LAS CASITAS DE ESPÍRITUS TAILANDESAS

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LAS CASITAS DE ESPÍRITUS TAILANDESAS

Una de tantas cosas que llaman mucho la atención a quienes visitan Bangkok por primera vez  son esas casitas  que los tailandeses  tienen colocadas en sus casas, en sus patios o incluso en las calles frente a tiendas y otros negocios para que residan en ellas los buenos espíritus y éstos les den buena suerte y alejen las desgracias. Colocadas en los jardines, de Bangkok, dominan el panorama entre los juncos, heliconias y orquídeas (siempre asegurándose de que su sombra no se interponga con la propiedad principal para no insultar a los espíritus) Estas casitas las construyen principalmente de cemento y madera.  Las talladas con madera de teca y pintadas de diversos colores, son en mi opinión las más bonitas.  Yo les encuentro cierta similitud con las pequeñas ermitas ortodoxas con que en Grecia honran a sus santos. Y que no se ofenda nadíe por lo que es solo una apreciación sin más.

Los tailandeses son extremadamente supersticiosos. Su inclinación supersticiosa llega a tal punto que realizan ofrendas incluso a los espíritus malos para que no los ataquen. Para aplacar a los espíritus les ofrecen guirnaldas de flores, incienso, velas y comestibles, ubicándolo todo dentro y fuera de las casitas ante las cuales los he visto arrodillarse y rezar. Y aunque han abrazado mayoritariamente el budismo, los tailandeses siguen conservando, muchos de ellos, algunos ritos animistas bastante más antiguos que la religión actualmente oficial en su país. La conversión al budismo data de unos 2.500 años, pero muchísimo antes ya el animismo estaba bien asentado y prevalecía en las creencias populares.

También los trenes, embarcaciones, taxis, vehículos privados y de transporte llevan dentro de ellos talismanes y casitas de espíritus para que los protejan a ellos y a los viajeros que ellos transportan.

La religión es uno de los ejes de la cultura tailandesa; influye en las tradiciones, en la cultura, en la economía y en la política. En el animismo los tailandeses buscan protección, y en el budismo la reencarnación que les dará otra vida mejor o peor según lo bien o mal que hayan obrado en ésta. Deseosos de obtener esa vida mejor, la mayoría procura cumplir los cinco preceptos primordiales para ellos: ayudar a los necesitados y venerar a sus antepasados, ser bondadoso con su prójimo, realizar ofrendas a los monjes y a Buda, ofrecer tributos al templo y emplear tiempo en meditar. Los monjes budistas reciben el máximo respeto de la gente porque han aceptado una vida de absoluta pobreza, sin tener más posesiones que su vestimenta, el recipiente de metal para su única comida diaria, una bolsa de mano, un abanico de papel y un paraguas. Y nada más. Todo un ejemplo para otras religiones que destacan por su desmesurada riqueza.

LOS DERVICHES (SUFISMO)

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LOS DERVICHES

El sufismo es una corriente mística del Islam, con más de 50 millones de seguidores en el mundo. Sus partidarios persiguen el propósito de inspirar una unión entre los seres humanos y Dios, por medio de la elevación del alma a unos estadios más avanzados de conciencia. Aparte de este propósito espiritual, el sufismo ha logrado ya una rica cultura en forma de música y poesía, que son especialmente destacables en Turquía, Pakistán y Senegal.

La mayoría de los sufíes están organizados en órdenes que elaboran rituales de recitación y danzas destinadas a generar estados místicos que faciliten el camino de los iniciados hacia la unión con Dios.

Los sufíes de Turquía llevan a cabo encuentros en los que se recita de forma colectiva frases o expresiones que recuerdan y alaban a Dios, basándose en el verso coránico: Recordadme y os recordaré. También son recitados los atributos divinos que aparecen mencionados en el Corán, versos del Libro y alabanzas a la figura del Profeta Muhammad.

Los sufíes más conocidos a nivel internacional son los derviches de la Orden Mevlevi, muy famosos por sus danzas giratorias que realizan con el acompañamiento de poesía cantada del Mathnawi, la principal obra del fundador de la Orden, Yalal al Din Rumi (1207-1273), uno de los más importantes sabios sufíes de todos los tiempos. Su método incluye tres elementos que trascienden las barreras de la comunicación humana: la música, la poesía y el recuerdo. La combinación de estos tres elementos tiene lugar en la ceremonia de la danza giratoria (Sema).

