GEISHAS, DONCELLAS DEL AMOR CON ROSTROS DE PORCELANA (I) -VIAJES-

(Copyright Andrés Fornells)
La palabra geisha proviene de los fonemas chinos “Gei” que quiere decir arte, habilidad, y “Sha” que significa persona. Y eso es lo que representan las geishas: personas con habilidad en diferentes artes. El kimono que llevan se lo hacen a medida, y las más prestigiosas geishas poseen una variada colección de kimonos para distintas ocasiones y estaciones del año.
Las geishas modernas siguen viviendo en los okiya (casas de geishas) aunque las más experimentadas prefieren vivir en sus propios apartamentos. La elegante y alta cultura en que viven las geishas se llama Karyukai (mundo de las flores y los sauces). Los instrumentos que tocas las geishas son el shakuhachi (flauta de bambú) el taiko (un tambor) y el shamisen (un instrumento de cuerdas). Estas mujeres entrenadas para el gozo y entretenimiento de hombres importantes (especialmente en lo económico) dominan las canciones tradicionales, el baile japonés clásico, el sado (ceremonia japonesa del té) el kebaha (arreglos florales), la literatura y la poesía, añadiendo a lo anterior el exquisito arte de entretener y hacer pasar un tiempo agradable a los clientes.
Actualmente, Kioto mantiene todavía una fuerte tradición de geishas. Dos de sus más prestigiosos y tradicionales distritos de geishas son Gion y Pontocho. Las geishas nunca incluyen actividad sexual en sus actuaciones, aunque pueden algunas de ellas practicar sexo con algún cliente.
Fue tradicional para las geishas tener un donna (protector) que era un hombre adinerado, casado a veces y con recursos para financiar los costes del costoso entrenamiento tradicional de las geishas. Era muy habitual, especialmente tiempo atrás, que un donna comprase la virginidad de una geisha muy joven y la mantuviera como amante hasta cansarse de ella.
Las aspirantes a geishas estudian duramente para pasar de oshakus (doncellas) a geishas. La disminución de geishas ha sido considerable en los últimos cien años. Se calcula que ha descendido alrededor de un 70 %.
Quienes mantienen al pie de la letra la tradición, calculan el compromiso de servicio de una geisha, el tiempo que tarda en consumirse una varita de incienso.
Mucha gente fuera de Japón sobre todo, cree que las geishas son prostitutas, y ello es debido a que chicas que sí son prostitutas se hacen pasar por geishas aprovechándose así del prestigio que mantienen estas tradicionales artistas del entretenimiento.
Tradicionalmente, las geishas permanecen solteras y suelen retirarse cuando se casan, aunque no se retiran si tienen hijos mientras ejercen su profesión.
Sus antecesoras fueron las odoriko, bailarinas de profesión. Y si nos remon-tamos a muchos, muchos más años atrás llegamos las kabuki odori (bailarines de los teatro ambulantes). Estas bailarinas ya ataviadas con bellos kimonos de seda, se encargaban de bailar ante los samuráis, de realizar la ceremonia del té, servirles sake, y de tocar el shamisen (instrumento algo parecido a la guitarra, pero de tres cuerdas, y con un sonido muy melódico), Este baile era conocido como Okuni. La gran mayoría de las kabuki odori eran en realidad hombres. Este nombre significa la conjunción de tres habilidades. «Ku» de canto, «bu» de baile, y «ki» de expresión.
En el año 1779, las geishas fueron reconocidas como artistas protegiéndolas así de que cayeran, inevitablemente, en la prostitución. Pues la geishas sólo se encargaban de distraer a los hombres, con amenas conversaciones, con danza, o tocando el shamisen, sin que entrara en ello el acto sexual. Las geishas y maikos que bailaban se denominaban tachikata, y las que se dedicaban a tocar un instrumento, jikata. Las geishas y maikos, contaban con un pacto de silencio, por lo que cualquier hombre podía estar tranquilo con respecto a que ellas guardarían para ellas cuanto se dijera en su presencia.
En épocas pasadas las niñas eran vendidas a las okiyas, casas donde vivían todas las geishas, bajo la tutela de una geisha anciana (okami-san), a la que llamaban okaasan (madre). La niña vendida contraía una deuda con su compradora (por estudios, alimentación y ropas, que devolvería con el dinero que le pagaran los hombres que solicitaran sus atenciones. Durante su etapa de aprendizaje la futura geisha era llamada shikomi y realizaba tareas de servicio, y recibía clases de canto, baile, modales, ikebana, ceremonia del té, shodô, y además asistían al colegio para adquirir una importante educación.
Después de la II Guerra Mundial fue prohibida la venta de las niñas a las okiyas. Hoy en día, las geishas y maikos que existen en Japón son por decisión propia, por su deseo de conservar viva esta tradición y son muy libres de mantener o no relaciones sexuales, así como de tener un danna (amante).

