HINDÚ INMÓVIL COMO UNA ESTATUA JUNTO AL GANGES (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

hindu bueno
Conocí a Abdali en Alemania. Él trabajaba allí de enfermero y yo de lavacoches. Nos hicimos amigos en un restaurante que, por sus precios módicos y su enorme tamaño, recibía masiva cantidad de clientes todas las noches. Abdali necesitaba enviar dinero a su casa, y yo lo mismo. Esta necesidad nos obligaba al pluriempleo, así que terminada la jornada en nuestros trabajos fijos, durante el día, laborábamos por la noche de friegaplatos en la anteriormente mencionada casa de comidas.
Abdali y yo nos llevábamos muy bien. Los huevos duros y los filetes a medio comer, que nos llegaban dentro de los platos, los íbamos guardando en un par de grandes latas y él lo llevaba a familiares suyos y amigos de estos familiares, que pasaban hambre en un improvisado poblado de chabolas.
Decidimos coger las vacaciones juntos y él se comprometió a enseñarme, durante 13 días, que éstas durarían, lo más relevante de su país.
No cansaré a nadie contándole las bellezas y las miserias que cualquier visitante de la India habrá visto en su recorrido turístico.
Me detendré solo en contar una anécdota que Abdali y yo vivimos en Benarés. Nada más entrar en los “ghats” (escalinatas de piedra), tuve la impresión de que habíamos llegado a un gran mercado, en vez de como me habían contado, un lugar propicio para orar, meditar y bañarse los devotos hindúes. Reinaba allí un gentío y un bullicio infernales. Hasta codazos nos dieron y dimos. Había un gran número de cremaciones en marcha. Mi amigo Abdali me dijo que algunos días éstas cremaciones alcanzaban la cifra de doscientas. Y me contó que todas corrían a cargo de una etnia llamada Doms. Etnia de parias que, antes de hacerse cargo de este apestoso insalubre y lucrativo negocio eran tan pobres, que lloraban cuando tenían un hijo, en vez de alegrarse.
—El jefe actual de los doms, se dice que es multimillonario.
—¿Pues cuánto cuesta cada incineración? —interesadísimo en cuanto me estaba contando.
—Varía. La más barato diez dólares y la más cara setenta.
—No parece tanto—opine.
—Para un hindú pobre, es una fortuna —me rectificó él—. Las cenizas las arrojan luego al Ganges, lo cual garantiza al muerto una buena vida eterna.
—Y a los vivos intoxicación seguramente.
Entonces él me explicó que el río era sagrado porque, a pesar de todos los deshechos que le arrojaban a diario, nadie enfermaba al bañarse en él, todo lo contrario, se purificaba.
Sentado en uno de los ghats reparé en la presencia de un hombre que consideré debía tratarse de un santón. Se hallaba sentado en la postura del Loto y mostraba una absoluta impasibilidad en medio de la multitud que circulaba a su alrededor. Iba vestido con harapos, llevaba la cara blanqueada con ceniza y lo mismo su larga barba. Sobre la frente le sobresalía una especie de tridente rojo. Éste, y el rosáceo de sus labios, eran las únicas notas de color en su persona.
Nos impresionó su inexpresividad. Ni siquiera parpadeaba. Hice al respecto un comentario que pretendió ser jocoso:
—No estará muerto, ¿verdad, Abdali?
—No. Se mueven levísimamente las aletas de su nariz —apreció él.
Nativos, turistas y vendedores contribuían a aquel ambiente masivo, agobiador. Nos dimos un paseo en barca y compramos algunas baratijas. Abdali negoció y las consiguió diez veces más baratas de lo que me habrían costado a mí.
Cuando regresamos del paseo marítimo por el Ganges, pasamos de nuevo al lado del santón, que seguía tan impertérrito como lo habíamos visto casi una hora antes. Y a mí se me ocurrió algo que creí, en aquel momento una originalidad:
—Oye, Abdali, ¿por qué no le preguntas si está rezando o haciendo meditación trascendental?
Él me miró mostrando cierta contrariedad. Me ocurría de vez en cuando con él, estar en desacuerdo en nuestro sentido del humor. Sin embargo, se detuvo junto a aquel hombre-estatua y le hizo la pregunta indicada por mí. Y por fin perdió aquel santón su total inactividad de estatua y movió los labios. Lo único antes de volver a convertirse en estatua. Cuando Abdali se reunió conmigo (que lo aguardaba a un par de metros de distancia), aprecié por la expresión de su cobrizo rostro, que estaba disgustado.
—¿Qué te ha dicho? —quise saber curioso, notándole renuente a decírmelo.
—Me ha dicho que colecciona preguntas de curiosos. La mía es la ciento noventa y dos, hoy.
Le noté tan disgustado, que lo acepté por bueno. De ser cierto aquello, resultaba realmente chocante que un hombre santo lo único que estuviera haciendo fuese contar las preguntas estúpidas que le hacían. Y de ser así, resultaba de lo más sorprendente lo que podía interpretarse como gran muestra de humor jocoso en un hombre tan cargado de dignidad y seriedad.

