EL NIÑO Y LAS GAVIOTAS (Microrrelato)

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EL NIÑO Y LAS GAVIOTAS 

         Vivían lejos del mar y por esta razón, a pesar de su continua insistencia, el padre del niño lo llevaba allí muy de tarde en tarde. Cuando esto ocurría, el niño gozaba lo indecible jugando con la arena, contemplando embelesado la ondulante, colosal inmensidad del mar unirse en la línea del horizonte a la inmensidad todavía mayor del cielo; pero su mayor fascinación se la procuraban las gaviotas, las blancas gaviotas que volaban majestuosamente, reinas del aire que proporcionaba trémulas caricias al plumaje de sus grandes alas y que cuando pasaban cerca de donde él se hallaba las llamaba con ansiedad e ilusión:

     —¡Venid, venid junto a mí para que pueda tocaros, para que pueda acariciaros!

Y una y otra vez el niño se entristecía porque las gaviotas nunca aceptaran su invitación. Hasta que cierta mañana una de ellas se acercó tanto a él que pasándole por encima de la cabeza le defecó en lo alto de ella. Este hecho seguramente involuntario por parte del ave, hirió en tal medida los sentimientos de aquel niño que nunca lo olvido y, cuando llegó a adulto se hizo cazador.

 

JUICIO SALOMÓNICO (Microrrelato)

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JUICIO SALOMÓNICO 

Una vez le preguntaron al rey Salomón qué condiciones

debía reunir una pareja para formar un matrimonio perfecto.

El sabio entrecerró los ojos, se cogió la barbuda barbilla

y después de un tiempo de reflexión manifestó:

—Mi respuesta evidentemente no será del agrado de todos,

pero es la mejor que se me ocurre. Sería una pareja perfecta

la que uniera a un hombre ciego con una mujer muda.

(Por favor no odiéis a ese pobre monarca muerto muchos

siglos atrás, ni a mí por la broma de poner en su boca

unas palabras que él posiblemente nunca dijo).

MALOS DESEOS PARA REYES (Microrrelato)

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MALOS DESEOS PARA LOS REYES (Microrrelato)

         Un pobre, con rencor, le deseó al rico que acababa de negarle ayuda:

         —Quiera Dios que los Reyes te traigan lo mismo que me han traído a mí.

         El rico no contestó nada. Se alejó indignado y, a la media docena de pasos dados comenzó a rascarse furiosamente la cabeza. Al día siguiente el rico egoísta y falto de piedad se había arruinado.

 

BUSCABA UN MENSAJE EN LAS BOTELLAS QUE VACIABA (Microrrelato)

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BUSCABA UN MENSAJE EN LAS BOTELLAS QUE VACIABA

     Un hombre muy desdichado había encontrado un truco para engañar a su criticona conciencia y a los pocos amigos que todavía le quedaban:

      —No soy un borracho. Soy un investigador. Estoy buscando un mensaje importantísimo en el fondo de cada botella que vacío. Y cuando lo encuentre dejaré de beber, os lo aseguro.

     Pero cada día estaba más alcoholizado y el mensaje que pretendía encontrar no lo hallaba. La muerte lo ayudó a dar con él cuando cruzó una calle sin preocuparse de los numerosos, veloces vehículos que circulaban en ambas direcciones.

LO QUE PIENSO DE PASAR DE UN AÑO A OTRO (Actualidad y Microrrelato)

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LO QUE PIENSO DE PASAR DE UN AÑO A OTRO

Pasar de un año a otro es únicamente cambiar una cifra por otra. Lo importante es lo que te acontece cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo de tu vida.

Mucha gente se engaña esperando que en cuanto empiece el año siguiente dejará de fumar, de beber alcohol, de engordar, de ir al médico y de pelearse con la suegra. Pero pronto se da cuenta que cambiar de año no significa que se obre en ellos un milagro. Los milagros, si existen, tocan más o menos a uno por mil millones de habitantes por lo que las posibilidades de que te toque ese milagro son más que remotas.

Yo le pediría a los hados, si es que existen, que el año que viene no me den nada y que no me quiten más, como me ha estado ocurriendo este año, de lo poco que tengo.

Sin embargo, como soy algo supersticioso y la cifra trece siempre me ha traído buena suerte, pido seguir contando con buena salud y el cariño de las personas de siempre y de unas pocas que he conocido últimamente. Y eso es todo, que es mucho para un hombre humilde, sobrio y fácil de contentar como yo. 

ESTAMOS EN MANOS DEL AZAR (Microrrelato)

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ESTAMOS EN MANOS DEL AZAR 

          Un niño ha detenido en mitad de una acera estrecha su bicicleta, jadea, se baja, se toca la parte trasera de su anatomía, el sillín es de los duros y le ha dejado dolorido todo el culo. Dos jóvenes de diferente sexo quedan detenidos por culpa del obstáculo que le significa el pequeño ciclista y su artilugio. Se miran y les sucede algo extraño.

         —¿Te llamas Marilú López?

         —No. ¿Y tú te llamas Agapito Camacho?

         —Tampoco. Está visto que no podríamos ganarnos la vida como adivinos. ¿A dónde vas?

         —Estoy buscando un novio. ¿Y tú?