EL DRAGÓN Y SU ENORME PERLA (LEYENDA)

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(Copyright Andrés Fornells)

El monte Kinabalu es uno de los más altos de Malasia. Se halla situado en el estado de Sabah, al norte de la isla de Borneo. Este privilegiado lugar montañoso ha adquirido notoria fama por su rica flora entre la que destacan las plantas carnívoras  del género nepenthes, y también una rara especie de orquídeas cuyo nombre es pathiopedilum rothschilianum.

Y ahora que estamos ya situados, pasaré a contaros una antigua leyenda que tuvo lugar en este escenario: La leyenda del dragón y su enorme perla.

Según esta leyenda existió en algún lugar del monte Kinabalu un dragón al que los dioses habían encargado proteger una enorme, bellísima perla. Lógicamente esta posesión suya despertó la codicia de muchos hombres que, en el intento de robársela, murieron bajo sus poderosas garras y abrasantes fauces.

La noticia de la existencia de tan extraordinaria perla llegó a oídos de quien era en aquella época emperador de China, quien deseoso de ser dueño de tan extraordinario objeto encargó al más valiente de sus hijos que fuera a buscarla.

Este príncipe, que no se detenía ante nada con tal de complacer a su regio padre, cuyo trono esperaba heredar, eligió un buen barco y reunió a media docena de hombres de su más absoluta confianza.  El viaje hasta el lugar donde vivía el temible dragón les llevó, al príncipe y sus fieles acompañantes varios días, primero por mar, y después por tierra. Finalmente apostados a prudente distancia de la guarida del terrible y peligroso animal, lo estuvieron observando durante algún tiempo. Uno de los principales miembros de su tripulación advirtió al joven príncipe:

–Sí os acercáis a esa terrible fiera os destrozará fácilmente.

–Tengo un buen plan –dijo el príncipe sin amilanarse.

Y con la ayuda de sus servidores construyó una gran cometa, capaz de soportar su peso. Cuando la tuvieron lista, esperaron a que cayeras las primeras horas de la noche, que era cuando la temible fiera se dormía. Con la ayuda de un catalejo comprobaron que se había dormido.  Entonces, el principe heredero ordenó que izaran la cometa con él cogido de ella. Se dieron tanta maña en esta operación,  que el audaz príncipe  aterrizó justo entre las colosales patas del dragón dormido. Entonces, con la mayor sigilo posible retiró la enorme perla y colocó en su lugar una gran linterna. Realizado este arriesgado cambio, sus hombres lo izaron de nuevo y algunos minutos más tarde lo bajaban en lugar seguro junto con su maravillosa carga.

Pero apenas habían realizado esta arriesgada maniobra, el dragón despertó y muy furioso, escupiendo fuego por su boca fue en persecución de quienes le habían quitado su valiosísima perla.

Esta persecución duró varios días. El príncipe y sus hombre llegaron exhaustos al barco con el que habían llegado a Borneo. Justo iniciaban la huida cuando el gigantesco dragón llegó a la orilla y comenzó a nadar hacia su embarcación. El príncipe valiente dio entonces orden de cargar su mejor cañón y disparar a la fiera que, viendo venir la bala, creyó que era su perla, abrió la boca para cogerla, se le atraganto el proyectil y murió hundiéndose en el mar. El príncipe y su tripulación le llevaron la perla al emperador y allí en su fastuoso palacio fue admirada como la más espectacular y valiosa de cuantas extraordinarias joyas poseía este riquísimo monarca.

Salamat Jalan (adiós en lengua malaya)

LEYENDA ESQUIMAL (VIAJES)


(Copyright Andrés Fornells)