¿EL REY FATAFEHI DE TONGA FUE UN SUPERMAN O UN EXTRATERRESTRE? (SUPERSTICIONES,MISTERIOS Y MAGIA)

eugen-ansen-hoffmann-austrian-19-e28093-harem-scene (Obra fotográfica de Eugen Ansen) Copyright textoAndrés Fornells
He podido saber, hurgando en la historia de este pecador mundo nuestro, que existió un rey llamado Fatefehi de Tonga, al que se le atribuye la increíble hazaña de haber desflorado entre los años 1770 y 1784 la insuperable suma de 37.800 vírgenes —Virgo viene de Virga, que significa rama que nunca se ha roto—, lo cual si las matemáticas no nos engañan equivale a romperles la rama a siete doncellas diarias.
Sé que muchos pirados me dirán que eso lo puede hacer cualquiera, teniendo en cuenta que la duración de un coito —esto es un dato científico, que no lo pongo yo aquí al tuntún —ad vultum tuum— es de 2 minutos 50 segundos. Pero sobre lo que ningún estudio se ha hecho es del tiempo que se tarda en conseguir este objetivo iniciático, especialmente si las siete vírgenes diarias ofrecen resistencia porque no quieren dejar de serlo y se defienden con arañazos, mordiscos y patadas.
Gracias a mi bien intencionada investigación he conseguido una fotografía de este extraordinario destrozador de membranas femeninas, de cuya fiabilidad no respondo —pues según tengo entendido la fotografía se inventó en 1822—, a no ser que este portentoso fornicador alcanzase una longevidad muy fuera de lo común, algo muy discutible teniendo en cuenta la vida tan abusiva y sacrificada que lleva-ba.
Según estudios científicos muy recientes, parece ser que para eyacular no hace falta tener cerebro, pues la orden que produce este derrame seminal viene de la médula espinal, por lo que nada podemos decir sobre la inteligencia o falta de ella del rey Fatefehi de Tonga.
Fatafehi_Tu_ipelehake_001 Si este monarca odiaba este exagerado desflore diario —es un suponer—, alguien podía haberle aconsejado que imitara a los fenicios que hacían desflorar a sus hijas por sirvientes masculinos de la casa para ahorrarles tan penoso trabajo a sus futuros maridos, o como los aristócratas de la antigua Grecia hacían que des-floraban a sus doncellas con un pene de piedra del dios Príapo, que por ser el dios de la fertilidad, la mujeres así maltratadas tenían garantizado parir muchos hijos.
Nada he podido averiguar—aunque lo he intentado arduamente— sobre la descendencia que tuvo Fatafehi de Tonga, pero suponiendo que le salieran bien las cuentas, pongamos 37.800 mujeres, la que no quedase embarazada por la que tu-viese gemelos, sumar alrededor de los 40.000 hijos resulta meridianamente posible.
Esto es fertilidad y no la de nuestras familias numerosas con únicamente tres vástagos. ¡Ay, qué tiempos aquellos!

