UNA LLAMADA TELEFÓNICA (MICRORRELATO)

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(Copyright Andrés Fornells))
Sonó repetidas veces el teléfono fijo del elegante despacho sumido en una oscuridad y silencio absolutos. El dueño del mismo, un próspero hombre de negocios sucios se hallaba muerto, tendido sobre un charco de sangre, junto a la elegante mesa-escritorio de madera de caoba y una silla tumbada. Quién estaba llamando era una persona cuya intención era prevenir al occiso de que su vida corría peligro. El asesino había sido más rápido que quién quiso avisarle. Sin embargo, esta llamada sirvió para que el criminal dejara de registrar cajones con sus manos enguantadas, se pusiera nervioso, le entraran prisas por huir y no se acordase de limpiar, de la cara del muerto, el escupitajo de odio que le había lanzado antes de dispararle varias veces a bocajarro. Los escupitajos llevan el ADN de quien los lanza, y que equivalen, en términos de identidad, a una tarjeta de visita.

PAPÁ, ¿TÚ SABES CÓMO ERA EL PARAÍSO? (MICRORRELATO)

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(Copyright Andrés Fornells)

Mi hijo pequeño es un poco como los antiguos sabios de Grecia, aspira a adquirir conocimientos preguntando sobre todo aquello que ignora. Hoy, cuando le llevaba al colegio, cogido de la mano, andando ambos mirando a todo aquello que llamaba nuestra atención, me preguntó mostrando esa notoria avidez reflejada en sus ojos que, ha tenido la suerte de parecerse, en lo bonitos, a los ojos de su madre y no a los míos que lo son menos:
—Papá, ¿tú sabes cómo era el paraíso?
Por lo general, sus cuestiones me cogen siempre por sorpresa. Ocurrió así una vez más, aunque no debiera, pues, influido por sus abuelos (genuinos creyentes), escogió, entre sus asignaturas, la de Religión. Mientras le pedía a mi cerebro actividad máxima para que me fabricase una respuesta plausible, con la que conseguir su admiración, murmuré para ganar tiempo:
—Humm…
—¡Vaya, tú tampoco lo sabes! —se precipitó él por la fácil cuesta de la decepción.
—Pues claro que lo sé, hijo —contesté y salí del compromiso como pude—. El Paraíso era como nuestro planeta antes de que naciéramos los seres humanos.
—Explícame eso, papá.
Con mucho dolor de mi corazón (debido a que a uno le tira el colectivo), llegamos a su colegio y yo todavía no le había explicado una mínima parte de todas las atrocidades que los humanos le hemos hecho a este cada vez, por nuestra culpa, menos maravilloso globo terráqueo nuestro.
El rostro de mi hijo mostraba genuino horror y, después de despedirse de mí con un intercambio de besos, expuso, esperanzado:
—Espero no contribuir a empeorar al pobrecito mundo todavía más, sino a mejorarlo. Adiós, papi.
Le seguí con la mirada y deseé con todas mis fuerzas que muchos niños de su edad pensaran igual que él y consiguieran convertir en realidad una importante mejora en nuestro contaminado y superexplotado planeta.

UN HOMBRE DISFRAZADO DE FLOR (MICRORRELATO)

UN HOMBRE DISFRAZADO DE FLOR

(Copyright Andrés Fornells)

Un ambicioso cazador de mariposas se empeñó en capturar a la más bella de cuantas existían en el mundo. Durante semanas la persiguió, noche y día, por el interior de la selva donde unos nativos le aseguraron haberla visto. Y por fin, el enorme esfuerzo que venía realizando fue recompensado. La descubrió viniendo, con su vuelo majestuoso, hacia donde él se encontraba. Para no asustarla y evitar perderla, muy astuto, el entomólogo se disfrazó de flor y metió dentro de un arbusto. La suerte se estaba decantando por completo a su favor.
La mariposa tan afanosamente perseguida por él, se posó justo encima de uno de sus vistosos pétalos. El hombre transfigurado no fue capaz de quitarle la libertad a una extraordinaria criatura cuya belleza acababa de dejarle por completo embelesado. El lepidóptero le dio un beso en los labios con su dulce boca y se alejó manchando el aire transparente de la mañana con su fascinante, alado colorido. Aquel hombre mantuvo el resto de su vida que había sido besado por un hada.