(La mujercita esquimal y el oso Nanuk)
Todos hemos oído contar que los esquimales consideran un honor ofrecer, a los invitados que los visitan, a sus mujeres para el uso sexual, por lo que se cree que estos habitantes de las tierras árticas desconocen los celos; pero lo que se conoce muy poco de ellos son sus leyendas. He aquí un relato (retocado por mí para hacerlo más comprensible) que aparece en “Los últimos reyes de Thule”.
Un gran oso macho llamado Nanuk se enamoró perdidamente de una pequeña mujer esquimal, y ella disfrutaba mucho con sus atenciones. Este gran oso la visitaba cada vez que su marido salía a cazar, con la intención de que su presa fuese precisamente este gran oso.
En uno de sus primeros encuentros sexuales, mientras el oso y la mujer esquimal se hallaban el uno en brazos del otro, el animal le dijo a la mujer:
—Hembra hermosa, yo vivo muy arriba en la montaña. Hay que caminar dos horas para llegar allí. Mi iglú es muy bonito, pero en él, yo solo todo el tiempo, me aburro muchísimo. ¿Sabes?, me gustaría tener allí una linda mujer como tú, pero tú no quieres venir, y me obligas a reunirme aquí contigo. A mí no me importa recorrer tan larga distancia porque te amo. Lo que sí me importaría muchísimo sería que le dijeras a tu marido, que sueña con cazarme, el lugar dónde vivo. Nunca se lo digas porque si tal haces, yo lo sentiré en mi corazón, me enfureceré hasta la locura y me volveré muy peligroso.
—No temas, Nanuk, nunca le diré a mi esposo dónde vives —aseguró ella acariciándole, cariñosa, la peluda cabeza.
Pasaron los días y el cazador apenas conseguía cazar nada y mucho menos a Nanuk, todo lo cual le tenía de muy mal humor. A veces hus-meaba al llegar a su iglú y exclamaba, suspicaz:
—¡Qué extraño! Aquí dentro huele a oso.
—Figuraciones tuyas —astuta su consorte—. El olor que notas debe ser el de tus botas, pues sudas mucho y tu sudor huele fuerte.
El cazador lo aceptaba. Y como la caza le iba cada vez peor se mostraba más y más huraño y desagradable con su esposa a pesar de que ella, para tenerle contento, limpiaba con esmero y se esforzaba en cocinar le mejor posible para él, los peces que ella pescaba. Mas su esposo no sólo se mostraba huraño con ella, sino que dejó de tener ganas de hacerle el amor.
Así estaban las cosas, cuando otra noche más, al ser la mujercita rechazada por su marido se le escapó musitar en sueños:
—Nanuk… tú sí que me haces caso… Mucho caso…
Su esposo se despabiló enseguida y sacudiéndola le gritó, una vez consiguió despertarla, amenazador a más no poder:
—Tú sabes dónde está ese maldito animal. ¡Te exijo que me lo digas inmediatamente! —zarandeándola brutalmente.
Ella, asustada, pues nunca lo había visto tan enfurecido, confesó:
—Nanuk vive allá en lo alto de la montaña, justo a dos horas de aquí en línea recta hacia el pico más alto que tú llamas Diente del Gigante.
El furibundo esquimal cogió al instante sus arpones y sus perros y todos salieron corriendo, en la dirección que la mujercita esquimal acababa de indicarle a su marido.
Pero cuando él y los canes llegaron al iglú del oso, lo encontraron vacío. Había ocurrido que el corazón de Nanuk había sabido que la mujercita esquimal lo había traicionado y, llorando de pena y rabia había bajado, dando un rodeo para evitar al cazador y sus perros, hasta el iglú de éste.
Deseaba vengarse, vengarse de la mujer que lo había traicionado, pero al entrar en la vivienda y verla dormida, tan hermosa e indefensa, no fue capaz de causarle daño alguno, se limitó a destrozar a zarpados todo el iglú y a continuación se adentró mucho más profundamente en la montaña. Jamás volvió Nanuk a ver a la mujer que amaba y murió de vejez y tristeza por el amor de ella perdido para siempre.
NOTA: En la historia original no aparecen los nombres de la mujercita esquimal ni tampoco el de su marido.

MÁS DE MEDIA DOCENA DE SUPERSTICIONES TAILANDESAS

MÁS DE MEDIA DOCENA DE SUPERSTICIONES TAILANDESAS
Nunca abras un paraguas dentro de tu casa porque te quedarás calvo.

No te quites la ropa o duermas al lado del armario porque un fantasma vendrá a por ti.

No te agaches y mires por entre tus piernas, porque verás un fantasma.

No pegues a tus padres porque te convertirás en un fantasma malo.

No camines cabizbajo porque te acortarás la vida.

No comas dulces que se hayan caído al suelo porque pertenecen ya al fantasma.
No toques a un niño en la cabeza porque se hará pipí en la cama.

MEOTO IWA (Mis viajes alrededor del mundo)

MEOTO IWA (Las dos rocas casadas) Foto de wikipedia

 

 

 

Es el nombre que se da a estas dos rocas unidas por una soga hecha de paja de arroz. Soga que pesa algo más de una tonelada. En la creencia Shinto estas dos rocas representan al dios Izanagi y a la diosa Izanami y, para mucha gente de Japón, son sagradas.

