SE TRANSFORMÓ POR EL AMOR DE UN HOMBRE (Microrrelato)

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SE TRANSFORMÓ POR EL AMOR DE UN HOMBRE 

         Una mañana, hace ya mucho tiempo, me fijé en una chica sentada en un banco situado al lado mismo del mar. La chica estaba llorando con una pena tan honda que, compadecido, me acerqué y sentándome a su lado en el banco traté de consolarla:

         —No llores, bonita. Nada hay en este mundo que no tenga remedio. Lo que hoy pueda parecerte imposible, mañana se convertirá en posible. Ten fe, anímate y espera. No hay dolor que no seamos capaces de vencer con el tiempo.

         —La desgracia mía no tiene remedio —manifestó profundamente compungida, mirándome con reconocimiento—. No me es posible la vuelta atrás. No puedo ya volver a ser lo que fui. Yo era una sirena y por amor a un hombre perdí mi cola cambiándola por dos piernas. Ese hombre me ha traicionado, me ha abandonado y ya no puedo volver al mar, a mi mundo, ese lugar donde era feliz y donde podría serlo de nuevo.

         Deseé como nunca antes poseer la capacidad de obrar milagros y convertirla en sirena otra vez, pero sabiéndome incapaz de realizar prodigios, hice lo único que estaba a mi alcance: le regalé mi pañuelo y la acompañé en su llanto llorando también, en mi caso, de lástima por ella. 

FELICIDAD E INFELICIDAD (Microrrelato)

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FELICIDAD E INFELICIDAD

Ella era una joven hermosa como un sueño y libre como el viento. Él era un muchacho tímido, sensible y soñador. Él empezó a creer en los milagros cuando se produjo el hecho extraordinario de que ella un día le sonrió, y todavía creyó él más en los milagros cuando ella un día lo besó. Pero muy pronto comenzó a matarlo el sufrimiento porque ella, la joven hermosa y libre como el viento comenzó a sonreír y a besar a muchos otros, y ya no tuvo tiempo ninguno para él. Y el muchacho tímido, sensible y soñador, razonó que la felicidad seguida de infelicidad quizás hubiera sido mejor para él no haberla conocido. 

 

CHAPUZAS Y BESOS (Microrrelato)

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CHAPUZAS Y BESOS

Él era un albañil dedicado a hacer chapuzas. Ella era una ama de casa que pasaba muchas horas sola y se aburría. Ella necesitaba que alguien viniera a alicatarle el cuarto de baño y se lo encargó a él. Él la hizo un buen trabajo y ella lo felicitó. Él que se había fijado numerosas veces en los bonitos labios de ella le expuso su ferviente deseo de besarlos. Ella respondió con igual sinceridad que también ella deseaba que él se los besara. Y ambos se complacieron mutuamente. Desde entonces a ella las chapuzas en su casa le salen gratis, y el albañil encantado de concederle esa gratuidad. 

 

EL NIÑO QUE AMABA MUCHO A SU HERMANA (Microrrelato)

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EL NIÑO QUE AMABA MUCHO A SU HERMANA

Un niño quiso remediar el triste hecho de que su hermana mayor llorase

 de infelicidad todos los días, así que se fue al país de las hadas

y regresó con un príncipe azul para ella. Pero no un príncipe azul cualquiera, le trajo el mejor,

el que besándolas despertaba a la vida a las bellas durmientes. 

LÁMPARA MARAVILLOSA (Microrrelato)

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LÁMPARA MARAVILLOSA 

Después de frotar un millón de veces la lámpara maravillosa,

el hombre que la poseía tuvo que reconocer que el genio

que la habitaba no respondía a su insistente llamada porque se había muerto,

por lo tanto no podría concederle ningún deseo más y en

adelante tendría que enfrentarse, sin posibilidad de cambiarla, a la cruda realidad.

 

 

 

ELLA ARRIBA Y ÉL ABAJO (Microrrelato)

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ELLA ARRIBA Y ÉL ABAJO

Un hombre vio salir a una mujer, de una prestigiosa y cara boutique. Ella llevaba en su mano derecha dos bolsas. Estaba tan hermosa como cuando ellos dos salían juntos. Al hombre le estalló de dolor el corazón y sus pitañosos ojos se llenaron de humedad. Se mordió los labios para no llamarla y, por vergüenza, se escondió en un portal para que ella no lo viese. Ella radiante, enjoyada y elegante parecía una princesa, él con sus ropas ajadas y sucias, un mendigo. Ella se metió en un Rolls-Royce cuya puerta se había apresurado a abrirle un chófer uniformado. El vagabundo que la estaba observando a través de sus lágrimas, murmuró lacerándole la boca cada palabra que salía de sus labios.

