MALDITAS MENTIROSA (MICRORRELATO)


Elena, sin exagerar,
me gustaba a morir.
Se lo confesé un día
y dijo que me correspondía,
que ella no podía vivir sin mí.
Maldita mentirosa,
se marchó en un Rolls-Royce
con el tipo que lo conducía.
La vi diez años más tarde,
subida en un Ferrari,
con otro tipo, toda enjoyada.
Maldita embustera
No solo ha podido vivir sin mí,
sino que además lo ha hecho
pletórica de salud y rica.
Lo más triste de esta historia
es que a mí la mentirosa Elena,
me sigue gustando a morir.
Y acostumbrada a tanto lujo,
jamás querrá montarse conmigo
en mi vieja, herrumbrosa bicicleta.

LAS MUJERES Y LOS GATOS (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
En contra de la opinión,
de quienes les conocen mal,
las mujeres y los gatos
nacieron tan libres que solo
rebajan parte de su libertad
con aquellos que les tratan con mimo,
con respeto y con amor.
A todo lo anterior añado que
los gatos también aceptan
alguna que otra deliciosa golosina,
Y las mujeres algún regalo bonito
para celebrar aniversarios y cumpleaños.
Para esto último teniendo siempre
la delicadeza de restar y no de sumar años.
Los gatos se mueven con sigilo.
Las mujeres con suma elegancia.
Mujeres y gatos son bellos.
Los gatos felices ronronean.
Las mujeres felices suspiran.
Los gatos más osados suben
sin miedo a lo alto de los tejados.
Las mujeres más osadas suben
sin miedo en lo alto de los hombres.
Y, para terminar, un hombre dominador,
un hombre completo, es aquel
que sabe convivir en buena armonía
con una mujer y con un gato.
——————
“Buenos días, amor, suelta el gato por favor,
que me araña cuando voy a abrazarte”.

CONFLICTOS MODERNOS (MICRORRELATO)


—Alfonsito, Lela está al teléfono. Llorando. Me ha suplicado te convenza para que hables con ella.
El muchacho que lo estaba pasando en grande manteniendo a su perro panza arriba, haciéndole cosquillas en el pecho mientras el animal gruñía de felicidad mordiéndole los puños de las mangas de su camisa, levantó la vista para mirar a su madre y pedirle:
—Por favor, mama, dile a Lela que lo dije muy en serio lo de que hemos terminado. No quiero saber más de ella.
La buena mujer que le había regalado la vida mostró sorpresa al exponer:
—No entiendo que te ha pasado con esa chica. No hace tanto me asegurabas que te gustaba mucho.
—Lela me ha decepcionado profundamente, mama. Nunca me miraba a los ojos cuando estábamos juntos. Se pasaba la mayor parte del tiempo pendiente de su celular, recibiendo y enviando mensajes. Me aburría como una ostra con ella. Prefiero estar con mi perro. Mi perro me mira a los ojos, mi perro centra todo su interés en mí. Me escucha cuando le hablo. Demuestra contento. Disfrute. Esta todo el tiempo pendiente de mí. Me ama.
—Ay, Dios estos modernismos que os están volviendo locos a los jóvenes —lamentó la mujer—. ¿Qué quieres entonces que le diga a Lela?
—Que se quede con su celular y sea muy feliz con él, que yo prefiero la compañía de mi perro a la compañía de ella. Y punto.
Y dando por zanjado el asunto, Alfonsito reanudó el animado juego que estaba manteniendo con “Alegrías” su divertido, atento y cariñoso perro.