La Sema, compuesta por siete partes, representa el viaje místico de una persona hacia Dios. La ceremonia intenta reflejar la naturaleza giratoria de todo lo que se encuentra en la naturaleza, desde las galaxias a los átomos. Mediante la Sema el sufí llega al conocimiento de la Verdad, lucha contra su ego y abraza la perfección. Cuando regresa de su viaje espiritual, lo hace como alguien que aspira a servir con amor y entrega a toda la creación.

Con respecto a las largas ropas blancas que los derviches llevan en la Sema, éstas ropas representan mortajas para el ego; los largos gorros en forma cónica que llevan en su cabeza simbolizan tumbas de piedra para ese mismo ego. Durante la danza mística, que puede durar horas, el derviche mantiene el brazo derecho levantado para recibir simbólicamente las bendiciones y energía de lo alto, mientras que el brazo izquierdo está inclinado hacia abajo con el fin de derramar sobre la tierra las bendiciones recibidas. Los derviches forman un círculo y cada uno de ellos se mueve en armonía al ritmo de la música, aumentando lentamente la velocidad e intensidad de los movimientos hasta que todo termina en una cumbre de exaltación espiritual.

A lo largo de su vida Yalal al Din Rumi (fundador de la orden de los derviches) escribió una extensa obra literaria. Además de su obra cumbre, el Mathnawi (Dísticos), escrita en persa, que está compuesto por seis libros y casi 25.000 pareados, compuso 2.500 odas místicas y 1.600 cuartetos.  En el Mathnawi se expresa la voz de lamento del alma humana, que desea abandonar su exilio terrenal, buscando la reunificación con su Creador. Yalal al Din Rumi es considerado uno de los principales poetas de la literatura turca, donde es conocido con el nombre de Meviana Celaleddin Rumi. Este destacado místico del islam enseñó que el amor era el camino hacia el crecimiento espiritual y el perfeccionamiento interior. En su obra, expresaba también una gran tolerancia hacia las personas de cualquier creencia.

Quien quiera que seas, ven.

Aunque seas un incrédulo,

un pagano o un adorador del fuego, ven.

La nuestra no es una hermandad de desesperación.

Aunque hayas roto tus promesas de arrepentimiento cien veces, ven.

Lamentablemente, en la actualidad, personas que no pertenecen a esta orden sufí realizan sus danzas con fines esencialmente turísticos.

Un cuento sufí del siglo XIII narra que, en una ocasión, un sabio manifestó:

-La música es el chirrido de las Puertas del Paraíso.

Un ignorante al oírlo comento a este respecto:

-Los chirridos de las puertas no me gustan.

Entonces el sabio le explicó:

-Yo oigo las puertas cuando se abren, mientras que tú las oyes cuando se cierran.

 

 

VIAJANDO POR BULGARIA (VIAJES)

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VIAJANDO POR BULGARIA

En mi segundo viaje a Bulgaria, me alojé, igual que en mi viaje anterior, en casas particulares. Es la mejor manera de conocer lo que piensa, siente y conoce la gente sencilla, la gente de la calle, lo cual casi siempre resulta una experiencia enriquecedora y, en muchas ocasiones, entrañable.

Una de estas experiencias, que puedo calificar de entrañable, fue la estancia de dos días en el hogar de un matrimonio búlgaro de mediana edad, sin hijos, que me trataron más como a un amigo que como a un huésped. Se llamaban Natieska y Dimitar. Tenían muy buen carácter los dos. A ella, la mujer, la escuché cantar en la cocina y su canto me sonó a una mezcla de canción flamenca y canción marroquí, muy agradable al oído.

Yo llegué a su casa por la recomendación que me hizo el empleado de una gasolinera a quién pregunté dónde podría yo alojarme por un par de noches.

Este matrimonio, muy humilde, como podía apreciarse en el sencillo y viejo mobiliario de su hogar, vivía principalmente de los productos que conseguía cultivar en la pequeña huerta que poseía.

Dimitar había trabajado en Alemania durante un par de años y pudimos entendernos bastante bien los dos en este idioma, que yo también domino.  Con Natieska, su mujer, nos entendíamos por medio de sonrisas y mucha mímica todo lo cual encerraba incertidumbre, misterio y también encanto.