 

Muchos miles de años atrás, después de haberse creado la primera isla de Japón, el dios Izanagi y la diosa Izanami, bajaron del cielo y construyeron una columna que llamaron Amenomihashira (“El pilar del cielo”). Esta pareja de dioses se vieron el uno al otro tan hermosos que se enamoraron e hicieron el amor allí junto a la columna Amenomihashira y de este acto sexual nació algún tiempo después Hiroku, su primer hijo. Hijo que les nació deforme y decidieron deshacerse de él, para lo cual  le pusieron dentro de una canoa y a continuación dejaron que la corriente se lo llevara mar adentro. Pero en contra de lo que ellos pretendían, Hiroku no murió, pues su extraordinaria fortaleza le permitió sobrevivir y convertirse, con el tiempo, en Ebisu, el Dios de la suerte y de los pescadores. Disgustados por este hecho, Izanagi e Izanami regresaron al cielo para consultar con los dioses qué era lo que habían hecho mal. Y éstos les dijeron: “Os equivocasteis, ¡en la ceremonia de enlace el hombre es el que tiene que hablar primero!”.

 

Y volvieron a realizar la ceremonia de matrimonio caminando alrededor de la columna Amenomihashira en direcciones opuestas hasta encontrarse, y esta vez fue el Dios Izanagi el que habló primero. Se casaron según las normas de los dioses, hicieron el amor incontables veces y tuvieron muchos hijos legítimos que se encargaron de seguir con la tarea de la creación de Japón.

 

Y hace ahora un poco más de dos mil años Yamatohime, hija del emperador de Japón, llevaba mucho tiempo buscando el emplazamiento perfecto para construir un templo dedicado a la diosa Amaterasu (diosa del sol), una de las hijas que Izanagi e Izanami engendraron junto a la columna Amenomihashira.

 

Un día, Yamatohime paseaba por la ribera del Isuzu cuando divisó a lo lejos dos rocas que surgían del mar. Cuenta la leyenda que la belleza de ese par de rocas la dejó profundamente embelesada. Aquellas dos rocas cuya hermosura la sedujeron , eran Izanagi e Izanami.

 

No se sabe exactamente cuando fue, pero años más tarde los monjes del templo de Ise decidieron que había que enlazar, unir, casar a las rocas Izanagi e Izanami. Los monjes de Ise confeccionaron una cuerda enorme utilizando paja de arroz y con ella enlazaron las dos rocas. En la cima de la roca más grande, que representa a Izanagi pusieron una pequeña puerta torii de madera. Desde entonces, Izanagi e Izanami, que se casaron por primera vez dando una vuelta a la columna Amenomihashira y haciendo el amor, quedaron enlazados para siempre. El conjunto de las dos rocas unidas por la cuerda shimenawa pasó a ser conocido como Meoto Iwa, que significa: marido, mujer y roca.

 

Meoto Iwa es visitado por miles de turistas todos los años y dicen que esta visita trae buena suerte en asunto de  amores.

 

 

 

LAS CASITAS DE ESPÍRITUS TAILANDESAS

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LAS CASITAS DE ESPÍRITUS TAILANDESAS

Una de tantas cosas que llaman mucho la atención a quienes visitan Bangkok por primera vez  son esas casitas  que los tailandeses  tienen colocadas en sus casas, en sus patios o incluso en las calles frente a tiendas y otros negocios para que residan en ellas los buenos espíritus y éstos les den buena suerte y alejen las desgracias. Colocadas en los jardines, de Bangkok, dominan el panorama entre los juncos, heliconias y orquídeas (siempre asegurándose de que su sombra no se interponga con la propiedad principal para no insultar a los espíritus) Estas casitas las construyen principalmente de cemento y madera.  Las talladas con madera de teca y pintadas de diversos colores, son en mi opinión las más bonitas.  Yo les encuentro cierta similitud con las pequeñas ermitas ortodoxas con que en Grecia honran a sus santos. Y que no se ofenda nadíe por lo que es solo una apreciación sin más.

Los tailandeses son extremadamente supersticiosos. Su inclinación supersticiosa llega a tal punto que realizan ofrendas incluso a los espíritus malos para que no los ataquen. Para aplacar a los espíritus les ofrecen guirnaldas de flores, incienso, velas y comestibles, ubicándolo todo dentro y fuera de las casitas ante las cuales los he visto arrodillarse y rezar. Y aunque han abrazado mayoritariamente el budismo, los tailandeses siguen conservando, muchos de ellos, algunos ritos animistas bastante más antiguos que la religión actualmente oficial en su país. La conversión al budismo data de unos 2.500 años, pero muchísimo antes ya el animismo estaba bien asentado y prevalecía en las creencias populares.

