HABLABAN DE ENFERMEDADES (BROMA) MICRORRELATO

(Copyright Andrés Fornells)
En la consulta de un médico, tres pacientes que están esperando ser atendidos. Se miran con interés, deseosos de saber la enfermedad que padecer los otros.
De pronto, uno de ellos se inicia con su revelación personal:
—Yo soy diabético y desdichado, porque quisiera estar sano y no lo estoy.
Inmediatamente, otro participa también, confiesa igualándole la sinceridad:
—Yo soy alérgico a tantas cosas, que me llevaría toda la mañana enumerarlas. Y también soy desdichado porque quisiera estar sano.
—Pues yo soy triscaidecafóbico y me siento muy desdichado, aunque me encuentro perfectamente sano.
Pregunta para los intrigados: ¿Qué era lo que padecía este último paciente, amigos míos del alma?

UNA MUJER DESCUBRIÓ COMO TERMINAR CON UN MAL AMOR (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Sebastiana Tinaja estuvo, durante varios meses, sufriendo por un hombre al que había amado con locura, y que el muy ingrato la había abandonado. Hasta que finalmente Sebastiana llegó al convencimiento de que él nunca más regresaría a su lado. Entonces dejó de desesperarse, de empapar pañuelos con sus lágrimas y tomó una firme determinación al tiempo que decía:
—Yo no voy a ser tan tonta como para morir de amor por un ingrato.
Encendió la chimenea y cuando la tuvo bien prendida arrojó a las llamas todos sus pañuelos, todas las fotografías que, como si fuesen tesoros guardaba de él y cuando el fuego lo hubo consumido todo manifestó muy satisfecha:
—Se terminó. Y ahora a otra cosa, mariposa.
A continuación, se arregló muy bien, se dio unos toques de un perfume llamado “Irresistible” y marchó a la calle a probar suerte de nuevo recordando un sabio refrán de su madre: “La cresta no se hizo para contener un solo huevo, sino muchos más”.
Sebastiana Tinaja era una auténtica guerrera. Una mujer a la que no rendían la derrota, la nostalgia y el recuerdo de un imbécil que no había sabido ni amarla ni respetarla ni valorarla.

NECESIDAD DE UN ABRAZO PERFECTO (MICRORRELATO)


NECESIDAD DE UN ABRAZO PERFECTO
(Copyright Andrés Fornells)
Cariño, tengo una necesidad inaplazable, unas ganas enormes, locas, desesperadas de abrazarte muy fuerte, manteniendo los oídos agudizados al máximo para escuchar los tiernos latidos de tu corazón, y con los ojos bien cerrados para que nada distraiga la sublime comunicación que, a través de nuestros pechos, tienen nuestras almas.

SU SUEÑO ERA CONVERTIRSE EN INGRÁVIDO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Nació en un pequeño pueblo perdido entre montañas. Desde muy niño le fascinaron de un modo muy especial los pájaros, las mariposas y las libélulas. Los pájaros por sus admirables vuelos y sus alegres trinos. Las mariposas por los extraordinarios colores de sus alas y por su volar trémulo, torpe y aparentemente desorientado. Las libélulas por sus extrañas alas trasparentes y su permanecer un tiempo en el aire sin avanzar, como si estuvieran reflexionando sobre la dirección que iban a escoger.
Y de todos ellos, por encima de las peculiaridades que les hacían especiales, el niño admiraba su ingravidez. Ingravidez que intentó practicar infructuosamente cayendo siempre de bruces en el duro suelo haciéndose daño a veces. Ese niño fue creciendo con esta poderosísima obsesión, hasta que una noche vio un espectáculo de ballet en la televisión y descubrió lo que podría hacer para convertirse, dentro de sus limitadas posibilidades humanas, durante algunos segundos, en tan ingrávido como el pájaro, como la mariposa y como la libélula.
Y tras muchos años de durísimo trabajo, de férrea voluntad e infinitos sacrificios, aquel niño, ya convertido en hombre, lo consiguió un día. Un día pudo experimentar esa dicha que solo conocen aquellos que son capaces de luchar con todas sus fuerzas para convertir el mayor de sus sueños en realidad,