Al día siguiente de haber dormido en un cuartito pequeño, sin decoración ninguna, en una cama dura, que son las que a mí me gustan, resultó que era festivo y los dos esposos habían decidido permanecer en casa. Mientras desayunábamos café con un bollo de pan y un yogurt (que en Bulgaria los hacen riquísimo), les dije que pensaba visitar el monasterio Rial y tendría mucho gusto en llevarles allí con mi coche alquilado, si ello les apetecía. Aceptaron enseguida pues, a pesar de tenerlo muy cerca, hacía la tira de años que no lo visitaban.

Y emprendimos el viaje, Natieska sentada en el asiento de atrás y Dimitar, su marido, a mi lado en la parte delantera del automóvil. Intencionadamente, pues una de mis grandes curiosidades es conocer las supersticiones más arraigadas en los países que visito, le pedí a Dimitar que me contara algunas de las supersticiones más populares de su país.

Para no alargarme mucho, hablaré únicamente de la que más llamó mi atención, entre las varias que Dimitar tuvo la amabilidad de contarme, y que es la siguiente: Muchas familias búlgaras toman la precaución, cuando nace un niño, de no permitir que nadie lo vea, a él o a su madre durante un periodo de cuarenta días, para así evitar que nadie pueda echarle mal de ojo. Pasada esta cuarentena la madre de la criatura invita a todos sus familiares, cercanos o lejanos, y amigos a su casa a comer una gran hogaza de pan redondo para desear, comiendo de ella, salud al bebé. Este pan no se corta, sino que se arranca a pedazos con los dedos y uno de estos pedazos se coloca en lo alto de un armario para que el bebé crezca sano. Y ponen también miel en la mesa para que su vida sea dulce. Y una tradición muy arraigada entre ellos es una que llaman prochtapoulnik y que consiste, a partir del momento en que el bebé comienza a caminar, en reunir a los familiares en la casa, poner sobre una mesa diferentes objetos: un martillo, un destornillador, una pluma, unas tijeras, dinero, etc. Y esperan a que el pequeño se acerque él solo al lugar donde se ha dejado todo esto y, el objeto que el niño coja, será su oficio o profesión futura.

Quedé encantado con su explicación, y en esto llegamos al Monasterio de Rila (Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde el año 1983). Es el mayor y más renombrado de todos los monasterios búlgaros y el lugar más emblemático de Bulgaria, y por lo tanto de visita obligada. El monasterio de Rila está situado a 1.150 metros de altura, aislado en un estrecho valle y rodeado de montañas boscosas. Fue fundado en el siglo X por el venerado eremita Iván Rilski  (que más tarde proclamaron santo de la Iglesia cristiana ortodoxa). La mayoría de sus edificios fueron construidos en los siglos XIII y XIV, llegando a ser durante algún tiempo un poderoso centro feudal. Tras saqueos, incendios y el abandono durante el dominio otomano, a principios del s. XIX el monasterio resurgió en todo su antiguo esplendor. Tiene una estructura circular, con dos entradas. Cuenta con una plaza central empedrada donde están la Torre de Hrelyu (la única parte que queda de lo construido siete siglos atrás), hecha de piedra y con una altura de 23 metros, y la espectacular y maravillosa Iglesia de la Natividad, con tres grandes cúpulas. Esta iglesia alberga un sofisticado iconostasio, creado por artistas de la región de Pirin, y en sus paredes exteriores encontramos algunas de las pinturas más bonitas de la tradición cristiana oriental (un destacado ejemplo son las del celebrado y hábil maestro búlgaro Zahari Zograf, que nació en 1810 en Samokov). Alrededor de esa plaza se encuentran los edificios que albergan la zona residencial del monasterio, los cuales tienen una altura de 4 pisos y contienen 400 celdas para los monjes y huéspedes, cuatro capillas, un museo (conserva tesoros del arte sacro búlgaro, donde lo más destacado es la Cruz de Rila) y una espectacular cocina, donde destacan por su tamaño una enorme chimenea (con una altura de 23 metros) y unos descomunales calderos que permitían preparar comida para miles de peregrinos. Y no me extiendo más, porque maravillas como ésta son más para verse que para contarse.

Comimos en un restaurante cercano un plato exquisito llamado Kavarma (compuesto  de carne de pollo asado en cacerola de arcilla, condimentado con cebolla, ajedrea, pimiento y sal).

La comida fue invitación mía y me abrumaron las grandes muestras de agradecimiento que me mostraron Natieska y Dimitar.

