DOS PORRETAS COMPARTIENDO UN CANUTO EN LA BARRA DE UN BAR (Microrrelato)

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DOS PORRETAS COMPARTIENDO UN CANUTO EN LA BARRA DE UN BAR

—¿Y fuiste muy apasionado con ella, tío?

—¡Mogollón! Seguramente demasiado apasionado, tío.

—Pues, ¿qué le dijiste, tío?

—Le dije: Si esta noche juntamos nuestros cacharritos arderá la cama, tía.

—Joder, seguro que la asustaste, tío.

—No tenía por qué, le añadí que soy bombero, tío.

—Verás, tío, no a todas las jais les gustan los incendios ni los bomberos.

—Evidentemente a esa periquita no le gustaban. ¿Qué miras tú, cara de pan bimbo? —chulesco, metiéndose con el inexperto camarero que los escucha embobado.

—No miro nada —se disculpa el interpelado.

—Pon aquí dos cubatas de gasolina, pasmado —destrozando contra el fondo del cenicero la miniatura de colilla.

—Oigan, que esto no es un surtidor.

—¿Entonces qué mierdas hacemos nosotros aquí?

—Pillemos puerta, colega, nos hemos equivocado de establecimiento.

—Oigan ¿y las consumiciones qué?

—Gracias por la invitación, tío. Volveremos otro día.

El empleado del bar no había sido entrenado para situaciones como aquella y los dos porretas se aprovecharon de ello.

Mientras los dos colegas cruzaban el paso de peatones riéndose a carcajadas, un coche conducido por un conductor novato pisó el acelerador a fondo en vez de pisar el freno.

 

 

 

NECESITAMOS AMOR (Microrrelato)

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NECESITAMOS AMOR 

       En muchas paredes del barrio aparecieron pintadas escritas con diferente caligrafía, que demostraba la autoría de varias personas, una misma frase: Necesitamos amor.

       Niños y jóvenes mientras disfrutaban de sus iPod y móviles se interrogaron los unos a los otros tratando de averiguar quiénes podían haber escrito aquello, y ninguno declaró conocerlo, hasta que un adolescente le preguntó a su madre:

       —Mamá, tú no sabes quienes van escribiendo por las paredes: Necesitamos amor, ¿verdad?

       —Pues claro que lo sé. Eso lo escribimos la mayoría de los padres de este barrio.

       —¿Tú también, mamá?

       —Sí, yo también.

       —Pero yo te quiero, mamá.

       —Pues demuéstralo diciéndomelo todos los días, dándome un abrazo y también un beso.

        Se corrió la voz y los que no se avergonzaban de amar a sus padres se lo decían todos los días, los abrazaban y los besaban. Las pintadas fueron desapareciendo de las paredes del barrio para dar actualidad a rostros de padres sonrientes y felices.

 

UN NIÑO QUERÍA SER TORTUGA ( Microrrelato)

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UN NIÑO QUERÍA SER TORTUGA 

         En un solar dos niños senados encima de un palé lleno de ladrillos encerrados dentro de un plástico, combaten su aburrimiento fantaseando.

         —¿Sabes qué me gustaría ser? —dice uno al otro rastrillándose la mata de pelo largo de su flequillo que le causaba ceguera temporal.

         —¿Futbolista? —aventura el otro que está tratando de hacer un agujero en el plástico con la ayuda de una ramita.

         —No. Me gustaría ser una tortuga.

         —¡Bah! ¿Y eso por qué?

         —Por qué no hacen nada. Las tortugas no hacen nada y viven mogollón de años.

         —¿Y eso es bueno? Los conejos, los perros y los caballos lo pasan mejor pues corren y saltan todo el tiempo.

         —Sí, corren y saltan todo el tiempo; pero los conejos viven ocho años, los perros 14 y los caballos 25.

          El niño que ha hecho la pregunta mira sorprendido a su compañero y admite:

         —Total que tú piensas que los vagos viven mucho más tiempo que los laboriosos. Ahora entiendo porque tú nunca haces los deberes.

         —Sigue mi ejemplo, tío, y llegarás a muy viejo.

         —Qué listo eres, Ricky —admira su compañero que ha conseguid finalmente atravesar el plástico con su ramita.

         —¡Mi padrino! —exclama de pronto el niño que quisiera ser tortuga, y sale corriendo.

          El niño que se ha quedado sentado observa perplejo como su amiguito además de la carrera que se ha echado, salta, abraza y besa a su padrino que al final, emocionado por sus entusiastas muestras de cariño le da dinero.

 

ADELGAZAMIENTO INFANTIL (Microrrelato)

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ADELGAZAMIENTO  INFANTIL 

        La madre se dio cuenta de que aunque su niño comía como siempre, de un tiempo a esta parte estaba adelgazando. Así que, preocupada, le preguntó en plan Sherlock Holmes:

        —¿Tú te comes todas las mañanas el bocadillo que te pongo en la mochila?

        —No, mamá —sincero el pequeño.