LA FÁBULA INDIA DEL ELEFANTE BLANCO (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

LA LEYENDA DEL ELEFANE BLANCO(Copyright Andrés Fornells)

(Me lo contaron en Agra—India)
Cuenta una antigua fábula hindú, que hubo una vez tres grandes sabios que embarcados en la exploración de los Misterios Universales decidieron salir en busca del “Sagrado Elefante Blanco” que para ellos, según sus ancestrales creencias, representaba la VERDAD SUPREMA. Los tres sabios tenían en común el defecto físico de ser ciegos, pero esto no les impedía avanzar guiados por sus otros sentidos y los poderosos ojos de su alma.
Buscaron al “Sagrado Elefante Blanco” en grandes ciudades, sin éxito alguno. Llegados finalmente, agotados, a un pueblecito humilde y allí, un anciano, al ser preguntado por ellos, les indicó el lugar donde hallarían a ese elefante especial que estaban buscando.
Los tres ciegos anduvieron, a partir de aquel momento, con todos sus sentidos aguzados al máximo, a excepción del sentido de la vista porque éste no lo poseían. Llegó el atardecer y, aunque se encontraban exhaustos, siguieron buscando y por fin oyeron y olieron la presencia del “Sagrado Elefante Blanco”. Henchidos de emoción corrieron hacia él, que se encontraba tumbando plácidamente sobre un montón de hojas. Uno de los ancianos sabios se agarró fuertemente a su trompa, extasiado. Otro de los sabios ciegos se abrazó a las patas del paquidermo, con igual embeleso. Mientras el tercero rodeó tiernamente con ambos brazos una de las grandes orejas del animal.
Cada uno de los sabios experimentó al entrar en contacto con el elefante sagrado un sinfín de emociones, de experiencias y sensaciones, tanto interiores como exteriores, recibiendo de este modo la bendición del “Sagrado Elefante Blanco”.
Logrado esto, los tres sabios regresaron a su aldea donde se reunieron en una choza y allí compartieron las sensaciones y emociones que el encuentro con aquel animal sagrado les había transmitido. Y entonces surgieron entre ellos vehementes discusiones sobre «la Verdad”. El anciano que tuvo cogida la trompa del paquidermo dijo:
—La “Verdad” es larga, rugosa y flexible.
El anciano que estuvo cogido a las patas del animal dijo:
—La “Verdad” no es así, “la Verdad” es dura y mediana, como un grueso tronco de árbol.
El anciano que tuvo en sus manos la oreja del paquidermo rechazó las explicaciones de los otros dos y dijo:
—Estáis equivocados: “la Verdad” es fina, amplia y se mueve con el viento.
Tras esta demostración de total desacuerdo, los tres sabios se fueron cada uno por su lado, visitaron muchos países y en todos ellos difundieron su “Verdad”. Los tres habían llegado a encontrar la Divinidad, pero no percibieron su amplitud, sino que se limitaron a experimentar una parte, no el Todo, por lo tanto, aunque sinceros y honestos en su prédica, erraron al expandirla, expandir “la Verdad” debido a su propia limitación mental.

LEYENDA ESQUIMAL (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

Nanuk-y-mujer-esquimal(Copyright Andrés Fornells)