UN HOMBRE EXTREMADAMENTE LENTO (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Rogelio Rasca había demostrado, desde su venida al mundo, una extremadísima lentitud de raciocinio y de decisión. Los biberones solía bebérselos con un día de retraso y hasta dos.
Pasado el periodo de lactancia, le ponían un plato de sopa delante y, para cuando decidía si meter en la misma su cuchara, la sopa se habría enfriado y el resto de su familia se hallaba ya disfrutando de la siesta.
Fue al colegio y, para cuando tenía las respuestas a las preguntas que, en clase, le habían hecho sus profesores, había llegado la noche y él se hallaba ya en su cama apagando la luz de la lamparita para entregarse al sueño.
Durante su pubertad no le habría ido mal con las chicas, pues era bastante atractivo; pero para cuando consideraba había llegado el momento de decirle a una chica que ella, le gustaba, la elegida en cuestión se había casado ya y tenía un par de críos.
Hubo una muchacha llamada Marcela, que se enamoró perdidamente de él, pero que, casándose de que durante cinco años de espera él no se decidiera a decirle que le amaba, contrajo nupcias con otro.
Pasado muchísimo tiempo, Marcela convertida en una anciana, escuchó sonar el timbre de la puerta de la calle. Una nietecita suya corrió a abrirla y a su regreso anunció:
—Abuela, en la puerta hay un señor que dice llamarse Rogelio Rasca y quiere hablar contigo.
—Dile que pase.
Marcela se puso de pie, se atusó el pelo delante del artístico espejo que adornaba una de las paredes del salón, se humedeció los labios con la lengua, y se subió cuanto pudo el sujetador muy caído. La viudedad no había eliminado su innata coquetería.
Dos horas y media más tarde respondió que sí a la petición de matrimonio que le hizo Rogelio Rasca, petición que él había necesitado, para hacerla, cuarenta y cinco años.

DILO A TIEMPO (MICRORRELATO)


Cuando tengas algo hermoso
que decirle a alguien,
díselo al momento.
No te lo guardes porque
no sabes si se te presentará,
en el futuro, la oportunidad de hacerlo.
No hagas como aquel poeta avaro
que marchó al otro mundo
llevándose con él sus mejores
poemas, porque le faltó la generosidad
de regalarlos a quienes
los habrían valorado,
amado y agradecido.

TRIBULACIONES (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
—A ti te pasa algo, niña. Díselo a tu madre. Sea lo que sea, cuenta conmigo.
Muy preocupada la mujer por la palidez que desde hace unos pocos días viene observando en el joven rostro de su joven hija y por su huidiza mirada.
—No me pasa nada, mama. Suposiciones tuyas.
—A ti te pasa algo. De unos días para acá apenas comes y tienes todo el tiempo los ojos enrojecidos.
La muchacha comienza a llorar, escapa corriendo del salón, llega a su cuarto, cierra la puerta con llave y se lanza, sollozante, de bruces sobre la cama. Su madre queda en el salón, cavilosa, angustiada. Cuando un rato más tarde llega su hijo a la casa, la atormentada madre le pregunta sobre su hermana.
—¿Tú debes saber qué le ocurre a Leticia? Siempre os lo habéis contado todo.
—No sé, mama —tratando el muchacho de escurrir el bulto.
Conociendo la falta de malicia suya, su madre lo ataca con firmeza:
—Sí lo sabes y me lo vas a contar ahora mismo. ¿Qué le ocurre a Leticia?
—Supongo que está triste porque ha roto con el chico que salía.
—Gracias por decírmelo, hijo.
Cuando por fin su hija aparece, la mujer la toma por los hombros y mirándola fijamente le exige.
—¿Estás así de decaída porque has roto con el chico que salías? ¡Quiero saberlo!
Su hija rompe a llorar de nuevo y entre sollozos logra balbucir:
—Él no me importa. Nada me importa ya.
A su madre le da un vuelco el corazón. Acaba de descubrir lo que le ocurre a su hija.
—Te ha dejado embarazada ese cerdo, ¿no es cierto?
La muchacha se arroja en los brazos maternos buscando su amparo. Y lo encuentra.
—Tranquila hija mía. Papá y yo te ayudaremos en esto como te hemos ayudado siempre en todo.
La madre guarda para ella su gran disgusto. Es mujer y también ella fue, una vez, engañada en su inocencia.