Al día siguiente, sabedores por boca mía de que soy aficionado a escribir cosas curiosas, me llevaron al entierro de un conocido suyo donde todos me dijeron consideraban un honor que yo, un extranjero, asistiera al sepelio. Me sorprendió ver que mantenían el ataúd abierto durante el oficio religioso. El muerto era un hombre mayor muy delgado. Debo confesar que su rostro cerúleo y cadavérico, impresionaba. Finalizado el entierro, la familia se reunió en la casa (una casa muy humilde y muy limpia) y allí comimos trigo hervido con azúcar que es lo habitual en este tipo de luctuosas reuniones. Varias personas lloraban, pero lo hacían de una forma moderada, sin exagerados gritos de dolor, aspavientos y escandalosos sollozos. Me contó Dimitar que los funerales para el fallecido se celebrarían cuarenta días después de la defunción, pues según ellos estiman el espíritu del extinto permanece ese periodo de tiempo vagando alrededor de sus deudos y después marcha al cielo (no parecían considerar la posibilidad de que alguien fuera al infierno).

Al día siguiente, tal como tenía planeado, decidí continuar mi camino. Tuve que pelearme con  Natieska y Dimitar, porque a pesar de lo pobres que eran me habían entregado su amistad y no les parecía bien cobrarme. Al final conseguí que aceptaran mi dinero. Cualquiera que nos hubiera visto durante esta negociación habría pensado que estábamos representando una comedia bufa, pues para decir sí, los búlgaros mueven la cabeza de un lado a otro (todo lo contrario que nosotros) y para decir no, la mueven de arriba abajo (todo lo contrario que nosotros).

Valga este escrito como testimonio de que sigo acordándome con muchísimo cariño de Natieska y Dimitar.

ENCANTADORES DE SERPIENTES (MIS VIAJES)

(Copyright Andrés Fornells)
Se calcula que en la actualidad existen en la India unos 300.000 encantadores de serpientes. El gobierno hindú pretende quitarlos de la circulación. Está en vigor una normativa india aprobada en 1972 que prohíbe tener serpientes como animales domésticos. Debido a esta prohibición, los sapwalas no están ya más visibles en los lugares céntricos ofreciendo su espectáculo a los turistas, sino que actúan en lugares más discretos donde no suele molestarles la policía. Pero los saperas (como se los llama también) están en contra de las autoridades que son cada vez más exigentes con el cumplimiento de la ley. Ellos alegan que es su único medio de vida. Y el gobierno tampoco les ofrece ninguna otra alternativa. Algunos de estos encantadores de serpientes son, en contra de lo que puede pensar la mayoría de la gente, músicos bastante buenos. También hay alguna mujer que ejerce este antiquísima actividad. El promedio de serpientes que necesitan por año estos encantadores se calcula que son unas siete. Puede que en su totalidad parezca un número exagerado, pero no es así pues sigue habiendo muchísimas y causando numerosas muertes de personas todos los años.
Tan abundantes son todavía los ofidios que en la última visita que hizo el presidente Bush a la India, tuvieron que contratar a sapwalas para prevenir que alguno de ellos apareciera por el sitio donde el, entonces primer mandatario norteamericano iba a dar su discurso.
Todos estos tradicionales artistas callejeros suelen llevan con ellos una cesta con un par de serpientes naja dentro, un tumarit (flauta), y un morral que contiene algunas ratas y huevos, que son los alimentos que suelen darles a sus reptiles.
Su forma de actuar consiste en tocar la flauta después de haber abierto la tapa de la cesta donde las llevan. Las serpientes saltan fuera de su escondite, se yerguen majestuosamente frente al domador meciéndose con lentitud al compas de la música y los movimientos de su flauta. Las serpientes son sordas, pero al parecer captan ciertas vibraciones.
Algunos encantadores permiten que los ofidios se enrosquen alrededor de su cuello.
Terminada la actuación les dan de comer. El secreto de que no los muerdan, revelan algunos de los encantadores, se debe a que las serpientes los respetan; mientras que otros aseguran que se van inmunizando de niños inyectándose una pequeña cantidad de veneno. Y unos terceros afirman que antes de actuar hacen a las najas morder cosas blandas para que dejen el veneno en ellas. También emplean los sapwalas el truco de cambiar hábilmente la cobra inicial por una serpiente que no es venenosa. Y finalmente he escuchado que algunos encantadores se ponen en la corva de alguna de sus piernas una ramita de una planta cuyo olor es parecido al de la pimienta y que desagrada tanto al reptil que lo mantiene a distancia.
Yo no voy a argumentar si existe o no algo mágico en el trabajo que realizan los encantadores de serpientes, pero sí defiendo que corren riesgos y que demuestran un valor, una habilidad y un conocimiento de los hábitos de los reptiles que merecen ser reconocidos y premiado con unas monedas que les permiten sobrevivir como una de las misteriosas atracciones de la nación mundialmente segunda en cantidad de habitantes. Dhanyavaad (gracias)