        —¿Y qué haces con él, lo tiras? —aventura escandalizada.

        —No, mamá, se lo doy a un pobre que tiene más hambre que yo. Él me espera todas las mañanas a la puerta del colegio para que le dé mi bocadillo. Me dice gracias mirándome con ojos lacrimosos y después se marcha comiéndoselo muy a gusto.

        Su madre quedó un momento sin saber qué decir. Luego pensó en lo importante que era que su hijo practicara la compasión y la caridad y decidió.

        —A partir de mañana te pondré dos bocadillos en la mochila: uno para ese pobre amigo tuyo y otro para ti. ¿De acuerdo?

        —Gracias, mamá, no me gusta pasar hambre. A nadie debe gustarle. Duele, ¿sabes? —tocándose significativamente el vientre con su mano.

        La madre dio un abrazo a su hijo y se sintió orgullosa de él.

LA SEÑORA TOLERANCIA Y LA SEÑORA INTOLERANCIA (Microrrelato)

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LA SEÑORA TOLERANCIA Y LA SEÑORA INTOLERANCIA

La señora Tolerancia vivía alegre, inocente y feliz. Pensaba que todo el mundo tenía derecho, siempre que no perjudicase a su prójimo, de hacer con su vida lo que mejor le pareciera bien. Y defendía:

—Todos hemos nacido libres y todos tenemos derecho a obrar libremente sin hacerle daño a nadie.

Pero a la señora Tolerancia le salió una enemiga muy poderosa, la señora Intolerancia que pregonaba:

—¿Pero qué se ha creído esa libertina, que puede hacer lo que le venga en gana sin contar con mi criterio, mi juicio y mi condena? ¡Pues se va a enterar muy bien de quién soy yo!

Y la señora Intolerancia arremetió con todas sus fuerzas contra la señora Tolerancia tratando de mermar su libertad y su idiosincrasia. La señora Intolerancia era muy poderosa y poseía armas tan dañinas como la envidia, la maledicencia y la calumnia.

Pero la Tolerancia le plantó cara con la verdad, la sinceridad y la buena fe.

Finalmente la señora Intolerancia no consiguió vencer a la señora Tolerancia, pero sí consiguió que esta última después de la terrible batalla sostenida con su perversa enemiga descubriera que el mundo era mucho menos hermoso de lo que ella lo había visto hasta entonces.

 

RECUPERAR GIBRALTAR (Microrrelato)

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RECUPERAR GIBRALTAR (Microparodia)

         En un bar un grupo de amigos hablaban, indignados, del contrabando en Gibraltar, del blanqueo de dinero, de los bloques de cemento que han arruinado a los pescadores españoles de la zona, de las gasolineras flotantes que empuercan nuestro mar, de la fanfarronada de la Armada Británica presentándose allí provocando que a los niños no se les asuste más con eso de ¡Que viene el Coco!, pues ahora se les aterra diciendo: ¡Que viene la Armada Británica! En eso estaban cuando entró un pastor que olía a ovejas, quién pidió un carajillo y los estuvo escuchando con manifiesta atención hasta que de pronto intervino diciendo:

        —Ese Peñón que nos robaron los británicos, si los españoles nos lo proponemos en menos de un año ha desaparecido.

        Lógicamente, durante algunos segundos todos los presentes se lo quedaron mirando sorprendidos, boquiabiertos. Luego uno de ellos que tenía cara de creerse muy inteligente le preguntó, despectivo:

       —¿Y qué crees tú que podríamos hacer para que desapareciera Gibraltar, listillo?

       —Los españoles somos 47 millones, ¿no?

       —Más o menos.

       —Pues yo propongo que los 47 millones de españoles crucen la verja con un capazo y cada uno de ellos se traiga de vuelta a España un pedazo de roca, y seguro que antes de un año nos hemos traído el Peñón entero.

        Todos sus oyentes enmudecieron durante un par de minutos, perplejos, atónitos.. Luego los más entusiastas reaccionaron comenzando a recoger firmas de voluntarios dispuestos a secundar la genial propuesta del ovejero.

       —Oye, ¿tú eres de izquierdas o de derechas? —le preguntó un politizado.

       —Yo soy de mi rebaño —respondió serenamente el pastor marchando a continuación a reunirse con sus ovejas y seguir en tan amistosa y baladora compañía cultivando la sabiduría de la reflexión.

 

 

 

¿ES LA FEALDAD UN CONCEPTO INAMOVIBLE? (Microrrelato)

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¿ES LA FEALDAD UN CONCEPTO INAMOVIBLE? 

Margarito Pato había nacido además de feo sin ningún adorno personal. Hasta tal punto era así que, su madre, cuando le mencionaban la carencia de atractivo de su hijo, en lugar de defenderle se echaba a llorar sintiéndose muy desdichada. Desdicha que repercutió en su salud y recién cumplidos los cuarenta y dos años la buena mujer pasó de sufrir por el futuro de su hijo a preocuparse por el suyo propio que podía ser entrar en el cielo o ir a otras dependencias de la eternidad mucho menos deseables.

