un hombre sabio, tuvo razón en muchas de las cosas que me dijo, pero en esta se equivocó. Mi memoria guarda, igual que el avaro su tesoro, cada momento vivido por nosotros dos. Puedo seguir viendo todavía los diamantes negros de tus ojos, la rosada morbidez de tus labios, paladear el almizcle de tu saliva, admirar la escultural, voluptuosa belleza de tu cuerpo y escuchar la musicalidad de su voz.
—“Te amo. Quiero pedirte una cosa. Una cosa tan solo: Que recuerdes siempre, ¡siempre! que nos hemos amado con todo nuestro cuerpo y toda nuestra alma.
Interrumpe, el inmenso gozo que es para mí evocar el entrañable pasado, mi hijo entrando en mi pequeño despacho. Le ha bastado descubrir la brillante humedad asomada a mis cansados ojos para saber lo que estoy haciendo. Me regaña blandamente:
—Papá, de nuevo sumido en la nostalgia, ¿eh? Pensando en mamá.
—Es que tu madre fue una mujer tan maravillosa, que merece mi continuo homenaje.
Me dedica él esa tierna sonrisa que tanto me recuerda la de ella, y la mirada de esos brillantes ojos negros, tan parecidos a los suyos.
—Lo sé, papá. Y también yo la echo muchísimo de menos. Fue ciertamente una mujer extraordinaria. Pero la vida sigue. ¿Tienes que hacer algo antes de que te lleve al médico?
—Coger la chaqueta solo —digo abandonando con dificultad mi silla y recogiéndola del perchero que heredé de mi padre.
Debo guardar para otro momento el tesoro de mis recuerdos. La realidad se impone. Nada encuentro en ella que yo pueda considerar maravilloso.

DIEGO EGARA, DETECTIVE (CAPÍTULO II PÁGINAS 25 Y 26) -ACTUALIDAD-

Cortó él la comunicación. Yo había quedado boquiabierto, pasmado. Permanecí un tiempo como paralizado física y mentalmente. Luego, poco a poco, dentro de mi cabeza se produjo una reactivación abrumadora. De mi cerebro, hiperactivo de golpe, brotaron ideas, suposiciones y conjeturas, con la velocidad de una tormenta de rayos. ¡Me asusté! Mi mente especulativa comenzó a juntar deta-lles que en el pasado muy reciente no tomé en cuenta. Fui encajando piezas de un terrible, impactante puzle.
La nota que me había leído el comisario Alvarado ¿había sido colocada en el bolsillo del occiso con la intención de que, a través de las noticias o de la policía, llegase a mí? “Gracias por una noche inolvidable, mi Conde”. Conde había sido el nombre con que la ardiente desconocida que me había regalado una delirante noche de sexo, me había rebautizado. Y su firma: Pasión, el nombre que a ella le había dado yo. Realicé algo dificilísimo para mí en aquellos instantes: arrinconé lo vivido con ella y lo sentido. Puse a trabajar, intensamente mis dotes de investigador. Posibilidades que podían ser realidades. El peso que yo había notado llevaba Pasión dentro de su bolso podía ser la parabellum 8 mm, y haber salido de ella las dos balas que terminaron con la vida del prestigioso juez Norberto Torres. El golpe sordo que había escuchado cuando ella dejó caer su bol-so junto a mi mesita de noche pudo haberlo producido un arma. El haber notado yo, después de su desaparición, que ella había estado registrando mis cajones podía significar que se había hecho con una de mis tarjetas, la que después había escrito lo que claramente apuntaba era un mensaje para mí. Un mensaje adulador.
Aceptando como verosímil todo lo anterior, aquella seductora mujer era una asesina. Una asesina que había matado a sangre fría a un hombre. Un estremecimiento recorrió todo mi cuerpo. En mi fuero interno yo consideré que esa era la horrible verdad. ¡Pasión era una asesina! La mujer que había tenido en mi cama y con la que había vivido las mayores explosiones de placer conocidas por mí has-ta entonces, era una asesina profesional.
Pretendí encontrar una posible justificación a su crimen. ¿Venganza quizás? ¿Había condenado el prestigioso jurisprudente a una persona que ella amaba con toda su alma? ¿Dónde se hallaba ahora? ¿Volando hacia un país hispanoamericano, lejos de la justicia española, después de haber causado una alevosa muerte que posiblemente quedaría impune? Un sentimiento de culpabilidad se había despertado en mí porque no tenía prueba alguna de que ella realmente había cometido el crimen que yo sospechaba. Nunca hablaría a nadie de ella ni tampoco de la hipótesis que había elaborado.
No analicé a fondo mi decisión, ya dije con anterioridad, que no sirvo para hacerlo. Llevaba un rato sumido en un decaimiento total cuando se abrió con brusquedad la puerta de la entrada y tres hombres desconocidos para mí la cruzaron.
Quité rápido mis pies descansados en lo alto de la mesa, y les di aterrizaje en el suelo que, otro día más había vuelto a olvidar darle una pasada de fregona. Dos de los tipos recién llegados eran altos y anchos como armarios de doble puerta. Llevaban la cabeza rapada por completo y daba miedo la cara de malos chicos que tenían. El tercer individuo, al que los otros dos concedieron tomara la delantera, era larguirucho de