BOMBAY Y SUS COMERCIANTES (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

(Copyright Andrés Fornells)
Bombay (Mumbai para los hindúes) es la capital del estado federal de Maharastra. Su nombre, según algunos estudiosos, deriva de la diosa local Mumba Devi, aunque también algunos otros defienden que el nombre proviene de la palabra portuguesa bom bahía. Los defensores de la primera teoría y los defensores de la segunda no se ponen de acuerdo en este punto. Mumbay se encuentra situada en las costas del mar arábigo. Es la ciudad portuaria más importante del subcontinente, el principal centro económico de la India y alberga a la mayor industria cinematográfica del mundo. Cuenta con numerosas universidades, teatros, museos y galerías.
En esta enorme ciudad se hablan alrededor de 200 lenguas y dialectos. La lengua más hablada es el maratí que la utiliza casi el cincuenta por ciento de la población. Los individuos de las clases altas dominan el inglés, y la gente de la calle que intenta vivir de los turistas lo chapurrea lo suficiente para entenderse en aquello que les interesa. Y una de las cosas que les interesa es llevar turistas a las tiendas que les dan comisión por traerlos allí.
A los buenos vendedores hindúes les apasiona el regateo. Siempre salen ganando porque pueden pedir mil por un objeto que vale diez, y cuando el comprador considera todo un triunfo haberlo conseguido por quinientos, sigue comprando carísimo, sin él saberlo. Estos vendedores hindúes (especialmente los joyeros) son extraordinariamente astutos y teatreros. Pueden mostrarse tan compungidos por el precio que has conseguido acordar con los xompradores, que casi te convencen de que realmente lo están.
Si tienes la suerte de ser el primer cliente que ese día ha entrado en su negocio dispuesto a comprar, puedes conseguir el mejor de los precios, pues estos comerciantes tienen la creencia de que la primera venta siempre les trae suerte, y conceden mayor rebaja de la habitual, por conseguirla. Por lo general, porque ellos te sonrien encantadoramente todo el tiempo, es muy divertido el regateo y siempre puedes terminar convencido, porque es cierto, que en tu país sería mucho más caro lo que has adquirido después de un divertido e inteligente estira y afloja con un vendedor de sonrisa genuina y cómica derrota cuando te acusa de haber sido más listo y astuto que él.

 

UN PARAÍSO EN FILIPINAS: LA ISLA DE PALAWAN (VIAJES)


(Copyright Andrés Fornells)
Esta isla, perteneciente a Filipinas, es un auténtico paraíso. En ella viven en paz y armonía 81 grupos culturales y razas. En la isla de Palawan abundan los bosques vírgenes, las junglas, las montañas y los islotes rodeados de coral y una extraordinaria fauna marina. Quienes quieran ver peces exóticos de formas y colores fantásticos deben visitarla. La arena de sus playas es blanca y fina y las aguas que las bañan son limpias y cristalinas.
El mar de Filipinas alberga una fauna y flora notoriamente exóticas. Existen casi 500 especies de corales duros y blandos y habitan en sus aguas costeras alrededor del 20 por ciento de todas las especies de moluscos existentes en el mundo. Además de las numerosas especies de peces de pequeño tamaño, en sus aguas de un bellísimo color turquesa abundan también, tiburones, atunes, morenas, tortugas marinas, calamares y serpientes de mar.
El mar de Filipinas es también zona de freza y cría de la anguila japonesa, del atún y de diferentes especies de ballenas.
Las principales actividades económicas en la región del mar de Filipinas son las explotaciones agrícolas y forestales, la pesca, los servicios de la administración pública, el comercio y la artesanía.
Sin embargo, la deforestación incontrolada de los bosques tropicales, con la consiguiente erosión de los suelos y la generalmente elevada contaminación atmosférica y de las aguas ocasiona graves daños ecológicos también en el medio ambiente marino. Esta creciente contaminación de las aguas afecta especialmente a los bosques de manglares ribereños, que sirven como zonas de freza y cría a numerosas especies de peces.
Ojalá que la desmedida ambición humana no destroce las bellezas y riquezas naturales que todavía posee este hermosísimo y paradisíaco país, para beneficio de sus habitantes y de la humanidad entera.