(La mujercita esquimal y el oso Nanuk)
Todos hemos oído contar que los esquimales consideran un honor ofrecer, a los invitados que los visitan, a sus mujeres para el uso sexual, por lo que se cree que estos habitantes de las tierras árticas desconocen los celos; pero lo que se conoce muy poco de ellos son sus leyendas. He aquí un relato (retocado por mí para hacerlo más comprensible) que aparece en “Los últimos reyes de Thule”.
Un gran oso macho llamado Nanuk se enamoró perdidamente de una pequeña mujer esquimal, y ella disfrutaba mucho con sus atenciones. Este gran oso la visitaba cada vez que su marido salía a cazar, con la intención de que su presa fuese precisamente este gran oso.
En uno de sus primeros encuentros sexuales, mientras el oso y la mujer esquimal se hallaban el uno en brazos del otro, el animal le dijo a la mujer:
—Hembra hermosa, yo vivo muy arriba en la montaña. Hay que caminar dos horas para llegar allí. Mi iglú es muy bonito, pero en él, yo solo todo el tiempo, me aburro muchísimo. ¿Sabes?, me gustaría tener allí una linda mujer como tú, pero tú no quieres venir, y me obligas a reunirme aquí contigo. A mí no me importa recorrer tan larga distancia porque te amo. Lo que sí me importaría muchísimo sería que le dijeras a tu marido, que sueña con cazarme, el lugar dónde vivo. Nunca se lo digas porque si tal haces, yo lo sen-tiré en mi corazón, me enfureceré hasta la locura y me volveré muy peligro-so.
—No temas, Nanuk, nunca le diré a mi esposo dónde vives —aseguró ella acariciándole, cariñosa, la peluda cabeza.
Pasaron los días y el cazador apenas conseguía cazar nada y mucho menos a Nanuk, todo lo cual le tenía de muy pésimo humor. A veces hus-meaba al llegar a su iglú y exclamaba, suspicaz:
—¡Qué extraño! Aquí dentro huele a oso.
—Figuraciones tuyas —astuta su consorte—. El olor que notas debe ser el de tus botas, pues sudas mucho y tu sudor huele fuerte.
El cazador lo aceptaba. Y como la caza le iba cada vez peor se mostraba más y más huraño y desagradable con su esposa a pesar de que ella, para tenerle contento, limpiaba con esmero y se esforzaba en cocinar le mejor posible para él, los peces que ella pescaba. Mas su esposo no sólo se mostraba huraño con ella, sino que dejó de tener ganas de hacerle el amor.
Así estaban las cosas, cuando otra noche más, al ser la mujercita re-chazada por su marido se le escapó musitar en sueños:
—Nanuk… tú sí que me haces caso… Mucho caso…
Su esposo se despabiló enseguida y sacudiéndola le gritó, una vez con-siguió despertarla, amenazador a más no poder:
—Tú sabes dónde está ese maldito animal. ¡Te exijo que me lo digas inmediatamente! —zarandeándola brutalmente.
Ella, asustada, pues nunca lo había visto tan enfurecido, confesó:
—Nanuk vive allá en lo alto de la montaña, justo a dos horas de aquí en línea recta hacia el pico más alto que tú llamas Diente del Gigante.
El furibundo esquimal cogió al instante sus arpones y sus perros y to-dos salieron corriendo, en la dirección que la mujercita esquimal acababa de indicarle a su marido.
Pero cuando él y los canes llegaron al iglú del oso, lo encontraron va-cío. Había ocurrido que el corazón de Nanuk había sabido que la mujercita esquimal lo había traicionado y, llorando de pena y rabia había bajado, dan-do un rodeo para evitar al cazador y sus perros, hasta el iglú de éste.
Deseaba vengarse, vengarse de la mujer que lo había traicionado, pero al entrar en la vivienda y verla dormida, tan hermosa e indefensa, no fue capaz de causarle daño alguno, se limitó a destrozar a zarpados todo el iglú y a continuación se adentró mucho más profundamente en la montaña. Jamás volvió Nanuk a ver a la mujer que amaba y murió de vejez y tristeza por el amor de ella perdido para siempre.
NOTA: En la historia original no aparecen los nombres de la mujercita esquimal ni tampoco el de su marido.