UN MARIDO CASI PERFECTO (MICRORRELATO)

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UN MARIDO CASI PERFECTO
(Copyright Andrés Fornells)
Tía Amalia era muy feliz en su matrimonio. Familiares, amigos y conocidos así lo reconocíamos. Tía Amalia se había casado con un hombre guapo, bueno y dócil, que sin ofrecer nunca resistencia, contrariedad o porfía, se plegaba a todos sus deseos y exigencias.
—Has tenido una suerte inmensa, Amalia. Te has casado con un hombre modélico. Seguro que hay montones de mujeres que te envidian por ello y sueñan con quitártelo —le decía todo el mundo que la conocía.
—Lo sé, lo sé, que sufran y se chinchen, porque él me quiere únicamente a mí —consideraba, ufana, Amalia.
—¡Ay, que dicha la tuya! Tu marido es perfecto en todos los sentidos.
Cuando escuchaba lo de “perfecto”, con respecto a su esposo, Amalia fruncía el ceño, torcía los labios y objetaba:
—Mi marido tiene un defecto que le priva del título de hombre perfecto, y del que he intentado, innumerables veces, quitarle y no lo he conseguido. Y ese defecto es que fuma y no quiere dejar de hacerlo, por mucho que insisto en ello, suplicándoselo incluso.
El defecto que Amalia le reconocía a su marido, tenía absoluta razón en su empeño de intentar que lo dejase. Alberto Morales, el esposo casi perfecto de tía Amalia, se fue una mañana a comprar tabaco y nunca más se supo de él.
La mayoría le dieron la razón sobre el empeño que ella había puesto para que su marido dejase de fumar. Aunque no faltó algún discrepante que atribuyó a éste empeño suyo el que Alberto Morales, ejemplar empleado de una notaría, que se pasaba el día entero escribiendo aburridos testamentos, escrituras y otras muchas tareas de teclado, hubiese abandonado el hogar regido por una mujer dominante, y un empleo anodino y rutinario.
Alguien contó de él que se había ido a África a cazar cocodrilos y fumaba todo el tiempo cigarros puro que él mismo se elaboraba, y que se había unido a una mujer muda que, en vez de hablarle le sonreía y le daba amorosos besos de tornillo. Los hijos que habían tenido ambos no llegó a contarlos, el informador, porque cuando le vieron, se liaron a tirarle piedras, con lamentable buena puntería.

INESPERADO ENCUENTRO EN LA FERIA (MICRORRELATO)

A INESPERADO ENCUENTRO EN LA FERIA

(Copyright Andrés Fornells)
Lorena y Jacinto se vieron de pronto en mitad del estruendoso bullicio de la feria y, a pesar de los muchos años transcurridos, se reconocieron inmediatamente. Ella iba con su marido y él con su esposa. Sin importarles la presencia de sus respectivos cónyuges, al instante se tomaron las manos y contemplaron con extraordinario deleite.
—Estas más guapa que nunca —elogió él, pasados unos segundos.
—Y tu más grandullón que nunca —ensalzó ella con parecido regocijo.
Jacinto giró la cabeza y señalando el tiovivo que les quedaba a muy pocos metros de distancia, dijo con ojos brillantes de ilusión:
—¿Te acuerdas de cuando, de pequeños nos subíamos?
—Desde luego, jamás lo olvidé —replicó Lorena no menos ilusionada que él.
—¿Nos montamos de nuevo?
—¡Vamos! —igualándole ella el entusiasmo.
Tomados de la mano, los dos se dirigieron corriendo hacia la atracción parada en aquel momento.
—¿Qué les pasa? —preguntó la desconcertada esposa de Jacinto al no menos desconcertado marido de Lorena.
—No lo sé —contestó el interpelado.
—Se habrán vuelto locos.
—Sí, se habrán vuelto locos de repente.
Habiendo coincidido ambos en este juicio, preocupadísimos, se acercaron al tiovivo y fueron testigos de cómo Lorena y Jacinto reían sin parar, mirándose encantados. Y sintieron dentelladas de celos y de indignación.
—¡En cuanto se bajen, a mi marido le voy a decir lo que no está escrito! —amenazó ella.
—¡Y yo a mi loca mujer lo mismo! —coincidió él.
A los pocos minutos terminó de girar la atracción. Lorena y Jacinto abandonaron el tiovivo. Les duraba todavía el regocijo. Llegaron junto a sus respectivos consortes que les recibieron con miradas furibundas y, antes de que pudieran soltarles el chorro de improperios que les tenían preparados, con desarmante naturalidad les anunciaron:
—Este es mi primo Jacinto.
—Y esta es mi prima Lorena. Llevábamos veinte años sin vernos. De niños éramos inseparables y hemos querido recordarlo subiendo a una de las atracciones que, durante nuestra infancia fue la favorita de ambos. Y ahora que ya nos hemos divertido recordando aquellos tiempos tan felices, vamos a comer donde queráis. Invito yo.
—Y mientras comemos, Jacinto y yo os contaremos cosas de nuestra feliz infancia —le secundó Lorena.
Dando por explicada la sorprendente conducta de los dos primos, las dos parejas buscaron un restaurante en donde celebrar aquel encuentro de los dos primos.
Aquí podría terminar esta historia, pero para no decepcionar a los amantes de los finales felices o trágicas, concluiré contando que un mes más tarde Lorena y Jacinto huyeron para poder compartir, de adultos, el mismo gran amor que se tuvieron de niños.