CANTÓ EN VENTANA EQUIVOCADA (MICRORRELATO)

CANTO EN LA VENTANA EQUIVOCADA

 

 

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)

Los pájaros cantan. Los pájaros no saben si todo el mundo quiere oírles.
Los pájaros deberían averiguar si cantan para quien quiere escucharles
o no quiere escucharles. Ignorar esto puede costarles caro.
Caro como le costó al pájaro que fue a cantar a la ventana de un cazador
y éste cogiendo su escopeta lo silencio para siempre.
Si eres un pájaro, ten cuidado.
Antes de cantar a la ventana de alguien
averigua cuáles son sus aficiones,
vivirás más tiempo.

GUARDO DE AQUEL VERANO (MICRORRELATO)

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(Copyright Andrés Fornells)

De aquel verano guardo la brisa marina suave, acariciante, perfumada, envolviéndome.
Guardo el misterioso, eterno susurro de las olas desparramándose, incansables sobre la arena.
Guardo los círculos de libertad que dibujaban las gaviotas en el aire cálido y el cielo turquesa
Guardo las agradables cosquillas, en mis pies desnudos, de las blancas guirnaldas de espuma cubriéndolos.
Guardo media docena de bonitas conchas que recogimos los dos y quisiste me quedara yo diciendo:
“Para que nunca me olvides, mi amor”.
¡Dios de los cielos, cómo iba a poder olvidarte si te quedaste viviendo dentro de mí!
De ese verano guardo tus besos, los besos más dulces y hermosos que he disfrutado jamás.
De ese verano guardo la infinita tristeza de saber que, cuando te fueras de mi lado yo jamás volvería a ser el mismo, yo jamás sabría amar a nadie tan infinitamente como te había amado a ti. De ese verano guardo la maldición de haber amado tanto a alguien, ¡a ti! que ya no me quedó nada dentro para amar nadie más.

UN ASESINATO QUE NO RESOLVIÓ SHERLOCK HOLMES (MICRORRELATO)

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(Copyright Andrés Fornells)

Hacía una de esas noches típicas de densa niebla londinense que procura a los transeúntes aspecto difuminado, fantasmal. El aire olía a combustible quemado y a humo de fogata de vagabundos, por un grupido de ellos que se estaban calentando en un solar mientras aliviaban su desdichada existencia pasándose, de uno a otro, una botella de whisky.
Sherlock Holmes caminaba por una oscura y solitaria calle dentro de aquel barrio marginal de la metrópoli británica, cuando de pronto surgió de la oscuridad de un portal un hombre armado con un cuchillo y, sin mediar palabra, se lo clavó en mitad del pecho, agresión ésta que, a la salud del agredido le sentó fatal.
Mientras el famosísimo detective agonizaba lo eswcucharon musitar con voz apenas audible:
—¿Por qué…?
Y Sherlock Holmes murió intrigado, sin haber resuelto si su asesino lo había matado para cumplir con ello una venganza sobre él por algún agravio antiguo, o simplemente para robarle la cartera, el reloj y, sobre todo, sus zapatos nuevos, acción esta de pura necesidad, pues el homicida iba descalzo.

LA MUERTE Y LA VIDA (MICRORRELATO)

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(Copyright Andrés Fornells)

Un día que me vio sumido en hondas reflexiones, vino la vida a distraerme con la advertencia de que la muerte me venía siguiendo los pasos desde mi venida al mundo. Le agradecí el aviso, aunque yo ya conocía de este seguimiento de la parca, por haber ella visitado con anterioridad mi casa y habérseme llevado de ella la persona que yo más quería en el mundo.
Cuando tengo necesidad de ello, el valor se asocia conmigo y no me falta. Explico esto, porque otro día, más adelante, en que no me sentía muy bien, me aquejaba un fuerte dolor de cabeza y tenía el cuerpo descompuesto, me detuve de golpe cuando escuché el astuto, sigiloso caminar de la muerte y logré sorprenderla con mi inesperada presencia. La miré muy serio a la cara y le dije muy amistoso, y a la vez con gran firmeza:
—Oye, no te des prisa en llamarme, ¿eh? Me quedan todavía muchísimas cosas por hacer. Tengo que agradecerles, como merecen mis amigos, todo el afecto que me vienen demostrando a lo largo del tiempo. Tengo que pedir perdón a algunas personas que, en un momento de insensatez mía, ofendí. Tengo que devolverle a mi mujer todo el tiempo que empleó ayudándome, y se lo tengo que devolver ayudándole yo a ella. Y finalmente, no puedo abandonar a mis hijos hasta que hayan encontrado el camino que les lleve a un bienestar económico y hayan aprendido que la felicidad no se recibe porque sí, como si fuera un don gratuito, sino que hay que realizar esfuerzos y sacrificios para poder obtenerla. Cuando yo haya terminado de hacer todo esto, tú y yo nos cogeremos de la mano, como dos viejos amigos y te acompañaré allí donde tú quieras que vaya contigo.