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SINOPSIS DE «DIEGO EGARA, DETECTIVE» (LIBROS)

DIEGO FINAL
SINOPSIS DE “DIEGO EGARA, DETECTIVE”
Novela negra con todos los elementos de intriga, misterio y acción característicos de este género. En la Barcelona actual, Diego Egara, un joven detective privado, experto en artes marciales, se enfrenta al realismo social de nuestros días: la plaga de delincuencia habitual de todas las grandes urbes. Los casos que se le presentan, los resuelve con perspicacia, temeridad, reflexión y, en muchas ocasiones, riesgo. Le seguiremos, dentro de la Ciudad Condal, por las zonas más elegantes y afamadas, y por los barrios más marginales y peligrosos. Le veremos actuar en varios casos. Una denuncia de infidelidad con resultado imprevisto. El brutal asesinato de un joven homosexual en el que están envueltas personas de la alta sociedad barcelonesa. Un banquero extorsionado por unas fotografías comprometedoras. Un rico industrial enamorado de la foto de una chica desconocida. Un padre que no confía en la versión policial sobre la muerte de su hijo. Una firma aseguradora que sospecha ha sido estafada por un cliente. Una mujer muy preocupada por la desaparición de su marido y alguna investigación más.
Versión e-book EUR 2.99 http://smarturl.it/DE1kindle?IQid=blog
Tapa blanda EUR 10.92 http://smarturl.it/DE1amazon?IQid=blog
Novela escrita con buen sentido del humor, ironía y desparpajo, por Andrés Fornells, ganador, entre otros galardones, Riqueza, amor y muerte (accésit del III Premio Wilkie Collins de Novela Negra 2013, Tres amantes y un revólver (ganador Premio NQP 2012), Los placeres de la hija del embajador (ganadora del II Premio Incontinentes 2.011), El seductor y la rica heredera (finalista del premio de novela Ciudad de Almería 2.009), La muerte tenía figura de mujer hermosa, Jazmín significa amor voluptuoso, y Never love a foreigner. He aparecido en diversas antologías de narrativa, entre las que destacan «Sexto Continente», «Antología del Relato Negro I, II, III, IV», etc.
¡LARGA VIDA Y FELICIDAD A TOD@S!

DIEGO EGARA, DETECTIVE (MIS LIBROS)

DIEGO FINAL
HOY NACIÓ UN NUEVO LIBRO MÍO
(LE DESEO SUERTE A TRES LARGOS AÑOS DE ARDUO TRABAJO)
En la Barcelona actual, Diego Egara, un joven detective privado, se enfrenta al realismo social de nuestros días: la plaga de delincuencia habitual de todas las grandes urbes.
El joven investigador acepta los trabajos de sus muy distintos clientes: una esposa que sospecha de la infidelidad de su marido; una joven que quiere esclarecer el caso de la brutal muerte de su hermano; un banquero extorsionado por fotos comprometedoras; un rico industrial enamorado de la foto de una chica desconocida; un padre que no confía en la versión policial sobre la muerte de su hijo; una firma aseguradora que sospecha que un cliente le estafa; una mujer preocupada por la desaparición de su marido.
Los casos que se le presentan, los resuelve con perspicacia, temeridad, reflexión y, en muchas ocasiones, conllevando un gran riesgo.
Le seguiremos, dentro de la Ciudad Condal, por las zonas más elegantes y afamadas, y por los barrios más marginales y peligrosos.

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EMPEZAR DE NUEVO (PÍLDORAS FILOSÓFICAS)

CHICAS FELICES
EMPEZAR DE NUEVO
No empecemos el día con las piezas rotas que se nos rompieron ayer. Empecemos con piezas totalmente nuevas. Ayer ya pasó, quedó atrás, hoy comienza. No escuchemos a los fatalistas convencidos de que a este mundo venimos a sufrir, sino a los optimistas que creen que venimos a este mundo a disfrutar de la vida. A menudo los que se empeñan en ser felices lo consiguen plenamente. ¡Empeñémonos!