LEYENDA CHECA (MICRORRELATO)

A LEYENDA CHECA

En la Bohemia Occidental existía una antigua y siniestra mansión llamada Castillo de Skála. Cuentan que muchos, muchos años atrás, un joven soldado fue contratado para servir de escolta a una doncella hija del dueño. La muchacha era muy hermosa y ocurrió que este escolta se enamoró perdidamente de ella y un día le declaró su amor. Ella le respondió que lo sentía por él, pero que ya estaba comprometida y amaba muchísimo a su novio. Al joven rechazado le produjo esta explicación una pena tan honda, que se dio a la bebida.
Y un día, borracho perdido, aprisionó entre sus brazos a la doncella y le dijo que por nada del mundo la soltaría. Forcejearon y la joven consiguió escapar, comunicó a su regio padre la afrenta recibida, y éste hizo que aquel osado guardaespaldas fuera encerrado en un calabozo y ordenó que al día siguiente fuera azotado.
Pero cuando fueron a buscarlo, no lo encontraron: había desaparecido. Había desaparecido de su encierro porque un misterioso espíritu que desde hacía años moraba en el castillo, se lo llevó a un subterráneo secreto y le puso por castigo, por haber maltratado a la hija del dueño del castillo, beber todo el año cerveza de los barriles que había en un sótano secreto del castillo, y al que dijo que únicamente lo dejaría salir libre durante un día, que sería la víspera del Miércoles de Cenizas.
Desde entonces el joven castigado y convertido él mismo en fantasma ronda una vez al año por las ruinas del castillo de Skála y con un jarro en la mano vocifera con todas sus fuerzas:
—¡Aquí! ¡Aquí hay cerveza en abundancia!
Cuenta la leyenda que si algún borracho se acercase y bebiera del jarro que ofrece el fantasma, éste quedaría libre y el que aceptase su invitación ocuparía su lugar y sería el nuevo espectro del Castillo Skála. Así que todavía hoy este fantasma sigue en ese fatídico lugar bebiendo cerveza, pues parece que en las bodegas de esa mansión hay reservas que durarán siglos. Todo aquel que después de haber leído este escrito quiera beber cerveza gratis, durante siglos, solo tiene que aceptar la jarra de cerveza que ofrece todos los años, la víspera del Miércoles de Ceniza, el fantasma que todavía mora en sus ruinas.

COSITAS SOBRE EL AMOR (MICRORRELATO)

Duets - Ballet San Jose

No intentes inventar el amor
todos los días, porque esto
queda fuera del talento
de muchos de nosotros;
pero sí procura deshacerte
de la monotonía, el tedió
y el cansancio, los enemigos
que asesinan el amor.
Procura alimentarlo,
para que no desfallezca
peligrosamente. Aliméntalo
con la belleza de unos profundos
sentimientos renovados
todos los días como son:
la amabilidad, el buen humor
y la ternura.