EL ABRAZO A LA ABUELA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Los seres humanos no paramos de crear cosas y con estas creaciones, unas veces acertamos y, otras veces, como que no tanto. Hubo un tiempo en que los humanos nos comunicábamos por medio de tam-tams, señales de humo y hasta telepáticamente. Ahora tenemos infinidad de cacharros que nos permiten comunicarnos y, sin embargo, cada vez lo hacemos más desde la distancia.
Conozco el caso de una abuela y una nieta que viven en distintos pisos, pero en la misma calle y, la pequeña, en vez de ir a la vivienda de su abuela darle dos cálidos besos e interesarse sobre qué tal está, le envía un mensaje por WhatsApp que dice así: “Buenos días, abuela. Cuídate”. Y la abuela, cansada de que este mismo mensaje se repita todos los días, a menudo ni lo lee. Y se va a la panadería donde se queda un buen rato hablando con la gente, sintiendo su simpatía, su cercanía, su interés verdadero, y enlaza la mirada de sus ojos cansados y sabios con la mirada de los ojos de las personas que tiene muy próxima.
Veo a esta anciana de vez en cuando, pues no siempre puedo acercarme a la panadería. Cuando me encuentro con ella y con su mirada hambrienta de afecto, se endulza mi corazón, me acuerdo de mi abuela Vicenta a la que tanto quise y le digo:
—¿Cómo se encuentra usted hoy, señora Lucía?
—Aquí sigo, hijo. Porque Dios es muy bueno y me mantiene viva.
—¿Se siente usted hoy lo bastante fuerte para resistir un abrazo mío?
—Eso siempre, hijo.
Y le doy un abrazo que le hace a ella tanto bien como a mí.

LA VOZ (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Alejandro y Rocío se habían casado por amor. Ambos trabajaban. Su categoría laboral era la de obreros de una gran multinacional, una de esas enormes empresas en las que quienes la hacen prosperar no conocen ni a los dirigentes principales ni a los accionistas que se enriquecen con su esfuerzo diario, mientras ellos, a cambio de ese esfuerzo obtenían un sueldo que les alcanzaba, controlando cada céntimo, para ir subsistiendo ellos y los dos hijos pequeños que tenían.
Cierta mañana, Alejandro cruzaba un paso de peatones cuando un individuo que conducía borracho no frenó a tiempo y lo atropelló. Las consecuencias de este acto criminal fueron, para el borracho que pertenecía a una familia acaudalada, solo la alta minuta de los abogados que consiguieron burlar la ley y alegar que el accidente lo había causado Alejandro cruzando la calle sin mirar.
El pobre Alejandro quedó en coma. Los especialistas que lo examinaron no dieron esperanzas de que se recobrase. Sus probabilidades eran muy escasas. Lo más probable sería que terminase, desgraciadamente, traspasando la barrera que separa la vida de la muerte.
Transcurrieron varios meses y Alejandro continuaba en el mismo estado de inconciencia con los ojos cerrados y absolutamente inmóvil. Su mujer y sus niños, cuando podían, los fines de semana, lo visitaban en su habitación del hospital y, con todo el cariño que le tenían permanecían un tiempo con él y le hablaban con la esperanza de que él recobrase el conocimiento y la vida, pero nada de esto sucedía.
María, la madre de Alejandro vivía a más de cinco mil kilómetros de la ciudad donde tenía a su hijo postrado en una cama de hospital. Lloraba a menudo y exponía su deseo de verlo antes de que muriese el único hijo que de su matrimonio había tenido. Compadecidos de ella, algunos amigos que la querían fueron juntando, poco a poco, dinero para que ella pudiese desplazarse al país donde su hijo podía morir en cualquier momento. Eran gente muy humilde y tardaron algo más de un año en reunir el dinero que a ella le costaría el viaje de ida y vuelta.
Y por fin María pudo emprender el viaje que preveía el más amargo de toda su vida: ver al hijo que ella había criado sano, fuerte y feliz, inmóvil como un muerto.
Cansada por muchas horas de vuelo, llegó finalmente al centro hospitalario a una hora en que su nuera y sus nietos se hallaban, la primera en el trabajo, y los segundos en el colegio.
Cuando explicó en la recepción quién era y el motivo que la había traído hasta allí, aunque no era horario de visita la dejaron entrar en el cuarto de su hijo. La mujer, nada más verle tan demacrado y cadavérico, sin signo alguno de vida, soltó su pequeña maleta en el suelo, acercó una silla al lecho de Alejandro, le cogió una mano y se la llevó a los labios y la llenó de besos igual que había hecho cuando él era un niño indefenso que dependía totalmente de ella. Junto con los besos cayeron sobre la mano del hombre las lágrimas de dolor suyas. Espero ella a recuperarse un poco de la infinita tristeza que la había dejado sin fuerzas, para finalmente balbucir en un hilo de voz, con esa infinita ternura que únicamente una buena y amorosa madre puede poseer, una sola palabra:
—Hijo…
Transcurrieron unos segundos y, de pronto, los párpados del hombre postrado comenzaron a parpadear tan débilmente que apenas fue perceptible. Luego esos párpados terminaron abriéndose del todo, su mirada se fijo en la mirada de la mujer que lo contemplaba con un brillo de esperanza en sus ojos cansados y anegados en llanto y logró murmurar:
—Madre…
Los médicos dirían que la voz de aquella mujer había sido milagrosa, pues a partir del momento de escucharla Alejandro comenzó una rápida recuperación.