También los trenes, embarcaciones, taxis, vehículos privados y de transporte llevan dentro de ellos talismanes y casitas de espíritus para que los protejan a ellos y a los viajeros que ellos transportan.

La religión es uno de los ejes de la cultura tailandesa; influye en las tradiciones, en la cultura, en la economía y en la política. En el animismo los tailandeses buscan protección, y en el budismo la reencarnación que les dará otra vida mejor o peor según lo bien o mal que hayan obrado en ésta. Deseosos de obtener esa vida mejor, la mayoría procura cumplir los cinco preceptos primordiales para ellos: ayudar a los necesitados y venerar a sus antepasados, ser bondadoso con su prójimo, realizar ofrendas a los monjes y a Buda, ofrecer tributos al templo y emplear tiempo en meditar. Los monjes budistas reciben el máximo respeto de la gente porque han aceptado una vida de absoluta pobreza, sin tener más posesiones que su vestimenta, el recipiente de metal para su única comida diaria, una bolsa de mano, un abanico de papel y un paraguas. Y nada más. Todo un ejemplo para otras religiones que destacan por su desmesurada riqueza.

LOS DERVICHES (SUFISMO)

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LOS DERVICHES

El sufismo es una corriente mística del Islam, con más de 50 millones de seguidores en el mundo. Sus partidarios persiguen el propósito de inspirar una unión entre los seres humanos y Dios, por medio de la elevación del alma a unos estadios más avanzados de conciencia. Aparte de este propósito espiritual, el sufismo ha logrado ya una rica cultura en forma de música y poesía, que son especialmente destacables en Turquía, Pakistán y Senegal.

La mayoría de los sufíes están organizados en órdenes que elaboran rituales de recitación y danzas destinadas a generar estados místicos que faciliten el camino de los iniciados hacia la unión con Dios.

Los sufíes de Turquía llevan a cabo encuentros en los que se recita de forma colectiva frases o expresiones que recuerdan y alaban a Dios, basándose en el verso coránico: Recordadme y os recordaré. También son recitados los atributos divinos que aparecen mencionados en el Corán, versos del Libro y alabanzas a la figura del Profeta Muhammad.

Los sufíes más conocidos a nivel internacional son los derviches de la Orden Mevlevi, muy famosos por sus danzas giratorias que realizan con el acompañamiento de poesía cantada del Mathnawi, la principal obra del fundador de la Orden, Yalal al Din Rumi (1207-1273), uno de los más importantes sabios sufíes de todos los tiempos. Su método incluye tres elementos que trascienden las barreras de la comunicación humana: la música, la poesía y el recuerdo. La combinación de estos tres elementos tiene lugar en la ceremonia de la danza giratoria (Sema).

La Sema, compuesta por siete partes, representa el viaje místico de una persona hacia Dios. La ceremonia intenta reflejar la naturaleza giratoria de todo lo que se encuentra en la naturaleza, desde las galaxias a los átomos. Mediante la Sema el sufí llega al conocimiento de la Verdad, lucha contra su ego y abraza la perfección. Cuando regresa de su viaje espiritual, lo hace como alguien que aspira a servir con amor y entrega a toda la creación.

Con respecto a las largas ropas blancas que los derviches llevan en la Sema, éstas ropas representan mortajas para el ego; los largos gorros en forma cónica que llevan en su cabeza simbolizan tumbas de piedra para ese mismo ego. Durante la danza mística, que puede durar horas, el derviche mantiene el brazo derecho levantado para recibir simbólicamente las bendiciones y energía de lo alto, mientras que el brazo izquierdo está inclinado hacia abajo con el fin de derramar sobre la tierra las bendiciones recibidas. Los derviches forman un círculo y cada uno de ellos se mueve en armonía al ritmo de la música, aumentando lentamente la velocidad e intensidad de los movimientos hasta que todo termina en una cumbre de exaltación espiritual.

A lo largo de su vida Yalal al Din Rumi (fundador de la orden de los derviches) escribió una extensa obra literaria. Además de su obra cumbre, el Mathnawi (Dísticos), escrita en persa, que está compuesto por seis libros y casi 25.000 pareados, compuso 2.500 odas místicas y 1.600 cuartetos.  En el Mathnawi se expresa la voz de lamento del alma humana, que desea abandonar su exilio terrenal, buscando la reunificación con su Creador. Yalal al Din Rumi es considerado uno de los principales poetas de la literatura turca, donde es conocido con el nombre de Meviana Celaleddin Rumi. Este destacado místico del islam enseñó que el amor era el camino hacia el crecimiento espiritual y el perfeccionamiento interior. En su obra, expresaba también una gran tolerancia hacia las personas de cualquier creencia.

Quien quiera que seas, ven.