Margarito Pato había conseguido un trabajo que no todo el mundo desea: el de empleado en un camión de la basura al que su jefe mantenía en el turno de noche para que no asustar a los niños que pudieran verle por la calle.

Cuando este joven nulamente agraciado llegó a la edad de veinticinco años lo celebró con tarta y champan acompañado de su único amigo, un ciego que, por no poder verle la cara, le resultaba posible darle amistad y tenerle cariño.

Una mañana, a las once, cuando Margarito Pato todavía estaba durmiendo pues cumpliendo su horario habitual se había acostado de madrugaba, le despertó el timbre de la puerta del apartamentito de alquiler antiguo que habitaba. En calzoncillos, que era como solía acostarse, pues su mísero sueldo no llegaba para comprar pijamas, se acercó a ver quién llamaba, se encontró con un joven elegantemente vestido que tras echarle una mirada desdeñosa le entregó una carta de parte del director del bufete de abogados que le tenía empleado.

—El señor Augusto Justiniano, mi superior, le ruega que en cuanto haya leído el contenido de esta carta tenga la amabilidad de llamarle al número de teléfono que le ha puesta en la misma —le anunció entregándole un sobre.

En esa carta, el abogado jefe anunciaba a Margarito Pato que había muerto el hermano de su madre que había emigrado a América el cual había muerto sin más pariente cercano que él y le había dejado una fortuna de treinta millones de dólares.

A partir de esta riqueza inesperada, Margarito Pato descubrió que de pronto todo el mundo lo encontraba bello, inteligente, encantador y digno de ser amado. Y tuvo que reconocer que los milagros existían. ¡Los milagros de la riqueza! 

 

UN NIÑO CREÍA QUE DIOS Y SU MAMÁ ERAN LO MÁS IMPORTANTE DE SU VIDA (Microrrelato)

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UN NIÑO CREÍA QUE DIOS Y SU MAMÁ ERAN LO MÁS IMPORTANTE DE SU VIDA 

El niño había rezado fervientemente para que su mamá saliera bien de la grave intervención quirúrgica a la que fue sometida. Y una mañana, después de haber sido operada con éxito, le permitieron visitarla. Y sintió en un principio algo de miedo e inquietud al verla tan ojerosa y desmejorada, pero cuando ella le sonrió aunque fue la suya una sonrisa cansada y triste, y le dijo que en pocos días le darían el alta y podría regresar a casa, el pequeño sintió un golpe de alegría que le transformó en ruidoso tambor el corazón.

Su mamá pronto volvería a casa y él no estaría ya más obligado a comer los horribles guisos que preparaba su padre. Su ropa estaría limpia de nuevo, y la casa estaría limpia, y la comida estaría buenísima y su cama estaría hecha todos los días, y su cuarto aseado.

La vida, sin su mamá, era espantosa. En cambio la vida con su mamá era perfecta. Ella se cuidaba de guisar estupendamente, de limpiarlo todo y de hacerlo todo.

Para esto había rezado él mucho y el Todopoderoso le había escuchado. Nunca antes se había dado cuenta de lo importantísima que su mamá era en su existencia.

—¿En qué estás pensando, hijo? —preguntó ella después de haber estado observando fijamente, y en silencio durante algunos minutos la gravedad que mostraba su carita infantil.

El niño salió de su ensimismamiento y fue todo lo sincero que los pequeños de su edad acostumbran ser:

—Estaba pensando que Dios y las mamás son muy, muy necesarios.

Conmovida la mujer le pidió:

—Ven, cariño, dame un abrazo con cuidado. Aún no estoy bien del todo. ¡Te quiero tanto, tanto! —poniendo el alma en esta exclamación.

Y al sentirse abrazado por ella, el niño cerró los ojos y pensó que el mundo era para él, de nuevo, maravilloso.

 

PEDIR DESEOS (Microrrelato)

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PEDIR DESEOS 

        Anoche, alrededor de las once, vi caer una estrella y, como me habían enseñado de niño, me apresuré a formular un deseo. Aguanté despierto hasta las dos de la madrugada y como mi deseo no se cumplía y yo estaba muerto de sueño me acosté decepcionado.

        Pero esta mañana, temprano, sonó el timbre de la puerta, abrí y allí estaba ella.

       —¿Has tardado mucho en venir? —le dije con mi mejor sonrisa.

       —Se me estropeó el coche y a las once de la noche no funcionan más los autobuses —explicó disculpándose.

       —Entra, en un instante preparo desayuno para los dos.

      A los que formulen deseos cuando caen estrellas, les recomiendo que tengan paciencia, porque aunque tarden un poco, a menudo esos deseos terminan cumpliéndose. Y no cuento más porque ella acaba de gritarme desde el comedor, que tiene mucha hambre. ¡Ah, la impaciencia! La impaciencia es fácil de perdonar cuando se quiere de veras a la persona que nos la muestra.