EL MARAVILLOSO PLANETA TIERRA (MICRORRELATO)

(copyright de Andrés Fornells)
Desde todos los puntos del universo contemplan fascinados, mudos de admiración al planeta Tierra porque es el más hermoso de todos cuantos existen. Y todos aquellos extraterrestres que poseen naves capaces de realizar extraordinarios viajes, nos visitan y, los que ven alguna posibilidad de quedarse, no quieren marcharse de aquí ni empujados por un ejército de excavadoras gigantes.
Cumpliendo con ese dicho tan antiguo de: “que cada uno se preocupe de arrimar la ascua a su sardina”, contaré las razones por las que uno de esos seres interplanetarios, que se ha hecho amigo mío, no se va de Andalucía ni, aunque lo crujan a impuestos y le contaminen el aire que respira. Expongo aquí sus razones:
Andalucía posee un sol tan deslumbrante, cálido y bonito, que lo estamos vendiendo enlatado igual que la Coca-Cola, a lugares tan desprovistos de este oro incandescente como son: Rusia, Canadá, Estonia, Finlandia, Islandia, Kazakstán, Mongolia, y alguno más. Andalucía posee un aire tan perfumado, que los andaluces no tienen que gastarse un céntimo en perfumes para oler bien; les basta con salir a calle, que se encuentra a reventar de flores en alféizares de ventanas, balcones y jardincillos, y dejar que les dé el aire.
Y por si todo lo anterior no bastara para querer vivir en esta santa tierra, disfrutamos de excelsos manjares como el jamón serrano, la paella, el pescadito frito, los espetos, la tortilla de patatas, el gazpacho y, para que nada de todo esto se les vaya atore en la garganta, tenemos el tinto de verano, y el tinto de todo el año salido de las cepas de la viña Viva la Madre que nos Parió.
Ahora invito al resto de los habitantes del planeta Tierra a enumerar las maravillas con que, en sus pueblos deleitan sus paladares y demás sentidos. ¡Buen apetito, buena sed y buen uso de la cama!

LA PELIGROSIDAD DE LA BELLEZA FEMENINA (MICRORRELATO)