Aunque seas un incrédulo,

un pagano o un adorador del fuego, ven.

La nuestra no es una hermandad de desesperación.

Aunque hayas roto tus promesas de arrepentimiento cien veces, ven.

Lamentablemente, en la actualidad, personas que no pertenecen a esta orden sufí realizan sus danzas con fines esencialmente turísticos.

Un cuento sufí del siglo XIII narra que, en una ocasión, un sabio manifestó:

-La música es el chirrido de las Puertas del Paraíso.

Un ignorante al oírlo comento a este respecto:

-Los chirridos de las puertas no me gustan.

Entonces el sabio le explicó:

-Yo oigo las puertas cuando se abren, mientras que tú las oyes cuando se cierran.

 

 

VIAJANDO POR BULGARIA (VIAJES)

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VIAJANDO POR BULGARIA

En mi segundo viaje a Bulgaria, me alojé, igual que en mi viaje anterior, en casas particulares. Es la mejor manera de conocer lo que piensa, siente y conoce la gente sencilla, la gente de la calle, lo cual casi siempre resulta una experiencia enriquecedora y, en muchas ocasiones, entrañable.

Una de estas experiencias, que puedo calificar de entrañable, fue la estancia de dos días en el hogar de un matrimonio búlgaro de mediana edad, sin hijos, que me trataron más como a un amigo que como a un huésped. Se llamaban Natieska y Dimitar. Tenían muy buen carácter los dos. A ella, la mujer, la escuché cantar en la cocina y su canto me sonó a una mezcla de canción flamenca y canción marroquí, muy agradable al oído.

Yo llegué a su casa por la recomendación que me hizo el empleado de una gasolinera a quién pregunté dónde podría yo alojarme por un par de noches.

Este matrimonio, muy humilde, como podía apreciarse en el sencillo y viejo mobiliario de su hogar, vivía principalmente de los productos que conseguía cultivar en la pequeña huerta que poseía.

Dimitar había trabajado en Alemania durante un par de años y pudimos entendernos bastante bien los dos en este idioma, que yo también domino.  Con Natieska, su mujer, nos entendíamos por medio de sonrisas y mucha mímica todo lo cual encerraba incertidumbre, misterio y también encanto.

Al día siguiente de haber dormido en un cuartito pequeño, sin decoración ninguna, en una cama dura, que son las que a mí me gustan, resultó que era festivo y los dos esposos habían decidido permanecer en casa. Mientras desayunábamos café con un bollo de pan y un yogurt (que en Bulgaria los hacen riquísimo), les dije que pensaba visitar el monasterio Rial y tendría mucho gusto en llevarles allí con mi coche alquilado, si ello les apetecía. Aceptaron enseguida pues, a pesar de tenerlo muy cerca, hacía la tira de años que no lo visitaban.

Y emprendimos el viaje, Natieska sentada en el asiento de atrás y Dimitar, su marido, a mi lado en la parte delantera del automóvil. Intencionadamente, pues una de mis grandes curiosidades es conocer las supersticiones más arraigadas en los países que visito, le pedí a Dimitar que me contara algunas de las supersticiones más populares de su país.

Para no alargarme mucho, hablaré únicamente de la que más llamó mi atención, entre las varias que Dimitar tuvo la amabilidad de contarme, y que es la siguiente: Muchas familias búlgaras toman la precaución, cuando nace un niño, de no permitir que nadie lo vea, a él o a su madre durante un periodo de cuarenta días, para así evitar que nadie pueda echarle mal de ojo. Pasada esta cuarentena la madre de la criatura invita a todos sus familiares, cercanos o lejanos, y amigos a su casa a comer una gran hogaza de pan redondo para desear, comiendo de ella, salud al bebé. Este pan no se corta, sino que se arranca a pedazos con los dedos y uno de estos pedazos se coloca en lo alto de un armario para que el bebé crezca sano. Y ponen también miel en la mesa para que su vida sea dulce. Y una tradición muy arraigada entre ellos es una que llaman prochtapoulnik y que consiste, a partir del momento en que el bebé comienza a caminar, en reunir a los familiares en la casa, poner sobre una mesa diferentes objetos: un martillo, un destornillador, una pluma, unas tijeras, dinero, etc. Y esperan a que el pequeño se acerque él solo al lugar donde se ha dejado todo esto y, el objeto que el niño coja, será su oficio o profesión futura.