—Adiós, ingrata. Fue tanto el amor que te di, que ni para sentirlo por mí me quedó.

Disminuiría mi sufrimiento saber que alguna vez, cuando estás con el ricachón que te ha comprado, añoraras toda la felicidad que yo te di antes de que la codicia te envenenara los sentimientos.

El ostentoso automóvil se perdió a lo lejos. El pobre hombre que se había escondido en un portal lo abandonó comenzando a andar calle adelante arrastrando los pies, sintiendo sobre sus hombros la carga más pesada e insoportable de cuántas existen: la carga de la desdicha.

 

MUCHOS HOMBRES QUIEREN ENCONTRAR UNA MUJER COMO SU MADRE (Microrrelato)

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MUCHOS HOMBRES QUIEREN ENCONTRAR UNA MUJER COMO SU MADRE

        Alfonso se dio cuenta del enorme error que había cometido casándose con Alicia, justo a las tres semanas de vivir con ella, tiempo éste que lo había mantenido totalmente ocupado disfrutando con ella en la cama esa actividad ancestral y extasiante llamada sexo.

       Pasadas esas tres frenéticas semanas y llegada la saciedad, Alfonso descubrió cosas muy importantes que hasta entonces le habían pasado desapercibidas: Alicia era perezosa, no sabía freír un huevo, no sabía cómo funcionaba una lavadora y hablando demostraba que de inteligencia estaba más falta que sobrada.

      Descubrir esto le produjo a Alberto sorpresa e indignación. Sorpresa por haber estado tan ciego que no se había dado cuenta de ello hasta entonces, e indignación porque comparaba a Alicia con su madre una activa y perfecta ama de casa que cocinaba de maravilla, mantenía su hogar limpio como una patena y era además tan culta e ingeniosa que procuraba un gran placer conversar con ella.

       De pronto, para librarse de ella durante un buen número de horas, a Alfonso se le ocurrió un truco:

       —Oye, Alicia, han comenzado las rebajas en el Corte Inglés, ¿verdad?

        —Sí, hoy mismo. Y tendré que ir, ¿no te parece?

        —Ya estás tardando. Toma —entregándole algo de dinero—. Y sal corriendo hacia allí a ver si encuentras algo bonito que no se hayan llevado ya las otras.

        Alberto la ayudó a vestirse y calzarse. Y cuando ella desapareció por la puerta de la calle, él comenzó a hacer la maleta. 

 

UN JOVEN SE ENAMORÓ DE UNA JOVEN QUE NO LE CONVENÍA (Microrrelato)

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UN JOVEN SE ENAMORÓ DE UNA JOVEN QUE NO LE CONVENÍA 

Ella era una joven extremadamente hermosa, extremadamente interesada y extremadamente libre.

A ella le bastaba sentarse junto a la barra de un bar o el banco de un parque para atraer inmediatamente a hombres y también mujeres a los que cobraba por el disfrute de sus portentosos encantos.

Un día, un joven, nada más verla se enamoró perdidamente de ella y tembloroso de emoción la invitó a salir. Ella, con descarnada sinceridad le dijo:

—Tú quieres lo mismo que todos: poseer mi cuerpo. Pues podrás tenerlo pagándome por ello.

Él, fascinado y entristecido por su crudo materialismo, aceptó no obstante su exigencia. Hicieron el amor y el joven descubrió que ya no podría amar a ninguna otra mujer. Y le suplicó que en adelante le fuera fiel lo mismo que su madre lo era a su padre, porque a él lo matarían los celos si ella concedía sus favores a otros hombres. Ella sonrió cínicamente y le respondió que le entregaría su cuerpo en exclusiva si él le pagaba todos los días el dinero que ella ganaba entregándoselo a varios hombres. Él preguntó a cuánto ascendía, y ella le dijo una cifra que él no podría reunir ni con el salario de tres empleos como el que tenía. Lo invadió una mezcla de infinita congoja y reconcentrada furia. Tuvo en la punta de la lengua llamarla despreciable mala puta, pero se mordió la lengua por miedo a despertar su enojo y que, en el futuro, ni pagándole quisiera entregársele de vez en cuando.