LA PELIGROSIDAD DE LA BELLEZA FEMENINA
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Hace poco tiempo hablé del número de religiones que se han sumado en nuestro mundo. Algun@s amables lector@s mencionaron que las religiones han causado no pocas guerras y muertes, y posiblemente seguimos con el mismo infortunio.
Hoy me permito comentar que la belleza femenina también ha sido causa de guerras y muertes. Para apoyar esta teoría que acabo de exponer mencionaré un hecho muy antiguo que tuvo lugar en la Grecia muy antigua.
Cuentan que todo comenzó durante la mítica boda de Tetis y Peleo. A la misma fueron invitados un importante número de dioses y mortales. Pero los celebrantes cometieron un gigantesco error: no invitaron a Eride, la terrible diosa de la discordia. Y esta poderosísima diosa maquinó una terrible venganza: sembrar discordia entre los invitados de la fiesta que la habían obviado a ella. Se presentó en esa fiesta y soltó, sobre la mesa donde estaban reunidos los dioses, una manzana de oro que llevaba escrito: Para la más bella. Y acto seguido se marchó. Nada más irse ella, Atenea, Afrodita y Hera se disputaron la manzana. Cada una de ellas creía merecerla por considerarse la más bella. Zeus quiso solucionar el conflicto decidiendo que un joven mortal, mostrando su imparcialidad, decidiera cuál de las tres diosas era la más bella.
Este joven elegido por Zeus fue Paris, el hijo del rey de Troya. Las tres envanecidas diosas trataron de que Paris las eligiera prometiéndole notables recompensas. Atenea le ofreció la sabiduría y la victoria en cualquier guerra futura Hera le ofreció todo el poder que pudiera desear, además del título de emperador de Asia; y Afrodita le ofreció el amor de la mujer mas bella del mundo. Paris, seducido por esta última oferta, proclamo venderá a Afrodita y ésta se quedó con la manzana de oro. Paris no imaginó que su elección traería las más trágicas consecuencias para su ciudad, pues la mujer que le había prometido la diosa Afrodita era Helena, la esposa de Menelao, rey de Esparta. Troya y Esparta habían mantenido hasta entonces una buena relación. Durante una de las visitas de Paris a tierras espartanas conoció a Helena, y la promesa de Afrodita se cumplió, pues la joven espartana experimentó una irresistible atracción por el joven troyano, y luego de pasada una noche en su palacio, se la llevó con él a Troya.
Enfurecido ante semejante ofensa, el rey Menelao nombro a su hermano Agamenón comandante jefe para llevar a cabo el rescate de su nuera Helena, todo lo cual desembocó en la legendaria Guerra de Troya que tantas muertes causó.
Este relato mitológico nos demuestra que el amor está muy por encima del poder y la sabiduría. Tengamos mucho cuidado con él, porque es bastante más peligroso de lo que a muchos les parece.

UN NIÑO ESCRIBIÓ UNA CARTA A DIOS (MICRORRELATO)


UN NIÑO ESCRIBIÓ UNA CARTA A DIOS
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(Basado en el chiste que me contó un amigo)
Un niño pequeño necesitaba 100 euros para comprarse un videojuego. Pertenecía a una familia pobre y cristiana. Sus padres no podían dárselos, así que el pequeño rezaba todos los días para que alguien se los regalara. Pero como pasaba el tiempo y nadie lo hacía, él decidió escribir una carta a Dios, pidiéndole a Él los 100 euros, y la mandó por correo.
Cuando el jefe de Correos vio a quién estaba dirigida la carta, enternecido, decidió remitirla a la Presidencia del Gobierno.
En la Presidencia del Gobierno les hizo gracia la demanda y, considerando que se trataba de un niño pequeño, decidieron que 10 euros lo contentarían.
Cuando los recibió, el niño se sentó rápidamente a escribir una carta de agradecimiento, que ponía:
Muchas Gracias, querido Dios, por mandar el dinero. Sin embargo, por alguna razón que no me explico, lo mandaste a través de la Presidencia del Gobierno, y como era de esperar, estos codiciosos me robaron 90 euros. Supongo que ellos lo llamarán impuestos. Como puedes ver, ni la correspondencia tuya respetan. Si se te ocurre castigarles de algún modo, lo tendrán bien empleado, por sinvergüenzas.

EL AMOR SE ACABA (MICRORRELATO)

(Cantaba magistralmente Rocío Jurado)
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Maruja Gutiérrez, una esposa ejemplar, supo que su marido, Alberto Pilones, había dejado de amarla el día que, en vez de verle cualidades y elogiarlas, él empezó a encontrarle todo tipo de defectos:
—Te peinas muy mal. Pareces una bruja. ¿Te has lavado bien las manos antes de prepararme el desayuno? Tiempo atrás solías plancharme mucho mejor las camisas.
Y en vez de comprarle flores o cajas de bombones, Alberto Pilones le compró los más eficaces productos de limpieza.
Lo último que Alberto Pilones adquirió para su sacrificada esposa fue una docena de pañuelos por si, echando de menos los tiempos que la muy romántica de ella consideraba idílicos, le daba por llorar, no fuera a secarse las lágrimas de sus ojos y los mocos de su nariz, en los manteles, las servilletas o las cortinas de las ventanas.
Alberto Pilones era un absoluto canalla muy escrupuloso y previsor. Pero en esto último falló pues no previno que a Maruja Gutiérrez se le pudiese ocurrir comprar un paquete gigante de matarratas.