         —Pues yo estoy buscando una novia. ¿Y si buscáramos juntos?

         —Perfecto. Niño, aparta la puñetera bici que no dejas pasar a la gente —le ordena el joven.

         —Sí, apártala de una vez —lo secunda la joven.

         El pequeño que no se ha perdido palabra de lo que han hablado entre ellos, les mira con malos ojos y grita enfadándose:

        —¡Desagradecidos!

TRES HERMANOS FAMÉLICOS, COLÉRICOS Y TERRIBLES (Microrrelato)

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TRES HERMANOS FAMÉLICOS, COLÉRICOS Y TERRIBLES (Microrrelato nada edificante)

José, Juan y Pablo tenían en común

que eran hermanos, pobres, pasaban hambre y poseían

un espíritu muy acusadamente rencoroso.

Un año, desesperados porque nunca ni Los Reyes Magos,

ni Papá Noel, ni Santa Claus se acordaban

de ellos cuando regalaban juguetes a los niños,

aprovecharon la complicidad de la noche

para comérseles a los primeros sus camellos,

al segundo sus renos,

y con el tercero practicaron el canibalismo.

Qué horror, ¿no?

LA FIESTA DE NAVIDAD Y DE LOS REYES (Microrrelato)

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LAS FIESTAS DE LA NAVIDAD Y DE LOS REYES

(A mis amigos de verdad y a los falsos)

    —¡Mamá, mamá! Pasado mañana es Navidad. ¿Lo vamos a celebrar?

    —¡Ay, hijo de mi alma! A mi cartera vacía le va a dar igual el día que sea pasado mañana.

    —¡Mamá, mamá! ¿Van a traerme algún juguete los Reyes Magos, Papá Noel o Santa Claus?

    —Hijo mío, ellos te va a traer lo mismo que a mí.

    El niño rompió a llorar desconsoladamente.

UNA MUJER ESPECTACULAR Microrrelato)

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UNA MUJER ESPECTACULAR

         Marisa es tan extraordinariamente hermosa que cuando sale a la calle, la gente se para embelesada, a contemplarla, el trafico se detiene, los pájaros (incluidos los que son mudos) la dedican su mejores trinos, los semáforos se apresuran a mostrarle su luz verde para tener el gusto de verla caminar, voluptuosa, por el paso de cebra; los albañiles se caen de los andamios, los ancianos experimentan el inesperado milagro de una erección, el vendedor de chucherías no ve a los raterillos que le roban el género aprovechando que quedó fascinado, obnubilado observándola; el sol le hace agujeros a las nubes para poder sonreírle, y yo, por no mirar por donde iba, la primera vez que fije mis incrédulos ojos en ella, le doble el tamaño a mis narices por no reparar en la farola que se interpuso en mi camino.

        Un día, armándome de valor, la intercepté el paso y la dije hincándome de rodillas y poniendo el alma entera en cada palabra que salía de mis arrebatados labios:

       —Si tú quisieras, reina maravillosa, me convertiría en tu esclavo absoluto. Viviría solo para servirte.

       Ella esbozo una sonrisa encantadora y, sin apenas pensárselo, complació mi petición:

       —De acuerdo, hombre servicial, serás mi esclavo de ahora en adelante.

       Y desde entonces que cocino para ella, lavo su ropa, cuido de su sedoso pelo, hago la compra, limpio la casa, le coso los vestidos, le remiendo las medias, le lustro los zapatos, le corto las uñas (de pies y manos) y le sirvo de puf cuando tiene sus pies cansados.

        ¿Y todo esto a cambio de qué? Pues a cambio de que me deje compartir su cama y gozar de sus divinos encantos. Y con ello yo me siento abusivamente pagado.

        Que se abstengan de criticarme todos aquellos que no se han enamorado alguna vez de una mujer, porque no saben, en su ignorancia, lo que serían capaces de hacer por ella.

        —Me voy. Me está llamando. Ya sé por qué; me olvidé esta mañana de ir a recoger un traje suyo que llevé ayer a la tintorería. ¡Voy corriendo, mi amor! ¡No me regañes porque me pongo muy triste y me da por llorar!

         Y corro a servirla, porque en servirla encuentro yo mi felicidad suprema.  

SUSTO GRANDE (Microrrelato)

SUSTO MUY GRANDE 

El enamorado se jugó la vida escalando la fachada del inmueble para llegar al balcón del tercer piso donde vivía su amada. Y llegado a su meta vio por la entreabierta cristalera a la mujer que él tanto quería, metida en la cama con otro. Entonces se quitó los pantalones se los puso de sombrero y dando gritos fantasmales entró en la alcoba y les dio un susto de muerte. Tan de muerte fue el susto que tuvieron, a los dos copuladores que enterrarlos al día siguiente. El causante de su fallecimiento disimuló el contento por su venganza, llorando como una Magdalena, el nombre que tenía la infiel. Muchos de los que le vieron demostrar aquella falsa congoja sintieron pena de él y más de uno dijo a sus espaldas:

—Ahí tenemos a un hombre que no merecía le pusieran los cuernos. Parte el corazón verlo tan afligido.

No sabían, los muy ignorantones, que acertaban en lo primero y erraban en lo segundo.