GEISHAS, DONCELLAS DEL AMOR CON ROSTROS DE PORCELANA (I) -VIAJES-


(Copyright Andrés Fornells)
La palabra geisha proviene de los fonemas chinos “Gei” que quiere decir arte habilidad, y “Sha” que significa persona. Y eso es lo que representan las geishas: personas con habilidad en diferentes artes. El kimono que llevan se lo hacen a medida, y las más prestigiosas geishas poseen una variada colección de kimonos para distintas ocasiones y estaciones del año.
Las geishas modernas siguen viviendo en los okiya (casas de geishas) aunque las mas experimentadas prefieren vivir en sus propios apartamentos. La elegante y alta cultura en que viven las geishas se llama Karyukai (mundo de las flores y los sauces). Los instrumentos que tocas las geishas son el shakuhachi (flauta de bambú) el taiko (un tambor) y el shamisen (un instrumento de cuerdas). Estas mujeres entrenadas para el gozo y entretenimiento de hombres importantes (especialmente en lo económico) dominan las canciones tradicionales, el baile japonés clásico, el sado (ceremonia japonesa del té) el kebaha (arreglos florales), la literatura y la poesía, añadiendo a lo anterior el exquisito arte de entretener y hacer pasar un tiempo agradable a los clientes.
Actualmente, Kioto mantiene todavía una fuerte tradición de geishas. Dos de sus más prestigiosos y tradicionales distritos de geishas son Gion y Pontocho. Las geishas nunca incluyen actividad sexual en sus actuaciones, aunque pueden algunas de ellas practicar sexo con algún cliente.
Fue tradicional para las geishas tener un donna (protector) que era un hombre adinerado, casado a veces y con recursos para financiar los costes del costoso entrenamiento tradicional de las geishas. Era muy habitual, especialmente tiempo atrás, que un donna comprase la virginidad de una geisha muy joven y la mantuviera como amante hasta cansarse de ella.
Las aspirantes a geishas estudian duramente para pasar de oshakus (doncellas) a geishas. La disminución de geishas ha sido considerable en los últimos cien años. Se calcula que ha descendido alrededor de un 70 %.
Quienes mantienen al pie de la letra la tradición calculan el compromiso de servicio de una geisha, el tiempo que tarda en consumirse una varita de incienso.
Mucha gente fuera de Japón, sobre todo, cree que las geishas son prostitutas, y ello es debido a que chicas que sí son prostitutas se hacen pasar por geishas aprovechándose así del prestigio que mantienen estas tradicionales artistas del entretenimiento.
Tradicionalmente, las geishas permanecen solteras y suelen retirarse cuando se casan, aunque no se retiran si tienen hijos mientras ejercen su profesión.
Sus antecesoras fueron las odoriko, bailarinas de profesión. Y si nos remon-tamos muchos, muchos más años atrás llegamos las kabuki odori (bailarines de los teatro ambulantes). Estas bailarinas ya ataviadas con bellos kimonos de seda, se encargaban de bailar ante los samuráis, de realizar la ceremonia del té, servirles sake, y de tocar el shamisen (instrumento algo parecido a la guitarra, pero de tres cuerdas, y con un sonido muy melódico), Este baile era conocido como Okuni. La gran mayoría de las kabuki odori eran en realidad hombres. Este nombre significa la conjunción de tres habilidades. «Ku» de canto, «bu» de baile, y «ki» de expresión.
En el año 1779, las geishas fueron reconocidas como artistas protegiéndolas así de que cayeran en la prostitución. Pues la geishas sólo se encargaban de distraer a los hombres, con amenas conversaciones, con danza, o tocando el shamisen, sin que entrara en ello el acto sexual. Las geishas y maikos que bailaban se denominaban tachikata, y las que se dedicaban a tocar un instrumento, jikata. Las geishas y maikos, contaban con un pacto de silencio, por lo que cualquier hombre podía estar tranquilo con respecto a que ellas guardarían para ellas cuanto se dijera en su presencia.
En épocas pasadas las niñas eran vendidas a las okiyas, casas donde vivían todas las geishas, bajo la tutela de una geisha anciana (okami-san), a la que llamaban okaasan (madre). La niña vendida contraía una deuda con su compradora, que devolvería con el dinero que le pagaran los hombres que solicitaran sus atenciones. Durante su etapa de aprendizaje la futura geisha era llamada shikomi y realizaba tareas de servicio, y recibía clases de canto, baile, modales, ikebana, ceremonia del té, shodô, y además asistían al colegio para adquirir una importante educación.
Después de la II Guerra Mundial fue prohibida la venta de las niñas a las okiyas. Hoy en día, las geishas y maikos que existen en Japón son por decisión propia, por su deseo de mantener viva esta tradición y son muy libres de mantener o no relaciones sexuales, así como de tener un danna (amante).