Quedé encantado con su explicación, y en esto llegamos al Monasterio de Rila (Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde el año 1983). Es el mayor y más renombrado de todos los monasterios búlgaros y el lugar más emblemático de Bulgaria, y por lo tanto de visita obligada. El monasterio de Rila está situado a 1.150 metros de altura, aislado en un estrecho valle y rodeado de montañas boscosas. Fue fundado en el siglo X por el venerado eremita Iván Rilski  (que más tarde proclamaron santo de la Iglesia cristiana ortodoxa). La mayoría de sus edificios fueron construidos en los siglos XIII y XIV, llegando a ser durante algún tiempo un poderoso centro feudal. Tras saqueos, incendios y el abandono durante el dominio otomano, a principios del s. XIX el monasterio resurgió en todo su antiguo esplendor. Tiene una estructura circular, con dos entradas. Cuenta con una plaza central empedrada donde están la Torre de Hrelyu (la única parte que queda de lo construido siete siglos atrás), hecha de piedra y con una altura de 23 metros, y la espectacular y maravillosa Iglesia de la Natividad, con tres grandes cúpulas. Esta iglesia alberga un sofisticado iconostasio, creado por artistas de la región de Pirin, y en sus paredes exteriores encontramos algunas de las pinturas más bonitas de la tradición cristiana oriental (un destacado ejemplo son las del celebrado y hábil maestro búlgaro Zahari Zograf, que nació en 1810 en Samokov). Alrededor de esa plaza se encuentran los edificios que albergan la zona residencial del monasterio, los cuales tienen una altura de 4 pisos y contienen 400 celdas para los monjes y huéspedes, cuatro capillas, un museo (conserva tesoros del arte sacro búlgaro, donde lo más destacado es la Cruz de Rila) y una espectacular cocina, donde destacan por su tamaño una enorme chimenea (con una altura de 23 metros) y unos descomunales calderos que permitían preparar comida para miles de peregrinos. Y no me extiendo más, porque maravillas como ésta son más para verse que para contarse.

Comimos en un restaurante cercano un plato exquisito llamado Kavarma (compuesto  de carne de pollo asado en cacerola de arcilla, condimentado con cebolla, ajedrea, pimiento y sal).

La comida fue invitación mía y me abrumaron las grandes muestras de agradecimiento que me mostraron Natieska y Dimitar.

Al día siguiente, sabedores por boca mía de que soy aficionado a escribir cosas curiosas, me llevaron al entierro de un conocido suyo donde todos me dijeron consideraban un honor que yo, un extranjero, asistiera al sepelio. Me sorprendió ver que mantenían el ataúd abierto durante el oficio religioso. El muerto era un hombre mayor muy delgado. Debo confesar que su rostro cerúleo y cadavérico, impresionaba. Finalizado el entierro, la familia se reunió en la casa (una casa muy humilde y muy limpia) y allí comimos trigo hervido con azúcar que es lo habitual en este tipo de luctuosas reuniones. Varias personas lloraban, pero lo hacían de una forma moderada, sin exagerados gritos de dolor, aspavientos y escandalosos sollozos. Me contó Dimitar que los funerales para el fallecido se celebrarían cuarenta días después de la defunción, pues según ellos estiman el espíritu del extinto permanece ese periodo de tiempo vagando alrededor de sus deudos y después marcha al cielo (no parecían considerar la posibilidad de que alguien fuera al infierno).

Al día siguiente, tal como tenía planeado, decidí continuar mi camino. Tuve que pelearme con  Natieska y Dimitar, porque a pesar de lo pobres que eran me habían entregado su amistad y no les parecía bien cobrarme. Al final conseguí que aceptaran mi dinero. Cualquiera que nos hubiera visto durante esta negociación habría pensado que estábamos representando una comedia bufa, pues para decir sí, los búlgaros mueven la cabeza de un lado a otro (todo lo contrario que nosotros) y para decir no, la mueven de arriba abajo (todo lo contrario que nosotros).

Valga este escrito como testimonio de que sigo acordándome con muchísimo cariño de Natieska y Dimitar.

ENCANTADORES DE SERPIENTES (MIS VIAJES)