INTERCAMBIANDO CUENTOS CON UN NIÑO FILIPINO

hada-silvermist

INTERCAMBIANDO CUENTOS CON UN NIÑO FILIPINO

En mi último viaje a Filipinas fui invitado por un amigo que vive en Manila a comer a su casa, el que llaman plato nacional, una exquisitez que cosiste en un lechón relleno de papayas y hojas de tamarindo. Por cierto, que los frutos de este árbol son muy recomendados como laxantes.

Mi amigo, que es filipino, lo mismo que su señora y su hijo de ocho años, me mostraron en todo momento una cordialidad y hospitalidad digna de los mayores elogios. Mientras disfrutábamos de la excelente comida, hablamos un poco de todo, en inglés, lengua que allí domina la mayor parte de la población. Hablamos de política, arte, deportes (especialmente, para satisfacer mi curiosidad, de la lucha de palos, lucha que en los tiempos antiguos era a muerte, y que durante mi estancia allí tuvo lugar todos los viernes después  de las peleas de gallos), y, como no podía ser de otra manera, hablamos de literatura también, pues este amigo tagalo es periodista.

Mientras tomábamos café después del suculento almuerzo, mi amigo me pasó una petición de su hijo, cuyos negrísimos, grandes y bellos ojos me habían estado observando todo el tiempo con extremado interés.

–Mi respetuoso hijo me ha rogado que te pida que le cuentes un cuento para niños. Un cuento que sea muy popular en tu país. Me avine enseguida a complacerle. Recordé que a mis hijos, de pequeños, les había impresionado mucho el cuento de Caperucita Roja y el lobo feroz, y le pregunté si le gustaría oírlo. Pero entonces intervino su padre y me dijo que su hijo no sabía lo que era un lobo, porque en su país no los tenían.

–Bien, entonces le contaré el de Los tres cerditos, que sí tenéis en vuestro país.

Le conté el cuento y el niño lo escuchó entre continuas risas. Cuando terminé le pedí me dijera por qué se había reído tanto, y me contestó que le había hecho muchísima gracia que los cerditos de mi cuento supieran hablar y fueran tan divertidos. Entonces, animado, aquel niño me dijo si quería escuchar un cuento filipino, y le respondí inmediatamente que lo escucharía encantado.

Volviendo a componer una expresión ilusionada, él me contó que según una antigua leyenda, dentro de su país existe una montaña toda de oro, y que nadie sabe dónde está situada. Muchísima gente la ha estado buscando durante cientos de años, pero nadie ha conseguido encontrarla.

–¿Y sabes por qué no han podido encontrarla? –me preguntó el pequeño–. Moví negativamente la cabeza, pendiente por completo de su relato-. Pues no la han encontrado porque sólo podrá encontrarla un niño que sea bueno y obediente, pues sólo un niño que sea así  podrá ver lo que existe en lo invisible y verá al Hada Chata sentada en la cumbre de la montaña de oro. Yo descubriré donde se encuentra el Hada Chata y esa montaña y se la regalaré a mis papás a los que quiero muchísimo.

Fue cuando él dijo está última frase que a mí se me llenaron de humedad los ojos, me acordé de mis hijos y decidí que había llegado el momento de hacer la maleta y regresar a casa. Llevaba ya demasiado tiempo lejos de mis seres queridos. 

FLORES Y PERFUME EN LA POLINESIA (MIS VIAJES)