 

EL MONO Y LA SIRENA (leyenda camboyana) –VIAJES–


(Copyright Andrés Fornells)
Camboya es un país de Asia cargado de leyendas que van pasando de padres a hijos. Aquí dejo testimonio de una de esas leyendas que me contaron durante mi estancia entre los risueños y amabilísimos camboyanos.
Hubo una vez un príncipe casado con una princesa cuya extraordinaria hermosura maravillaba a cuantos la veían. Un día esta hermosa princesa fue secuestrada por un malvado enemigo. Su marido, el príncipe, mantenía una estrecha amistad con el general del ejército de los monos, y le pidió ayuda. El general de los monos, cuyo nombre era Hanuman, reunió a su ejército y elaboró un plan para rescatar a la esposa de su amigo. El plan consistía en construir un puente sobre el mar y por medio de este puente llegar a la tierra donde tenían retenida a la princesa. Una vez allí lucharían, derrotarían a sus captores y la traerían de vuelta a su reino.
Bajo las órdenes de Hanuman, los simios comenzaron la titánica tarea de ir colocando pesadas piedras en el mar, una encima de la otra, con la intención de construir el puente planeado; pero pronto se dieron cuenta de un hecho sorprendente, desconcertante. Cada vez que iban a colocar una piedra nueva, descubrían que la piedra anterior había desaparecido. Esto ocurrió una y otra vez y al final, desesperados, fueron a comunicarle a su general este exasperante fenómeno.
—¡Qué raro es todo esto! —dijo Hanuman —. Voy a ocuparme inmediatamente de descubrir que está sucediendo.
Y el general reunió a los mejores nadadores de su ejército, se sumergieron todos en el agua, y no tardando en descubrir que un grupo de sirenas llevaban mar adentro las rocas que ellos habían colocado, arruinando de este modo su inteligente y arduo proyecto.
Entonces nadaron detrás de ellas que estaban capitaneadas por su reina Sovann Macha. Hanuman consideró sería la mejor de las estrategias  capturar a la reina de las sirenas y convencerla de que ni ella ni sus compañeras debían destruir el puente que ellos habían comenzado a construir y que continuarían haciéndolo. Y astutamente la persiguió sin que ella se diera cuenta y cogiéndola por sorpresa logró rodearla con sus brazos e inmovilizarla. Sovann Macha se puso muy furiosa y se debatió con tanta fuerza que consiguió soltarse de él.
Y a partir de aquel momento ambos jugaron al escondite entre las rocas del fondo. A Sovann Macha no tardó en pasársele el enfado y empezó a reír, divertida, porque era mucho más diestra que Hanuman. Y entonces ocurrió un hecho extraordinario; viéndola tan grácil y hermosa, el general de los monos se enamoró perdidamente de la reina de las sirenas, y a partir de aquel momento en lugar de atacarla se dedicó a cortejarla. Y fue tan encantador, tan diestro en esta gozosa tarea, que ella también se enamoró de él. Y entonces cambió totalmente de actitud, pues ordenó a sus compañeras que, en lugar de destruir el puente ayudaran a los monos a construirlo.
Y pasado algún tiempo el puente estuvo terminado, el ejército de los monos pudo marchar por él, rescatar a la princesa y devolverla a su marido. Y a partir de ambos volvieron a ser muy felices juntos.
Y con resecto al baile que Hanuman y Sovann Macha realizaron dentro del agua, primero persiguiéndose y después cortejándose, es representado en algunas fiestas camboyanas por medio de figuras que representan a ellos dos.
Quien me narró esta antigua historia, resultó que desconocía el nombre del príncipe cuya esposa fue raptada y también el nombre de ella. Al parecer los protagonistas favoritos del pueblo eran el general de los monos y la reina de las sirenas. Y colorín colorado…

INDIA: SUS CALLES Y SUS VACAS SAGRADAS (Mis viajes alrededor del mundo)