(Copyright Andrés Fornells)
Se calcula que en la actualidad existen en la India unos 300.000 encantadores de serpientes. Dicen que el gobierno hindú pretende irlos quitando de la circulación. Está en vigor una normativa india aprobada en 1972 que prohíbe tener serpientes como animales domésticos. Debido a esta prohibición, los sapwalas no están ya más visibles en los lugares céntricos ofreciendo su espectáculo a los turistas, sino que actúan en lugares más discretos donde no suele molestarles la policía. Pero los saperas (como se los llama también) están en contra de las autoridades que son cada vez más exigentes con el cumplimiento de la ley. Ellos alegan que es su único medio de vida. Y el gobierno tampoco les ofrece ninguna otra alternativa. Algunos de estos encantadores de serpientes son, en contra de lo que puede pensar la mayoría de la gente, músicos bastante buenos. También hay alguna mujer que ejerce este antiquísima actividad. El promedio de serpientes que necesitan por año estos encantadores se calcula que son unas siete. Puede que en su totalidad parezca un número exagerado, pero no es así pues sigue habiendo muchísimas y causando numerosas muertes de personas todos los años.
Tan abundantes son todavía los ofidios que en la última visita que hizo el presidente Bush a la India, tuvieron que contratar a sapwalas para prevenir que alguno de ellos apareciera por el sitio donde el, entonces primer mandatario norteamericano iba a dar su discurso.
Todos estos tradicionales artistas callejeros suelen llevan con ellos una cesta con un par de serpientes naja dentro, un tumarit (flauta), y un morral que contiene algunas ratas y huevos, que son los alimentos que suelen darles a sus reptiles.
Su forma de actuar consiste en tocar la flauta después de haber abierto la tapa de la cesta donde las llevan. Las serpientes saltan fuera de su escondite, se yerguen majestuosamente frente al domador meciéndose con lentitud al compas de la música y los movimientos de su flauta. Las serpientes son sordas, pero al parecer captan ciertas vibraciones.
Algunos encantadores permiten que los ofidios se enrosquen alrededor de su cuello.
Terminada la actuación les dan de comer. El secreto de que no los muerdan, revelan algunos de los encantadores, se debe a que las serpientes los respetan; mientras que otros aseguran que se van inmunizando de niños inyectándose una pequeña cantidad de veneno. Y unos terceros afirman que antes de actuar hacen a las najas morder cosas blandas para que dejen el veneno en ellas. También emplean los sapwalas el truco de cambiar hábilmente la cobra inicial por una serpiente que no es venenosa. Y finalmente he escuchado que algunos encantadores se ponen en la corva de alguna de sus piernas una ramita de una planta cuyo olor es parecido al de la pimienta y que desagrada tanto al reptil que lo mantiene a distancia.
Yo no voy a argumentar si existe o no algo mágico en el trabajo que realizan los encantadores de serpientes, pero sí defiendo que corren riesgos y que demuestran un valor, una habilidad y un conocimiento de los hábitos de los reptiles que merecen ser reconocidos y premiado con unas monedas que les permiten sobrevivir como una de las misteriosas atracciones de la nación mundialmente segunda en cantidad de habitantes. Dhanyavaad (gracias)

BOMBAY Y SUS COMERCIANTES (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

(Copyright Andrés Fornells)
Bombay (Mumbai para los hindúes) es la capital del estado federal de Maharastra. Su nombre, según algunos estudiosos, deriva de la diosa local Mumba Devi, aunque también algunos otros defienden que el nombre proviene de la palabra portuguesa bom bahía. Los defensores de la primera teoría y los defensores de la segunda no se ponen de acuerdo en este punto. Mumbay se encuentra situada en las costas del mar arábigo. Es la ciudad portuaria más importante del subcontinente, el principal centro económico de la India y alberga a la mayor industria cinematográfica del mundo. Cuenta con numerosas universidades, teatros, museos y galerías.
En esta enorme ciudad se hablan alrededor de 200 lenguas y dialectos. La lengua más hablada es el maratí que la utiliza casi el cincuenta por ciento de la población. Los individuos de las clases altas dominan el inglés, y la gente de la calle que intenta vivir de los turistas lo chapurrea lo suficiente para entenderse en aquello que les interesa. Y una de las cosas que les interesa es llevar turistas a las tiendas que les dan comisión por traerlos allí.
A los buenos vendedores hindúes les apasiona el regateo. Siempre salen ganando porque pueden pedir mil por un objeto que vale diez, y cuando el comprador considera todo un triunfo haberlo conseguido por quinientos, sigue comprando carísimo, sin él saberlo. Estos vendedores hindúes (especialmente los joyeros) son extraordinariamente astutos y teatreros. Pueden mostrarse tan compungidos por el precio que has conseguido acordar con los xompradores, que casi te convencen de que realmente lo están.
Si tienes la suerte de ser el primer cliente que ese día ha entrado en su negocio dispuesto a comprar, puedes conseguir el mejor de los precios, pues estos comerciantes tienen la creencia de que la primera venta siempre les trae suerte, y conceden mayor rebaja de la habitual, por conseguirla. Por lo general, porque ellos te sonrien encantadoramente todo el tiempo, es muy divertido el regateo y siempre puedes terminar convencido, porque es cierto, que en tu país sería mucho más caro lo que has adquirido después de un divertido e inteligente estira y afloja con un vendedor de sonrisa genuina y cómica derrota cuando te acusa de haber sido más listo y astuto que él.