(Copyright andrés Fronells)
Quienes visitan la Polinesia aprecian inmediatamente dos señas de identidad características de las mujeres y los hombres polinesios: la flor de tiaré en las mujeres y los tatuajes en los hombres. Las flores tiaré y las flores de los hibiscos son las más apreciadas en las idílicas islas de los mares del sur. Sus colores, como bien saben los amantes de la floricultura, son el blanco, el rojo, el naranja y el amarillo.
Desde tiempo inmemorial ha existido una extraordinaria complicidad entre las flores y las mujeres. En las regiones insulares de la Polinesia existe un lenguaje muy significativo entre las flores y las mujeres, e infinitamente menos entre las flores y los hombres, como explicaré al final:
Veamos el significado que tiene para la mujer polinesia lucir flores de tiaré en su cabeza. Si la mujer lleva una flor detrás de la oreja izquierda significa que está comprometida o casada y no está dispuesta a cometer adulterio. Si lleva la flor detrás de su oreja derecha significa que esta soltera y dispuesta a encontrar un nuevo amor. Si lleva una flor a cada lado significa que está comprometida, pero indecisa y abierta a una posible nueva relación. Si la flor la lleva en la parte trasera del cabello significa que necesita un amor con urgencia o más específicamente: Sígueme.
Advertencia a las mujeres casadas que quieren conservar a su marido a pesar de los posibles defectos que él posee: Agárrenlo bien fuerte cada vez que pase una joven polinesia que aparte de llevar la flor tiaré en la oreja derecha lleva otra en la parte de atrás del pelo y además haya untado su cuerpo con el aceite perfumado “Monoï de Tahití” porque este tipo de hembras polinesias suelen ser irresistibles.
En cuanto a los hombres, algunos llevan una flor tiaré, pero no abierta como la de las mujeres sino en su estado capullo. Quién sienta curiosidad que les pregunte su significado.

¿SON PROSTITUTAS LAS GEISHAS?(MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

(Copyright Andrés Fornells)
GEISHA proviene de los fonemas chinos «Gei», que significa arte, habilidad, y «Sha» que significa persona. Muchos extranjeros consideran, erróneamente, que las geishas son prostitutas, debido a que algunas avispadas y astutas zorritas se presentan a los turistas como tales aprovechando el morbo y el misterio que despiertan las auténticas geishas a los ojos de los turistas ávidos de exotismo por conocer a estas mujeres que tan extraordinaria fama han conseguido mundialmente gracias a las numerosas películas que se han realizado sobre ellas y también por la gran cantidad de libros que se han escrito dándoles notorio protagonismo.
Tradicionalmente la geisha auténtica se mantiene soltera y, en el caso de contraer matrimonio, lo correcto es que se retire de esta antigua y peculiar profesión (creo se lleva ejerciendo desde hace más de 400 años). Su compromiso como geisha incluye entretener, coquetear, incluso excitar, pero de ninguna manera es pagada ni obligada a mantener una actividad sexual con los clientes que requieren sus servicios. Sin embargo, si una geisha lo desea, sí puede practicar sexo con un cliente, pero sin que ello signifique que entra dentro de sus obligaciones como geisha.
Sin embargo, la gran mayoría de las geishas suele tener un “danna” o sea un cliente habitual que la convierte en lo que aquí, entre nosotros, llamamos una querida o mantenida. Y al igual que ocurre, por lo general en nuestro país con este tipo de mujeres mantenidas, el “danna” es un hombre rico que la mantiene lujosa y ociosamente mientras él sigue llevando de cara a la sociedad una vida ejemplar con su mujer y sus hijos. O sea, como diría un latinista: “Nihil novum sub sole”.
Según pude averiguar en una visita que realicé a Japón, los hombres acaudalados pueden comprar la virginidad de una geisha por un precio muy alto, suma que va creciendo continuamente debido a que, por motivos de la creciente permisividad y desenfrenada sexualidad, en el Japón como en tantos otros países del ancho mundo, la doncellez femenina se esté convirtiendo en “rara avis”.
En cierta ocasión, a una geisha que emitía encantadores maullidos acompañándose de su “shamisen” (una guitarrita con solo 3 cuerdas), un ex amigo mío cometió el atrevimiento de pedirle que tocara con ella, para él, un rock & roll. Lógicamente lo echaron a la calle por irrespetuoso y sacrílego.