(Copyright Andrés Fornells)
Alguien que conocía muy bien la fascinante India, dijo de este pobladísimo país (1. 353 millones de habitantes), que es el mayor teatro al aire libre del mundo. Paseando por las calles de Bombay (Mumbai para los nativos) puede uno encontrarse barberos, sacamuelas, encantadores de serpientes, santones predicando, mujeres embelleciendo el conjunto con sus saris y velos de vivos colores y, para no extenderme más, vacas sagradas. Las vacas sagradas lo tienen todo sagrado menos el hocico. Y es que esta parte de su anatomía, según una leyenda muy antigua, la castigó uno de los dioses más importantes del Hinduismo por haber intervenido este animal en un litigio a favor de un dios muy importante y en contra de otro dios hindú que no lo era menos.
Gracias a este favorable castigo los verduleros hindúes pueden alejar a las vacas a golpes (yo los he visto arreárselos a partes que duelen incluso más que en los hocicos) cuando se acercan a sus puestos a perjudicarles pretendiendo comerse gratis sus productos.
Las vacas viven en absoluta libertad dentro de las ciudades y se permiten realizar actos incívicos que les serían castigados a los humanos. Pueden tenderse en mitad de la calzada obligando a todos los vehículos y personas a no causarles daño alguno, o realizar el mismo capricho en una acera obligando a todos los viandantes a bajar de la misma corriendo el peligro de ser atropellados por verse forzados a meterse en terreno destinado al tráfico, por cierto increíblemente caótico pues todo el mundo que circula por las calles de cualquier ciudad hindú tiene derecho a ir por la izquierda, por la derecha y por el centro. Y lo más asombroso es que a pesar de esta falta de normas, a base de bocinazos y algún que otro grito, consiguen los conductores de vehículos que haya menos accidentes que en otros países con normas de tráfico muy bien estudiadas y estrictamente cumplidas.

LEYENDA ANTIGUA ESCANDINAVA (VIAJES)

 

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)
Dice una leyenda muy antigua, que en la época en que el rey Gylfe reinaba en Suecia llegó a visitarlo una mujer de rara hermosura. Se llamaba Gefjon, era diosa y vidente. Todas las mujeres que morían vírgenes eran enviadas a ella que las convertía en siervas suyas, pues Gefjon era diosa también de la virtud y de la fertilidad. Su esposo era el rey Skjöld, hijo de Odinn. Muchos legendarios reyes daneses alegaron ser descendientes de la diosa Gefjon.
El rey Gylfe fue seducido por la belleza de la diosa Gefjon y por la dulzura y armonía de su canto. Después que ella hubo permanecido durante varios días en Palacio, este monarca le preguntó qué deseaba  le ofreciera él en prueba de gratitud por el placer que le había procurado con su presencia y con su extraordinario canto.
Al parecer esta conversación tuvo lugar en una habitación de palacio mientras ambos personajes brindaban con copas llenas de hidromiel (una bebida alcohólica fermentada a base de agua y miel, tan antigua que ya era nombrada en los versos del Rig Vedá, compuestos 1.700 años a. C.)
En cierto momento de esta conversación la diosa Gefjon dijo:
—¡Oh ilustre señor!, grande es la fama de tu generosidad, y por ello quiero pedirte una pequeña parte de tus tierras. Poca cosa. No temas que vaya a mutilar tu reino; quiero sólo el trozo que yo pueda labrar durante veinticuatro horas con la ayuda de cuatro bueyes.
El rey Gylfe contestó, demostrando que era justificada su fama de desprendido:
—¡Oh, diosa! Ciertamente es muy poco lo que me pides. Te lo concedo gustosamente.
Entonces la diosa Gefjon, que pertenecía a la familia de los Ases (dioses bienhechores escandinavos), mandó venir a cuatro hijos que ella había tenido de un gigante en el Iothunheim, cambió a estos hijos en bueyes; a continuación los unció a un colosal arado y marcó un surco alrededor del terreno que había elegido, un surco que fue tan profundo que toda la parte que rodeaba este surco fue separada del continente. Entonces la diosa unció sus bueyes a este trozo de tierra y los aguijó de modo que la arrastrasen hasta el mar. Una vez que estuvieron en la orilla, los sumergió en el agua y los llevó hasta meter el trozo de tierra en el Øresund. Y así fue como nació la isla Danesa de Selandia.
Esta leyenda es conmemorada por la Fuente Gefjon de bronce en Copenhague, esculpida por Anders Bundgaard en 1908, y podéis admirarla en el centro de la plaza que rodea el Palacio Real Amalienborg, una maravilla arquitectónica que no debe perderse nadie que visite Dinamarca.