LOS DERVICHES (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)


El sufismo es una corriente mística del Islam, con más de 50 millones de seguidores en el mundo. Sus partidarios persiguen el propósito de inspirar una unión entre los seres humanos y Dios, por medio de la elevación del alma a unos estadios más avanzados de conciencia. Aparte de este propósito espiritual, el sufismo ha logrado ya una rica cultura, en forma de música y poesía, que son especialmente destacables en Turquía, Pakistán y Senegal.
La mayoría de los sufíes están organizados en órdenes que elaboran rituales de recitación y danzas destinadas a generar estados místicos que faciliten el camino de los iniciados hacia la unión con Dios.
Los sufíes de Turquía llevan a cabo encuentros en los que se recita de forma colectiva frases o expresiones que recuerdan y alaban a Dios, basándose en el verso coránico: Recordadme y os recordaré. También son recitados los atributos divinos que aparecen mencionados en el Corán, versos del Libro y alabanzas a la figura del Profeta Muhammad.
Los sufíes más conocidos a nivel internacional son los derviches de la Orden Mevlevi, muy famosos por sus danzas giratorias que realizan con el acompaña-miento de poesía cantada del Mathnawi, la principal obra del fundador de la Orden, Yalal al Din Rumi (1207-1273), uno de los más importantes sabios sufíes de todos los tiempos. Su método incluye tres elementos que trascienden las barreras de la comunicación humana: la música, la poesía y el recuerdo. La combinación de estos tres elementos tiene lugar en la ceremonia de la danza giratoria (Sema).
La Sema, compuesta por siete partes, representa el viaje místico de una persona hacia Dios. La ceremonia intenta reflejar la naturaleza giratoria de todo lo que se encuentra en la naturaleza, desde las galaxias a los átomos. Mediante la Sema el sufí llega al conocimiento de la Verdad, lucha contra su ego y abraza la perfección. Cuando regresa de su viaje espiritual, lo hace como alguien que aspira a servir con amor y entrega a toda la creación.
Con respecto a las largas ropas blancas que los derviches llevan en la Sema, éstas ropas representan mortajas para el ego; los largos gorros en forma cónica que llevan en su cabeza simbolizan tumbas de piedra para ese mismo ego. Durante la danza mística, que puede durar horas, el derviche mantiene el brazo derecho levantado para recibir simbólicamente las bendiciones y energía de lo alto, mientras que el brazo izquierdo está inclinado hacia abajo con el fin de derramar sobre la tierra las bendiciones recibidas. Los derviches forman un círculo y cada uno de ellos se mueve en armonía al ritmo de la música, aumentando lentamente la velocidad e intensidad de los movimientos hasta que todo termina en una cumbre de exaltación espiritual.
A lo largo de su vida Yalal al Din Rumi (fundador de la orden de los derviches) escribió una extensa obra literaria. Además de su obra cumbre, el Mathnawi (Dísticos), escrita en persa, que está compuesto por seis libros y casi 25.000 pareados, compuso 2.500 odas místicas y 1.600 cuartetos.  En el Mathnawi se expresa la voz de lamento del alma humana, que desea abandonar su exilio terrenal, buscando la reunificación con su Creador. Yalal al Din Rumi es considerado uno de los principales poetas de la literatura turca, donde es conocido con el nombre de Meviana Celaleddin Rumi. Este destacado místico del islam enseñó que el amor era el camino hacia el crecimiento espiritual y el perfeccionamiento interior. En su obra, expresaba también una gran tolerancia hacia las personas de cualquier creencia.
Quien quiera que seas, ven.
Aunque seas un incrédulo,
un pagano o un adorador del fuego, ven.
La nuestra no es una hermandad de desesperación.
Aunque hayas roto tus promesas de arrepentimiento cien veces, ven.
Lamentablemente, en la actualidad, personas que no pertenecen a esta orden sufí realizan sus danzas con fines esencialmente turísticos.
Un cuento sufí del siglo XIII narra que, en una ocasión, un sabio manifestó:
–La música es el chirrido de las Puertas del Paraíso.
Un ignorante al oírlo comento a este respecto:
–Los chirridos de las puertas no me gustan.
Entonces el sabio le explicó:
–Yo oigo las puertas cuando se abren, mientras que tú las oyes cuando se cierran.

LA MÚSICA Y EL CULTO MWARI DE LOS ZIMBABUENSES (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)


LA MÚSCIA Y EL CULTO MWARI DE LOS ZIMBABUENSES
(Copyright Andrés Fornells)
La música posee una enorme importancia para los zimbabuenses. En los eventos sociales (bodas, entierros, cosechas, nacimientos) forman unos coros admirables, tanto por la belleza de las voces como por la innata armonía que éstas guardan. Sus instrumentos más conocidos son la marimba, (un exótico xilófono de madera), la mbira, (conocido también como piano del dedo pulgar), los mujejeje (campanillas de piedra) y los tambores. Asistí en Harare a un concierto que dieron varios instrumentos de percusión unidos y compenetrados, que me significó uno de los más impresionantes eventos musicales de los que guardo memoria. Fue como si el alma misma de toda esta raza tan antigua formase una melodía mágica, ancestral, imperecedera.
En Zimbabue la mitad de la población practica (por la inevitable influencia británica) el cristianismo anglicano, aunque en la mayoría de los casos se practica una religión híbrida entre el cristianismo y las creencias tradicionales de sus antepasados.
Son especialmente fuertes, sobre todo en la religión shona, las creencias de Mwari, un sistema de creencias animistas monoteísta que practica el culto al ancestro, como medio de intercesión es la religión dominante. Según su creencia la tierra está protegida por los espíritus de sus antepasados.
Para ellos Mwari es el ser supremo e invisible creador de la humanidad. Mwari se manifiesta especialmente en la erupción de volcanes, relámpagos y también habla sobre los asuntos de los humanos en cuevasnaturales, entre rocas y templos a través de un oráculo conocida como la Voz de Mwari. Este oráculo lo realizan mayoritariamente médiums hombres, y también alguna mujer. Los médiums siguen siendo muy respetados en Zimbabue pues a algunos de ellos se les cree dueños del poder de provocar lluvia salvadora en épocas de terribles sequías.
El oráculo sirve como un intermediario entre los espíritus, el dios y las personas, sobre todo en casos de desastre natural o en caso de agresiones externas contra el país. Era el oráculo, de hecho, el que anunció, en el pasado, el momento más propicio para empezar la primera Chimurenga (rebelión) en 1896 que tantas vidas humanas causó a lo largo de muchos años, mayoritariamente entre los habitantes del país luchando contra los invasores blancos infinitamente mejor armados y organizados.
Desgraciadamente, después de obtenida, tras terribles luchas la independencia, los zimbabuenses continúan sin conseguir el bienestar y la paz que anhelan y merecen.

TEMPLO DEDICADO AL DIOS DEL AMOR (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

(Copyright Andrés Fornells)
El poco ostentoso templo de Jishu es un adoratorio sintoísta dedicado al dios del amor Okuninushi-Mikoto, del que hay una estatua acompañada por la figura de su conejo mensajero. Asegura una leyenda japonesa que visitarlo ayuda, a quienes no lo tienen, a encontrar el amor verdadero.
En el centro de este templo hay dos «piedras del amor», las Mekura ishi; rocas que son consideradas milagrosas. Quien no la tiene, y desea encontrar pronto pareja, ha de caminar a ciegas los dieciocho metros que separan una roca de la otra. Si logra con los ojos cerrados, comenzando de una roca llegar a la otra sin pasar de largo, será señal de que en un plazo muy corto verá cumplido su deseo de encontrar pareja.
Este modesto santuario está un poco escondido en la parte de atrás de Kiyomizu y se llega a él a través de los estrechos y empinados pasos peatonales de Ninen-zaka y Sannen-zaka, que conservan todavía la atmósfera urbana del Japón antiguo.
Solteros, divorciados y faltos de pareja, tienen aquí una oportunidad de dejar de caminar solos por la vida. Prueba de que esta ilusionante leyenda puede funcionar, la tengo en un amigo casado con una maravillosa mujer nipona.